VIDA CIENCIA TECNOLOGÍA

Sábado 19 de Mayo de 2007

Fernando Márquez de la Plata Echenique:
El Indiana Jones chileno que excavó en las cuevas de Altamira

El aventurero del espacio y del tiempo penetró las cavernas, las pirámides y los secretos de los salvajes hispánicos. La Biblioteca Nacional exige cartón de investigador a quien quiera ver sus libros. Así de valioso es su legado. Sus descendientes coleccionan escritos y las piezas que se trajo de Grecia y Egipto.

Lorena Guzmán y Richard García

El silencio reina en la cueva de Altamira, la capilla sixtina de la prehistoria. Los bisontes contemplan silentes desde la roca al joven Fernando Márquez de la Plata Echenique, quien, con devoción religiosa, observa la huella dejada por antepasados.

La Primera Guerra Mundial está en pleno apogeo.

Lo trae su maestro Hugo Obermaier, una eminencia del estudio de la prehistoria europea en esa segunda década del siglo XX. Buscan comprender el significado del mensaje allí impreso. Fernando, con su cucalón de explorador, sus botas y pantalones abombachados, no tiene nada que envidiarle a Indiana Jones. Pero él es chileno.

Chico rebelde

Había llegado allí a los 17 años a vivir en Madrid, con su familia de alcurnia, transformado en hijo único por el destino. Sin antibióticos, las enfermedades de la época habían matado a sus otros cinco hermanos.

Sus padres querían lo mejor para él. Quedaron sorprendidos. Cuando le ofrecieron estudiar, no optó por leyes ni medicina. Lo encandiló la prehistoria.

Su entrada a la Universidad de Madrid no puede ocurrir en mejor momento.

Hugo Obermaier lo invita a la oscuridad de las cavernas de Altamira. Allí el hombre había plasmado hacía más de 15 mil años figuras de bisontes y otros animales que quería cazar.

Durante las excavaciones rescata herramientas milenarias, varias de las cuales, según la familia, donó al Museo de Historia Natural de Santiago. Allí dicen que esas piezas no están.

Españoles salvajes

No es mucho lo que los españoles habían escrito hasta ese momento sobre ese y otros hallazgos que hablan del lejano pasado de la península.

Márquez de la Plata aprovecha el vacío y emprende su "Estudio sobre los orígenes del pueblo español". Así rescata todo el conocimiento antropológico ibérico: desfilan los neandertales y otros antepasados con ilustraciones y comentarios.

"España estuvo sumida en el salvajismo más absoluto", dice. "Sus habitantes fueron tan rudos como los que vemos en algunas partes de Asia y Australia".

Lo dijo hace casi un siglo. Tan relevante fue su aporte que la Real Academia de Historia lo incorpora como miembro correspondiente. Tiene 22 años.

La publicación trastorna el ambiente. La prensa alaba su "erudición sólida".

Su libro "tiene conclusiones que bien pueden considerarse como definitivas", destaca.

En 1917 publica "La población americana y cómo algunos han tratado de esclarecer sus orígenes". Relata el cruce de poblaciones desde Asia por el Estrecho de Bering y otras teorías.

Su obra apenas si se encuentra en la Biblioteca Nacional de Chile o en la Nacional de España.

Casas museo

Terminada la Primera Guerra, Italia, Grecia y Egipto lo encandilan. La fastuosa cultura del Nilo lo conmueve.

En esos años, aún se encontraban "desechadas" en el suelo pequeñas figurillas y barquitos de madera que transportaban por el Nilo el alma de los muertos a la otra vida. Márquez de la Plata las rescata.

Hoy constituyen tesoros para sus hijos. Junto a otras piezas, les dan a sus departamentos santiaguinos olor a museo. Incluso, en uno de ellos es posible ver un lúgubre sarcófago que atravesó el Atlántico en alguna ocasión posterior.

La arqueología de Fernando Márquez de la Plata también excava historia. En el norte hispano descubre raíces de las primeras familias que vinieron a Chile.

Seis volúmenes de "Arqueología Nobiliaria" describen esos árboles genealógicos. Se obsesiona con las 15 ramas de Guzmanes que engendraron al menos las 33 columnas del apellido en la guía telefónica de Santiago.

En una fiesta de la embajada chilena en Madrid conoce a una compatriota, se enamoran, se casan y vuelven al terruño.

Aquí él emprende una "excavación" a oscuras casonas.

Artefactos como muebles, cuadros y alféizares le roban infinitas horas.

La piedra, el hierro y la madera, transformados en puertas, ventanas y cañones, salen del olvido. En 1933 publica "Los muebles en Chile durante los siglos XVI, XVII y XVIII".

Sigue publicando, incorpora fotografías notables. No faltan curiosidades como una montura de la Quintrala que, al menos en 1960, se guardaba en un museo peruano.

Apoya al Museo Histórico Nacional para recopilar buena parte de su colección colonial.

Retorno obligado

Con su esposa decide volver a Europa en 1938. Llevan a sus cuatro hijos. Quiere que los niños aprendan inglés en Londres. Pero corren malos tiempos.

Uno de esos niños, Alfonso Márquez de la Plata, ex ministro del gobierno militar, recuerda el viaje en un barco alemán.

En cada puerto subían los embajadores germanos. Lo entenderán recién llegados a Londres: estalla la II Guerra Mundial. La nave que los había llevado ahora carga torpedos y soldados.

Los chilenos escapan a Biarritz y luego al norte de España.

Márquez de la Plata Jr. rememora el momento en que la empleada sólo consigue en el mercado un repollo para alimentar a la familia. La decisión es obvia.

Vuelven vía Nueva York. Durante las 15 noches que navegan apagan las luces. En guerra, cualquier barco es torpedeable.

Europa tira mucho

El aventurero queda frustrado. En los años 50 le diagnostican cáncer y decide mostrarle a su familia la ruta arqueológica que lo hizo tan feliz.

Pero no sería el último viaje. Alcanza a regresar otra vez a Egipto, Grecia y Europa.

En 1959 fallece. No concluye su legado.

En 1991, sus descendientes publican una edición casi casera de tres de sus estudios inéditos.


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Fernando Márquez de la Plata explora el templo de Júpiter en Baalbek, El Líbano.
Fernando Márquez de la Plata explora el templo de Júpiter en Baalbek, El Líbano.
Foto:GENTILEZA ALFONSO MÁRQUEZ DE LA PLATA
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