EL SÁBADO

Sábado 14 de Febrero de 2015

 
El fenómeno científico del Liceo 1

Sus proyectos comprobaron que unos insectos pueden controlar plagas en el espacio, que ciertas bacterias podrían alimentar paneles solares y que otras pueden descontaminar el agua de la Antártica. Al menos tres generaciones de alumnas del Liceo 1 Javiera Carrera ya han ganado premios internacionales con sus proyectos. Estas son las historias de las investigadoras científicas más destacadas de la educación pública chilena.  
Por PAMELA BOLTEI Y FRANCISCA SALGADO A mediados de enero pasado, 10 de los mejores científicos nacionales -bioquímicos, biólogos, glaciólogos, entre otros especialistas- trabajaron en el laboratorio de la Base Profesor Julio Escudero, uno de los cuatro refugios chilenos en la Antártica. A sus 19 años, ahí también estaban Estrella Calderón y Reynalda Zárate, dos ex alumnas del Liceo 1. Con tormentas de viento de más de 90 kilómetros por hora, ellas recuerdan que pasaron hasta dos días encerradas y que, tras largas horas de trabajo, su única entretención era quedarse mirando por la ventana el mar agitado de la bahía Fildes.Dos años después de obtener el primer lugar en la Feria Antártica Escolar (FAE), Estrella y Reynalda viajaron a la isla Rey Jorge gracias a un experimento que consistía en hacer que un grupo de bacterias que, al alimentarse de selenio y cadmio, cambiaran el color de la luz que emiten. Antes de ganar el premio, ambas alumnas ya habían obtenido los primeros lugares del concurso de ciencia nacional Junior del Agua y del CT+I de Medellín con el mismo proyecto, con el que buscaban demostrar que la energía liberada por las bacterias es útil en paneles solares.La responsable de que obtuvieran estos premios fue la profesora Roxana Nahuelcura, quien, a sus 39 años, lleva siete a cargo del taller científico del Liceo 1. Fuera del horario de clases, por ahí pasan alrededor de 30 alumnas cada año, elaborando proyectos que compiten para ser presentados en certámenes científicos nacionales y extranjeros. Nahuelcura aclara que ella no solo trabaja con las niñas que obtienen las mejores notas, sino también "con las más motivadas en aprender".El viaje de Reynalda Zárate y Estrella Calderón a la Antártica comenzó a mediados de 2013, cuando cursaban tercero medio y supieron que el premio de la FAE era un viaje a una de las bases chilenas. Con ese incentivo trabajaron por las tardes en el colegio y, luego, gracias a los contactos de su profesora con el bioquímico José Manuel Pérez, llegaron al laboratorio de Bionanotecnología y Microbiología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Andrés Bello para desarrollar el proyecto.Quebraron varios tubos de ensayo, preguntaron todo varias veces, confundieron algunos químicos, pero al fin lograron crear los cultivos de las bacterias para iniciar las primeras pruebas. "Al principio tuvimos que buscar lo que eran las nanopartículas en Wikipedia", cuenta Estrella en una sala del colegio, ya de regreso en Santiago.Antes de viajar, las dos ex alumnas rindieron la PSU -el promedio del Liceo 1 en la última prueba fue 626 puntos- a comienzos de diciembre pasado. Las dos querían estudiar Ingeniería en Bioquímica en la Universidad de Chile, pero a ninguna le alcanzó el puntaje. "Yo sabía demasiado sobre nanopartículas y bacterias antárticas, pero no tenía los conocimientos que piden en la prueba porque falté mucho a clases, incluso trabajamos en el proyecto mientras nuestras compañeras estaban en toma", cuenta Estrella, quien este año se preparará para rendir otra vez la PSU. Reynalda, en cambio, quedó en Ingeniería en Bioquímica en la Católica de Valparaíso, donde espera estudiar un par de semestres para luego intentar cambiarse a la Universidad de Chile o a la de Santiago. "Nos pudo ir mal en la prueba, pero logramos ir a la Antártica", dice Reynalda.

Vivan las bacteriasEn marzo pasado, el Liceo 1 Javiera Carrera cumplió 120 años. Toda su historia ha funcionado en la calle Compañía, entre San Martín y Amunátegui, en pleno centro de Santiago. Con poco más de tres mil alumnas, es parte del grupo selecto de los llamados "liceos emblemáticos" municipales. Quinto en el ranking de colegios municipales de la Región Metropolitana con mejores puntajes en Lenguaje en el último Simce, entre otras figuras públicas -como la escritora Isabel Allende y la ex ministra y ex senadora Soledad Alvear-, el colegio cuenta entre sus ex alumnas a la Presidenta Michelle Bachelet, quien egresó en 1969 con un promedio 6,8 en cuarto medio.Al liceo se entra por una puerta de metal estrecha que conduce hasta la recepción. El piso tiene baldosas negras y blancas, dispuestas como un tablero de ajedrez, y lo primero que salta a la vista son treinta trofeos deportivos y académicos que brillan sobre unos estantes de madera. Al cruzar una mampara de vidrio, más allá de la recepción aparecen dos patios de cemento y los edificios de las salas cubiertos de una pintura celeste desgastada por el tiempo.El colegio cuenta con 120 profesores; entre ellos, Roxana Nahuelcura, quien estuvo detrás de los proyectos de Reynalda y Estrella. Nahuelcura entró en séptimo básico al Liceo 1 y, al inicio, se aterró: "Me perdí en la nebulosa. Yo siempre me quedaba con el examen oral de matemática para poder pasar apenas con el 4".Su profesor de biología fue quien la ayudó a ganar confianza. "Con ella supe que la ciencia era lo mío", recuerda. Al egresar entró a Pedagogía en Biología en la UMCE y cuando tuvo que hacer la práctica volvió al Liceo 1. Era 1999. Un año después se fue a trabajar a un colegio particular de Santiago Centro, hasta que en 2008 regresó al Javiera Carrera. Le ofrecieron hacerse cargo de los talleres científicos y lo primero que les dijo a sus alumnas fue: "¿Quieren hacer ciencia?".Esa misma pregunta fue la que escucharon Naomi Estay y Omayra Toro en 2011, cuando cursaban tercero medio. Las alumnas comenzaron a asistir a los talleres después de clases y pensaron en trabajar con levaduras y medir cuánto tiempo se demoraban en producir un fotoprotector solar. Con la idea en el papel, Nahuelcura les consiguió una visita al laboratorio de bioquímica de la Universidad de Chile, que en ese tiempo estaba a cargo de José Manuel Pérez: el mismo investigador que más tarde asesoró a Reynalda y Estrella en la UNAB.Cuando Naomi y Omayra le contaron sobre el experimento a Pérez, él se dio cuenta de que la idea se relacionaba con un proyecto que entonces desarrollaban en su laboratorio, y les ofreció trabajar juntos."Conocieron primero el laboratorio y trabajaron aquí. Después comenzaron a estudiar lo que hacían, al revés de todos los científicos", dice Pérez.Con el proyecto no les fue bien en la FAE, su primer objetivo. Pero un año más tarde Omayra y Naomi ganaron el concurso demostrando que un grupo de bacterias antárticas se podía alimentar de fenantreno -un contaminante del petróleo- y así ayudar a descontaminar el agua de la Antártica. Con el mismo trabajo en 2013 obtuvieron el primer lugar en los concursos Junior del Agua chileno y el Stockholm Junior Water Prize, una de las competencias científicas juveniles más importantes del mundo. Les habían ganado a representantes de 30 países. Y ellas no lo creían: "Como hablaban todo en inglés solo entendí que decían descontaminación. Le pregunté a Omayra: '¿cierto que no es el nuestro? Debe ser el de Estados Unidos que también era de eso'. Después dijeron Antártica y ahí supimos que habíamos ganado", recuerda Naomi, quien en marzo iniciará su segundo año de medicina en la UC.Como premio por ganar la Feria Antártica Escolar, Omayra y Naomi viajaron a la Antártica el verano de 2013. Tenían 17 años entonces, pero, dicen, trataron de estar a la par de los científicos que acompañaron.Allá, por ejemplo, vieron ballenas azules y aprendieron a identificar a sus crías y a los machos de las hembras. "Lo mejor fue observar la Antártica con ojo científico", explica Omayra, quien no entró a estudiar lo que quería: Ingeniería en Recursos Naturales. Además de ayudar a su mamá, quien es contadora, completando facturas y cheques, el año pasado Omayra se preparó para rendir otra vez la PSU y logró un puntaje que le permitió matricularse en Agronomía de la Universidad de Chile. Para ella la exigencia en el colegio, especialmente en el laboratorio, siempre fue mucha. "¿Y qué más quieren, que nos ganemos un Premio Nobel a los 17 años como la Malala Yousafzai?", dice riendo.

Logro espacialEn el Parque O'Higgins, en el cerro San Cristóbal, en la base de la Fuerza Aérea de El Bosque, en la Quinta Normal. En 1996, un grupo de alumnas del liceo buscaba chinitas por Santiago, durante todo el año. Guardaban los insectos en el colegio y cuando llegó el verano, una de ellas se llevó un grupo a su casa paracuidarlos, pues el colegio permanecería cerrado en febrero.Hace 19 años, la enfermera de la UC Cecilia Vivallo trabajaba en el proyecto "Chinitas al espacio". Los primeros meses, recuerda, investigó en un laboratorio que hoy funciona como sala de clases. "Teníamos acceso a todos los elementos que necesitábamos en un laboratorio: tubos de ensayo, pipetas y otras cosas. Para partir, estábamos bien", recuerda Cecilia, quien hoy trabaja en el Hospital de Ancud.Su compañera de investigación fue Cecilia Cáceres, actual profesora de matemática del Liceo 1. Ella cuenta que después de que su profesora Ivonne Martínez hablara con la Fuerza Aérea de Chile para presentarles el proyecto, la FACh lo hizo con Klaus von Storch -el primer chileno que se capacitó para ser astronauta-, para contactar a la NASA. Poco tiempo después llegó desde Estados Unidos un dispositivo rectangular de vidrio para almacenar, alimentar y observar el comportamiento de las chinitas en el laboratorio del colegio. El mismo dispositivo se utilizó para enviar a los insectos al espacio. "Era una cajita pequeña, pero sin ella no habríamos podido hacer nada", cuenta Cecilia Cáceres.Cuando el proyecto avanzó, las alumnas partieron al laboratorio de Química Ecológica de la Universidad de Chile, ubicado en la Facultad de Ciencias en Ñuñoa. Un año más tarde, un grupo de alumnas de tercero medio del colegio continuó con el proyecto y, dos años después, otras seis estudiantes viajaron al laboratorio de la NASA en la Universidad de Colorado para, finalmente, lanzar al espacio seis chinitas, el 23 de julio de 1999. Así, a más de 100 kilómetros de la Tierra, se comprobó la hipótesis original: comiendo pulgones y controlando plagas, los insectos podían mantenerse vivos fuera de la atmósfera. Al teléfono desde Castro, Cecilia Vivallo dice que aunque ella no viajó a Colorado, guarda un buen recuerdo de la experiencia:"Éramos chicas, pero aprendimos que en cosas tan enanas, como esas chinitas, hay mucho más de lo que uno se imagina".Quien sí viajó a Colorado fue Natalia Castillo, que entonces cursaba tercero medio. Ella cuenta que aunque solo tenía 16 años, pudo trabajar a la par con científicos, "pese a no saber tanto como ellos". Ahora con 32 años y siete meses de embarazo, la ginecóloga titulada de la Universidad de Chile no logra olvidar la experiencia. Desde el Hospital El Carmen de Maipú, dice: "Cuando estudié en la universidad mis compañeros me decían chinita. Ahora mi marido le dice así a nuestra hija".El objetivo principal del Liceo 1 es, según su directora, Inés Aqueveque, preparar a sus alumnas para que obtengan un buen puntaje en la PSU y entren a la carrera y universidad que prefieran. Este verano, cuenta, empezaron con talleres de inducción para que las nuevas alumnas, las que entrarán a séptimo básico en marzo próximo, nivelen sus conocimientos y no deban repasar contenidos.En enero pasado, dos alumnas de tercero medio conducían un tour inductivo por el colegio, que incluía el teatro, la piscina y un estrecho pasillo donde se conservan algunos utensilios de un antiguo laboratorio de física y fotografías de las alumnas que han ganado premios científicos internacionales.-En 1999 -dice una de las guías-, la NASA seleccionó el proyecto "Chinitas al espacio" ideado por alumnas del liceo; en 2014, unas compañeras ganaron la feria de Medellín; y en 2013, otras alumnas ganaron el Junior del Agua Mundial en Estocolmo. ¿Tienen dudas?Después de unos segundos de silencio, entre el grupo de alumnas nuevas, una de ellas levanta la mano y pregunta "¿Qué es Estocolmo?".

 


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La profesora Roxana Nahuelcura lleva siete años a cargo del Taller de Ciencias del liceo. De izquierda a derecha, aparecen cuatro de sus alumnas más destacadas: Reynalda Zárate, Omayra Toro, Estrella Calderón y Naomi Estay. Todas han viajado a la Antártica por sus investigaciones.
La profesora Roxana Nahuelcura lleva siete años a cargo del Taller de Ciencias del liceo. De izquierda a derecha, aparecen cuatro de sus alumnas más destacadas: Reynalda Zárate, Omayra Toro, Estrella Calderón y Naomi Estay. Todas han viajado a la Antártica por sus investigaciones.


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