VISIÓN NACIONAL

Miércoles 5 de Enero de 2000

No Quieren Contaminarse

La Isla Mancera es quizás la más hermosa de la bahía de Valdivia. Sus pacíficos habitantes (no hay carabineros), acariciados siempre por una suave y silbadora brisa, dicen ser felices, porque viven lejos del mundanal ruido.
Por Paola Segovia

Sus habitantes creen que el suave silbido del viento los hace ser distintos, más tranquilos, más humanos, más cordiales. Y privilegian ese estilo de vida, rechazando toda posible contaminación que venga de afuera.

Los indígenas la llamaban Güiguacabín, lo que significa, precisamente, silbido del viento.

Hoy se la conoce como Isla Mancera, una de las reservas naturales más hermosas de la bahía de Valdivia.

Ubicada en el medio de la desembocadura del Calle Calle, el río donde se baña la luna, frente a los fuertes de Niebla y Corral, dista sólo 14 km al poniente de Valdivia. Las embarcaciones demoran 10 minutos en llegar desde Niebla.

Junto a las viviendas de sus escasos 70 habitantes existen sólo algunas otras casas de veraneo y un muelle de construcción reciente.

Pero la más imponente edificación y principal atracción turística del lugar la constituye el castillo de San Pedro de Alcántara. El marqués de Mancera y Virrey del Perú, don Antonio Sebastián de Toledo y Leiva, dispuso en 1645 que la instalación de un fuerte en el lugar era el complemento necesario para evitar que Valdivia cayera bajo el asedio de los piratas y enemigos de la corona, que los había muchos.

Los isleños pasan sus días dedicados a la pesca artesanal y al buceo, pero durante el verano venden artesanía a los cerca de 2 mil turistas que desembarcan diariamente. El creciente flujo de visitantes parece no impresionar a los habitantes del pequeño poblado. En el lugar no existen restaurantes ni hostales. Sólo hay un área de camping para evitar que otros sectores sean utilizados con ese propósito por los afuerinos.

La carencia de una infraestructura adecuada conspira contra la mejor explotación del potencial turístico de la isla. Pero ello se debe a que el lugar tiene desde 1973 la categoría de Zona Típica para la protección de su entorno ambiental y de las fortificaciones españolas.

En definitiva, en Mancera no pueden levantarse construcciones que ocupen una gran extensión de terreno o requieran remoción de tierra, por cuanto no están delimitados los sitios de la ocupación española y podrían destruirse sus vestigios, según explica la restauradora y asesora del Consejo Provincial de Monumentos Nacionales, Susana Muñoz, quien no descarta que a futuro la isla pueda ser declarada monumento nacional.

La paradoja es que la riqueza histórica constituye el mayor atractivo del lugar, pero a la vez el principal obstáculo para masificar el turismo. Un mayor flujo de personas causaría su progresivo deterioro.

AMBIENTE BUCOLICO

Luis Bravo Hernández, de 70 años de edad, es el alcalde de mar y máxima autoridad de Mancera. Aquí no hay robos ni peleas. La gente sale y los demás les cuidan sus casas. No hay carabineros. Sólo en verano se pide resguardo policial, porque llega gente de afuera, explica.

El alcalde de Corral, Gastón Pérez (RN), comuna que tiene la jurisdicción de Mancera, explica que cualquier proyecto para propender al turismo masivo en la isla presenta complicaciones, puesto que requiere de autorización previa del Consejo de Monumentos Nacionales. Sólo se permite la instalación de carpas al interior de sitios especialmente habilitados para ello.

Un factor que también conspira contra el establecimiento de una población mayor en la isla es el abastecimiento de agua potable, que sólo existe en cantidad su-
ficiente para el uso de los actuales lugareños y resulta insuficiente para soportar una población estable durante períodos prolongados.

PIEDRA Y PLAYAS

Un recorrido por la isla no toma más de 15 minutos, por caminos y senderos de tierra y piedra laja. Un paisaje natural de laureles, arrayanes y canelos se impone a la presencia de las escasas viviendas, en las 48,6 hectáreas de territorio insular.

Mario Pino, director del Instituto de Geociencias de la Universidad Austral de Chile (UACh), informa que en la isla se distinguen dos unidades geológicas. Una de rocas metamórficas, en la colina dominante de la isla, y cuya antigüedad se calcula entre 200 a 300 millones de años, y otra ubicada en el plan donde se asienta el poblado, y que corresponde a una terraza, originada hace 100 mil años, de la denominada piedra cancagua.

Lo que hace diferente a Mancera de las demás islas de la zona es precisamente su suelo de piedra cancagua, excelente material de edificación y de gran estabilidad ante la frecuente presencia de movimientos telúricos.


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La isla Mancera se ubica en la desembocadura del río Calle Calle, frente a los fuertes de Niebla y Corral. Setenta habitantes viven en 48,6 hectáreas de territorio insular.
La isla Mancera se ubica en la desembocadura del río Calle Calle, frente a los fuertes de Niebla y Corral. Setenta habitantes viven en 48,6 hectáreas de territorio insular.
Foto:Alejandro Sotomayor


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