EDITORIAL

Jueves 26 de Mayo de 2011

 
Educación en la antigua Roma

Pablo Kangiser Señor Director:

Stanley Bonner, cuya investigación sobre La Educación en la Roma Antigua abarca unos 300 años de historia, se muestra sorprendido en la conclusión de su libro por el hecho de que los romanos hubieran alcanzado un alto grado de desarrollo de la educación (considerando las circunstancias de la época), sin haber tenido organismos estatales destinados a ese propósito ni tampoco -salvo excepciones en época posterior- subsidios para la educación con cargo al fisco.

Pero hay otra conclusión que podemos desprender de la interesante obra de Bonner, a saber, que lograron una educación de calidad, precisamente porque no intervino en ello la burocracia estatal (la que sí estuvo presente en todo, en los últimos días del Imperio). En el período investigado por Bonner no existían escuelas y los preceptores hacían sus clases donde podían, en una pieza de su casa o hasta bajo un toldo en un lugar abierto. También se quejaban de que los padres se atrasaran en el pago, ya que no contaban con otra remuneración por su trabajo; y cuando la enseñanza de uno de ellos no era satisfactoria, los padres podían llevar a sus hijos donde otro profesor. Los niños aprendían primero a leer al cuidado del ludimagister ; pero después debían desarrollar la capacidad de entender lo que habían leído, a lo que se dedicaba preferentemente el grammaticus . En una tercera etapa, a cargo del rhetor , debían ser capaces de juzgar aquello que habían entendido. El resultado de este estudio, durante varios años, era un población apta para intervenir en el desarrollo social, político, militar y económico que lograron a través de más de mil años de historia.

Esta visión puede contrastar con el modelo estereotipado a que nos tiene acostumbrados Hollywood, y puede diferir también de la mala opinión que los cristianos primitivos, por explicables razones, difundieron sobre la sociedad romana. Pero deberíamos preocuparnos al comprobar que, según datos de dominio público, en nuestro medio un 40% de los egresados de enseñanza media no entiende lo que lee, y no sabemos, por falta de datos, cuántos del 60% restante han desarrollado juicio crítico, fundado y reflexivo, para acometer estudios superiores. Por cierto, la historia no nos proporciona soluciones antiguas para problemas modernos; pero nos da la oportunidad meditar nuestra propia realidad sobre bases conceptuales que vayan más allá de la propaganda política elaborada según la ideología de turno.

PABLO KANGISERLibertad y Desarrollo

 


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