REVISTA YA

Martes 22 de Noviembre de 2005

Sicología:
Estar en Familia

Saber escuchar a un hijo es todo un aprendizaje. Ayudarlo a desarrollar su autoestima y crecer armoniosamente también. Con el "clima competitivo y el estrés al que están sometidos los padres", lograrlo es cada vez más dificil. En su último libro, las sicólogas Neva Milicic y Nadja Antonijevic entregan herramientas para que los padres se manejen mejor en las distintas etapas del crecimiento del niño. Hablan de la importancia de observar a los hijos en su individualidad y de hacerlos sentirse seguros y queridos.

Texto: Daniela Mohor W.

¿Cómo escuchar mejor a sus hijos? ¿Cómo permitirles desarrollarse mejor? ¿Cómo mejorar el ambiente familiar?: ésas son algunas de las preguntas que las sicólogas Neva Milicic y Nadja Antonijevic buscan responder en su último libro "Vivir en familia" (edición Planeta Prácticos). Las autoras se apoyaron en su experiencia clínica como terapeutas y en su labor de madres para escribir este trabajo, que empezaron a redactar hace varios años, mientras daban un curso de "educación de padres" en la Universidad Católica.

Su meta es ayudarles a padres cada vez más estresados por las demandas laborales y menos disponibles para sus niños a estar más atentos a las necesidades de sus hijos. Por eso, "Vivir en familia" es una obra esencialmente didáctica que combina análisis con cuestionarios prácticos (ver recuadros) y consejos.

"Las principales dificultades de los padres chilenos tienen que ver con el poco tiempo para los hijos y las crisis de pareja cada vez más frecuentes. Existe además un entorno social de mucha violencia, bastante consumismo y pocos valores. Mi percepción es que la mayoría de los padres quiere hacerlo bien, pero que muchas veces no cuentan con las herramientas", explica la sicóloga y columnista de Revista Ya, Neva Milicic. '

Educar no es criticar

Las autoras parten de la premisa expresada por la escritora Rosa Montero de que "la infancia es la casa en que habitas el resto de tu vida", e invitan por lo tanto a los padres a entregarles a sus hijos la mayor dedicación posible. En ese sentido es fundamental aprender a observar a los niños para comunicarse mejor con ellos. Y una manera de lograrlo, dicen las autoras, es tomando consciencia de que educar es enseñar y no criticar. "Somos padres muy críticos, preocupados pero a veces bastante demoledores de la autoestima", explica Milicic a Revista Ya. Las dos sicólogas explican que el concepto que el niño se va formando de sí mismo depende esencialmente de la imagen de él que sus padres le transmiten a través de sus palabras y sus gestos. Por eso, la crítica, en vez de ayudar al crecimiento armonioso, lo frena. "El solo hecho de prestar atención al lado bueno de los hijos hace que aquello que mostramos se desarrolle y, además, produzca en el niño la satisfacción de percibir que para usted esa cualidad o conducta que él tiene o ese gesto que ha tenido es importante y lo valora. Lo más probable es que tienda a repetir aquellas conductas que él siente que merecen la atención de sus padres", aseguran las dos sicólogas. Asimismo, explican, castigar un mal comportamiento, raramente trae resultados, ya que esa actitud muchas veces esconde una dificultad más seria del niño. Por ejemplo, dicen, si a un niño le cuesta levantarse y llega siempre atrasado al colegio, las causas pueden ser problemas con los compañeros, conflictos con el profesor o el sentimiento de estar sobreexigido. "Si los padres son muy castigadores y exigentes, los pequeños tenderán a mentir o a expresar sus problema en forma indirecta por temor al castigo", concluyen las autoras.

Comunicación

Son varios los elementos que favorecen la armonía entre padres e hijos y que facilitan el buen desarrollo del niño. Entre los que destacan las autoras del libro está el crear un ambiente familiar acogedor. "Los niños necesitan que la familia sea un lugar que dé una explicación del mundo y de quiénes somos, y por supuesto que entregue una clara orientación valórica", escriben las sicólogas. Y sobre todo necesitan que sea el lugar para sentirse queridos. El clima afectivo de la casa pasa en parte por la decoración física del lugar (sobre la que es bueno que los niños opinen) y por la existencia de espacios que satisfagan las necesitades tanto de los adultos como de los niños. Para éstos al igual que para sus padres es importante tener un espacio propio, "personal, individual e independiente", dicen. De ahí la importancia de tener tres tipos de espacios en la casa: 1) para adultos en los que puedan tener intimidad, tranquilidad y la posibilidad de desarrollar actividades personales; 2) para los niños en los que puedan jugar, desordenar sin que eso signifique un problema; 3) espacios para compartir en familia.

Esa adecuada repartición de los espacios físicos, sin embargo, no siempre implica armonía familiar. Para alcanzarla también hay que esforzarse en tener una buena comunicación, es decir en desarrollar empatía con el otro, aprender a entender lo que siente sin esperar necesariamente que lo formule.

Milicic y Antonijevic ofrecen numerosas recomendaciones que facilitan esa comunicación. Escriben:

"Para ponernos en el lugar de nuestros hijos podemos intentar algunas de las siguientes cosas: recordar la época en que uno era niño, tratar de revivir el tiempo en que uno tenía la edad que el niño tiene actualmente, revisar algunas fotos, acordarse del lugar en que uno vivía, del colegio en que estaba y pensar: ¿qué necesitaba uno en esa época?, ¿qué sentía frente a ciertas cosas?, ¿qué sentía frente a los castigos?, ¿qué cosas le daban pena?, ¿qué cosas eran importantes?, ¿qué cosas le daban miedo?, ¿qué cosas hacían falta?".

También aconsejan no llegar a conclusiones rápidas, no pensar que los hijos ven y sienten las cosas de la misma manera que uno y no pensar que porque en el pasado el niño reaccionó de determinada manera, siempre lo hará así. Pues los niños cambian mucho al crecer. Las autoras del libro invitan a no bombardear a los hijos con preguntas y a decirles lo que uno cree entender que les pasa para asegurarse de que no se equivocó en su interpretación. Destacan, además, la necesidad de ser directo y claro cuando se le habla a un niño y de tener un lenguaje corporal que apoye las palabras."Dígale con mucha frecuencia cómo y cuánto lo quiere. Dedíquele tiempo. Focalice en lo positivo y si tiene que llamarle la atención sea breve y conciso, no más de dos minutos por reloj".

Esa es según Milicic la receta de un buen vivir en familia.

CÓMO MEJORAR EL AMBIENTE FAMILIAR

Las sicólogas entregan en el libro pautas y cuestionarios que facilitarán la tarea de aprender a vivir en familia. Aquí seleccionamos dos.

Preguntarse:

¿Es agradable vivir en la casa? ¿Por qué?

¿Me gusta llegar a la casa? ¿Por qué?

Al resto de la familia, ¿le gusta o evita estar en la casa?

¿Hay lugar para compartir, un lugar donde todos podamos estar juntos?

¿Tienen los niños espacio para jugar?

¿Es cálido y alegre el arreglo de la casa?

¿Pueden participar los niños en el arreglo de la casa?

¿Tienen los niños muchas limitaciones en relación al uso de los espacios?

¿Qué puedo cambiar para hacer el hogar más agradable para mí?

¿Qué puedo cambiar para hacer el hogar más agradable para los niños?

¿En qué actividades relacionadas con la casa podría hacer participar más a los niños?

¿Tomo en cuenta las opiniones de los otros a la hora de tomar decisiones?

¿Qué puedo hacer para escuchar lo que piensan mis hijos acerca de la organización de la casa?

CÓMO SER UNA BUENA MAMÁ

Haga una lista de cosas que habitualmente hace "con" sus hijos.

Haga una lista de las cosas que hace "por" sus hijos.

Imagínese qué cosas suyas pueden gustar a sus hijos y otras que les desagraden: pregúnteles directamente.

Anote: Cosas que les gustan y cosas que no les gustan.

¿Qué del modelo familiar de mi familia de origen estoy repitiendo?

¿Qué me gusta?

¿Qué me gustaría cambiar?

Anote tres cosas que le agrada de su relación actual con los niños.

Imagine algunos gestos que les permitan a sus hijos o hijas sentir que son prioridad uno para usted.· Haga una lista de cosas que habitualmente hace "con" sus hijos.

Haga una lista de las cosas que hace "por" sus hijos.

Imagínese qué cosas suyas pueden gustar a sus hijos y otras que les desagraden: pregúnteles directamente.

Anote: Cosas que les gustan y cosas que no les gustan.

¿Qué del modelo familiar de mi familia de origen estoy repitiendo?

¿Qué me gusta?

¿Qué me gustaría cambiar?

Anote tres cosas que le agrada de su relación actual con los niños.

Imagine algunos gestos que les permitan a sus hijos o hijas sentir que son prioridad uno para usted.


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Foto:Getty Images
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