REPORTAJES

Domingo 22 de Noviembre de 2009

Tres expertas chilenas analizan los nuevos "hallazgos" en crianza infantil:
¿Goodbye, Einstein?

La decisión de la empresa Disney de reembolsar dinero a los padres que compraron discos educativos Baby Einstein y el lanzamiento de un libro que derriba mitos sobre cómo enseñar a los niños remecieron a la sociedad norteamericana en las últimas semanas. Ana María Arón, Amanda Céspedes y Neva Milicic "aterrizan" el fenómeno a Chile.  
Marisol Olivares Ciento treinta y seis posteos tiene la noticia del 26 de octubre de The New York Times que se titula " ¿Tiene usted un DVD de Baby Einstein...? Entonces, exija su reparación". Los comentarios son de padres defensores del producto de Disney. Alegan que no importa que se haya perdido hace una semana la demanda presentada por la Organización para una Niñez Libre de Comercio (CFCC) junto a médicos de la U. de Harvard. El fallo fue claro: el sistema educacional que revolucionó el mundo de las guaguas no aumenta el coeficiente intelectual que prometió durante 12 años, no "reconstruye" las conexiones neuronales e incluso podría ser inconveniente para los menores de dos años. Y no es sólo cosa de niños: el año pasado y en pleno juicio, el Presidente Bush premió a la creadora del sistema, Julie Aigner-Clark, por "representar el espíritu de América".

Pero ninguna defensa funcionó. La marca -que hoy señala que sólo facilita la interacción padre e hijo y que durante años logró llevar sus DVD a un tercio de los bebés norteamericanos- ahora comenzaba a indemnizar a los usuarios, pagándoles el equivalente a casi $8.000 por disco devuelto.

En la primera página web del producto, lanzada en 1998, y en el comunicado de prensa de su lanzamiento un año antes el discurso textual decía: " En la corteza cerebral hay neuronas que se forman por la repetida exposición a ciertos fonemas. Investigaciones recientes demuestran que si los niños no escuchan éstos, terminarán perdiendo estas neuronas antes de los dos años. A través de la exposición a siete idiomas, Baby Einstein ayuda a incrementar la capacidad cerebral de los bebés ".

Ahora las convicciones parecen ser distintas.

Casi en paralelo a la acción de Baby Einstein, los psicólogos Po Bronson y Ashley Meeryman lanzaban el libro "NurtureShock", en cuyas 320 páginas intentan derribar mitos sobre enseñanza y crianza, y establecen otros postulados inéditos: como que subirle mucho la autoestima a un niño es malo, que los hijos les mienten más a los padres permisivos, que matricular a un niño en un preescolar exigente es una pérdida de recursos y que los adolescentes que discuten con sus padres lo hacen como señal de respeto.

De estos nuevos "hallazgos" habló "El Mercurio" con tres de las expertas que más saben del tema en Chile: las psicólogas Ana María Arón y Neva Milicic, del Mide UC, y la neuróloga Amanda Céspedes.

Primera Ruptura: Un preescolar exigente no sirve para el futuro

Los autores son tajantes: El 73% de los mejores alumnos en el preescolar será un alumno promedio o malo en la enseñanza media y universitaria. Que aprendan a leer y a sumar antes no dice nada. Que jueguen hasta los cinco, canten y pinten, es mucho más predictivo.

Ana María Arón señala que en la enseñanza la mejor estrategia es el apego y el afecto. "Esas mamás que están enseñándoles todo el tiempo a los niños con ejercicios del tipo '¿de qué color es esta taza?' pueden provocarles un rechazo al aprendizaje", dice. Agrega que "enseñarle a una guagua seis idiomas a través de un video es trasladar una prueba de laboratorio a la casa, que sólo le va a provocar estrés y no va a desarrollar su intelectualidad".

La neuróloga Amanda Céspedes, autora de los libros "Cómo educar las Emociones" y "Niños con pataletas, adolescentes rebeldes", señala que la escuela preescolar exigente es una "falacia creada por padres y directores". "Al niño que aprende muchas cosas le cuesta más retener, no suele brillar intelectualmente cuando grande y suele ser un profesional promedio. Un buen preescolar debe concentrarse en los talentos innatos de cada niño, y potenciarlos, y eso lo hacen los Montessori y los Waldorf", afirma.

Segunda ruptura: Alabar mucho a los niños es malo, pues rechazan esforzarse para aprender

Po Bronson y Merryman son tajantes, y señalan que mucha alabanza a los hijos les hace mal: los niños aprenden por el esfuerzo y cuando sienten que son demasiado buenos, no necesitan dar más; si algo les cuesta no lo hacen. Neva Milicic, autora del libro "Autoestima positiva", dice que estas tendencias validan a papás criticones y que los pequeños necesitan un reconocimiento. "No se trata de decirle, qué excelente que eres para las matemáticas cuando no es así, porque eso es sicótico, pero sí es bueno premiarle y reconocerle los talentos. Y da como pauta cambiar ciertas frases, por ejemplo cuando se está con un niño que realiza una tarea que le cuesta, no decirle "¿ves que puedes?", porque eso trae a relucir una condición. "Tú eres capaz de hacer lo que te resulta difícil" o "tú tienes inteligencia para hacer esa tarea", es mucho mejor, recalca.

Amanda Céspedes asevera que hay que darle seguridad al niño "con algo que hace" y no "con lo que es". Por ejemplo, no decirle "eres un excelente dibujante", sino "qué bueno el dibujo que hiciste".

Ruptura tres: hay videos que aumentan el CI

Bronson y Merryman se lanzan contra las pantallas que prometen bebés brillantes. Prueban a través de experimentos que éstos no sirven, que Mozart sólo predispone a un mejor aprendizaje musical y que las consecuencias de exponer a un pequeño trae más riesgos que beneficios, sobre todo porque altera su horario de sueño, el cual es fundamental.

Arón aconseja estos videos después de los tres años, cuando se dé en el contexto en que padres e hijos comparten y Milicic apuesta por ellos como la última alternativa: "cuando el niño no quiere nada más, dejarlo un rato medido", señala. Céspedes recalca que la exposición no puede ser mayor a 25 minutos.

Ruptura número 5: la inteligencia influye en que un niño aprenda a sumar o a hablar primero

Arón explica que la inteligencia es la capacidad de adecuarse a nuevas situaciones y resolverlas con creatividad, desarrollando habilidades y vínculos. Así lo prueba la investigación realizada por el doctor Ricardo Rosas, de Psicología de la UC. Él tomó a un grupo de 470 estudiantes de diferentes carreras y los sometió a pruebas de coeficiente intelectual, que miden la creatividad, rapidez de respuesta, memoria, capacidad numérica, verbal y espacial. Según el investigador, "quienes obtuvieron más puntos poseen un pensamiento más flexible, el componente social es importante". Los que sacaron el puntaje más alto fueron los alumnos de Medicina y de Psicología, con 53 puntos, mientras que los de Ingeniería Civil estuvieron tres puntos abajo, aunque hicieron mejores pruebas del área numérica.

Pero de todos modos se sigue valorando la inteligencia cuando viene en un pack de CDs con letras y números. Aunque hace un mes, la CFCC le ganó la batalla a Disney, los posteos de la gente contra Baby Einstein no superaron los 20. Mientras que The New York Times no pudo admitir más comentarios porque las alabanzas coparon el sistema y personajes reconocidos, como los autores de Freakonomics, se niegan a devolver sus discos "por la paz que le han dado como padres".

Dos semanas después de que la empresa comenzara a devolver el dinero de su producto estrella para lactantes, ganó por sexto año consecutivo el premio que da la gente a la Mejor Empresa para Bebés.

 Miles de libros para "aprender a criar"En Amazon hay 395 libros que estimulan el poder cerebral del recién nacido, 1.500 pautean cómo construir la inteligencia, 18.508 enseñan cómo hacer dormir y 956 dedicados a la autoestima. El problema de los libros, concuerdan tres especialistas, es que muchos de ellos dan pautas "fundamentalistas", que tratan a todos los niños por igual, y entonces debe primar el sentido común y el criterio de los padres.

Algunos ejemplos: Duérmete Niño: Del Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar, muestra cómo enseñar, en una semana, a dormir a un niño toda la noche. Dice tener un 96% de eficacia. Se debe dejar al niño con un llanto vigilado hasta que se duerma; si se escapa de la cuna, se le vuelve a acostar. Sus detractores dicen que crea problemas emocionales y que sólo atiende a las necesidades de los padres. La Dra.Céspedes dice que puede llegar a ser una "tortura", y que no sirve en todos los casos.

Dejar a los niños solos: Leonore Skenazy dejó solo en el metro a su hijo de nueve años para que se fuera a casa. A la tendencia de dejar a los niños solos se suma el canadiense Carl Honoré, que promueve un "sistema de padres lentos", y el de Tom Hodgkinson con su libro "Padres perezosos". Promueven que el niño aprenda según su propia experiencia. Las especialistas chilenas no adhieren a tales extremos y concuerdan: se aprende con apego, vínculo y un adulto que acompañe.

La vuelta al útero materno: Las pautas de enseñanza del Dr. Karp parecen descabelladas, pero muchos dicen que resulta. En su libro "El bebé más feliz del barrio", el pediatra señala que en comparación al resto de los mamíferos las guaguas nacen demasiado inmaduras. Un cachorro puede caminar, en cambio los bebés ni siquiera levantan la cabeza. Su teoría es que el bebé debería haber permanecido un trimestre más en el vientre materno. Así, plantea que hay que recrearle el útero, para eso hay que arroparlo, mecerlo fuertemente y ponerle ruidos que simulen el útero, como el de la aspiradora . Para la Dra. Céspedes, el niño ya nació y tiene funciones biológicas más importantes que cuando estaba en el útero.

Dormir, lo más importanteEn lo que todos los especialistas concuerdan es en que un gran problema de los niños de hoy es la falta de sueño: duermen una hora menos que hace 30 años, e incluso dos. La exposición a la televisión, papás que llegan tarde y quieren "regalonear" son un par de causas. Un niño que duerme siete horas saca en promedio 7 puntos menos en una prueba de CI que si completa las 8 horas, tienen mayor tendencia a la obesidad y padece en mayor medida de déficit atencional.

¿Cómo actúa un video en el cerebro del bebé?La neuróloga Amanda Céspedes explica que mientras más temprano se exponga un niño a un estímulo visual, dinámico y cambiante, como un video, más conexiones sinápticas hace el cerebro. Así, el pequeño va a exigir el mismo estímulo para concentrarse. Después, motivar a un niño con un libro no será fácil y tenderá a desesperarse, porque la imagen es fija. Podrían surgir trastornos similares al déficit atencional, o un "pseudo asperger", "chicos tan acostumbrados a los videos que no reconocen en personas reales las inflexiones de voz o las emociones faciales".

Mentira y fábula son distintasContra la lógica convencional, "Nurtureshock" postula que los niños les mienten más a los padres más permisivos. Pero las especialistas chilenas señalan que el niño cuando miente es para ocultar algo frente al castigo o la represión. Un padre que comunica y es acogedor no suele recibir mentiras de vuelta. Otra cosa es la fábula, que los niños se fabrican para compensar carencias, como por ejemplo, decirles a sus compañeros que se van de vacaciones a Disney cuando el papá quedó cesante.



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Foto:Viviana Morales


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