CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Domingo 11 de Marzo de 2001


Literatura al Banquillo

En "Diez tesis sobre la crítica", Grinor Rojo entrega algunas herramientas necesarias a la hora de confeccionar el panorama de tendencias que caracterizan la etapa actual de la disciplina.
Araíz de una serie de charlas con estudiantes universitarios realizadas en 1996, surgió "Diez tesis sobre la crítica" (LOM), cuerpo teórico que sistematizó materias abordadas por Grinor Rojo en sus seminarios de Postgrado (U. de Chile y U. de Santiago) y que constituyen uno de los temas más debatidos a nivel de comunicación masiva.

El volumen (que ya salió al mercado) revisa la discusión sobre los modelos de crítica literaria surgidos en los últimos 30 años -Estudios Culturales y Postcoloniales, Feminismo, eliminación del canon, etc- , en los que han sido eliminadas las posturas rígidas en favor de una multidisciplinareidad que pretende ser más representativa y democrática.

Rojo inicia cada capítulo con un enunciado a guisa de epígrafe sobre el cual reflexiona. Su punto de partida es el tránsito del Estructuralismo al Postestructuralismo: "Esto empieza a ocurrir en el mundo metropolitano a fines de los 60 y comienzos de los 70. Un hito sería el discurso que Jacques Derrida pronuncia en Baltimore en 1966, con el cual inaugura prácticamente el pensamiento desconstructivista que va a llenar 15 o 20 años de producción crítica. En ese momento se empieza a producir la desestabilización del Estructuralismo, lo que culminará el 68, en el caso de Francia, particularmente con Roland Barthes, quien abandona el proyecto. Esto, más lo que se estaba produciendo en Historia y Filosofía, inaugura una época crítica distinta, que, de un modo general, llamamos Postestructuralismo, dentro de la cual hay una diversidad muy grande de corrientes", explica el director del Programa de Postgrado en Estudios Latinoamericanos de la U. de Chile.

- ¿Existen premisas a las que se adhieran todas las tendencias?

"Hay dos o tres. La primera es el rechazo de la pretensión estructuralista de construir una ciencia de la literatura. Este fue el gran objetivo de los estructuralistas en los 60, incluso, construyeron una disciplina particular: la Narratología (ciencia de las narraciones). Al abandonarse esta pretensión reingresa a la disciplina la subjetividad, el aporte que desde sí mismo puede hacer el crítico".

"Un segundo punto es el severo cuestionamiento que ahí se produce de la noción de literatura: ¿hasta qué punto - se van a preguntar los postestructuralistas- es legítimo definir la literatura como un discurso con especificidad propia y, por lo tanto, con un modo de acercamiento propio? La cosa se complica cuando Derrida, por ejemplo, empieza a pensar la filosofía como una rama de la literatura, o cuando Hayden White señala que hacer historia es hacer relatos de cuya retórica se ocupa la literatura. Ya Borges señalaba que la filosofía era una rama de la literatura fantástica. En ese clima crítico hemos vivido durante los últimos 30 años".

- Hacia el final, su libro se mueve hacia una cancelación de esto también...

"Sí, porque el Postestructuralismo implicó la desaparición de la literatura como un compartimento particular dentro de las Humanidades y se empezó a hablar de los objetos literarios como meros objetos culturales. Hay una necesidad muy grande de volver a delimitar el campo y de reinstaurar la especificidad estética de la literatura".

- En este volver, ¿han influido cuestionamientos externos?

"Hoy, la dimensión estética aparece como una necesidad de lo humano, por lo tanto, su prescindencia en nuestra cultura es preocupante. Luego de la apertura y el enriquecimiento que se produjo con el Postestructualismo, hay que volver a pensar en la especificidad de las prácticas que abordan lo literario, pero la reinstauración del campo de la literatura no se podrá hacer en los mismos términos que en el pasado".

- ¿Qué papel juegan los medios de comunicación masiva?

"Son absolutamente decisivos, porque el menoscabo de la dimensión estética de los objetos literarios se inicia con la consideración de estos como objetos de lenguaje iguales a cualquier otro. El paso siguiente es acentuar la dimensión comunicacional del lenguaje. Hay teóricos contemporáneos en América Latina, como Jesús Martín Barbero, que no tienen ningún inconveniente en decir que la literatura es comunicación y que debe ser tratada como tal. No niego que la literatura sea comunicación, pero no se agota ahí".

- ¿Cuáles son los ecos en el campo educacional?

"En los programas secundarios, la literatura ha pasado a un segundo plano, es decir, el ramo respectivo ni siquiera se llama Literatura, sino Lenguaje y Comunicación, lo que demuestra que la dimensión estética del objeto literario está siendo dejada de lado y en desmedro de ella se potencia la capacidad del lenguaje como instrumento".

- ¿Qué se requiere para recuperar el valor específico de la disciplina?

"Es necesario aclarar la confusión entre las comunicaciones y la educación estética. También se debe superar la falta de comprensión que existe en torno a estos temas entre quienes formulan los programas educacionales, que no tienen suficientemente claro que la formación estética es una necesidad del ser humano".

Repertorios Disponibles

- Usted propone los "modos discursivos ejemplares", un tipo de lectura (y de discurso) que estaría detrás de cada postura crítica...

"Considero que se produce y consume literatura a partir de determinados patrones de comprensión. Cuando hacemos un poema o leemos una novela, tenemos en nuestra conciencia ciertos modelos respecto a cómo deben ser las cosas. Esos modelos son históricos - no universales- , sin embargo, son transformables, revolucionables. El cambio en literatura, justamente, no se produce porque aparece una generación que reemplaza a otra, sino porque en determinados momentos esos patrones se quiebran, entran en discusión y son alterados de diversas maneras".

- ¿Pero quién selecciona esos modelos?

"Cada momento histórico - lo que llamo una "formación"- tiene un repertorio de modos discursivos que están disponibles. Cuando un lector chileno de hoy se enfrenta a una novela, tiene en su conciencia - dependiendo de su mayor o menor educación literaria- un abanico de opciones que puede activar para hacer suya esa lectura. Determinado público lee activando ciertos modos discursivos ejemplares y cada cual creerá que tiene la lectura correcta con respecto al texto en cuentión".

- ¿Hay patrones hegemónicos?

"Pensemos en la tradición poética chilena moderna, la que inaugura Darío y que transforman las Vanguardias en los años 20. Esta ha mantenido una unidad fundamental, sin embargo, ahora está sometida a un fuerte cuestionamiento. Hay poetas muy significativos, como Gonzalo Rojas, que están plenamente instalados en esa tradición, pero de los 50 en adelante - pienso en Parra, en Lihn hasta llegar a Juan Luis Martínez- vemos que está siendo corroída".

- ¿Puede el mercado crear un modo discursivo?

"Puede pedirlo, en el sentido de que genere una demanda por cierto tipo de cosa en un momento determinado. Ahí es donde responde el productor literario. Creo que esa respuesta no es mecánica, sino que resulta de una negociación entre lo que el mercado pide y lo que el productor entrega".

- En esa instancia, debería actuar el crítico como censor...

"El abandono de la pretensión del objetivismo cientificista supone la recuperación de la subjetividad en la tarea crítica, la cual implica necesariamente la capacidad de juzgar".

- Pero, da la impresión de que en los postestructuralistas tampoco había un juicio...

"Eso es porque los objetos literarios se transformaron en objetos culturales y el juicio sobre ellos fue representacional (si ese objeto representa bien o mal una cierta cultura), por ende, ahí no había un juicio estético".

- Este, ¿debe provenir de la Academia?

"La crítica pública funciona en el ámbito de la noticia, se preocupa de lo que está saliendo, pero carece de los instrumentos necesarios para dibujar el mapa de eso nuevo, por lo que se limita fundamentalmente a dar cuenta de su aparición. A la crítica académica -que sí posee esos instrumentos- no le interesa la noticia, sino los textos canonizados. Lamento el divorcio, irracional a mi juicio, entre el mundo de la cultura académica y el de la pública. Debe haber una interpenetración. Al mundo de la cultura académica le hace falta el vigor de la pública y ésta requiere el rigor y de la sistematicidad de la académica. En otros países de América Latina no es infrecuente que los profesores escriban en periódicos. Eso ocurrió en Chile en los 50 y se extendió hasta los 70, luego se eclipsó, pero es imperativo recuperar esta interdependencia".

Carolina Andonie Dracos.




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"El menoscabo de la dimensión estética de los objetos literarios se inicia con la consideración de estos como objetos de lenguaje iguales a cualquier otro", manifiesta el intelectual.
Foto:Guillermo Farías
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