ARTES Y LETRAS

Domingo 1 de Septiembre de 2002

EXPOSICIONES. Galerías Animal, Artespacio y Patricia Ready:
De Marín a Vezzani

Un melodioso y blanco fresco volumétrico desarrolla la destacada artista Livia Marín en su actual exposición. En ella, el más simple y vulgar de los objetos resulta ser un héroe digno de ser tomado en cuenta.
WALDEMAR SOMMER

En una muy reciente exhibición anterior - Centro Cultural de España- , la joven Livia Marín desplegaba ya la magia de sus escaparates con ilusorios y reiterados objetos en yeso. Ahora, a través de Galería Animal, lleva esos escenarios y protagonistas a su culminación expresiva y formal. Comienza, así, por hacer del gran espacio central de la sala una especie de platea para el visitante. Allí, de inmediato, se ve éste envuelto, anímica y físicamente, por la más limpia y blanca sucesión de repisas que, ingrávidas, parecen flotar pegadas a los muros igualmente albos.

Sobre semejante escenario se alinean las mil y tantas variaciones de su actor único: un simple, prosaico y desechable vaso para agua. El objeto cotidiano consigue, pues, transfigurarse en múltiples pequeñas esculturas de yeso - un material propio de la estatuaria. Su diversidad de formas fluye imaginativa e inagotable. Al mismo tiempo, a la armoniosa y rítmica variedad de espacios que se establece entre volumen y volumen, se suma el refinamiento de alternar blancos diferentes con sutiles coloraciones blanco-amarillentas. Las sombras naturales provocadas por soportes y personajes contribuyen, además, con una parte importante de la riqueza formal y del dinamismo silente que dan fisonomía propia a este especialmente unitario conjunto volumétrico. El espectador se enfrenta, entonces, a una virtual e ininterrumpida modulación musical, donde sus ojos pasan a ocupar el lugar del oído. Si bien en tres dimensiones, la calidez expresiva, la limpidez material y la aparente quietud de esta obra traen el recuerdo de las naturalezas muertas de Morandi.

Algo de la simplicidad exquisita de Livia Marín se observa en la porción mejor lograda del trabajo de su circunstancial colega, en el segundo piso de la misma galería. Nos referimos a la instalación, género que por vez primera nos propone Gonzalo Cienfuegos. De ese modo, las siete palabras azules de neón, el mural abstracto con rayas grises - entre las anchas y rectas se intercalan hilos ondulantes- , la construcción blanca con doble escalera y el resplandor del neón sobre las gradas de ésta conforman, por sí solos, casi una obra autónoma. Y muy atractiva y conceptual de veras.

Pero la propuesta del pintor incluye otros elementos, tridimensionales los más importantes. De ellos, quizá las 18 blancas figuras humanas de un mismo hombre y de una misma mujer podrían haber desempeñado, sin adorno alguno, un rol interesante sobre su teatral y bello entorno. Por desgracia, se han cubierto parcialmente sus cuerpos de dibujos, pinturas, aderezos e incrustaciones que rompen la necesaria unidad y tornan heterogénea esta tentativa de Cienfuegos en un ámbito nuevo para él. De la inclusión en ella del televisor y un video sobre la más célebre ópera de Gluck, mejor olvidémonos. Su discordante y forzada presencia nada tienen que ver con el ocasional vecindario.

Con las diez obras - también en dúo y en trío- que expone en Galería Artespacio, la escultora Paola Vezzani emprende, como nunca antes, la conquista de la dimensión monumental. Y la logra. Son sus materiales madera, a menudo dispuesta en haces de listones alargados; fierro, con el característico perfil rizado a que recurre la autora, y resina, sustancia de incierto modelado, que merecería perfeccionar en el futuro.

Mediante ellos obtiene formas con cierto sabor a armas de pueblos primitivos - lanzas, flechas- , cuando no con aspecto de ofrendas llameantes a un dios local. La resina adquiere aquí apariencias de una carne indefinible que ciñe, protectora y cual exudación propia, el volumen principal de madera. Entretanto, el metal, lo mismo que una porción del leño, suele teñirse de azul vibrante. Entonces otorga al cuerpo, que constituye aspecto de emplumado instrumento guerrero o hasta de independiente pluma. En cambio, parece hablarnos de fuego, cuando el metal se vuelve rojo.

Carolina Antoniadis

Empeñada en la positiva tarea de ofrecernos artistas latinoamericanos, Galería Patricia Ready presenta a la pintora argentina Carolina Antoniadis. Lo primero que llama la atención en sus cuadros del período 1994-2002 es el derroche decorativo. Con voluntad barroca y ánimo kitsch hace de los amplios soportes verdaderas tapicerías o vestimentas, cuajadas de imágenes fragmentadas y, a veces, reiteradas en series. Así, interminables follajes más o menos reconocibles se entremezclan con figuras del ámbito infantil, con banalidades de revista pop, con héroes de baraja, con diseños heráldicos o de entraña electrónica. Multicolores, integran oro en función de ocres. Asimismo, unos pocos de estos cuadros se convierten en collages por la adición - ¿se agrega algo a la obra?- de ciertas figurillas, silicona y laca. Acá, por más que la diversidad iconográfica alcance la necesaria armonía plástica, cierto grado considerable de frivolidad enfría la proyección expresiva que podía esperarse. Solamente dos de estos lienzos, "Círculo vicioso" y "La estética del dolor", consiguen transmitirnos algo de los sueños y deseos de su protagonista, la cabeza de la candorosa niñita con una lágrima en el ojo.

Tampoco faltan acrílicos grandes, cuyos protagonistas resultan siluetas de vestido femenino. Interesan en el aspecto formal. En especial "Ropa interior" I y III, de 1994. Otros siete trabajos en formato redondo - pintura o serigrafía- y grueso marco dorado ostentan como personajes visiones cotidianas muy simples y variadas - desde lámparas solitarias a piernas femeninas. Bastante más destacan por el formato y el material usado que por lo representado. Algo parecido ocurre con las nueve acuarelas con siluetas negras.



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
En la reproducción, Livia Marín, sin título, poliuretano expandido, 2002.
En la reproducción, Livia Marín, sin título, poliuretano expandido, 2002.


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales