REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 14 de Mayo de 2000


El Tiburón Contreras recuerda sus proezas

Víctor Guillermo Contreras Olguín, el Tiburón Contreras, es un ser mitológico cuyo sólo nombre remite a grasa de foca, hielo y aventuras mil. En su legendaria carrera figuran proezas como los cruces a nado del Estrecho de Magalles, del Canal Beagle y, por cierto, del Canal de la Mancha. Jubilado de tales menesteres, el Tiburón sigue obsesionado con las grandes travesías, pero ahora como director de una escuela de natación donde una de las promesas es su hijo: Víctor Tiburón Junior, un joven que heredó sus agallas y que pronto nadará desde la ciudad de San Francisco hasta Alcatraz. ¿Cómo es el dicho? ¿Hijo de Tiburón?
por Sergio Paz, desde Valparaíso; fotografía de Alejandro Carballal

Aquí es. Ésta es la playa del Tiburón había dicho unos segundos atrás el chofer de la micro Congreso que une Viña con el puerto.Y así era. Tras detenerse en un oxidado paso sobre nivel que se levanta bajo la Universidad Federico Santa María, lo primero que recibe al visitante es una desguañangada bandera que flamea en el centro náutico de Víctor Tiburón Contreras. Justo al lado de la Caleta Portales, el Tiburón no sólo tiene una playa, sino también un terreno en concesión donde funciona el club-escuela que formó en 1990.

Bienvenido, esta es la Copeva bromea Víctor, cuando entramos a la pequeña habitación de lata con techo de plumavit en la que hay una cocinilla, una mesa y un camarote donde duermen él y su familia cada vez que se quedan junto al mar. Pero el Tiburón no vive ahí. Con la plata que ganó en el cruce del Canal de la Mancha se metió en una casa. Siempre en el puerto, claro.

Unos metros más allá de la Copeva, hay dos contenedores de los cuales se desprende una terraza techada. Allí hay una salamandra (para que los niños se calienten después de nadar en invierno), un montón de fotos del Tiburón chapoteando hasta en la Antártica, muchas medallas, muchos trofeos, muchas duchas y muchos camarotes, a lo que habría que agregar un armatoste para esterilizar los platos de los alumnos. El Tiburón, hay que decirlo, sigue siendo un profesional.

La memoria de Víctor Contreras tiene más vericuetos que el mismo Valparaíso. Estudió en la Escuela Pública 19, y su primer traje de baño fue precisamente un short de esos con que se hacía gimnasia: blanco, como de loneta, y que en el colegio nos habían dado junto con las zapatillas. Eso sí, cuando llovía me encantaba salir a pata pelada a la playa. Mojarme con esas lluvias que duraban días fue un hobbie desde chico. Y jamás me resfrié ni me enfermé, recuerda.

¿Cuándo empezó a nadar el Tiburón Contreras?

A los ocho años, en el balneario Las Torpederas de Valparaíso. La verdad es que toda mi infancia estuvo ligada al mar. De hecho, después del colegio, me iba solo a la costanera y años más tarde, cuando me tocó hacer el servicio militar en Arica, me iba a nadar a mar abierto. Varias veces me fueron a buscar los de la Gobernación Marítima. Yo diría que era el mejor que había en el regimiento Rancagua de Arica en ese tiempo. Claro que no era bueno en la piscina. Lo mío siempre fueron las aguas abiertas, el mar.

¿Cuál fue su primera travesía?

Fue cuando crucé solo, aún estando en el colegio, de la Caleta El Membrillo a Las Torpederas. Fueron casi dos millas, unos 3.500 metros, lo que no es mucho, pero con la diferencia que en esa época significaba ir en contra de la corriente y con un fuerte oleaje. Pero yo quería probar si era capaz o no. Ahora digo pucha, me podría haber dado un calambre o me podría haber ido contra las rocas. Claro que fue probando que me di cuenta que tenía aptitudes y entonces empecé a participar en las pruebas de verdad.

¿Cuándo fue eso?

En 1967. Yo tenía 18 años y di una sorpresa. Era una prueba auspiciada por el Casino de Viña en la que había que nadar desde la Playa Poca Ola (ex balneario Recreo) hasta 8 Norte, donde estaba la piscina. Salí tercero, aunque era un perfecto desconocido.

Pero usted ya había figurado en los diarios un poco antes, cuando salvó a un perro.

Sí, eso ocurrió después de uno de esos grandes temporales de antaño, cuando las lanchas iban a dar a la línea del tren o a Errázuriz. Resulta que había una señora paseando por la costanera con un perrito pekinés, pero el pobre se cayó al agua. La señora gritaba y, como vi que el perrito se iba a ahogar, no lo pensé dos veces y me tiré. Lo tomé y me fui nadando a unos roqueríos. Pero como la señora seguía gritando, se formó un tremendo alboroto, llegaron unos carabineros y cuando salí me llevaron preso. No sé cómo me fotografiaron, pero aparecí esa tarde en La Estrella junto con la leyenda Niño salva perro. Claro que la noticia era que me habían llevado preso por hacerlo.

¿Desarrolló el Tiburón Contreras su propio método para nadar?

Digamos que entre comillas. Yo miraba cómo nadaban otros y sacaba mis conclusiones que, claro, no fueron buenas. Cuando aparecí en forma competitiva mi estilo era bastante malo, no era técnico. En ese tiempo importaba más el nado elegante: un codo bien vertical, el cuerpo horizontal... Pero yo tenía fuerza y por eso empecé a sobresalir. Sólo años después, cuando figuré a nivel nacional, me tomó un entrenador de la UC.

¿En qué momento se le ocurrió hacer su primera gran travesía?

Fue el año 76, luego que la nadadora estadounidense Lynne Cox cruzara el Estrecho de Magallanes. Ella medía 1,92 y pesaba más de cien kilos. Era un monstruo. Y vino a Chile y se convirtió en la primera persona que cruzó el estrecho, el 29 de diciembre de 1976, con un tiempo de una hora y nueve minutos que es récord mundial hasta hoy. Nosotros hemos intentado bajárselo y hemos estado cerca, pero no hemos podido. Mi hijo, Tiburón Junior, está en estos momentos tras ese récord.

¿Pero cómo es que se le ocurre a usted ir a meterse allá?

Un año después yo estaba hojeando un Clarín viejo junto a un amigo que era salvavidas, en Las Torpederas, y ahí aparecía una foto de la Lynne. Él me dijo: Si esa norteamericana cruzó el Estrecho de Magallanes, ¿porqué no lo haces tú? Él sabía que yo tenía las condiciones. Por otra parte, como yo era técnico electricista de la Católica de Valparaíso, cuando la universidad cumplió 50 años (el 78), aproveché que hubo una serie de homenajes deportivos y culturales para presentar mi proyecto.

¿Cruzó por el mismo punto que la señorita Cox?

Por el mismo: una milla al este del Faro Méndez. Lo hice el 17 de febrero de 1979 y coloqué una hora 28 minutos, seis segundos y ocho décimas. Y me convertí en el primer hombre y en el primer chileno en cruzar el Estrecho de Magallanes. Ahí nació el mito del Tiburón Contreras.

Pero en el Estrecho de Magallanes no hay tiburones. ¿De dónde salió el apodo?

Bueno, ésa es otra anécdota. En diciembre del 78, cuando entrenaba para ir al estrecho, entre la Caleta El Membrillo y la Punta del Molo, venía nadando tranquilamente cuando se me acercaron unos pescadores a la cuadra de la playa San Mateo. Me dijeron que subiera rápidamente y lo hice, y entonces me mostraron tres aletas en el agua. Eran tiburones ya que recién había llegado la Corriente del Niño a nuestras costas. Recuerdo que los mismos pescadores me llevaron de vuelta a la caleta y justo estaba Willy Estay, periodista del programa de radio Portales Por amor a la camiseta. Él vio todo el alboroto y entonces me preguntó qué andaba haciendo. Voy a cruzar el Estrecho de Magallanes, le respondí, y aunque haya tiburones voy a seguir nadando igual. La cosa es que Willy Estay mandó a Santiago un flash que decía espeluznante odisea vivió nadador porteño en la bahía de Valparaíso. Y ésa fue la primera vez que me llamaron Tiburón.

¿Y a lo largo de su carrera nunca se topó con tiburones?

En varias oportunidades, aunque sólo en esa primera vez estuve a punto de convertirme en cebiche. Después, cuando nadé en Gibraltar, entre España y África, sí estaba infestado de tiburones. Pero me fui acompañado por un cardumen de delfines, y creo que fueron ellos los que me hicieron cruzar rápido. El tiburón, está comprobado científicamente, rechaza al delfín porque éste emite unos sonidos ultrasónicos que al tiburón le trastornan la cabeza.

¿Acá en la escuela es el profe o el Tiburón?

Acá soy el profe y en la casa, el Willy, ya que soy Víctor Guillermo. Víctor Guillermo Contreras Olguín, el primer chileno en cruzar el Estrecho de Magallanes a nado.

Uno no podría meter ni una pata en el estrecho sin congelarse. ¿Cómo se hace, Tiburón?

Bueno, hay que decir que en el Estrecho de Magallanes han cambiado las reglas del juego. Cuando yo me lancé había tres o cuatro grados sobre cero, y hoy tú vas allá y encuentras diez y hasta doce grados. En mis tiempos uno de los terrores era precisamente la temperatura, aunque también las corrientes, el viento y las marejadas.

¿Y no le vino hipotermia?

Bueno, yo salí en muy buenas condiciones, aunque la Armada me puso todo tipo de seguridad. Incluso iba un paramédico con una regla, listo para golpearme la planta de los pies y así subirme la sangre en caso de problemas. Además llevaban un resucitador de oxígeno.

El frío era tremendo ¿no?

No, el frío es sicológico.

Bueno, eso mismo me dijo una vez el montañista Claudio Lucero, poco antes de que comenzara a creer que se me congelaban los dedos.

El frío es sicológico y por Dios que es cierto. ¿Sabes por qué? Porque si piensas en el frío, el frío aparece. El frío llega cuando, sicológicamente, estás derrotado. Por eso yo jamás me preocupé del frío. Yo me preocupaba de la embarcación que me acompañaba, de las corrientes, del nado, del desplazamiento, no sé. De todo, menos del frío.

Perdone la insistencia, pero en el Estrecho uno debe morirse de frío.

Claro, pero yo no tuve frío. Y ahí aprendí de la parte sicológica de esto, por lo que hasta hoy le digo a mis alumnos: el frío es sicológico; si usted piensa que tiene frío le va a dar frío, así que mejor no piense en eso. Piense que va a entrar al mar y que tiene que nadar, que tiene que luchar contra el oleaje.

¿Qué era ese cebo que se echaba el Tiburón Contreras?

La primera vez que aparecí con algo en el cuerpo fue grasa de lobo que conseguí en Punta Arenas, para el cruce del estrecho. Esa fue la primera vez y fue fatal. Me eché aceite de lobo y me sacaron de la cámara donde estaba alojado porque era una hediondez que nadie soportaba. Dejaba pasadas las sábanas, la ropa, las micros, los colectivos. Ese aceite de lobo era infernal. Se quedaba. Te echabas ese aceite y a los tres días te aparecía otra vez.Te afloraba con la transpiración.

¿Y de dónde había sacado el dato?

Los pescadores de Valparaíso me dijeron que consiguiera grasa de lobo. Y me la consiguió un sargento de la Tercera Zona Naval, que era donde yo estaba albergado. Fue una botella como de un litro, y sólo después supe que el aceite de lobo no impermeabiliza de inmediato, sino que tenías que echarte como dos o tres días antes de la travesía, ya que después te afloraba y no te lo podías sacar. Lo bueno es que tiene su lado homeopático. Lo usaban los yaganes porque es especial para la artritis y el reumatismo.

¿Cuándo dejó de usar el aceite?

Al año siguiente, cuando crucé el Canal Beagle. Lo que pasa es que para la exportación yo seguía echándome aceite de lobo ya que se suponía que estaba transmitiendo valores a la juventud. Tú sabes. Lo que en realidad usaba era lanolina, pues había leído un artículo del Readers Digest en el que lo recomendaba una nadadora estadounidense que el año 50 lo había usado con éxito en el Canal de la Mancha. La comprábamos en las químicas de Valparaíso, y con dos kilos teníamos para dos o tres pruebas, claro que para la gente yo seguía usando aceite de lobo.

Y se reía del frío.

Jamás sentí frío. Y nunca tuve hipotermia, ni en la Antártica.

Una última pregunta. ¿En qué pensaba el Tiburón Contreras mientras nadaba?

En cualquier cosa, menos en lo que estaba haciendo. Mi mente nunca la tuve ahí.

HIJO DE ESCUALO

A mediados de los 70, un doctor de la Digeder realizó algunos análisis a Víctor Tiburón Contreras y concluyó que de nadador no tenía nada; sólo la garra y la fuerza. De hecho, el propio Contreras reconoce que su biotipo no era muy útil a la hora de meterse al agua y que fue su espíritu lo que le permitió realizar sus proezas.

Ahora bien, el heredero de este particular estilo es precisamente su hijo, Víctor Contreras, el Tiburón Junior, quien comenzó a nadar a los ocho años, y ya a los 14 había cruzado el Estrecho de Magallanes y a los 16 el Canal Beagle.

El próximo desafío de Junior es el cruce del Canal de la Mancha, previsto para el 2002 (el Canal ya fue cruzado por un niño de ocho años y por un abuelito de 72). Además, está pendiente un desafío que les planteó un estadounidense cuando vino a cruzar el Estrecho de Magallanes: nadar, ida y vuelta, desde San Francisco a la isla de Alcatraz, ocho kilómetros en total. La prueba se intentaría en invierno (aún no está claro cuándo), ya que en verano el lugar está infestado de tiburones.

Pero la gran proeza que el Tiburón tiene reservada para su hijo es el cruce del río de la Plata. Ese dice Contreras fue el único fracaso en mi carrera. Efectivamente: aunque no se trata de una distancia muy grande (42 kilómetros), cuando lo intentó el agua estaba tan contaminada que el nadador fue obligado a salir. Tenía un principio de tifus.


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Enero de 1978: el Tiburón emprende una travesía nocturna en Valparaíso.
Enero de 1978: el Tiburón emprende una travesía nocturna en Valparaíso.
Foto:Alejandro Carballal


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