REVISTA DE LIBROS

Domingo 21 de Diciembre de 2008

Libro póstumo Herman Schwember:
Ambrosio O'Higgins, el padrastro de la patria

Esta novela histórica se detiene, sin prejuicios, en las luces y sombras del irlandés que llegó a ser gobernador de Chile y virrey del Perú.

Pedro Pablo Guerrero

En su monumental Historia general de Chile, al final del tercer y último capítulo que le dedica a su mandato, Diego Barros Arana lo llama "el mejor de los gobernadores españoles que tuvo Chile bajo el régimen colonial". Antes ha escrito de él: "El nombre de don Ambrosio O'Higgins está ligado a esta obra de humanidad y de justicia que se llama la abolición de las encomiendas; y ella sola bastaría para dar gloria a su gobierno, digno por muchos otros motivos del respeto de la posteridad".

El padrastro de la patria, la última novela de Herman Schwember (1938-2008), publicada de manera póstuma, nace de ese reconocimiento, por más que su título sugiera algún grado de antipatía o irreverencia. No hay tales. Simplemente se trata de identificar a Ambrosio O'Higgins (1720-1801) como el progenitor del padre de la patria, Bernardo, con el que mantuvo una relación de extrema distancia y frialdad. La novela contrasta, equilibradamente, sin juicios casi, la preclara labor pública del gobernante con su enigmática vida privada. Resulta evidente la admiración que la figura metódica, tenaz y adelantada despierta en Herman Schwember, ingeniero de profesión, quien manifiesta una especie de solidaridad histórica con las dificultades que su colega, el delineador Ambrosio O'Higgins, enfrentó hace casi tres siglos al momento de realizar obras de infraestructura en una geografía inhóspita, luchando contra la sempiterna escasez de recursos, las intrigas políticas y la abúlica idiosincrasia local.

Esta empatía, sin embargo, no le impide a Schwember abordar aspectos desconcertantes en la conducta del gobernador de Chile, luego virrey del Perú. Un hombre que, según todos los indicios, antepuso su carrera a los afectos, incapaz de reconocer al hijo que engendró en un encuentro furtivo con una mujer muchísimo más joven. ¿Una emboscada tendida por sus padres?, especula el narrador. Tal vez. Por el tiempo transcurrido y ante la falta de testimonios fiables, todo lo relativo a la vida íntima del protagonista asume, en la novela, un tono conjetural. También la relación que Ambrosio habría mantenido simultáneamente con dos jóvenes hermanas huérfanas que se llevó a vivir junto a él, en Concepción.

Schwember muestra a un hombre obligado a llevar una doble vida, constreñido por los rígidos convencionalismos de su época, que nunca pensó romper. Desde su más temprana juventud, Ambrosio aprendió que la lealtad a la Corona española no bastaba para labrar su fortuna. Como extranjero -por irlandés y católico que fuera- debía acatar estrictamente sus reglas y prohibiciones. Así y todo, sus empeños darían frutos tardíamente, recién a los 40 años, al emprender su segundo viaje a las Indias y llegar a Chile como ayudante del también irlandés John Garland, ingeniero militar, luego designado gobernador de Valdivia, ciudad que ambos fortificaron para que no cayera en las garras de los ingleses.

La febril actividad que asumió Ambrosio O'Higgins en Chile sobrepasa, con mucho, los deberes de sus cargos y lo obrado por sus predecesores. Revela un genuino amor por su tierra adoptiva, a la vez que una preocupación por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Fundador de ciudades, militar valeroso a la vez que buen negociador con los mapuches, promovió obras tan importantes como la construcción de los tajamares del Mapocho y el camino de Santiago a Valparaíso. Intentó, sin suerte, introducir en el norte el cultivo del arroz, el algodón y la caña de azúcar. Fue el primer gobernador, desde Pedro de Valdivia, que recorrió casi todos los territorios de su jurisdicción. Un "presidente en terreno", diríamos hoy, que viajó con sus funcionarios y escuchó los problemas de los súbditos más humildes de la Corona: pescadores miserables e indios maltratados por los encomenderos.

El apogeo en la carrera de Ambrosio O'Higgins coincide con el ocaso del imperio al que sirvió hasta la muerte. Declinación que analiza, en privado, junto a sus talentosos colaboradores: Joaquín Toesca, Manuel de Salas y Ramón Martínez de Rozas, su secretario, quien asume la voz del relato hacia el final de la novela. Nunca terminará de sorprender la paradoja que encierra el hecho de que el hombre destinado a dar el golpe de gracia a esa monarquía agonizante fuese el hijo natural de uno de sus vasallos más fieles y talentosos.

El padrastro de la patria

Herman Schwember

J.C. Sáez editor, Santiago, 2008, 144 páginas, $9.000.

NOVELA


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