ARTES Y LETRAS

Domingo 15 de Febrero de 2009

URBANISMO Las opiniones de 10 entendidos
Chaitén: el desafío de trasplantar las raíces

Es más que disponer casas, se trata de generar un lugar que prolongue la vida de una población que ya existe, con sus afanes y deseos. ¿La clave? Integrar a los chaiteninos en la creación de lo que, finalmente, será su vida.

Juan Ignacio Rodríguez Medina

Imagine. Lleva 20 o 30 años viviendo en un lugar. En el sitio hay un cerro donde usted y sus hijos, o quizás los niños de otros, juegan y pasean; y de un día para otro... ¡paf!, el cerro estalla, el cerro era un volcán y ahora su ciudad queda cubierta por las cenizas y usted debe huir.

Y después se sale el río y la inunda, y pasan nueve meses de extrañamiento y le informan que su ciudad murió, que es muy peligroso habitarla, que no puede volver, que le construirán otra.

¿Cómo reaccionaría? Los chaiteninos rebeldes, que hoy permanecen en su ciudad, lo hicieron criticando a la autoridad y enarbolando banderas argentinas como muestra de su indignación: no quieren irse, y punto.

La súper minga

"Aunque se vistan de gauchos, aimaras o tiqui tiqui no pondremos plata", lanzó el ministro Francisco Vidal. El Gobierno insiste en que Chaitén sigue siendo una zona de extremo peligro; de hecho, se mantiene la alerta roja.

Los lugareños y su alcalde, Pedro Vásquez, no están dispuestos a esperar: tienen su propio plan de reconstrucción. Quieren comprar y urbanizar 800 hectáreas ubicadas en Fandango, en la costa justo al norte de Chaitén. En el sitio actual se mantendrían los servicios, el puerto y el aeródromo. Y aunque el Vicepresidente, Edmundo Pérez Yoma, reconoció que esa era una de las alternativas de emplazamiento que se barajan, del traslado sólo se sabe eso... que se hará y que no se invertirá en reconstruir la actual ciudad. La fijación del nuevo emplazamiento y los detalles del cambio no se conocerían antes de seis meses.

¿Cómo se traslada una población, se planifica y construye toda una ciudad? En eso trabaja un grupo de treinta profesionales liderados por Pablo Allard -arquitecto y jefe del Observatorio de Ciudades UC-, entre los que se encuentran Alejandro Aravena y Alejandro Gutiérrez.

El informe con los detalles y las alternativas de traslado debiera estar listo en marzo para entregárselo al Gobierno. Aravena prefiere no hablar por estar involucrado, pero Gutiérrez -que tiene a su haber la construcción en China de Dongtan, la primera gran ciudad sustentable del mundo- reveló en enero ciertos lineamientos del nuevo Chaitén.

Todas las alternativas de reubicación -dijo- implican ventajas respecto a la actual ubicación; entre ellas, un puerto que funcione mejor que el actual y un nuevo aeródromo. También se quiere aprovechar la energía geotérmica del lugar, no sólo para producir electricidad, sino también para calentar las viviendas y para las industrias. "Es importante entender esto como una oportunidad para mejorar Chaitén, independiente de su localización. No como infraestructura física ni como diseño urbano, porque es lo menos importante. Se trata de mejorar el pueblo para que sea una economía robusta, más independiente y que permita una calidad de vida mejor", reveló Gutiérrez.

A la espera de una resolución final, la cuestión es si puede construirse una ciudad desde cero, que no sólo logre levantar servicios y edificaciones, sino que también genere un arraigo en los pobladores. Por lo mismo, el urbanista chileno Marcial Echeñique, quien remodeló Bilbao y es decano de arquitectura en la Universidad de Cambridge, considera que el caso de Chaitén es especial: "No todo parte de cero, hay una población que existe. Quienes planifiquen deben tener un contacto estrecho con sus habitantes. Es muy distinto diseñar una casa, una ciudad, cuando se conoce a sus futuros dueños", reflexiona.

Javier Vergara, quien cursa un máster en diseño de ciudad en la London School of Economics, concuerda en la importancia de la participación ciudadana, pues considera que es una variable que disminuye las incertidumbres propias de este tipo de obras. De todos modos, piensa, el equipo que trabaja en el tema es de "primer nivel". "El Gobierno se asesoró con lo mejor que pudo".

Respetar la historia

Justamente a las raíces apela el historiador Adolfo Ibáñez Santa María para oponerse al traslado. Ha sido muy crítico de lo que llama "la monstruosidad de la ingeniería social". Cualquier traslado -afirma- significa desconocer la espontaneidad del nacimiento y desarrollo de Chaitén: "Es tratar de borrar la historia o pretender que uno hace cualquier historia".

¿Y el peligro en el lugar? Ibáñez asegura que es algo que la gente "propiamente chaitenina" no está dispuesta a considerar: "En base al argumento del volcán, el Gobierno está pretendiendo borrar la historia, la vida y las expectativas de futuro que tenía la gente en Chaitén", apunta. Su augurio es que la eventual nueva ciudad será un "cascarón vacío, una ciudad artificial, medio fantasma", pues -para él- la vida agrícola va a seguir en Chaitén.

Esos desencuentros con la población, David Assael, arquitecto y editor jefe de Plataforma Urbana, los atribuye a la inexperiencia del gobierno en el tema: "Hay mucha improvisación, faltó experiencia para manejar una crisis urbana". "Quizás hubiera sido interesante contratar una consultoría en manejo de catástrofes, no sólo para plantear las alternativas, sino para manejarla comunicacionalmente", añade.

Para el arquitecto Gonzalo Mardones es duro ver que el Gobierno y los lugareños deban pelear para escucharse. Sobre todo -recuerda- cuando Chile ha vivido dramas como estos, por ejemplo con los terremotos, y ha sabido salir adelante. Como Vergara y Echeñique, él ve en la relación directa de los arquitectos a cargo con los afectados la posibilidad de lograr avanzar.

Se le ocurre, por ejemplo, crear un parque en las zonas más vulnerables, rescatarlo para el turismo y pensar en una ciudad nueva en una zona menos afectada. Cita el caso del volcán Vesubio, que destruyó Pompeya y cuya costa es uno de los lugares más atractivos en el mundo para el turismo, con todas las consideraciones de seguridad debidas. Por eso en Chaitén ve una oportunidad y un gran desafío: "Las fuentes de inspiración de una nueva ciudad debieran estar en su mismo paisaje, en su misma geografía", señala.

Refundar la identidad



Manuel Tironi, sociólogo y máster en desarrollo urbano, concuerda con que ha habido falencias comunicacionales, aunque agrega que hay consideraciones técnicas que siempre serán controversiales. Tironi considera que lo que hay que preguntarse es qué es lo que hace a una ciudad. Pues, a su juicio, es más que una decisión administrativa: "Hay una historia, hitos que hacen que uno reconozca algo como propio". Por eso, explica, una de las estrategias puede ser revivir la 'cultura colona' que está en las raíces de los chaiteninos. Y agrega: "El gran desafío es cómo refundar el espíritu de la ciudad para que la gente reconstruya esa pertenencia".

Como dice el arquitecto Ramón Delpiano, vicepresidente del Instituto Río Colorado, la dificultad con las nuevas ciudades es que cuesta ponerles el "corazón". "Sin eso generas un campamento, unas circunstancias laborales y quizás educativas y de salud, que no tienen el corazón de la ciudad", declara

Delpiano, que vivió en Chaitén, siente que la ciudad no está en un litoral que sea un hito -"tiene playas que son más bien de pedruscos y de piedra"-, por lo que cree que podría detectarse un sitio con costas más amables y menos problemas portuarios.

Además, el hecho de que Chaitén no posea una historia larga (en 1933 se instalaron recién las primeras tres viviendas) facilitaría la posibilidad de ganarse a los chaiteninos con incentivos reales. "Con el corazón no come nadie; si se genera una oportunidad de empleo y Chaitén no se elimina, sino que se deja como una 'plaza secundaria' del chaitenino, podría haber una forma de ir ganándoles el corazón".

Para lograr que el nuevo Chaitén sea más que un campamento, el arquitecto Enrique Browne considera que lo primero que se debe hacer es un acto fundacional en base a pequeños monumentos, como puede ser una capilla o una plaza: "Dos o tres elementos que le den un núcleo", explica.

También señala que, junto con garantizar la seguridad, se debe diseñar una base sólida para construir lo que debiese ser una ciudad con un diseño abierto a intervenciones de los propios pobladores: "La vida tiene sus dinámicas y no se puede rigidizar. Una ciudad nunca ha sido una obra de arte, es un producto de la vida social", apunta.

Nada nuevo bajo el sol

Sebastián Gray (arquitecto de la UC) remarca que no hay novedad en la planificación y el traslado de ciudades. Recuerda que en Chile casi todas fueron planificadas; y otras, como Concepción y Chillán, fueron trasladadas precisamente por desastres naturales (ver recuadro). "Sería un error decir siquiera que es algo nuevo o inusual", señala.

Respecto a esa historia de planificación, el arquitecto Raúl Irarrázabal destaca las "Leyes de Indias" con que los españoles emplazaban y trazaban las ciudades, donde se establecía una cuadrícula con una plaza central, en torno a la cual se ubicaban los principales edificios. Irarrázabal remarca la claridad de dichos lineamientos -como determinar calles angostas para los sitios calurosos y anchas para los fríos-, tanto que se siguieron usando después de la Independencia: "Esta es la planificación que falta hoy en muchos barrios de Chile, que ni siquiera tienen una plaza donde se congregue la vida de sus habitantes. Ojalá en el caso de Chaitén haya transparencia, un concurso público y decisiones pensadas en el largo plazo".

A juicio de Gray, en el caso de un traslado como el de Chaitén hay dos planos por considerar. Uno físico y el otro político y simbólico. Sobre lo primero -explica- no hay mayores problemas, pues hay una tradición y precedentes que pueden señalar cómo se hace bien una ciudad. Lo segundo tiene que ver con el estatus de capital provincial y puerta de acceso a la Carretera Austral que caracteriza a la ciudad. Para trasladar ese carácter, Gray cree que Chaitén debe permanecer como localidad costera y centro administrativo: "Hay que darle contenido, garantizar las actividades económicas para que posea una razón de ser".

Gray y Browne coinciden en que, pase lo que pase, desarrollar una ciudad es un proceso lento, que no puede evaluarse antes de 30 años. Como sea, si algo común puede descubrirse en todas las visiones y matices, es la idea de que una ciudad desde cero no devenga en algo que sea cero ciudad.

Concepción fue destruida por un terremoto y un maremoto en 1751. Para esquivar la furia del mar, se decidió el traslado hasta su actual ubicación en el valle de la Mocha. La mudanza no fue simple, según relatan Leonardo Mazzei y Arnoldo Pacheco en su "Historia del traslado de la ciudad de Concepción" y Fernando Campos Harriet en su "Historia de Concepción". Los planes contaron con la tenaz oposición del obispo José de Toro y Zambrano, quien calificó el nuevo lugar de "enfermísimo, por la mucha humedad, por las continuas nieblas, por ser un sitio bajo y circunvalado de lagunas en que se crían sabandijas". Se dijo que el obispo había amenazado incluso con excomulgar a los que se trasladaban, lo que fue desmentido.

Una comisión integrada por el ingeniero Juan Garland y el ingeniero delineador Ambrosio O'Higgins confirmó la elección del lugar. Finalmente, la orden fue perentoria: a los que el 1 de marzo de 1765 no se hubiesen trasladado, se les quemarían sus tugurios o casuchas, "para que no quede ni aun memoria de ellas en ese lugar arruinado".



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Foto:CRISTIAN BROWN


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