VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 7 de Octubre de 2000


Entrevista a Isabel Tuca

La nueva presidenta del Colegio de Arquitectos de Chile, Isabel Tuca García, se preocupa por la situación que vive hoy el gremio. Esperando la reactivación, da pautas para impulsar la actividad profesional, reforzar la labor regional, respetar valores arquitectónicos nacionales, mejorar la entrega educacional y evitar que Santiago siga extendiéndose.
Por segunda vez, desde su creación en 1942, el Colegio de Arquitectos de Chile tiene una mujer como presidenta nacional. Isabel Tuca asumió el máximo cargo de dicha institución gremial hace sólo una semana, cuando al término de la Bienal se nombró la nueva directiva. Pablo Contrucci quedó como primer vicepresidente y José Ramón Ugarte, como segundo vicepresidente.

- Durante dos semanas se rumoreó esta nominación, ¿por qué se hizo de rogar?

Humilde responde: No creía ser la mejor candidata. Hubo varias mujeres postulantes al directorio; yo tuve la primera mayoría y Verónica Amaral quedó como secretaria general. Cuando Eliana Caraball fue presidenta había listas políticas, ese no es mi camino, uno se presenta ahora como persona. Me interesan los temas gremiales, pero me preocupaba la dedicación que exige el cargo. Al leer los requisitos globales del estatuto vi que no era tan terrible: debo representar al Colegio en cualquier circunstancia y velar por la profesión.

- Es una continuidad de lo que está haciendo, pero con un sentido un poco más amplio.

- En realidad, sí. Ya hace tres años estaba como vicepresidenta de Asuntos Externos, a cargo de 20 delegaciones regionales y había otro vicepresidente para la Zona Metropolitana, cargos en los que el presidente puede delegar. Por eso muchas veces subrogué a Patricio Gross. He participado en el Colegio con la idea de aportar, como es el caso de la acreditación de escuelas de arquitectura, comisión en la que trabajo junto a Víctor Gubbins. Es un tema que me preocupa: la comisión de acreditación aprobó a la Universidad Mayor y la Finis Terrae, a treinta les falta acreditarse y dos escuelas se cerraron. Deberemos estudiar cuál es la demanda real de arquitectos para el país.

Enseñar la profesión es una de sus grandes pasiones. Lleva 25 años dictando taller de arquitectura en la Universidad de Chile, aunque ha estado en esa escuela en distintos cargos desde que egresara de estudiar allí mismo.

La mayor de cuatro hermanos, el único hombre, José, también es arquitecto. Cuando las monjas suizas alemanas del colegio donde estudiaba el Santa Cruz supieron que quería entrar a arquitectura la llamaron para decirle que ésa era una carrera sólo para hombres. Eran muy retrógradas, dice Isabel, quien por esa misma necesidad de apertura prefirió estudiar en la Chile.

Hizo la carrera junto a Alvaro Guridi, quien es su esposo hace 34 años. Recuerda: fuimos alumnos de Roberto Dávila. Para nuestro proyecto de título de una utópica carretera entre Valparaíso y Viña, trabajamos durante seis meses en el puerto junto con Claudio Barros, un compañero que falleció. Egresó el 65 y empezó a hacer clases de expresión gráfica en la U.Ch. Después ya casados y con una hija que le ha dado dos nietas se fueron a Madrid en dos períodos distintos, a estudiar Diseño Urbano: Alvaro trabajaba en la Municipalidad de Santiago y tomamos el mismo tema.

La ascendencia del padre de Isabel un catalán de la ciudad Seu dUrgell, que se vino a los 16 años a Chile les ayudó en España. Consiguieron un contacto para que les cuidara la niña, que entonces tenía un año y medio: Las clases eran de 9 de la mañana a 9 de la noche; sólo salíamos los fines de semana, a visitar la familia, a Barcelona y los Pirineos. Después compramos un auto y recorrimos toda Europa, Oslo y Estambul. Queríamos ver las ciudades, conocer la arquitectura, empaparnos culturalmente. De vuelta a Chile le ofrecieron un taller de arquitectura, lo que hace hasta ahora, además de haber sido directora por seis años de la Escuela y del Instituto de Estudios de Isla de Pascua.

Siempre ha mantenido el ejercicio privado de la profesión junto a su esposo , a través de la firma Guridi Tuca Asociados. Principalmente han hecho viviendas de ladrillo y techo de tejuela de alerce, y ahora con una imagen más contemporánea. Diez años atrás formaron una inmobiliaria con su suegro y cuñado, construyendo departamentos hasta de 5 pisos, venta que hoy ha declinado.

- ¿Cómo espera el Colegio impulsar la deprimida arquitectura actual?

- Espero que la economía tome otro rumbo y la gente pueda invertir de nuevo. El directorio del Colegio propone modificar la Ley de Urbanismo y Construcción y suprimir la burocracia de las direcciones de obras municipales, que alargan los trámites y desmoralizan a los inversionistas.

- ¿No ha servido el aporte de los revisores independientes?

- No siempre funciona bien, porque después que ellos revisan un proyecto, lo hace el director de Obras. Doble trámite. Deberían tener más responsabilidades, respondiendo por cada permiso que den. Hay que agilizar los trámites.

- Los usuarios se quejan diciendo que la calidad de las viviendas no es óptima. ¿Son pocas las exigencias?

- Son muchas. O se construye bien o no aprueban el edificio. De ahora en adelante no va a suceder lo que pasó con los ductos, porque hay más claridad al respecto.

- ¿Qué le falta a Santiago?

- Tener un límite. Debemos construir más en altura y no extendernos hacia los cerros. En un reciente seminario del Colegio con urbanistas españoles nos dijeron que Madrid cabe dos veces en Santiago y París tres. Al agrandarse significa más cantidad de carreteras, calles a pavimentar y completa infraestructura. Debería haber una red de áreas verdes y luego pequeños pueblos satélites a los que se llegue por trenes rápidos, los que también estarían unidos entre sí.

Amén de sentirse atraída por la fotografía, jardinería, diseño (tuvo incluso una tienda), escultura y pintura (ha participado en varias exposiciones), Isabel se apasiona por el reciclaje (intervino en obras como el Palacio Matte, Internado Nacional Barros Arana y fue una ardiente defensora, junto a Ramón Delpiano, de no botar la Cárcel de Santiago): hay arquitectura que debe mantenerse si es interesante su historia, y si su calidad es buena. Deben conservarse los barrios con zonas típicas; en el Colegio propiciamos que los edificios que tienen un valor se protejan con una altura lógica que no desarme el conjunto. Es nuestra memoria, lo que fuimos y no debe borrarse.

Por Luz María de la Vega Prat
Fotografías, Leo Vidal




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Isabel Tuca es la mayor de cuatro hermanos. Estudió en un colegio de monjas suizas alemanas y luego arquitectura en la Universidad de Chile, donde ha sido docente desde 1966. Casada con el arquitecto Alvaro Guridi, hace 34 años, tiene una hija y dos nietas.
Isabel Tuca es la mayor de cuatro hermanos. Estudió en un colegio de monjas suizas alemanas y luego arquitectura en la Universidad de Chile, donde ha sido docente desde 1966. Casada con el arquitecto Alvaro Guridi, hace 34 años, tiene una hija y dos nietas.
Foto:Leo Vidal
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