ARTES Y LETRAS

Domingo 8 de Abril de 2007

EXPOSICIONES. Pintura, técnicas mixtas:
Dolor, deterioro, violencia

La exposición de la obra de Roser Bru destaca en el MAC. Paz Lira, Marcela Correa, Guillermo Núñez y Rafael Canogar integran otras de las muestras significativas de hoy.

WALDEMAR SOMMER

Durante sus seis décadas de muy prolífica producción artística, a Roser Bru siempre le ha gustado exponer. Y en los años más recientes, mostrar todo lo posible. Ahora, junto a algunos grabados y dibujos, sus cuadros ocupan la totalidad del segundo piso del Museo de Arte Contemporáneo. Corresponden a trabajos entre fines de los años 70 y 2007. Han sido elegidas obras especialmente marcadas por el compromiso político. Pero la autora sabe universalizarlo como evocación del dolor humano.

Notable pintura

Sus interpretaciones de citas precisas, sus protagonistas ya bien conocidos del público y las magistrales variaciones que emprende a partir de ellos desfilan, una vez más, frente al espectador. Que se trata de una pintura notable, capaz de hacer nada más que suyos procedimientos gráficos, ¡qué duda cabe! Así ojo, no se logra entender al tema de los desaparecidos, tanto a través de un gráfico collage de 1978, como en una pictórica tela de 2003. O el retorno en gloria y majestad del preso Miguel Hernández en 2006. Tampoco faltan imágenes actuales: cuatro maduras granadas o el notable par de visiones abstractas alrededor de la palabra "Nada" -trágica, la vertida en azul-, de Goya. Sin embargo, lo numeroso del conjunto permite que se deslicen ciertas realizaciones que más valdría no haber expuesto: de 2003, la mujer "cargada" y la "señalada", frívolas y débiles formalmente. Asimismo, nada añade a los pergaminos de la pintora el incursionar dentro de la instalación, un género por completo ajeno a ella.

Paz Lira

En Galería 13 -ejecuciones en dos dimensiones- y, de nuevo, en la Sala Chile del Bellas Artes -instalación-, Paz Lira sigue proponiendo los resultados del azar guiado. Son las informalistas coloraciones y texturas provocadas por la erosión de agua y material químico sobre lienzos y sobre láminas de cobre.

El primero de esos locales ofrece un gran traspaso fotográfico, cuyos planos en ángulo pretenden acercarse al paisaje. Más interesantes ahí resultan las siete hojas de metal deterioradas, donde las huellas dejadas en la conjunción papeles y gasas diversifican cromatismo y textura de esos cadáveres físicos. En el Museo Nacional, el volumen y los efectos luminosos enriquecen, intensamente, el unitario septeto constituido por una especie de fuentes con alto respaldo -o, acaso, retretes transfigurados-, sobre espejos de agua. Este último elemento parece convertirse en inocente testigo de su propia culpa. Acá progresivos y protagónicos cambios de luz dan movimiento a coloraciones que van del gris al negro, del dorado al plateado, siempre con ocres y amarillos poderoso como base.

De Marcela Correa, la Sala Gasco presenta dos tipos de esculturas. Ejecutadas en 2007, demuestran un cambio muy hondo. De ese modo, en un espacio separado hallamos su tratamiento característico de la madera. Fiel al desarrollo natural del material y a sus peculiares atributos, nos entrega un auténtico "Dibujo" en espino pulido. Cual abstracta línea tridimensional, flota grácil, ondulante, cerrándose sobre sí misma y definiendo espacios muy variados que al espectador es dado penetrar. Además, según el punto de mira de éste, el dinamismo de sus caras se muestra incansable.

Otra cosa resultan los flamantes nueve objetos de Correa. En acero enlozado, constituyen la deformación de pequeñas tinas de baño o grandes lavaplatos con sus respectivos orificios de salida y entrada de agua. Abollados, comprimidos, cuelgan o bien se disponen sobre el suelo. Son oscuros por fuera y, adentro, pintados con un color diferente cada vez. Sus pliegues diversos y azarosos se vuelven protagónicos. Aunque individualizados, en conjunto forman una instalación donde lo funcional no logra el deseado carácter no figurativo, quedando aquellos como alterados testigos, banales y fríos, de una presunta colisión.

La violencia impregna la pequeña doble exposición gráfica que acaba de presentar el Centro Cultural de España. Por un lado se vieron 12 serigrafías de una carpeta parisina (1979-1982), de Guillermo Núñez. Con acierto integran éstas textos, imágenes y timbres institucionales. Cinco de ellas aluden a su genial construcción con objetos -la "jaula"-, de 1975. Entretanto, 6 litografías sin color representaron a Rafael Canogar.

Su potencia, su originalidad expresivas nos impelen a desear, de una vez por todas, una gran exposición en Santiago del gran maestro hispano.


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Sus idas y venidas, los personajes que la rodearon, los poetas, escritores y artistas pueblan sus obras. Hoy expone en el MAC.
Sus idas y venidas, los personajes que la rodearon, los poetas, escritores y artistas pueblan sus obras. Hoy expone en el MAC.


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