NACIONAL

Sábado 15 de Noviembre de 2014

Jefe de la delegación argentina en la fase final que culminó con el Tratado de Paz y Amistad de 1984
Marcelo Delpech: El emotivo relato de cómo se alcanzó la paz en La mediación papal por el diferendo austral

Lo que permitió destrabar la negociación estancada El consejo de Casaroli La creación de la confianza El concepto de transacción Distancia de todo exitismo.  
Cecilia Derpich Desde Buenos Aires A principios de 1984, las negociaciones de la mediación papal para resolver el diferendo austral llegaron a un punto de virtual estancamiento, que una vez más hizo temer su fracaso, en este caso definitivo. El nuevo gobierno argentino de Raúl Alfonsín no parecía flexibilizar sus posiciones, y el desánimo alcanzaba incluso a los delegados del Papa, encabezados por el cardenal Casaroli.

Es el momento en que el jefe de la delegación chilena, entonces coronel, luego general, Ernesto Videla, toma la iniciativa de establecer contacto y conversaciones directas con el nuevo delegado argentino, Marcelo Delpech. Rápidamente se fragua así una relación de confianza personal que a la postre fue decisiva en el éxito del proceso que culminó con la firma del Tratado de Paz y Amistad, próximo a celebrar este mes treinta años de vigencia.

La historia desclasificada de esa relación privilegiada y trascendental la relata Delpech (88) a "El Mercurio", en su señorial departamento de Alvear y Callao en el Barrio Norte de Buenos Aires, y su primera viva expresión es para lamentar el fallecimiento de Ernesto Videla (agosto de 2013).

"Realmente siento muchísimo que, de los dos jefes de delegaciones que estuvimos tanto tiempo trabajando, él no esté, ahora en los 30 años del Tratado. Porque no solamente fue la negociación sino la amistad que existió después", dice.

-¿Cómo llega usted a formar parte y encabezar el equipo negociador argentino?

-Estaba trasladado en la representación nuestra en las Naciones Unidas en Ginebra, y como yo estaba allá, me incluyen en la delegación porque en la Cancillería me especializaron más en temas jurídicos. Soy abogado. Tenía entonces cerca de 50 años.

-¿Cómo evaluaba lo que se había hecho hasta antes de su llegada?

-Tuve conciencia de la enorme dificultad de este tema, porque fueron 100 años de intercambios y discusiones. Era una enorme masa de cosas por aprender. La conformación de la delegación y la forma de abordar esto ya estaban bastante bien. Tenía la sensación de un poco de duda, porque en principio la argumentación chilena y la presentación magnífica que hicieron de la prueba y los conceptos jurídicos hacía notar que era una posición extremadamente fuerte la chilena, de modo que en el curso del proceso yo personalmente tuve la sensación de que, de alguna manera, la solución iba a ser favorable para Chile, como fue.

-¿Qué elementos fortalecían la posición chilena?

- En principio, en derecho internacional, ninguna corte del mundo en general va a ordenar la desocupación a un gobierno de un lugar que ocupa. Hay un concepto no escrito de que el que ocupa tiene una gran posibilidad de triunfar. Por eso la posición chilena era muy fuerte. Pero además, Chile tenía una cantidad enorme de actos de jurisdicción en las islas, como permisos para explorar y extraer oro, que daba la autoridad chilena.

Y se presentó una enorme cantidad de actas de jurisdicción. La mayor parte no cuestionadas. Era de mucha prueba. Pero también hay que reconocer una cosa importante que es que también, aún sabiendo que la situación no era favorable, Argentina tenía que defender y no se podía renunciar porque sí.

"La Santa Sede estaba un poco cansada de lo largo de este proceso"

-¿Cuál fue la actitud de la Santa Sede cuando comenzó la etapa de contactos directos entre las delegaciones?

-Estábamos en contacto con los monseñores (Sainz y Montalvo) que seguían muy de cerca todo, muy interesados en que se solucionara el tema, porque a su vez la Santa Sede estaba un poco cansada de lo largo que era este proceso y no quería llegar a que hubiera un fracaso. Entonces, de alguna manera también, la Santa Sede presionaba para que hubiera una solución y para ello, la única manera era renunciar a ciertas argumentaciones tradicionales.

-¿Y de los gobiernos de ambos países?

-Una clave importante es la actitud de los gobiernos después del Tratado, de cuidar este "recién nacido", la paz, en el sentido de no intentar a través de defensas o críticas del Tratado de enunciar argumentos que podían ser conflictivos para la otra parte. La idea era ser discretos. El Tratado de aprobó y no debíamos decir "yo salí ganando", sino tener una extrema prudencia y decir "bueno, esto hemos acordado, y punto". Hablar de triunfalismos era imposible porque además cada uno había renunciado a algo suyo.

'' En el curso del proceso yo, personalmente, tuve la sensación de que, de alguna manera, la solución iba a ser favorable para Chile, como fue".

 Claves en el éxito para lograr el TratadoDelpech desgrana vivamente sus recuerdos del proceso. Insiste en la "clave importante" de la propuesta de Videla, de iniciar la comunicación directa entre las dos delegaciones: "Facilitó que nos sentáramos en una mesa. Que dijéramos esto puedo y esto no. La alternativa de la negociación personal es infinitamente más fácil que decir a través de otro".

Asimismo, destaca la sabiduría del consejo del cardenal Casaroli, que ambas delegaciones siguieron: "Saber distinguir entre lo esencial y lo importante. Lo importante se puede negociar y renunciar. Lo esencial, no"

Con Ernesto Videla, agrega, decidimos incluir la palabra transacción, al final del preámbulo del Tratado. Es una pequeña línea, pero extremadamente importante, porque implica que cada parte ha cedido algo, apuntando también para la historia. El concepto de transacción evitaba en los países posibles cuestionamientos al Tratado".

"Parece mentira que temas como un Tratado dependan de un buen contacto humano"- ¿Cómo influye el cambio en la forma de negociar, de una relación completamente mediada a una directa?

-Hasta 1984, las dos delegaciones no habían tenido ninguna relación directa. Todo era a través del Vaticano. Recién en el 84 (enero) nos pusimos en contacto directo chilenos y argentinos frente a frente. Esta fue una idea original de Ernesto Videla, quien me llamó por teléfono y me dijo: "Yo creo que hasta ahora no nos hemos entendido bien porque hemos estado a través del Vaticano". De modo que cuando él sugirió eso, yo lo acepté de inmediato, y nos encontramos en seguida, a tomar un café, un campari. Y ahí por primera vez nos vimos las caras. Y eso fue clave.

(En su pormenorizado estudio "La Desconocida Historia de la Mediación Papal", -Ediciones U.C. segunda edición 2008- Ernesto Videla describe en los siguientes términos su convicción al terminar ese encuentro: "Mientras caminaba con destino al Hotel Colonna -alojamiento de la delegación chilena- sentí que en Marcelo Delpech había encontrado un leal contradictor, con el que tarde o temprano trabaría una sincera amistad, y por tanto, sería posible arribar a un acuerdo. La diferencia con sus antecesores estaba en la voluntad que había demostrado, en su franqueza, honestidad y realismo").

-¿Cómo fue esa primera reunión entre ambos, don Marcelo?

- Nos hicimos amigos casi desde el principio y nos tuvimos confianza mutua. Cuando uno de los dos decía voy a llevar este tema a la Cancillería, lo hacía. Nos caímos tan bien, que nos tuteamos casi de entrada y siempre hablamos como dos amigos. Es un milagro, un pequeño milagro. Parece mentira a veces que temas como un Tratado dependen de cuestiones totalmente ajenas a lo intelectual. Simplemente es el buen contacto humano.

-¿Cómo eran las formas de trabajo entre ustedes?

-Nos sentábamos con la mesa llena de papeles y conversando de manera informal, con el compromiso tácito de ser leales y transmitir todo a los gobiernos. Cada uno sabía que el otro cumplía con su misión y que estaba a favor del Tratado y no de algún elemento negativo interno. Ese también fue un detalle importante. Los dos teníamos el convencimiento de que había que llegar a un Tratado. También era complejo el frente interno, muchas veces en base a la ignorancia de la ciudadanía común de los detalles. En Argentina estoy convencido que una enorme parte de la población desconocía que Chile tuvo más de 20 años de ocupación de las islas, sin protesta. Ese es un detalle importante para explicar internamente.



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Foto:PILAR BUSTELO


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