DEPORTES

Viernes 6 de Octubre de 2000


Cuando 50 años lo son todo

Corría octubre de 1950 y Buenos Aires se preparaba para una gran fiesta: el primer torneo mundial de básquetbol de la historia. Chile cumpliría una destacadísima actuación, rematando en el tercer lugar, tras Argentina y Estados Unidos. Eran otros tiempos.
Nunca vamos a figurar en el básquetbol como entonces.

La frase pertenece a Juan Ostoic, uno de los integrantes de la delegación chilena que participó en el primer mundial de baloncesto, realizado en Buenos Aires, entre el 22 de octubre y el 3 de noviembre de 1950.

Chile, en aquella ocasión, fue tercero y superó a encumbradas selecciones como Brasil, Francia, Yugoslavia y España. Han pasado 50 años y las diferencias con los mejores del mundo son cada vez mayores.

Y es que en aquella primera cita intercontinental una serie de factores favorecieron a los elencos sudamericanos. Sólo cinco años antes había finalizado la Segunda Guerra Mundial y los europeos recién despertaban en este deporte.

En Argentina, en tanto, se vivía una especie de borrachera. La llegada al poder de Juan Domingo Perón, y su popular esposa Evita, mantenía al pueblo en estado de excitación constante. Es en ese contexto que se decide realizar el primer campeonato que reuniera a los mejores basquetbolistas del orbe.

No se pudo escoger mejor el recinto que albergó a las diez selecciones que llegaron hasta Buenos Aires. El Luna Park lució prácticamente lleno en cada jornada. Y ni qué hablar de cuando entraba a la cancha el elenco que comandaba desde la cancha Oscar Furlong, un monstruo de allende los Andes.

Chile, que recibió una invitación para participar (no existían las eliminatorias), era conducido técnicamente por el norteamericano Kenneth Davidson, quien pocos años antes había llegado de su Estados Unidos natal para jugar por Universidad Católica.

Según los entendidos, este personaje provocó la primera revolución técnica del básquetbol nacional. Una de las cosas que más llamaba la atención en su método de práctica era que dominaba muy bien el juego de pies. Siempre sostenía que este deporte era como un baile, y el que aprendía a bailar podía aprender a jugar, recuerda Juan Ostoic, uno de los reservas de dicho equipo chileno.

El primer partido de la Roja fue ante Estados Unidos (que estuvo representado por un club: Denver Chevrolet), en lo que se consideraba una valla imposible de sortear. Estuvieron a punto de provocar el gran batatazo, pero regalaron a la afición trasandina a una de las tres figuras más destacadas del torneo: Rufino Bernedo.

El Chico, como se le conocía en su Temuco natal, logró ingeniárselas para complicar a los gigantes del norte con su velocidad e inteligencia y superar, de esta forma, su principal desventaja: un metro y 68 de estatura.

Fue un partido bastante estrecho. Nos ganaron sólo por cuatro puntos (37-33). La verdad es que cuando nos dimos cuenta de que podíamos ganar, como que nos pusimos nerviosos y ahí cometimos algunos errores, recuerda Bernedo.

Y eso que Chile debió jugar 10 minutos con su equipo reserva, debido a que los titulares se habían llenado de faltas.

La derrota obligó a los nacionales a jugar encuentros de repechaje para insertarse entre los seis finalistas, que disputarían el título en modalidad todos contra todos.

Allí apareció lo mejor de Chile: derrotó a Yugoslavia (40-24) y España (54-40) y se instaló en la fase final. El desgaste provocado por estos partidos, sin embargo, más tarde pasaría la cuenta.

Argentina y Estados Unidos mantuvieron, en esta etapa, un juego por sobre el resto. Triunfo a triunfo se fueron perfilando como los más seguros candidatos al título, mientras Chile pagaba tributo a los partidos extras que había disputado (cayó ante los albicelestes por 62-41 y ante los norteamericanos por 44 a 29).

Pero los rojos tenían algo más que decir. Primero se tomaron venganza de Francia, que en los Juegos Olímpicos había derrotado a Chile para más tarde alcanzar la medalla de plata en Londres 1948, con un ajustado 48-44; y luego dieron cuenta de un clásico rival de aquellos años, Brasil, al que le dieron una verdadera paliza: 51-40.

Mientras los locales superaban a Estados Unidos y se quedaban con la primera corona mundial, Chile culminaba su paso por el Luna Park con una sorpresiva derrota con Egipto, que no impidió que se quedara con la tercera plaza de la justa (aventajó a Brasil y el propio Egipto por el llamado goal average).

Ellos jugaron en forma muy violenta y, según se comentaba en ese tiempo, andaban algunos jugadores drogados. Era un equipo muy violento y nos ganaron sólo por tres puntos (43-40), recuerda Bernedo.

Han pasado cinco décadas y Chile nunca ha vuelto a estar en un podio mundial. Ni siquiera ha estado cerca de aquello y, según los protagonistas de entonces, es casi imposible que recupere el protagonismo de mediados del siglo pasado.

Es que, para el básquetbol criollo, 50 años lo son todo.

Por Juan Esteban Codelia

Recuerdos bonaerenses

En ese tiempo ni siquiera teníamos viático. En los ocho años que estuve en la selección, recibí viático dos veces, y de cinco dólares cada uno. Y nadie planteaba ningún problema por eso. Juan Ostoic.

Los scores eran bajos porque en ese tiempo se mantenía mucho la pelota, había que cuidar el balón, y no existían los segundos para lanzar. Nosotros teníamos bastante técnica y podíamos retener el balón bastante tiempo sin perderlo. Rufino Bernedo.

Jugábamos con una pelota que daba menos bote, se desfondaba. Había que asegurar la bola, por lo que se jugaba con pases de dos manos, se lanzaba de dos manos... Se recibía la pelota y había que acomodarla, buscándole el eje a la pelota para poder lanzar. Juan Ostoic.

Una de las virtudes que tenía el básquetbol chileno de la época era que se jugaba muy en conjunto, como el básquetbol antiguo. Juan Ostoic.

Nuestro equipo se complementaba muy bien. Había un gran conductor como Exequiel Figueroa, extraordinario en el manejo y la visión que tenía del juego. Juan Gallo era nuestro jugador alto. Víctor Mahana, Eduardo Cordero y yo completábamos el cuadro titular. Además estaban Kiko Marmentini, Raúl Pocho López, Juan Ostoic, Pedro Araya, Hernán Ramos, Mariano Chupetero Fernández y Marcos Bambi Sánchez. Rufino Bernedo.

En esa época había sólo cuatro faltas personales. Era muy común que los equipos se llenasen de fouls, como nos ocurrió con Estados Unidos, por una cosa muy sencilla: todos trataban de evitar el gol . Y para ello, pegaban. Juan Ostoic.

Chile se dio el lujo de estar quizás en uno de los hoteles más famosos que pueda tener Buenos Aires, el hotel de la nobleza en ese entonces, el Alvear Palace. Me encontré en ese ambiente con príncipes europeos, personas que vestían traje largo para ir a comer. El frac era lo habitual. A nosotros nos tenían en un rincón, pero nos exigían que fuésemos con corbata. Juan Ostoic.

En el hotel tuvimos varias anécdotas. En un momento dado el doctor Antonio Losada le anunció al jefe de la delegación que venía al hotel a visitarnos el presidente de la delegación de España, que era un general. Nuestro dirigente se puso su mejor uniforme y bajó al salón. Esperamos mucho rato y resulta que nunca llegó nadie. El grupo era muy simpático. Rufino Bernedo.

Contra España jugamos contra un compatriota: Alvaro Salvador. El tenía doble nacionalidad y, como no había sido seleccionado por Davidson, los españoles lo pidieron. Aceptó y jugamos contra él... Hizo el partido de su vida y nos anotó 26 puntos. Juan Ostoic.




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Exequiel Figueroa, el conductor de los rojos, disputa un balón ante dos basquetbolistas del equipo norteamericano.
Exequiel Figueroa, el conductor de los rojos, disputa un balón ante dos basquetbolistas del equipo norteamericano.


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