ARTES Y LETRAS

Domingo 7 de Septiembre de 2003

EDUCADOR/ Padre Gerardo Whelan, ex rector del Colegio Saint George:
Si no gusta, vete a colegio pituco

Hace 30 años, el rector del colegio Saint George era alejado de su cargo por las nuevas autoridades educacionales del gobierno militar. Hoy recuerda su audaz propuesta educacional.
MAITE ARMENDÁRIZ AZCÁRATE

No conoce la palabra "usted". Ni al ministro de Educación del gobierno militar lo trató de usted cuando le comunicaba formalmente y en compañía de otros uniformados que debía abandonar la rectoría del colegio Saint George.

Llegó a Chile sólo meses después de haberse ordenado sacerdote de la Holy Cross en los EE.UU. De eso hace casi 50 años, pero su acento gringo todavía lo delata. Aún vistiendo sotana y como director de estudios comenzó a liderar un proyecto de educación revolucionario que a nadie dejó indiferente.

Al comienzo de los años 70, un estudiante de media podía ingresar a las 8.30 de la mañana, ser "alumno-profesor" de los cursos de básica, practicar dos horas deporte, dar comida a los conejos, almorzar con su bandeja, guardar sus libros en su locker, dirigirse a las diferentes salas donde el profesor de cada asignatura lo esperaba, alternar los ramos clásicos con horas en las academias de folclore, literatura, física avanzada o fotografía, terminar ensayando la obra de teatro, no sin antes hacer el aseo de su sala y regresar a casa cerca de las 21 horas, sin uniforme. El jeans y una polera blanca apenas se le exigían, como también una asistencia mínima. Había, claro, otros que preferían deambular por los amplios potreros que rodeaban el nuevo recinto. "Si no gusta, vete a colegio pituco", les solía reprochar el rector Whelan. Cada uno era responsable de su propia educación, discusiones políticas, diarios murales de propaganda derechista, de centro y de izquierda florecían en las esquinas del colegio.

- ¿Qué elementos quería mejorar al elaborar usted el Programa de Educación Experimental, aprobado por el Ministerio de Educación en 1965?

"Había muy poca renovación en la educación chilena. El proceso siempre estaba sujeto a cambios políticos y cada Presidente llegaba con su programa que demoraba 4 a 5 horas en prepararlo. Así no resulta".

El proyecto educativo impulsado por el padre Whelan buscaba modernizar y ampliar los contenidos existentes y dividió el programa de estudios en cursos de formación general, "destinados a impartir conocimientos científicos, humanísticos y artísticos", y cursos electivos, dedicados al desarrollo de habilidades.

El sacerdote también ideó en 1964 un sistema de integración para alumnos becados, que buscaba que jóvenes de familias de bajos ingresos pudieran estudiar de acuerdo a todas las posibilidades que ofrecía el Saint George. "Era tal la falta de calidad en la educación, que un alumno de escasos medios demoraba dos años en ponerse al día". Los llamados alumnos-profesores apoyaban a los más pequeños en su aprendizaje de inglés, matemáticas y en religión. "Pero obviamente la familia de estos niños no apoyaba la labor educativa de sus hijos como se ve en la clase alta".

- ¿Qué ventajas logró este nuevo programa y qué errores no repetiría?

"Duró sólo cuatro años y no hubo tiempo suficiente para evaluarlo. Al principio, en las reuniones de padres había mucha distancia, pero después de organizar un asado o un partido de fútbol era muy interesante ver cómo cosas sencillas servían para unir. Terminamos en educación básica con la tercera parte de los chicos integrados".

- Hay quienes critican que la mayoría de los alumnos llamados "integrados" optaron por una militancia política más bien de izquierda, tras haberse enfrentado a un mundo tan distinto.

"A los ex alumnos del colegio uno los encuentra en todos los sectores políticos, aunque provengan casi de una misma promoción. Se trata de gente fuerte. Larraín, Novoa, Insulza, Montes egresaron en los mismos años. Eran tiempos bastante más politizados en que muchos jóvenes estaban al frente de partidos. Tiempos muy diferentes al actual en que impera una verdadera apatía por esos temas".

Siempre mirando de frente, sus ojos se achican y con una sonrisa agrega: "Será interesante de ver cómo va a manejar todo esto Andrés Wood en su próxima película. Santo Tomás de Aquino divide el intelecto en dos partes. Los alumnos de clase media y alta se manejaban mucho mejor en el lado teórico y de la abstracción, en tanto los hijos de obreros llegaban con una extraordinaria capacidad en lo práctico. Poniendo a los dos juntos ha salido una buena mezcla de apoyo mutuo".

"Situación de aprendizaje"

- ¿El ambiente gravitante de esos años en el país marcó su proyecto educacional?

"Los tiempos eran muy politizados, también de grandes anhelos de la clase obrera, tratando de afrontar la pobreza; con ese mismo entusiasmo los jóvenes salieron de aquí hacia su vida universitaria".

- Ya les había tocado definirse. Si les parecía justa la causa de los mineros, en la Universidad Católica debieron salir a las calles en busca de alimentos para ellos, si en cambio su opción era a favor del gobierno de Allende, tuvieron que reportarse en el Edificio Diego Portales.

"La situación de aprendizaje era para nosotros muy importante en ese tiempo. Todo el país estaba en paro menos el Saint George. En el colegio se reflexionaba si se debía o no ir al paro. Venían las discusiones por curso y después entre los diferentes estamentos. Así, cuando llegaba el paro, todo el país paraba menos el colegio".

- Incluso el centro de alumnos lideró una toma del colegio...

"Yo supe de la toma dos o tres días antes. Pero no había manera de evitarla. Frente a la toma optamos por la creación de 'situación de aprendizaje especiales'. Reunidos hasta la madrugada, los representantes de los distintos estamentos sacamos un documento en que se afirmaba que el colegio aceptaba la huelga, pero no la toma, y establecimos sus reglas de juego".

- A los conejos había que darles de comer, y ¿quién se encargaría de regar la chacra?

"Claro, (ríe) lo importante era insistir en ver los hechos como situaciones de aprendizaje y era papel del colegio que imperaran instantes para la reflexión y el diálogo en las decisiones. El colegio funcionó bien de esta manera, sólo después del famoso "Tancazo" en La Moneda empezaron las dificultades de diálogo, pero antes, izquierdas, derechas y centro eran capaces de sentarse y conversar".

Opción social

Cuando la situación del país se ponía tan álgida, casi de vida o muerte para muchos, dentro y fuera del colegio hubo quienes dudaron: "O los curas son muy ingenuos, no entienden la realidad chilena o responden a motivaciones políticas".

- Después de 30 años, ¿cuál sería su autoexamen?

"Las circunstancias de la vida producen las respuestas que uno debe dar. El colegio respondió con mucha creatividad a la realidad de esos tiempos. La crisis social, cultural y la política educacional de ese momento produjeron ese experimento. Volver atrás y recrear lo mismo no puede ser, pero si se revisa la realidad en que hoy vivimos encontraremos aspectos similares, porque si bien mejoramos la macroeconomía, somos primeros en la diferencia entre ricos y pobres".

- ¿Por qué usted, líder de opinión para muchos jóvenes, optó personalmente por irse a vivir a una de las poblaciones pobres de la capital?

"Básicamente, si tú revisas Vaticano II y después Medellín, instan a que la Iglesia no puede seguir apoyando un sistema educacional demasiado clasista, necesitas dar apoyo al sector más pobre. En consecuencia, frente a esta realidad varios de nosotros fuimos a vivir a una población para conocer y aportar en ese tipo de vida. Aunque algunas comunidades religiosas abandonaron la educación para dedicarse por tiempo completo a este sector, nosotros decidimos continuar con el colegio, pero también cambiar, e implementamos este tipo de educación junto con un sistema de pago escalonado de la colegiatura. Nosotros estábamos practicando la ENU cinco años ante de que llegara".

- ¿Con otra ideología que sustentaba la polémica ENU del tiempo de Allende?

"Fue muy interesante. El centro de padres me pidió que la rechazara de inmediato, la mayoría así lo hizo, pero sobre la base de la carta de presentación del Superintendente de Educación Pública, en ese tiempo Iván Núñez, de amplio contenido ideológico. Pero en nuestras reuniones encontramos que la ENU nos sirvió como un buen instrumento de evaluación para nuestro sistema".

- ¿Cómo recuerda aquel día en que se inició la intervención del colegio Saint George por decreto de la Junta de Gobierno?

"Yo supe por fuentes de mucha credibilidad que el deseo era intervenir nuestro colegio. Tratamos de pararlo, pero el asunto clave era uno o dos militares, con hijos en el Saint George, que hablaron con un máximo general, también apoderado nuestro, y él apoyó la idea. Cuando llegaron los representantes ministeriales a pedir mi renuncia les dije que si la aceptaba era porque yo estaría de acuerdo en que en este colegio de Iglesia se había hecho "adoctrinamiento de tipo marxista". Pedí las evidencias de esa acusación y eso produjo un dilema".

- ¿Qué ocurrió en su entrevista con el ministro de Educación?

"Le repetí mis razones para no renunciar. Furioso, me dijo que yo estaba negando la palabra de un alto miembro de las Fuerzas Armadas. Le expliqué que había dos versiones, y que la mía correspondía a un sacerdote católico, apostólico, que asegura y da fe de la buena orientación de su colegio. Y como no tengo nada más que agregar - le dije- me retiro de esta oficina. Él se puso verde, rojo y amarillo. Yo era muy patudo. Obviamente el colegio en este tiempo era muy avanzado en muchas cosas, y este tipo de educación no resultaba oportuno para la orientación militar."

- No les quedó más que retirarse.

"A los pocos días llegó un comandante de la Fuerza Aérea como interventor, tomó una oficina al lado de la mía, él con poder y yo sin ninguno. Llegaron mis superiores de EE.UU., hicimos durante varios días reuniones de reflexión y oración y por fin después de un mes nuestros superiores decidieron sacarnos del colegio en protesta por la toma del colegio por las Fuerzas Armadas".

La Santa Cruz logró regresar al colegio en 1987. Luego de su tratamiento contra un cáncer, hoy el padre Whelan reflexiona, "Estoy muy contento con mi sacerdocio. En muchos momentos difíciles he sentido la voz del Espíritu, ya no es mi voz la que habla. He comprobado que me está acompañando en mi vocación y en el servicio a los demás".


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En 2002 recibió la condecoración Gabriela Mistral por su aporte a la educación chilena.
En 2002 recibió la condecoración Gabriela Mistral por su aporte a la educación chilena.
Foto:Juan Francisco Somalo


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