WIKÉN

Jueves 15 de Agosto de 2002


El disco de un año agitado

Los últimos quince meses en la vida de Álvaro Henríquez fueron intensos: trajeron su nuevo grupo, la muerte de su padre, el nacimiento de su hija y, lo que él define como el peor error de su vida, una biografía de Los Tres. Ahora tiene un disco nuevo con los Pettinellis y este es su nuevo comienzo.
David Ponce.

Hace poco menos de un año, el argumento que Álvaro Henríquez Pettinelli, de 32 años, tenía para tocar a diestra y siniestra con su grupo recién formado era sacar la cuenta de nuevo. "Somos un grupo principiante", decía. "Mi excusa es: tengo diecinueve de nuevo".

- Ahora te toca cumplir veinte, entonces. Pasó un año.

"Fue un año", coincide hoy Henríquez. "Pero un año en que pasaron millones de cosas. Y cuál de todas más fuerte".

Difícil elegir cuál de todas es más fuerte. Tras doce años al frente de Los Tres, los últimos meses del músico transcurrieron entre el debut de su nuevo grupo, los Pettinellis, en abril de 2001; la muerte de su padre, Fidel Henríquez, presidente de la Corte de Apelaciones de Concepción, en octubre; la publicación de la hiperventilada biografía de Los Tres, en mayo de 2002; el nacimiento de su hija Olivia con la actriz Mariana Loyola, el 1 de junio último; y ahora, como un nuevo comienzo, la salida del disco "Pettinellis".

"Cuando uno graba un disco hay que tener la cabeza clara, y con mayor razón en este caso, en un grupo que está empezando", dice. "No quería flojear con el sonido ni repetir algo como "La sangre en el cuerpo" (el último álbum de Los Tres, de 1999), que tenía millones de cosas. Ahora quería encontrar los sonidos precisos de cada instrumento".

Pero hay cosas que no cambian: además de tres canciones cuequeras y de provechosas lecciones de Otis Redding o Los Ángeles Negros, "Pettinellis" también consiste en Chuck Berry o Beatles.

Y en baladas como "Asesino bendito" o "No se va a saber", Henríquez reincide con destreza en el contraste entre los versos más asesinos y las músicas más gentiles, como anfitrión de una inquietante galería de personajes que incluye a un hombre muerto en un ring, a otro postrado en un hospital y a un tercero que odia a los niños, entre otras atracciones.

"Siempre me ha gustado escribir cosas que a uno le pasan, pero cuando en este disco canto si los niños no son horror, entonces qué serán... O sea, yo acabo de tener una hija. Entonces (me dicen) pero cómo dices eso, si es tu hija. Puta, pero si no soy yo. Si no, no tendría hijos. Es un personaje".

- ¿El personaje es un alter ego?

"Puede ser, pero un alter ego del que me puedo disociar. Yo no podría hablar de esas cuestiones a la ligera o haciendo mofa. Es divertido que la gente se quede pegada con que oye, cantar sobre el cáncer, viejo, qué onda. Súper heavy la letra. Y por qué no. ¿Le vas a ir a decir a Nick Cave que en una canción en vez de matar a las tres mate a una no más? No sé si desgraciada o afortunadamente, pero ésas son las cosas que se me ocurren".

- Algo debe cambiar entre cantar "Si los niños no son horror..." antes y después de ser padre, ¿no?

"Claro. Más entiendo al personaje. Pero aparte dice "La gente adulta es peor / crece y verás"", recuerda, completando la estrofa. "En ningún momento pensé en cambiarle la letra. De hecho estábamos grabando el disco cuando la Mariana estaba embarazada, terminamos de mezclarlo el viernes y el sábado nació la Olivia. Todo mezclado".

Esa escuela ya se oye en la radio, fielmente representada en "Hospital", canción que inicialmente era un "Himno Internacional del Liguria", en alusión al segundo hogar que Henríquez ha encontrado en ese bar capitalino.

"Antes era sobre un tipo que se quedaba en un bar hasta el final y rogaba a los mozos que por favor no cerraran, que no pusieran las sillas al revés".

- Quedó tan o más dramática que eso. Ahora es un tipo terminal.

"Claro. Y eso también tiene que ver con la teoría que tengo de que en los hospitales y en los bares uno, bueno, por literal que suene, se cura, y también se sana. Tampoco quiero ser ortodojo, pero tiene esa facultad de sanación. Puedes estar deshecho y en vez de que te den un antibiótico, te dan un copete y quedas más contento, más tranquilo".

- ¿Teoría o experiencia propia?

"Sí, claro, totalmente. No es teoría. Cuando andaba mal, desencantado, iba para allá y ya salía más chanfleado. Cambias tu estado de ánimo, en el fondo".

Vaya callado

No faltaron ocasiones de probar esa hospitalidad en el último tiempo, aunque Henríquez también se valió de hacer canciones para mantenerse sano.

Queda claro en la reciente "No hables tanto", casi un manifiesto tras el revuelo causado por la biografía de Los Tres, "La última canción", escrita por el cronista argentino Enrique Symns con Vera Land: urgente rock de piano y guitarra con versos como "La vida ajena es tu especialidad" o "No estés mal, no has perdido tu vida / Porque nunca fue y nunca será tuya".

"Por desgracia, me ha tocado estar limpiándome cada cierto tiempo de supuesta gente cercana, de los que se decían amigos míos", dice. "Con el libro, por ejemplo: el innombrable, el que lo escribió. Qué onda. Te acogí, te pasé plata, te regalé cosas. La música que he hecho me costó para que llegara a ser buena. No es que levante un brazo y haga una canción y sea increíble. Ése es mi trabajo. Me jugué la mitad de mi vida por hacerlo y me enorgullezco, y no entiendo cómo es posible que esa música no sea tocada sino tangencialmente por darle espacio al "lado humano". No soy Jimmy Swaggart para que me andes sapeando".

- Lo contradictorio es que la biografía fue una idea de Los Tres.

"Fue una idea mía", precisa. "Y si hablamos del tema, fue el error más grande que he cometido. Creer en un personaje así, o creer que iba a salir algo que hablara de música, que quedara como la historia. Pero en vez de eso fue una despedida horrible. Aparte de la veta poética en que se pone de repente, onda las luces centelleaban en la noche... Es un libro básicamente mal escrito, hecho por un subnormal advenedizo y oportunista".

- ¿No podías pararlo si era tu idea?

"No, porque además (en la editorial) después nos adelantaron plata. ¿Y sabes lo que pienso cuando (Symns) dice que Los Tres recibieron plata? Digo: Mínimo, como indemnización por todas las mierdas que escribiste. Y está barata todavía. O sea, vaya callado".

- ¿No consideraron devolver el adelanto?

"Yo quería hacerlo. No quería que saliera el libro. Pero no voy a estar prestando plata a los otros más encima. Al único que veía era al Titae, y con esfuerzo le hubiera prestado. A los otros dos nunca más los vi (...) Se transformó en una pesadilla de proporciones. A mí este huevón me cagó como un pendejo. Totalmente. Quería hablar en un primer momento, pero creo que hay que bajarse de la lámpara, como diría mi madre. O sea: tranquilo. Pero es un tema que se tiene que tocar, aunque sea por una vez. Ésa fue una traición. Fue una mariconada gigantesca. No solamente conmigo, con mi familia. Hay una cita de mi padre ahí".

- Pero eso confunde. El libro no es invento: tu hermana habla, tú hablas...

"Sí, pero también hay varias cosas que fueron grabadas... (simula una grabadora semioculta). La idea era hablemos de música, de discos, de esto y lo otro, y en medio, entre la fiesta y todo, uno conversaba cosas de la vida de uno no más, pues. Es lo que le explicaba a don Lalo (Parra). Le decía: ¿Yo me voy a convertir en un hijoputa, en un canalla, de la noche a la mañana? ¿Cómo? ¿Para ganar qué, seiscientas lucas? ¿Usted cree que me voy a sentar con alguien a las diez de la mañana a contarle: "Sí, en realidad lo de la Javiera fue así y asá...?" Yo di entrevistas sobre discos, y todo eso fue restringido. En Chile la onda es: cuando se puede patear en el suelo a alguien le dan como tarro. El problema es que a mí me patean y me paro. No me voy a quedar llorando en el suelo".

- Al final, ¿quieres que el libro se pierda, o que se venda al menos a modo de indemnización?

"No, a mí por percibir plata prefiero regalarla. Como indemnización... qué más. Aparte que el libro va a morir en el olvido. No estoy ni ahí con que le vaya bien, le vaya mal o que oh, ¿llegó el shequecito? Huevón, yo no soy un picante. Nunca he sido así. Cómo uno no va a poder confiar en la gente. No en toda, pero en la que trabaja contigo. Uno tiene que tener dónde apoyarse, uno no puede andar solo por la vida".

Estas sí que son cuecadélicas

Hay una canción aún más urgente en el repertorio de los Pettinellis. Tanto que la primera vez que la tocaron, en enero pasado en La Batuta, Álvaro Henríquez debió cantarla leyendo la letra en un atril. Es una de las melodías cuequeras del disco: se llama "Fidel" y en ella el cantante se despide de su padre.

"Tenía la melodía, le di vuelta un tiempo, y después un día me senté y le hice al tiro. Las demás canciones las trabajé todas, pero "Fidel" la terminé y no me estaba dando cuenta de lo que era. Era como escucharla, con el nudo apretado en la garganta, cantando. Ni siquiera la corregí. Llegó, no más".

- En Los Tres le habías cantado "Antes yo era tu hijo, ahora tú eres mi padre".

"Claro. Es que antes siempre me llamaban ah, el hijo del Fidel Henríquez. Entonces le decía: ahora me toca a mí: ahora tú eres el papá de Álvaro Henríquez. Le encantaba, se reía. De hecho, mi papá conoció todas las canciones de este disco".

Cuecas con órgano y con guitarra eléctrica conectada a un efecto de trémolo: ésa es la aproximación Pettinelli a la cueca. "Como decía un amigo: las cuecadélicas", agrega, en alusión al ingeniero del disco, Gonzalo González.

Y los escenarios cuequeros han sido sólo parte del recorrido reciente del cantante, quien también tocó como invitado de Buddy Richard en el último festival de Nueva Ola celebrado en el Estadio Santa Laura. Justo después de Peter Rock. "Hay que ser suicida para eso", dice.

- ¿Es más cómodo ese segundo plano?

"Claro, la gente no sabía quién era. Después cacharon algunos. Pero con el Buddy me da lo mismo si es en el Festival de la Sandía, si lo paso bien con él. Estaba la gente con los cintillos, las faldas amarillas, era bonito".

- También tocaste con las hermanas Zamora este año en la maratón cuequera en San Bernardo.

"Y nos miraban como marcianos. Pero excelente: a mí eso me gusta mucho. Que la gente se quede así como ¿qué es esto? Ya había 'tramado' la maquiavélica idea de tocar las cuecas con órgano, por ejemplo. Que ése sea un sello musical, de sonido, de la nueva cueca, como quien dice. Lo bueno es hacerlo con música chilena, porque para muchos es más extraña que Blur... Blur es mucho más familiar que Mario Catalán", dice, a propósito del autor de cuecas tan legendarias como "Arremángate el vestido" y "Aló aló".

"En el folclor, en las tonadas y la música del campo creo que está el misterio más grande y excitante de todos. Ése sí que es insondable".


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Olivia se llama la primogénita del cantante. Salude a los tíos.
Olivia se llama la primogénita del cantante. Salude a los tíos.
Foto:Juan Francisco Somalo


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