DEPORTES

Lunes 20 de Agosto de 2001


Un cinturón, un ranking y un poco de labia

Los organismos que levantan campeones mundiales de boxeo surgen casi por generación espontánea y tienen al deporte de los puños sumido en el caos. El negocio no es muy difícil de montar, aunque en Estados Unidos ya lo están controlando. En Chile, los monarcas son bienvenidos, no importando su sigla.
David Gennaro, el presidente del Consejo Internacional de Boxeo (CIB), cree que su organismo se fundó en 1991. No está seguro. "Es que se me quedaron los papeles en la oficina y usted me está llamando a la casa", se justifica desde Canfield, Ohio.

Cada vez tiene más colegas. Hace rato que el negocio dejó el tradicional alero de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB, fundada en 1962), de la Federación Internacional de Boxeo (FIB, 1983), de la Organización Mundial de Boxeo (OMB, 1988) y del Consejo Mundial de Boxeo (CMB, 1963).

En la medida en que se encuentren siglas disponibles, el espacio se llena: que la Organización Internacional de Boxeo (OIB), la Asociación Internacional de Boxeo (AIB), la Federación Mundial de Boxeo (FMB), la Unión Internacional de Boxeo (UIB) y la mentada CIB.

Sin contar a la Unión Mundial de Boxeo (UMB), fundada en Inglaterra por Jon Robinson. Una orgánica afectada al máximo por la crisis económica. Tanto, que su página de internet fue inutilizada por no pago, tal como podía leer en letras de molde cualquier cibernauta.

"La competencia es buena para el boxeo. Es necesario que existan dos o tres organismos que elaboren sus propios rankings", enfatiza el jerarca de la OIB, Edward Levine, desde su oficina en Coral Gables, Florida.

Que la competencia amplió el mercado, lo amplió. Y en ese contexto ser campeón no cuesta tanto, como que el monarca argentino del peso mediano, Ramón Brítez, es el titular supermediano de la misma OIB, a pesar de su discreto registro de 31 victorias, 12 derrotas y un empate.

Así también, mientras se alistan los preparativos para el duelo que dirimirá al mejor peso completo del mundo entre Hasim "La Roca" Rahman (reconocido por el CMB y la FIB) y Lennox "El Ajedrecista" Lewis, el ignoto sudafricano Mike Barnado ni se inmuta como campeón de la FMB.

"Si no fuéramos necesarios, no nos habrían utilizado. Póngalo de esta manera: yo jugaba béisbol cuando niño y en esa época había ocho equipos en las Grandes Ligas. En 1961 se agregaron dos, lo que fue muy beneficioso porque se crearon 50 puestos de trabajo adicionales. En 1962 se sumaron otros dos y ahora hay tres divisiones". Es la explicación de Dean Chance, la cabeza de la AIB, la agrupación que reconoce a Carlos Cruzat como el crucero por excelencia.

El negocio

Según sus mentores, las razones para fundar un organismo boxeril son altruistas.

Más concreto es un reporte del diario "Las Vegas Review-Journal", según el cual entre 1996 y 2000, cinco entidades sancionaron 124 peleas de campeonato en el estado de Nevada y consiguieron réditos por 8,85 millones de dólares.

Crear una organización que reparte títulos es un negocio que se materializa a través del cobro de comisiones.

La OIB reparte fajas mundiales desde 11.100 dólares. La UIB, desde 7.500. En la AIB, "lo máximo que hemos cobrado son 50 mil dólares a un señor llamado Oscar De La Hoya, por su pelea contra Sugar Shane Mosley. A Cruzat le doy posibilidades, porque dicen que está perdiendo dinero. No le estoy cobrando", dice Chance.

El ex beisbolista se entusiasma cuando detalla que "Julio González combatió por el título continental de la AIB y ganó 15 mil dólares. Al poco tiempo desafió a Roy Jones Jr. (el 28 de julio último), por nuestro título mundial mediopesado, y se llevó 700 mil... Cruzat podría ganar entre 700 mil y un millón de dólares si consigue la suficiente exposición televisiva. Si no fuera por la televisión, toda esta gente estaría congelada y no podría ganar tanto dinero".

Para ampliar la gama de precios y de posibilidades, la AIB, además, ofrece cinturones continentales y de las Américas; la FMB, de las Américas y Paneuropeos; la OIB, intercontinentales (a 3.700 dólares cada uno); el CIB, continentales y americanos; y la UIB, intercontinentales e internacionales. Las dos primeras tienen ramas femeninas.

No ser objeto de debates ni de cuestionamientos, por ejemplo pelear por una diadema de la AMB, implica necesariamente desprenderse de un tres por ciento de las ganancias, con un tope de hasta 150 mil dólares por púgil y un mínimo de 1.500 para el retador y de 3.500 para el monarca.

Aparte de las bajas tarifas, el menjunje de orgánicas acude a los ilustres para atraer interesados.

Oscar De La Hoya supo el 25 de febrero de 2000, en la misma ceremonia del pesaje en el Madison Square Garden de Nueva York, que al día siguiente iba a convertirse en campeón mundial welter de la AIB si derrotaba a Derrell Coley. El confuso argumento de Bob Arum, el promotor de la velada, radicó en "las políticas del boxeo".

Lo de Roy Jones Jr. es más escandaloso. Cada vez que gana (no pierde desde el 21 de marzo de 1997) se cuelga un enjambre de cinturones: AMB, CMB, FIB, FMB, OIB y AIB (su última conquista), aunque su carácter de titular indiscutido de las 175 libras deviene de los tres primeros.

Joel "Mano de Araucaria" Mayo tiene claro por qué el 13 de octubre venidero lidiará, en el Gimnasio Municipal de Villarrica, por el cetro máximo del peso liviano, versión UIB, contra el colombiano Jorge Luis Noriega, y no por otra faja con un poco más de reconocimiento: "Para eso hay que poner más plata y tendría que estar a otro nivel. Hay que ver la realidad. ¿Qué pasaría? Iría a hacer el ridículo".

El peleador de Curarrehue admite que quien lo contactó, vía fax, fue el colombiano Luis Bello Díaz.

Gracias a los oficios del mismo Bello Díaz, Bernardo Mendoza combatió por el campeonato interamericano de la FIB, un 30 de octubre de 1998, contra el mediocre Jud Frankiln Granada, también colombiano. Le bastaron dos minutos y 28 segundos a "Chifeo" para acabar su faena en el estadio Chile ante los ojos de Bello Díaz, autoproclamado secretario de la institución norteamericana.

También gracias a los oficios de Bello Díaz, Mendoza subió y subió en el ranking gallo de la FIB, hasta llegar al número uno. Y también gracias a los oficios de Bello Díaz, Mendoza se presentó en Tunica, Mississippi, para retar al campeón mundial Tim Austin, el 18 de diciembre de 1999. Esa vez, la faena duró un minuto y 49 segundos, pero la faena de Austin, quien con un boxeo avasallador demostró que el primer sembrado no merecía su cartel.

Pasó poco tiempo antes de que el ex presidente de la FIB, el estadounidense Robert W. Lee, fuera acusado formalmente por la justicia de su país de solicitar y aceptar coimas para arreglar los escalafones. A Lee se le acabó el negocio. Bello Díaz se pasó a la UIB.

Preocupado y no tanto

Gennaro, el presidente del CIB, cree que debería haber una ley para fijar los rankings: "A veces, usted tiene un peleador amigo o yo tengo un peleador amigo y lo pongo primero. Eso no debería ser".

En Estados Unidos el tema preocupa, y mucho. En mayo de 2000, la Cámara de Representantes aprobó la llamada "Ley Ali", entre otras cosas, por la constatación de que "los organismos sancionadores que han proliferado en la industria del boxeo no han establecido un criterio objetivo y creíble para ranquear boxeadores profesionales, y operan sin atención pública. Los escalafones son susceptibles a manipulación, han privado a los púgiles de posibilidades de avance y han disminuido la confianza pública en la integridad del deporte".

Lo que busca la "Ley Ali" es que la Asociación de Comisiones de Boxeo "desarrolle guías objetivas para la elaboración de rankings", así como un sistema de apelación a sus listas.

Después del escandaloso empate entre Evander Holyfield y Lennox Lewis, el 13 de marzo de 1999 en el Madison Square Garden (el inglés ganó claramente), el gobernador de Nueva York, George Pataki, conminó a la Comisión Atlética respectiva a evitar más desmadres.

Surgió un paquete de reformas, que incluyó la obligación de que "los organismos sancionadores presenten copias de sus actas de constitución, leyes y criterios de ranking". La otra exigencia era revelar "los derechos y cargos imponibles a los boxeadores y todos los pagos a recibir de parte de los promotores".

Si en el estado de Nevada, sede de las cotidianas pendencias que se organizan en Las Vegas, su Comisión Atlética abogó en 1999 por la ley 446 para ordenar el tema, en la vieja casona de la calle Chiloé, donde opera la Federación Chilena de Boxeo, el punto de vista es otro. Bastante distinto.

"Todo lo que se haga por el boxeo, bienvenido sea, siempre que cumpla con las normas. Al fin y al cabo, sea por una u otra organización, si son campeones del mundo, son campeones del mundo", comenta Ricardo Smith, el mandamás de la Comisión Nacional de Boxeo Profesional. "Tenemos que reconocer al promotor y ver si el púgil está ranqueado. Para mí, es bueno que existan más organismos. Así se nota que en Chile se mantiene la actividad", continúa.

Para ser promotor "oficial" hay que pagar 60 mil pesos, acreditar una cuenta corriente y no figurar en Dicom. El derecho federativo en las peleas por título mundial llega a los 200 mil pesos. Mucho más que eso no se necesita para aparecerse con un cinturón y ungir campeones en Chile.

Por David Noemi V.


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La elaboración de escalafones en los distintos organismos depende, con matices, de un Comité de Rankings. En la OIB, una de las entidades que reconoce a Roy Jones Jr. (en la foto) como campeón, se ufanan de tener un escalafón computarizado no sujeto a subjetividades.
La elaboración de escalafones en los distintos organismos depende, con matices, de un Comité de Rankings. En la OIB, una de las entidades que reconoce a Roy Jones Jr. (en la foto) como campeón, se ufanan de tener un escalafón computarizado no sujeto a subjetividades.
Foto:Reuters


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