ARTES Y LETRAS

Domingo 8 de Abril de 2007

Mosaicos De Pablo Walker SJ:
Arte en Parábolas

Con sus manos rompe y pega hasta construir metáforas visuales. Interpela algunos de los grandes temas del arte sagrado y los cuenta de un modo distinto, tal vez porque considera el cristianismo como una "conversión permanente de la mirada".

MAITE ARMENDÁRIZ AZCÁRATE

"Dirijo mi trabajo a los que están a punto de comenzar a creer o de dejar de hacerlo", asegura este joven jesuita que también dedica su arte a quienes les preocupa que su fe se vuelva una rutina de convención social y que la relación con Dios se transforme en un mero negocio más. "Intento ayudar a ver a Cristo de nuevo crucificado". "Busco ayudar a ver la fe como la primera vez".

Por eso entre sus creaciones que se reparten por diferentes iglesias, capillas y espacios públicos se encuentra una Virgen de la Anunciación tomando té con su amigo el ángel Gabriel en una pequeña mediagua junto a una cancha de fútbol; en tanto, San José enseña a Jesús a elevar volantines en los áridos del Mapocho y más allá Jesús entra en Santiago... recibido por la propaganda "supermercados Gigante saludan a Jesús".

Un mediador

Pablo Walker Cruchaga (40 años) es el menor de los cinco hijos del matrimonio formado por la poetisa Rosa Cruchaga y el ingeniero Patricio Walker. Tras dos años de derecho en la PUC fue ordenado sacerdote de la Compañía de Jesús hace 9 años, "trabajo desde entonces en la formación de los jesuitas chilenos y en el acompañamiento de jóvenes".

Reconoce que siempre se necesitará de imágenes tradicionales fabricadas con algún molde devocional claramente estandarizado. "Como sacerdote acompaño también a esa religiosidad, a la de los que ya creen y buscan la ayuda del Señor". Pero le inspira de modo especial el sacerdocio paulino, "el del último de los apóstoles, el que dialoga con los gentiles".

Con trozos de cerámicas Walker crea pequeños relatos visuales hechos para ser recorridos de a poco: La idea es que el espectador quizás escuche "parece que esto está ocurriendo aquí y ahora", "oye: parece que esto te pasa a ti". Recuerda que si la fe implica un proceso continuo de superación de las imágenes distorsionadas de nosotros mismos, de Dios y del mundo, "aletheia" o des-ocultamiento, como gusta llamar Heidegger a la verdad, estas parábolas tienen algo de "teología negativa". Exponen lo que no es la fe, o no es todavía la fe mostrada en el Evangelio.

El arte de sugerir

"Ellas sugieren, jamás 'representan', lo que será definitivo y eterno en nuestra vida. Se impone por lo tanto, ser un arte que se ríe de sí mismo, enormemente simple y sin pretensiones de estilo. También se ríe de nuestro culto a las apariencias, al gusto de exhibir los propios méritos, de las formalidades que asfixian la misericordia". Tal vez por ello entre las obras de Walker aparece un viejito tocando la campana en una Iglesia con un lienzo que dice "aquí todos son bienvenidos".

En una capilla de los Maitenes en Molina, Walker hizo un mosaico sobre Cristo resucitado: "Asciende, casi bailando, lo rodean exactamente los mismos paisajes que circundan la capilla en que se encuentra; el rio Claro, los patos, los maitenes, las estrellas... Sobre su cabeza, en el cielo, una capilla y una casa de campo: la casa del Padre. Iba a hacer a un campesino llegando a ella en carreta. 'Ubíquese padre, -me dijo la niña que me ayudaba- aquí andamos en bicicleta' ". Así quedó: "Campesino llegando al cielo en bicicleta".

Jesucristo comunicaba en parábolas, advierte el sacerdote: "Siendo Dios, pudiendo utilizar con el lenguaje elevado del cielo habló con panes, ovejas, lámparas y levaduras. Anunciaba que el Reino estaba ya ahí, en medio de ellos como don gratuito, antes de que comenzaran a ser buenos. Por eso era un imán para los pobres y sencillos y una piedra en la que tropezaron los sabios y eruditos. "Yo te bendigo, Padre, porque no has mostrado esto a los sabios, sino a los sencillos...". (Lc 10)

Más información en:

Obras y amores "Para abrir el corazón"

La capilla del Colegio Enrique Alvear de Cerro Navia es una de las obras más emblemáticas de Pablo Walker. Junto a esa comunidad escolar se propuso vencer la impronta de ser una comuna que ha sido cruelmente transformada en basurero público:

"Había que construir una capilla rebeldemente hermosa, transparente, alegre, como un gesto de resistencia a la fealdad del egoísmo humano, como una afirmación de que Cristo venció y seguirá venciendo la muerte". Entre profesores y alumnos buscaron las imágenes más adecuadas. Preside el muro principal una cruz sin crucificado. Del suplicio sólo quedan las huellas de los clavos sobre el madero de la cruz.: "La muerte no es la afirmación central de nuestra fe". A su costado derecho, lleno de color, en un vitral de seis metros, aparece un enorme Cristo moreno, resucitado, mostrando las llagas de sus manos. A sus pies, se extiende una tumba inútil:

"En ella, el cemento ha cubierto una serie de objetos reconocibles que alguna vez fueron objetos y frases-asesinas: las pipas con las que los chiquillos hoy tapan la cesantía con droga, las rodilleras con las que sus abuelos sacaban el carbón de rodillas en el Chiflón del Diablo, fichas de pulperías del tiempo de las salitreras, fichas de derroche del casino de Viña, graffitis que son gritos de hoy: "no tengo a nadie", "quiero morirme"... Todo eso enterrado, a penas visible, como algo vencido, una pesadilla del pasado.

Una de las últimas obras realizadas por Walker es un sagrario para el Colegio del Sagrado Corazón de Reñaca. Sólo una cinta de piedras incrustadas sugiere un corazón abierto. En su interior, un Cristo crucificado sonríe lleno de luz.

Técnica y formación

"La técnica del mosaico me hizo el regalo de una obligada simplicidad". Pablo Walker agrega que de Gaudí tomó la libertad de los "trencadís" (trabajos con fragmentos de cerámicas a menudo aleatoriamente cortados). "Ellos permitían múltiples combinaciones de objetos que en la vida tuvieron su propio uso y que aportaban esa impronta al relato de la parábola". Así, por ejemplo, el vestido de "la novia que danza" que se incluye en el retablo del comedor de la residencia San Ignacio está hecho de platos de una de sus familias amigas.

"Me da algo de pudor ser llamado 'artista', no tengo estudios de arte, salvo algún taller vespertino durante mis años de estudiante de filosofía en París". No obstante, confiesa que desde chico siempre dibujó, especialmente para sobrevivir a las clases de matemáticas.

"No hay ningún divorcio entre el servicio que presto como sacerdote y el que intento haciendo arte. Hay en el artista la enorme responsabilidad de simbolizar el mundo interno, de hacerlo con libertad y honestidad, de prestarle a la gente nuevos anteojos, como decía Proust, para poder leer su vida, lo que aman, lo que los daña, lo que esperan. Y el sacerdote no hace otra cosa. Él presta esos insuperables anteojos, los de Jesús mirando al Padre y mirando al pueblo, los de Jesús muerto y resucitado, para que nosotros también miremos, con esos ojos, hoy, de manera distinta. ¿Acaso no es nuestra meta 'ver' a Dios?".

"Hoy cantamos en el pregón pascual 'éste es el día en que todo comienza'. Ésa es la música que quisiera que oyeran en estas imágenes".



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El sagrario y el nombre de Jesús. Colegio Enrique Alvear.
El sagrario y el nombre de Jesús. Colegio Enrique Alvear.
Foto:Pablo Walker


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