NACIONAL

Sábado 1 de Noviembre de 2003

OBITUARIO
Padre Gerardo Whelan, querido cascarrabias

Educó a casi 50 generaciones de jóvenes chilenos entre 1955 y 2003.

Era un cura que les pegaba a los niños y a quien lo acusaban de marxista. Así podría haber escrito el libro "Cómo ganar enemigos". Ésa es la leyenda negra y barata que circula en ciertas malas lenguas sobre él. Pero los niños que fueron sus víctimas (hoy respetables sesentones, entre los que se hallan senadores y el actual ministro del Interior) aún se acuerdan de él risueños y hasta con cariño.

El padre Gerardo Whelan C.S.C. no tenía pelos en la lengua: "Te daba tu merecido con el acento de un gángster de Detroit comiendo helado", dice un ex pupilo.

Llegó recién ordenado sacerdote para trabajar en el colegio Saint George's. Así vivió casi medio siglo en Santiago. Y había algo que lo hacía memorable (además de los golpes): el cura Whelan se esforzaba de verdad por conocer a cada alumno.

Si fallecía un papá, dejaba todo para acompañar al hijo; si alguien caía preso, allí estaba él: apoyaba ante la muerte y animaba la vida. Así se convirtió en un líder como director académico, como guía espiritual, o como jefe de scouts.

Quienes lo recuerdan (los del colegio y sus jóvenes de las parroquias de Calle Larga y Curanilahue) dicen que el cura Whelan era un amigo rotundo. Y Whelan siguió enseñando en el Saint George's hasta hace un mes: "Después de los 50, hay que recuperar a los amigos de la infancia, que son los incondicionales", dijo en una de sus últimas entrevistas. Ayer murió de cáncer a los 76 años, encanecido y barbón, con semblante de profeta jubilado.

Lo van a enterrar en Chile porque eligió ser chileno. Los alumnos que lo vieron llegar recuerdan a un gringo, un cura menudo, pero corpulento, que había sido nombrado prefecto de disciplina.

Había llegado a organizar las conductas con el anticuado recurso de las palizas a nalga pelada. Así sus inmensas manos se hicieron sentir educativamente, aunque con los años el cura Whelan renegaría de su viejo estilo.

Esa severa popularidad lo llevó a ser rector del Colegio Saint George's en los años de 1970 a 1973, y condecorado por el actual gobierno con la medalla Gabriela Mistral por sus aportes a la educación.

Luego de un posgrado en educación, inspirado en el llamado de los obispos latinoamericanos en Medellín, Whelan ensayó innovaciones, algunas de las cuales felizmente sobreviven: primero, cambió un colegio masculino haciendo convivir en él a hijos de obreros con hijos de empresarios. Luego abrió el colegio a las mujeres y creó los grupos de teatro y los clubes de debate y los trabajos voluntarios. Era una época (1973) en que, mientras la discusión política campeaba por los patios, los alumnos y alumnas también metían las manos en faenas agrícolas.

Whelan era un cura que hizo méritos para que lo detestaran: defendió el proyecto de la "Escuela Nacional Unificada", del gobierno de Allende, que según él, ya se aplicaba en el Saint George's.

Cuando el gobierno militar intervino su colegio, acusándolo de sembrar el marxismo, Whelan se entrevistó con el entonces Ministro de Educación. Le dijo, tuteándolo como hacía con todos, que esas acusaciones no eran ciertas y que era su palabra contra la de él, y que como no tenía más que hablar, se retiraba.

Aún más odios y malentendidos sufrió cuando, con otros sacerdotes, Whelan protegió y le salvó la vida a Andrés Pascal Allende, un ex alumno suyo que era nada menos que el jefe del MIR, que huía de las fuerzas de seguridad luego de haberse enfrentado a ellas. Por ello, el padre Whelan estuvo en la Penitenciaría algunos días.

Si hay que reconocer una herencia del padre Whelan, es que todo le importaba (y hasta la indignación). Era uno de esos queridos cascarrabias que hacia todo por alguien: para empezar, le decía a quemarropa lo que necesitaba. Le advertía desde que dejara de fumar hasta que le hallara de una vez por todas un sentido a su vocación. No se quedaba callado. Y ayer tuvo que irse sin poder apoyar a nadie más.

Hoy en el Saint George's, a las 10 de la mañana, será despedido por alumnos y ex alumnos.




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