REVISTA DE LIBROS

Domingo 26 de Julio de 2009

Recorrido A 110 años de su nacimiento
Finca Vigía: el hogar cubano de Hemingway

Viajero incansable, pocos sitios cautivaron al autor de Adiós a las armas como para quedarse. Cuba fue una de esas excepciones; ahí vivió en Finca Vigía, su refugio por 21 años y hoy una casa-museo que lo conmemora. Gracias a un acuerdo con Estados Unidos, en el último tiempo se ha instaurado un plan para cuidar su legado y el material aún inédito que permanece en este lugar.  
Antonio Díaz Oliva Desde San Francisco de Paula, Cuba Antes de que el tour comience, la advertencia: pese a que Finca Vigía es una casa-museo, no se puede entrar. La única manera de visitarla es desde afuera. O sea: no se ingresa a las piezas y, por lo tanto, se debe hacer un recorrido circular de la vivienda. Aquello, al contrario de lo que se podría pensar, no impide conocer a fondo el hogar cubano de Hemingway.

Ubicada en San Francisco de Paula (localidad a 13 kilómetros de La Habana), Finca Vigía es la casa donde Ernest Hemingway vivió por 21 años. Construida por el arquitecto catalán Miguel Pascual y Baguer en 1886, fue el refugio del escritor desde 1939 hasta 1960. Un lugar donde podía encontrar el clima perfecto para trabajar, en el cual vivió casi la mitad de sus años útiles como escritor y que desde 2007, luego de estar cerrado por un buen tiempo, permanece abierto para los turistas.

De todos los países por donde pasó el Premio Nobel estadounidense, Cuba fue uno de los pocos que lo cautivaron. Al nivel de involucrarse fuertemente con la gente y comunidades, quienes lo consideraban una celebridad y hasta mediador cuando había problemas locales (acá nace su famoso apodo de "Papa" Hemingway, así como el cubanizado "Jemingüey" que derivó en "Míster Güey"). Todo aquello, claro, se nota hasta estos días en la Finca Vigía. Aunque no sólo se conservan objetos de su estadía en la isla; también los hay de su tiempo como soldado en la Primera Guerra Mundial, de las cacerías en África, y toda la memorabilia sobre toros y corridas españolas.

Una casa-museo

Lo primero es el comedor principal. El lugar donde Hemingway recibía a sus amigos extranjeros y cubanos. Desde aquí ya se puede percibir un elemento que se repetirá en varias murallas de la vivienda: las cabezas de animales disecadas. Búfalos, impalas, y bisontes que -se le asegura al visitante- fueron casados por el mismo Hemingway en alguno de sus mitificados safaris africanos.

Luego, un living donde Hemingway pasaba horas leyendo o escribiendo en su sillón favorito y, a un lado, una suerte de sala de estar donde abundan los recuerdos de corte bélico y las fotografías (varias con sus ex esposas y sus hijos). Muchos trofeos de caza, una máquina de escribir Underwood, diversos mapas, cartuchos, insignias capturadas a las tropas alemanas en Francia y una amplia colección de silbatos de caza.

A un costado, el clóset de Hemingway; una pequeña pieza llena de trajes que el autor usó en su paso por Italia, Suiza y Alemania durante la Primera Guerra Mundial, así como botas, rifles y medallas. Por último, una hilera con dagas, espadas, puñales y navajas de distintos tamaños que recolectó a lo largo de sus viajes. De toda la casa, esta área es donde mejor se pueden apreciar las distintas colecciones y recuerdos que Hemingway guardó mientras estuvo vivo. Sin duda, la parte de más interés para quien visita Finca Vigía, ya que -a través de los objetos- se termina recorriendo la vida y la obra de uno de los mejores escritores del siglo XX.

Otro de los aspectos que resaltan a lo largo del recorrido es la biblioteca. Se distinguen, por ejemplo, obras de su amigo Scott Fitzgerald, de Mark Twain y Faulkner. Al ver los anaqueles repletos de libros, surge la pregunta sobre el destino de todo el material que Hemingway redactó estando en Finca Vigía y que, hasta hoy, permanece inédito. Esto, dado que, luego de la muerte del autor, su esposa, Mary Welsh (la cuarta), viajó a Finca Vigía para administrar el testamento. Y lo que se llevó a Estados Unidos fueron valiosos cuadros de Juan Gris y Joan Miró, y los manuscritos en los que su marido trabajaba, pero dejó material literario.

Y si bien todo lo que escribió Hemingway ha permanecido en Cuba durante décadas, desde hace algunos años nació un proyecto que busca, en primera instancia, ayudar en el mantenimiento y, en un segundo nivel, rescatar el material que Welsh no llevó consigo. Todo nació en 2002, cuando se firmó un acuerdo entre Estados Unidos y Cuba para trabajar en conjunto en la reparación de la casa-museo. Al mando de Stanley Kantz, profesor de Princeton y director de esta iniciativa, un grupo de especialistas ha viajado constantemente a Cuba con esa misión. Un proceso en el cual destaca la digitalización, lo que ha permitido sacar de Cuba material que Hemingway escribió y dejó en Finca Vigía. "El plan consiste en que los originales se quedan en Finca y las copias se van a la John Kennedy Library en Boston -explica Kantz desde Estados Unidos-. A estas alturas, casi todo el material está disponible en microfilmes en esa biblioteca. Además, hay ideas de hacer un taller para que los visitantes vean los microfilmes en Finca".

"La mayoría de las cartas dejadas en Finca Vigía son de los años en que vivió en Cuba. Pero Hemingway tenía una tendencia a salvar todo, por eso alguno de los papeles que hay incluyen una copia de máquina escrita de sus cuentos ('En otro país') y nuevos agregados de su trabajo publicado tempranamente, que datan de 1924", comenta Sandra Spanier editora general del proyecto epistolar del autor estadounidense. "La colección completa de las cartas será publicada en doce volúmenes por la Universidad de Cambridge en aproximadamente quince años".

Asimismo, se está decidiendo sobre qué hacer con otros textos valiosos, como la versión corregida de El viejo y el mar , el guión definitivo de la película de esa novela y un final alternativo de Por quién doblan las campanas .

En cuanto a la biblioteca personal de Hemingway, se sabe por ejemplo la existencia de una copia de El guardián entre el centeno firmada por el mismísimo J. D. Salinger, entre otras cosas de valor. "Hay más de 9 mil títulos -dice Sarah Doty, también parte de la comitiva de investigadores estadounidenses-. Algunos tienen anotaciones realizadas por Hemingway y otros con dedicatorias de colegas y admiradores".

Cuba era una fiesta

Luego de recorrer el resto de la casa (algunas habitaciones sin tantos recuerdos y fetiches como las descritas arriba y una pequeña torre a un costado de la casa), los jardines traseros son la parte más atractiva del museo. Ahí es donde se evoca otra de las características de Hemingway: su amor por los gatos. El escritor tenía 47 felinos, además de 4 perros y varios gallos de pelea. Conocida es la anécdota entre los cubanos, que cuando un gato mataba a otro, el novelista sacaba el rifle y le descargaba sin remordimiento a modo de castigo. Decía que la única manera de detener una posible matanza era asesinando al que inició todo. Incluso, cierta vez uno de los sirvientes de Finca Vigía se ofreció para realizar la matanza: "¿Le disparo, Papa?", dijo apuntando a uno de los gatos con un arma. La respuesta de Hemingway fue precisa: "Dame acá, coño, que a los míos los mato yo".

Siguiendo por el patio posterior, se encuentra la piscina en la que Ava Gardner, Katharine Hepburn y el torero Dominguín Ordóñez alguna vez se bañaron y tomaron daiquiris o mojitos (el trago preferido de Hemingway). De la misma manera, el mítico yate Pilar se impone a la vista. El que, en plena Segunda Guerra Mundial, el autor usaba para rastrear los submarinos nazis que recorrían el Golfo de México. Y el cual, al mando del patrón Gregorio Fuentes, sirvió como inspiración en la escritura de El viejo y el mar . Hoy, el yate está en buen estado y es el final del recorrido.

Hacia 1958, Finca Vigía distaba de ser el refugio donde Hemingway se encerraba a escribir. Toda celebridad que pasara por Cuba ponía un pie en esta residencia. Y con eso, se multiplicaban las fiestas y las salidas a La Habana, y la falta de tiempo para que Hemingway se concentrara en su escritura se acrecentaba. "Esta finca es un lugar espléndido... o lo era", dijo el autor en una entrevista de la época.

En el verano de 1960, Hemingway salió de Cuba rumbo a España para asistir a corridas de toros. Lo que prometía ser un viaje festivo, terminó siendo su última (y definitiva) salida del territorio cubano. El escritor estadounidense -achacado por problemas de salud y ataques depresivos- nunca volvería a esta casa. La noticia de su suicidio, el 2 de julio de 1961, impactó en diversos puntos de la isla. "Ha muerto un amigo de Cuba", fue el sentimiento que se difundió a través de las radios locales. Y pese a que los sirvientes de Finca Vigía siguieron con las actividades domésticas como si fuese un día normal, nada sería igual en San Francisco de Paula.

 
La faceta preferida del maestro

Edmundo Paz Soldán

El Hemingway que más me gusta es el cuentista. Lo descubrí a los 19 años, cuando vivía en Buenos Aires. En ese tiempo lo mío era Borges y Kafka, y en ese panorama descubrir a Hemingway fue toda una revelación. La literatura me intimidaba algo, pero con sus cuentos la sentí más accesible. Eran relatos con un lenguaje que parecía sencillo, con párrafos limpios y sin adjetivos extraños. Y había también eso de contar sólo lo esencial, contar el fragmento que dé cuenta del todo. Por supuesto, después descubrí que esa sencillez era tramposa y conseguirla no era nada fácil, que había que tener una visión del mundo muy compleja para lograr cuentos como los de Hemingway.

Rodrigo Fresán

El Hemingway que más me interesa es el aparentemente inagotable escritor póstumo y espectral, que no ha dejado de publicar después de muerto y no sería nada raro que recibamos nuevo despacho de ultratumba cualquier día de estos. Así, admiro sus relatos y a The Sun Also Rises ; pero mis libros favoritos son las maledicentes y poco fiables memorias A Moveable Feast , sus demenciales cartas y las novelas Islands in the Stream y, muy especialmente, esa rareza que es The Garden of Eden , para mí (y, de paso, para gente como John Banville y Philip Roth) lo mejor que Hemingway jamás hizo. Algo mucho más elegante y revelador y sincero que, pienso, el un tanto artificial y artificioso pez espada de The Old Man and the Sea . En The Garden of Eden , por una vez, el joven aprendiz de cazador es un delator y no un héroe, y traiciona con su pequeñez la grandeza del animal. Y, por fin, el fantasma de Hemingway tiene miedo. Y lo dice. Y lo escribe.

Alberto Fuguet

París era una fiesta es, mal que mal, el mejor manual para el escritor joven. Es casi una guía, paso a paso, de lo que hay que hacer y lo que no. Y claro, al final quizás es una ficción porque es demasiado romántico. Qué mejor que ser pobre, estar en París y escribir todo el día. Tener tanta energía para quemar y saber que tienes que sacarla para afuera, ojalá en un café y con un café al lado. Amo París era una fiesta porque al final es una novela acerca de cómo alguien cree que debería ser la vida. O de alguien que, cercano a matarse, cree que el tiempo pasado sí fue mejor y que, por un instante, él fue dueño del mundo. Por algo le decían "Papa" a Hemingway: si lo lees en el momento correcto, capaz que creas que puedes llegar a ser como él.



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales