REPORTAJES

Domingo 7 de Enero de 2001

El Crimen de la Legación Alemana
La Tincada que Dio la Pista del Asesino

En 1909, un incendio y un cadáver carbonizado fueron el comienzo de una pesquisa que llevó al descubrimiento de un crimen que conmocionó la apacible vida nacional.
Por Santiago Benadava

EL viernes 5 de febrero de 1909, alrededor de las 13.40 horas, se declaró un violento incendio en la sede de la Legación Imperial de Alemania, ubicada en Santiago, calle Nataniel Cox esquina de Alonso de Ovalle. El fuego consumió todo el edificio.

Extinguidas las llamas se encontró un cuerpo carbonizado con una argolla nupcial y restos de ropa. Estas especies y otras encontradas junto al cadáver fueron reconocidas como pertenecientes al Canciller Guillermo Beckert, funcionario subalterno de la Legación. No hubo dudas, el muerto era Beckert. Con el incendio de la Legación coincidió el desaparecimiento del portero Exequiel Tapia y de fondos existentes en la caja de caudales de ella.

El Ministro y el Subsecretario de Relaciones Exteriores expresaron al Ministro Plenipotenciario de Alemania, Von Bodman, las condolencias del Gobierno de Chile por este lamentable suceso.

Un hecho que causó desconcierto fue que Otto Isakovich, quien conocía a Beckert, declaró haber visto a quien le pareció el Canciller en el Portal Edwards ¡en la misma noche del incendio! Isakovich había hablado a esa persona, pero ésta le había dicho no conocerlo para luego alejarse. ¿Se trataba de una visión?

Se discutía si Beckert había muerto por accidente o asesinado. Las autopsias practicadas por dos médicos legistas chilenos fueron poco esclarecedoras, pero una nueva autopsia encargada a los profesores alemanes Westenhffer y Aichel, que enseñaban en la Universidad de Chile, demostró que la víctima había recibido una puñalada y sufrido un traumatismo en su cerebro. Beckert había sido, pues, asesinado.

El 9 de febrero se efectuó en el Cementerio General el sepelio del Canciller, al cual concurrieron el ministro de RR.EE., diplomáticos y otras personalidades. El ministro de Alemania, barón Von Bodman, hizo el elogio de quien fuera su colaborador y expresó que su patria recordaría con gratitud al que "murió en el ejercicio de sus deberes, víctima del puñal traidor de un cobarde asesino".

En los meses anteriores a la tragedia, Beckert y el ministro alemán habían recibido cartas amenazadoras, firmadas por "Varios chilenos", en que se les exigía retirar una demanda contra unos aldeanos de Caleu que estaban procesados por dar muerte a un ciudadano alemán y herir a cinco más al confundirlos con unos malhechores que asolaban la región.

Al día siguiente del incendio, el propio ministro recibió otro anónimo en que se le amenazaba con igual destino. En la casa de Beckert se encontró una carta, escrita por él, ante el temor de ser asesinado, para ser entregada al Presidente de la República. En ella encomendaba a la generosidad presidencial la suerte de su mujer y de un sobrino suyo. Todo parecía indicar que la muerte del Canciller y el incendio de la Legación eran una venganza tomada por los "Varios Chilenos".

Un forastero: Ciro Lara

Al día siguiente de que el fuego consumiera la Legación alemana, un forastero abandona el Hotel Melossi, situado en los altos de la ex farmacia "Andrade", donde se había hospedado la noche anterior con el nombre de Ciro Lara, y toma en la Estación Alameda el tren ordinario a Chillán. En Curicó sube al tren y toma asiento al lado suyo Ismael Merino Corvalán, comerciante de esa ciudad. Traban conversación y Lara se muestra locuaz. Cuenta a Merino que es hijo único de una familia alemana adinerada y que viaja por placer. Se propone ir a Temuco para desde allí cruzar la cordillera y dirigirse al sur de Argentina. Merino le aconseja partir más bien del pueblo de Victoria y atravesar el paso de Lonquimay, para lo cual le ofrece su ayuda. Lara acepta.

Los dos compañeros de viaje alojan en Victoria, donde Lara completa sus aprestos para pasar al país vecino. Mientras tanto Merino no puede disipar ciertas suspicacias respecto de su nuevo compañero.

¿Por qué un hombre tan adinerado viaja en segunda clase? Merino comunica sus sospechas al Prefecto de Policía de Chillán, J. Alberto Arce, quien comisiona al subinspector Froilán Garretón para que entreviste a Lara. En particular, le interesa saber si el sospechoso es el portero Exequiel Tapia, presunto asesino de Beckert a quien se busca por todo el país.

El detective Garretón entrevista al forastero, quien dice llamarse Ciro Lara Mottl y se identifica con un pasaporte otorgado por el subsecretario de RR.EE.. El Prefecto de Chillán no se da por satisfecho. Envía un telegrama urgente al Director de Seguridad, Eugenio Castro, a quien pregunta, entre otras cosas, si el subsecretario había firmado un pasaporte a nombre de Ciro Lara.

En la noche del mismo día el Prefecto recibe respuesta: Sí, el subsecretario había otorgado un pasaporte a nombre de Ciro Lara, solicitado por ¡el Canciller Beckert!, para un pariente suyo de ese nombre.

Se ordena de inmediato la detención de Lara. El Prefecto queda convencido de que Ciro Lara es Beckert. El subinspector Garretón vuelve apresurado a Victoria para detenerlo, pero a esas horas el pájaro ha volado.

Mientras tanto, pesquisas realizadas en Santiago dan a la investigación un sesgo dramático. Una semana antes del incendio Beckert había encargado unas patillas "que fueran como las del Emperador de Austria"; había llevado al Hotel Melossi una valija que contenía un arma; había solicitado un pasaporte a nombre de Ciro Lara, de quien dijo ser cuñado; había comprado un rifle de repetición, un revólver, 20 metros de mecha redonda, etcétera. La investigación llevaba a presumir que el cadáver encontrado en la Legación y enterrado en exequias solemnes no era el del Canciller Guillermo Beckert. Faltaba, sin embargo, una prueba concluyente que confirmara esta presunción. Esta prueba la proporcionó el peritaje dental practicado por el doctor Germán Valenzuela Basterrica, director de la Escuela de Dentística de la Universidad de Chile.

El peritaje

El doctor Valenzuela Basterrica averiguó con el dentista que atendía a Beckert, Denis Ley, que el profesional había practicado a Beckert diversos trabajos: cinco extracciones, cuatro tapaduras de oro, una de platino y una corona de oro. En cambio, la mandíbula del cadáver que se creía de Beckert sólo revelaba un diente cariado. El cadáver encontrado en la Legación no podía ser, pues, el de Guillermo Beckert. Así lo comunicó al tribunal.

¿Y si el cadáver no era el de Beckert, de quién era? La lógica hacía presumir que habiendo sido dos los actores de la tragedia de la Legación - Beckert y Tapia- , y descartado que el cadáver fuera el de Beckert, el muerto debía ser Tapia, quien se encontraba desaparecido. Tomaría algunos días obtener pruebas concretas que confirmaran esta deducción.

Desde un comienzo el país había seguido con apasionado interés las informaciones sobre los misteriosos sucesos de la Legación alemana. El público devoraba los diarios y se agolpaba para leer en sus pizarras las últimas noticias del día. Con comprensible orgullo se celebraba que un profesional chileno, dotado de una de las cualidades más chilenas, "la tinca", hubiera dejado a salvo el honor de un pueblo comprometido por un crimen alevoso.

Camino de la Argentina

Ciro Lara está inquieto. Sabe que se le persigue. Con dos acompañantes parte de Victoria el miércoles 10 de febrero y pernocta en Curacautín y Malacalhuello. Lo persigue el subinspector Garretón acompañado por carabineros. La alarma es ahora general. Se ha difundido por telegrama la filiación de Beckert, se han diseminado fuerzas policiales en los boquetes y atajos cordilleranos y se ha prevenido a la gendarmería argentina de la frontera. Los perseguidores, en búsqueda agotadora y con sus cabalgaduras exhaustas, recorren los barrancos y exploran caminos extraviados. Pero los fugitivos no aparecen. ¿Habrán logrado escurrirse burlando el dispositivo policial?

En la mañana del sábado 12, los carabineros Veloso y Becerra, que han pasado la noche en un cerro que domina una amplia extensión de terreno, divisan a los prófugos. Veloso se adelanta y al tiempo que apunta a Beckert con una carabina le grita: "¡Alto. Si se mueve lo mato. Boten las armas". Los interpelados obedecen. Beckert propone a Veloso que lo deje libre a cambio de cuatro mil nacionales argentinos. El soborno es rechazado. Beckert insiste. Veloso se indigna y, apuntándole con su carabina, le dice: "¡Si me vuelve a hablar de plata lo mato en el acto!".

El detenido es conducido a Santiago. La identificación y captura del criminal ha tomado una semana.

¿Quién es Beckert?

Beckert había nacido en Nuremberg en 1870. En 1889 emigró a Chile. Desempeñó diversos empleos en el sur del país y en Santiago. Ingresó más tarde a la Compañía de Jesús y enseñó en el Colegio San Ignacio del cual fue expulsado, volviendo a la vida seglar. Las referencias sobre su carácter y honestidad no son de las mejores. Casado con Natalia López, su fidelidad es frágil, pues mantiene relaciones sentimentales con una modesta joven de 16 años, Sara Neira, a quien escribe cartas apasionadas. Al tiempo del crimen, se desempeñaba como Canciller de la Legación, con funciones de tesorero, contador, archivero y contable.

El proceso seguido a Beckert estuvo a cargo del ministro de la Corte de Apelaciones don Eduardo Castillo Vicuña, quien lo sometió a varios interrogatorios.

Según Beckert, el 5 de febrero, cerca del mediodía, después que el ministro y su secretario se habían retirado de la Legación, había entrado el mozo Tapia en compañía de un desconocido. Este último le había presentado un documento para su legalización. Sintiendo pasos tras sí se había dado media vuelta y visto que Tapia, puñal en mano, se abalanzaba contra él. Había logrado esquivar la puñalada y desasirse del desconocido, quien le apretaba la garganta. Luchando contra ambos atacantes, había arrancado el cuchillo a Tapia y se lo había enterrado en el cuerpo. Luego había perdido el conocimiento. Al volver en sí se había encontrado tendido sobre el cadáver de Tapia. El desconocido había desaparecido.

Temiendo dificultades con la justicia - prosiguió Beckert- había optado por huir. Al llegar al portal Edwards había oído a alguien que lo llamaba por su apellido. Era Otto Isakovich. Temiendo ser reconocido, había subido a un coche y partido al Hotel Melossi. Reconoció Beckert haber inferido la puñalada a Tapia, pero negó haberle asestado un golpe en el cráneo e incinerado su cuerpo. También sostuvo con firmeza no haber puesto fuego a la Legación ni saber cómo el incendio había comenzado.

Los peritajes caligráficos demostraron que las cartas firmadas por "Varios Chilenos" habían sido escritas, en realidad, por el propio Beckert.

El mítico Ciro Lara

¿Por qué había asumido Beckert la identidad de Ciro Lara Mottl, cuya existencia no se pudo comprobar? Según Beckert, Ciro Lara no era un ser imaginario, sino una persona real que le había solicitado le consiguiera un pasaporte. Aunque había obtenido que el subsecretario de RR.EE. le otorgara el pasaporte para Ciro Lara, éste le había escrito para decirle que ya no lo necesitaba y para pedirle que le comprara un rifle con su dotación de balas. Al ocurrir los sucesos de la Legación, temiendo que no se creyera su versión sobre los hechos, había asumido una nueva identidad y utilizado el pasaporte de Ciro Lara para escapar a la acción de la justicia.

Demás está decir que todas las averiguaciones hechas para ubicar al tal Ciro Lara Mottl resultaron infructuosas. Beckert no pudo explicar cómo su argolla y un anillo suyo habían aparecido en los dedos del muerto y por qué una cigarrera, restos de ropas y otras especies que le pertenecían habían sido encontradas al lado del cadáver. El ministro sumariante sugirió que el reo había colocado deliberadamente estos objetos, a fin de hacer creer que el cadáver carbonizado era el de Beckert.

Las respuestas a las preguntas formuladas por el magistrado sonaban a inverosímiles: la ropa que llevaba Tapia se la había obsequiado, la mecha la había comprado para hacer una cama a un perrito; el traje de cazador y las patillas postizas las había adquirido para hacer una broma a su mujer de manera que no lo reconociera en el primer momento; el revolver Smith y Wesson lo tenía simplemente para "andar armado".

Los fondos de la Legación

Beckert dio la siguiente versión sobre la sustracción de fondos de la Legación: Como tenía la convicción íntima de que tarde o temprano caería en manos de quienes le enviaban amenazas anónimas, había ido acumulando fondos de la Legación con miras a efectuar una inversión que después de su muerte produjera una renta segura a su mujer. Para alcanzar este resultado había falsificado la firma del ministro Von Bodman y adulterado cuentas de la Legación. Agregó que también había tenido ingresos que por ser "de procedencia vergonzosa" no podía declarar.

El 3 de abril de 1909 el ministro Castillo declaró cerrado el sumario y dispuso poner término a la incomunicación de Beckert, que duraba ya siete semanas.

El 10 de mayo el fiscal de la Corte de Apelaciones, Osvaldo Rodríguez Cerda, presentó al tribunal la acusación en contra del reo.

Según el fiscal, Beckert había confesado haber dado muerte a Tapia en defensa propia, pero esta eximente de responsabilidad no era verosímil y la premeditación con que se preparó y ejecutó el crimen estaba plenamente probada. Beckert había matado a Tapia, le había puesto prendas suyas y había dejado junto al cadáver especies que hicieran suponer que el muerto era el Canciller.

Beckert - agregó el Fiscal- había cometido el crimen con el propósito de hacer creer que había muerto, a fin de hacer desaparecer los documentos de la Cancillería y evitar que se comprobaran los desfalcos de dinero que había hecho para satisfacer sus excesivos gastos. Fingidamente muerto, podría gozar tranquilamente del dinero sustraído.

La acusación fiscal se refiere también a otros delitos que considera cometidos por Beckert: incendio premeditado de la Legación, falsificación y estafa de las letras de cambio, falsificación de las cuentas de la Legación, inducción a otorgar pasaportes falsos y uso de los mismos. Por el delito de homicidio premeditado el fiscal solicita que se imponga al reo la pena de muerte, por el delito de incendio premeditado se le condene a la pena de muerte y por los demás delitos a otras penas privativas de la libertad y multas.

Beckert fue representado en su defensa por el joven abogado Pablo Ramírez Rodríguez, de 23 años, quien ocuparía más tarde importantes cargos públicos. La defensa sostuvo que la confesión prestada por Beckert era indivisible y que debía tomarse en cuenta la eximente de legítima defensa invocada por el reo al confesar el delito. Aun si no se aceptara esta eximente, agregó, no se podía concluir que el homicidio fuera premeditado. En cuanto a los antecedentes y carácter del reo, recordó que el propio Ministro de Alemania "en un momento solemne para los dos países amigos" (¡el "funeral de Beckert" !) había afirmado que el ex Canciller era "hombre bueno, profundamente bueno e idealista".

El 2 de septiembre de 1909, siete meses después del incendio de la Legación, el ministro señor Castillo pronunció sentencia de primera instancia.

La sentencia condena a Beckert a la pena de muerte por el homicidio calificado de Exequiel Tapia y le impone otras penas por los delitos de incendio, falsificación de letras de cambio, adulteración de cuentas y uso indebido de pasaportes.

La Corte de Apelaciones confirmó en todas sus partes la sentencia pronunciada. La Corte Suprema rechazó los dos recursos de casación interpuestos por el reo. Sólo quedaba esperar el indulto presidencial.

La solicitud de indulto pasó al Consejo de Estado. Ni uno solo de los miembros del Consejo fue favorable al reo.

A pesar de que no faltaron voces en favor del indulto, el Presidente don Jorge Montt se negó a concederlo.

Ultimos días

Notificado el "cúmplase" de la sentencia, el reo queda en capilla. Alguien que lo visita en su celda de la Penitenciaría lo describe así:

"Ha envejecido 20 años. Las barbas que caen sobre el pecho tienen largos mechones de cana como nieve, prendidos entre los líquenes de un árbol medio derribado ... y los ojos, aquellos ojos fulgurantes cuyo brillo redoblaban los cristales de sus gafas de oro, están apagados y tienen una expresión de inmensa tristeza y profundo abandono. Ya no miran, imploran".

A pedido del reo se ha levantado un altar en su celda y se dice misa cada día. la "Imitación de Cristo" es su libro de cabecera. El condenado recibe visitas de personalidades políticas y de ex alumnos suyos del colegio San Ignacio. Un emisario del reo insiste en el indulto ante el Presidente.

"No, mi amigo, responde el señor Montt, siento no poder complacer a Ud. Este hombre no sólo ha cometido un crimen horrible, sino que además ha comprometido con su diabólica trama y la torpeza del Ministro alemán el honor de Chile.

"Se nos ha injuriado y humillado. Se debe aplicar la ley en su máximo rigor para enseñanza y ejemplarización".

Como en casos análogos, se abre un debate sobre la pena de muerte. Las más de las voces piden que prevalezca un sentimiento de piedad sobre los dictados de la estricta justicia y que se perdone la vida del reo. No faltan, sin embargo, opiniones en contrario. Un lector de un diario se pregunta: "¿Si en vez de Beckert hubiera sido Tapia el verdadero autor del crimen, nos habríamos desvelado tanto por obtener su indulto?". Alguien recuerda las palabras de Alphonse Karr: "Si se desea abolir la pena de muerte, que los señores asesinos comiencen".

Temprano en la mañana del 5 de julio de 1910 el capellán Cotapos dice misa en la celda y da a Beckert la última comunión. En los alrededores de la Penitenciaría una abigarrada y densa muchedumbre aguarda los últimos momentos del condenado. Una ligera llovizna entristece más la escena.

A las 08.00 horas Beckert, que está al borde del colapso, es conducido en vilo y con la vista vendada al patíbulo. Cuatro fusileros calzados con alpargatas y comandados por un oficial se sitúan frente al reo. A una señal del oficial se oye una descarga; luego se da el tiro de gracia. Beckert queda inmóvil. Son las 08.10 de la mañana.

A las 07.30 horas del día siguiente el cadáver es conducido al Cementerio General y enterrado sin más ceremonia. Se le da un modesto entierro, bien diferente al que recibiera en la ocasión anterior.






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Dos veces fue enterrado el canciller de la Legación Alemana Guillermo Beckert. La primera vez (en la foto), como un héroe asesinado, mientras que la segunda como un criminal condenado a muerte.
Dos veces fue enterrado el canciller de la Legación Alemana Guillermo Beckert. La primera vez (en la foto), como un héroe asesinado, mientras que la segunda como un criminal condenado a muerte.


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