ARTES Y LETRAS

Domingo 12 de Septiembre de 2004

MÚSICA POPULAR CHILENA. Conservación y restauración:
Rescate de un patrimonio olvidado

La falta de una ley que obligara a las casas discográficas a efectuar un registro legal de sus novedades dejó un vacío difícil de remediar. Así, conservar las grabaciones de la música popular chilena de antes de 1950 es una hazaña.

JUAN PABLO GONZÁLEZ

La conservación de fuentes impresas en Chile, fomentada por una normativa de depósito legal y una Biblioteca Nacional, contrasta dramáticamente con la conservación de fuentes sonoras. La incorrecta aplicación en el país de la normativa de depósito -que ha ignorado el soporte sonoro como patrimonio y fuente fundamental del siglo XX- no nos permite contar con una Fonoteca Nacional. Esta carencia ha sido compensada, en parte, por iniciativas particulares, académicas y de la propia industria musical.

Al comienzo, fueron algunos visionarios que empezaron a atesorar discos de 78 revoluciones por minuto, una vez que éstos quedaron obsoletos por la proliferación de los nuevos formatos de 33 1/3 y de 45 rpm en la década de 1950. Luego fueron algunas universidades, que crearon colecciones de discos antiguos e iniciaron su proceso de conservación y traspaso a formatos modernos. Finalmente, ha sido la propia industria discográfica la que ha participado del reciclaje generalizado del siglo XX iniciado a partir de la llamada posmodernidad, remasterizando discos de acetato y de vinilo, otorgándole un nuevo valor comercial a un material considerado por el mercado como obsoleto.

Sin embargo, estas iniciativas sólo han permitido la recuperación de un fragmento del patrimonio discográfico nacional, pues a la carencia de políticas públicas referidas a la protección de este patrimonio en Chile se suma la deficiente conservación que han tenido los registros fonográficos en el mundo.

"En vivo"

En esta deficiencia internacional han incidido al menos cuatro factores: los sucesivos cambios de sistemas de grabación y soporte sonoro, desde 1877 -año en que Edison inició la era de la grabación- hasta la introducción del disco compacto en 1982, han dejado tecnológicamente obsoletos catálogos fonográficos completos; la tendencia a reutilizar las matrices sonoras, derritiéndolas o raspándolas, impidió su conservación en archivos; la concepción del disco como un objeto efímero de consumo no estimuló a que sus fabricantes conservaran copias de sus producciones, y, finalmente, durante la Segunda Guerra Mundial se destruyeron importantes archivos sonoros y grandes fábricas de discos, principalmente en Alemania e Inglaterra.

Pero por sobre todo esto, y acentuando el olvido en que cayeron los discos antiguos, hay que considerar que hasta mediados del siglo XX la música seguía siendo una manifestación artística que ocurría "en vivo"; es decir, la experiencia musical la vivían, frente a frente, público y músicos. Esto ocurría no sólo en relación con la música de concierto, sino también con la canción y el baile. Hasta el presente, los discos antiguos de 78 rpm, únicos portadores de parte importante del patrimonio musical chileno, circulan en el país como mercadería barata de segunda mano o se están deteriorando en desvanes y bodegas de quienes alguna vez los atesoraron. Sólo la obsolescencia tecnológica de los soportes fonográficos y la falta de interés del Estado y de la industria por proteger y conservar la producción discográfica nacional, salvo alñgunas contadas excepciones, explican esta lamentable situación.

La industria discográfica ha operado en Chile por casi ochenta años. En 1927, las compañías Victor y Odeon empezaron a prensar discos de acetato en Santiago de matrices grabadas en sus estudios de Buenos Aires. Cuatro años más tarde, comenzará la grabación de matrices en el país a cargo de músicos nacionales, por ese entonces cupletistas, conjuntos de huasos y orquestas de jazz. El primer hit de Odeon habría sido el vals de Críspulo Gándara "El hundimiento del transporte Angamos", de 1932, mientras que RCA Victor le entregará, en 1954, a Guadalupe del Carmen el primer Disco de Oro otorgado en Chile. La cantante fue premiada por la venta de 175 mil ejemplares del corrido "Ofrenda", del chileno Jorge Landy.

El sello Victor producirá las grabaciones más abundantes y de mejor calidad, mientras que Odeon desarrollará un interés especial por los músicos nacionales, enfatizando el repertorio de raíz folclórica chilena. Mediante una intensa campaña publicitaria, que destacaba al perro Nipper frente a un gramófono, atento a "la voz del amo", el sello Victor logró crear en 1928 una cadena distribuidora con más de 70 agencias en el país. Sus locales de venta se extendían desde La Serena hasta Castro, incluyendo localidades como Achao, Lebu, Sewell, Traiguén, Tomé y San Javier. En ellos se ofrecían tanto las últimas producciones Victor realizadas en Chile como los modelos portátiles y de mueble de la victrola ortofónica -de sonido recto-, última maravilla de la tecnología sonora de la época. No se necesitaba electricidad para escuchar un disco, sólo capacidad de girar una manivela y algunas agujas a disposición, las que, en caso de necesidad, podían ser reemplazadas por espinas de cactus.

A la fuerte penetración de la industria discográfica en ciudades y pueblos chilenos a fines de la década de 1920, se sumará muy pronto la del cine sonoro y la radio, afectando el rumbo que tome la cultura tradicional y su música. De este modo, la temprana influencia de la industria cultural en zonas rurales y suburbios urbanos producirá la paulatina sustitución de géneros antiguos, como el rin, la sirilla, y la refalosa, por otros modernos, como la ranchera argentina, el corrido mexicano y la guaracha cubana. Además, la propia cueca, que era demasiado breve para completar un lado del disco de acetato, deberá alargarse, repitiéndose, como ocurre hasta el día de hoy en los festivales de la canción, o ampliando su introducción con pequeños sketchs radiales. Es de esta formacomo la tradición oral comenzará a alimentarse de la industria cultural, generando modificaciones en la tradición musical chilena que los propios folcloristas se han demorado años en aceptar, pero que han sido cambios totalmente funcionales a las necesidades de modernización que también afectan a la cultura tradicional.

Sellos chilenos

A los dos sellos internacionales que operaban en Chile en las primeras décadas del siglo XX, Victor y Odeon, se sumaban una media docena de sellos locales que funcionaban en base a la copia ilegal de discos importados, produciendo sus acetatos mediante la pulverización de discos existentes, que se compraban muy baratos. Estos sellos ofrecían el nuevo disco a mitad de su precio en el mercado, lo que llevó en 1931 a Victor y Odeon a realizar una larga acción legal que, recién a comienzos de los años cuarenta, hizo desaparecer el último sello pirata chileno.

De este modo, los primeros sellos nacionales legales fueron Fonografía Artística, creado en Santiago en la década de 1910 por el inmigrante inglés Efraín Band, y uno establecido a fines de los años treinta por la Dirección General de Informaciones y Cultura, DIC, durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, que realizaba grabaciones de música folclórica para distribuirlas entre las embajadas chilenas en el extranjero. Poco tiempo después, el Instituto de Investigaciones del Folclore Musical de la Universidad de Chile se asociaba al sello Victor para producir, el año 1944, un álbum con diez discos de música folclórica chilena.

El rescate del patrimonio discográfico nacional no puede seguir dependiendo de iniciativas aisladas, sean éstas privadas o públicas. Se hace urgente su definitiva valoración por la sociedad y por el Estado, apoyando el rescate y preservación de discotecas radiales antiguas y del legado que algunas compañías discográficas locales aún mantienen.

CD de música chilena

El próximo 21 de septiembre saldrá a la venta el CD Historia Sonora de la Música Popular en Chile, 1920-1950, editado por los sellos Arci y Warner Music, y el Programa de Estudios Histórico Musicológico de la Universidad Católica. El disco reúne, por primera vez, a los compositores e intérpretes populares chilenos más relevantes en actividad entre 1920 y 1950. Junto a géneros nacionales, como la tonada urbana, la cueca radial y la mapuchina, se incluyen géneros extranjeros cultivados en Chile, como el vals, el corrido, la ranchera, la guaracha, el tango, el bolero, y el foxtrot. Las grabaciones originales fueron reproducidas en un fonógrafo de época y limpiadas digitalmente, sin modificar el espectro sonoro original. Esta compilación histórica, que aparece en el mes de la música chilena, espera contribuir a la urgente conservación y difusión del patrimonio discográfico nacional.


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