REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 26 de Enero de 2014

 
El viaje Antártico del Príncipe Harry

A fines de 2013 el príncipe participó en una travesía con fines benéficos que tenía al Polo Sur como objetivo.
POR Olga Mallo, DESDE PUNTA ARENAS. "Acepto. Pero yo también voy", dijo el Príncipe Harry a Simon Daglish cuando éste le propuso patrocinar una expedición al Polo Norte en 2011. El plan era esquiar más de quinientos kilómetros en el hielo ártico, con marchas de hasta veinte kilómetros diarios durante unos 25 días y soportando temperaturas de hasta 40 grados Celsius bajo cero.El panorama sonaba inusual para el miembro rebelde de la familia real, pero la causa parecía haberlo cautivado: cuatro soldados británicos heridos en los conflictos en Afganistán, con diferentes grados de discapacidad, serían los protagonistas de la aventura.Simon Daglish, junto a Ed Parker, había fundado en 2010 la obra benéfica Walking with the Wounded ("Caminando con los Heridos") para crear conciencia sobre los heridos de guerra y ayudarlos a volver a la vida civil.En esa expedición al Ártico, Harry acompañó varios días a los soldados heridos y organizadores, hasta que tuvo que volver a Londres -sin alcanzar el Polo Norte- para llegar a la boda de su hermano William.La idea, sin embargo, había quedado dando vueltas.

EL OTRO POLODos años más tarde, Simon Daglish volvió donde el príncipe. Esta vez quería su apoyo para una misión al Polo Sur, y Harry respondió igual. Entrenaría y esquiaría los 330 kilómetros que separan la Latitud 87 del Polo Sur. Sin embargo, en muchos aspectos este desafío sería mayor. Irían doce soldados -hombres y mujeres- con diversos grados de discapacidad, en una travesía que implicaba desplazarse en altitud (el destino final está a 3.000 metros sobre el nivel del mar), sorteando grietas que no existen en el extremo norte y enfrentándose al hábitat mas seco del planeta (esquiar la nieve seca de la meseta antártica es casi como ir sobre arena: se siente pesada y es casi imposible deslizarse como se hace en el Ártico, donde la nieve es húmeda).La misión a la que el príncipe quería unirse consideraba esquiar unas 8 horas diarias durante dos semanas, arrastrando trineos cargados con raciones de comida y equipo, todo con un peso aproximado de 80 kilos. Además, ahora la travesía sería en el marco de una competencia donde participarían equipos formados por soldados heridos de otros países involucrados en zonas de conflicto. Así sumaron tres equipos -Gran Bretaña, Estados Unidos y países de la Commonwealth-, y cada uno sería acompañado por un invitado famoso. Harry iría con el equipo británico. A los estadounidenses los acompañaría el actor de True Blood, el sueco Alexander Skarsgard, y al grupo de la Commonwealth se sumaría el popular actor inglés Dominic West.En abril de 2013 empezaron las sesiones de entrenamiento en sitios como Islandia, Noruega y Norfolk, en el sur de Inglaterra. En septiembre trabajaron además en una cámara fría, una especie de refrigerador gigante que recreaba las temperaturas polares. En esas 24 horas de testeo, los miembros de la aventura vivieron como lo harían las dos semanas que les demandaría llegar al Polo: comieron alimentos deshidratados, derritieron nieve para tener agua, durmieron en carpas y se ejercitaron. Finalmente, el 17 de noviembre viajaron a Ciudad del Cabo, de donde volarían al continente antártico.El príncipe llego a Sudáfrica entre rumores sobre un posible compromiso con Cressida Bonas, pero pronto su activa participación empezó a alejarlo de la imagen que algunos de los otros expedicionarios tenían de él. Antes de partir, Harry dijo: "Esta extraordinaria expedición aumentará la conciencia de la deuda que este país tiene con los que envía a luchar y regresan heridos, con cicatrices físicas y emocionales", y agregó: "Debemos reconocer su sacrificio, aunque jamás podremos recompensarlos lo suficiente".

LUCHANDO CONTRA LOS SASTRUGILos expedicionarios viajaron en una aeronave Illushyn 76 hasta Novolazarevskaya, base antártica rusa mas conocida como "Novo", a 2.000 kilómetros del Polo Sur. Un mes antes, cuatro camiones Toyota Hilux de tracción en sus seis ruedas habían comenzado la ruta hacia la Latitud 87, donde esperarían a los competidores.Estos vehículos eran esenciales para la expedición: llevaban material y personal de apoyo, incluidos médico y paramédico, y un equipo que filmaría la experiencia para ITV, una de las principales cadenas televisivas del Reino Unido, que los acompañaría desde lejos. La idea era que este grupo de apoyo mantuviese distancia, para que los expedicionarios sintieran la soledad antártica (aunque llamarían cada noche para evaluar la situación; en especial, la condición médica de los soldados heridos). La otra tarea de los vehículos era dar con un terreno parejo, para que aterrizara el avión Turbine DC-3 que traería a los expedicionarios.Tras casi una semana de espera por el clima, los 21 participantes finalmente pudieron volar al punto de partida: la Latitud 87 o "Tercer Grado", como le llaman en el mundo antártico. Sin embargo, el aterrizaje debió realizarse a 60 kilómetros del sitio elegido. El invierno antártico había sido inclemente y los feroces vientos habían formado esas ondulaciones de nieve congelada llamadas sastrugi, imposibilitando el aterrizaje. Eso forzó a las camionetas a realizar varios viajes para trasladar los equipos. El príncipe Harry fue con el primer grupo, para ayudar en los preparativos.Kate Philips, mayor de ejercito, cuya pierna izquierda fue amputada luego de que en 2008 el tanque que comandaba en Afganistán fuera alcanzado por una bomba, decía que "el príncipe se convirtió en un soldado más; si había que ensuciarse, se ensuciaba con nosotros". Emil Grimmson, socio de Arctic Trucks, los vehículos que hacían el apoyo logístico de la expedición, recuerda cómo veían al cuarto en la línea de sucesión a la Corona de Inglaterra en esos momentos. "El Príncipe era absolutamente impresionante: como es joven y fuerte, era de gran ayuda. Ayudó a descargar la camioneta, a organizar los trineos. Era tan sencillo que pronto olvidabas que era un príncipe". Ya en su casa en Tasmania, el guía australiano Eric Philips, con larga experiencia en zonas polares y a cargo del grupo de competidores del equipo de la Commonwealth, recordaba que tenían que repartir el peso de los trineos según las capacidades de cada uno. "Harry pidió llevar uno de los seis mas pesados, y cuando alguien se sintió débil, siempre se ofreció a acarrearle algo, para alivianarle la carga".Por fin la carrera comenzó el 1 de diciembre. Debido a los retrasos, no hubo tiempo para aclimatarse (como era el plan original), porque el objetivo era estar de vuelta el 23 de diciembre. Aún así, la meta parecía difícil. Los problemas iniciales con el aterrizaje más las condiciones meteorológicas obligaron a modificar el punto de partida, que se movió más hacia el sur, de manera de acortar el trayecto unos cuatro días. Así, los expedicionarios tuvieron que partir en camiones que los dejaron cincuenta kilómetros más cerca de la meta: en lugar de 330 kilómetros, "sólo" recorrerían 280.Emil Grimmson dice que en esos días el sastrugi era interminable. "Jamás había visto en esta área el terreno así de irregular, y vengo cada año desde 2008".Los sastrugi hacían la competencia aún más difícil para todos, pero especialmente para Ivan Castro, un capitán del ejército estadounidense que quedó ciego debido a unos proyectiles que explotaron cerca suyo en una operación armada en Irak. Ivan esquiaba tomado de dos bastones de esquí que iban amarrados al trineo de Inge Solheim, el guía de su grupo. Como sea, avanzaba.El primer día de competencia lo ganó el grupo británico liderado por Harry. Fue un comienzo suave, con sólo cinco horas esquiando, tres menos que las programadas. Sin embargo, los tres grupos cubrieron una distancia más que respetable: 13 kilómetros con los trineos aún a plena carga.En la clara noche polar -en diciembre el sol no se pone en estas latitudes- sólo quedaba refugiarse y reponerse en las carpas.Ya de regreso en Sudáfrica, Simon Daglish, socio fundador de Walking with the Wounded y miembro del equipo de la Commonwealth, dice que el príncipe Harry se turnaba cada noche en una carpa diferente, para conocer a todos los grupos. "Les levantaba el ánimo: contaba chistes y siempre trataba de mantener los espíritus en alto. Aunque nunca perdió el humor, era claro que se tomaba todo esto muy en serio". Eric Philips también recuerda esos momentos. "Vino a mi carpa un par de veces y era muy divertido: hablaba en la jerga que hablaría cualquier joven de 29 años. Sólo cuando aparecían las cámaras se ponía más reservado y cuidadoso. Estaba muy consciente de lo que decía y hacía cuando estaban filmando o tomando fotos".Emil Grimmson dice que el príncipe insistía en que no quería privilegios durante la expedición. "Lo único que hacía recordar que era alguien diferente era el hecho de que en uno de nuestros camiones iba su guardaespaldas, un policía de Scotland Yard que ha trabajado con él durante catorce años y que se nota le tiene mucho cariño".Al final del tercer día de la expedición, el agotamiento ya era generalizado y el sastrugi se estiraba como una tortura porque, erosionada por el viento, este tipo de nieve forma surcos irregulares y puntiagudos que hacen muy difícil esquiar. Hacia el final del cuarto día estaba programado alcanzar el primer checkpoint, un puesto de descanso y control. Cuando finalmente llegaron, era evidente el agotamiento de todo el grupo. Fue entonces que se decidió suspender el carácter competitivo de la expedición, y seguir todos como un solo grupo. "La seguridad es lo mas importante en esta proeza, así que en este nuevo formato de ir como un solo grupo aliviaremos el estrés que causaba la carrera", escribió luego Ed Parker, del equipo organizador, en el sitio web de la expedición.

EL ÚLTIMO GRADOQuedaba el "último grado", los 112 kilómetros finales y restaban siete días según las fechas planificadas. Pero había un factor que podía demorar todo. Desde un principio la ruta se había trazado de manera de esquivar el llamado Clean Air Sector ("Sector de Aire Limpio"), lo que significaba agregar al trayecto varios kilómetros. Este sector está restringido y convertido en laboratorio por la National Science Foundation, que estudia aquí la pureza del aire para compararlo con el de otras áreas que sí han estado en contacto con seres humanos y así medir la magnitud del daño ocasionado por nuestra presencia. La única manera de evitar ese sector sin alargar la expedición en varios días más era usar los vehículos de apoyo, para que los trasladaran hasta el comienzo del último grado.Hecho esto, los ánimos mejoraron. Cada noche acampaban todos en el mismo lugar y jugaban a las cartas, leían, conversaban, repasaban los incidentes del día y se dormían temprano para reponer fuerzas. No habría mas checkpoints ni días de descanso, así que cada noche debía ser bien aprovechada. A esas alturas, casi todos en el grupo mostraban signos de extremo cansancio, y algunos de los soldados empezaban a sentir mucho dolor."Lo único que me salva es pensar en el aquí y el ahora. Algunos de mis compañeros piensan en cuando estén en casa o cuando arriben al Polo. Yo prefiero aferrarme a este momento; para mí es la única manera de obtener fuerzas", escribía en su blog Margaux Mange, una joven soldado norteamericana que sufre daño neurológico permanente y depresión debido a una bomba que explotó cerca suyo en Bagdad.En esta etapa, Dominic West (el actor de la serie británica The Wire y al que todos apuntan como el más desordenado de la expedición) sobrellevaba los días escuchando a Metallica, mientras Harry jugaba con un iPod cargado de ritmos dubstep, su género electrónico favorito, y -dicen algunos miembros de la expedición- comía el contenido de los sobres de comida deshidratada como si fuera el menú de Nobu (su restaurante londinense favorito). "Además, cada noche llamaba a su novia Cressida -dice Emil- para asegurarle que se encontraba bien, en caso de que hubiera noticias dramáticas publicándose en el exterior, algo que ninguno de los que estábamos en el hielo sabíamos con seguridad".Los siguientes días de la expedición los completaron bajo cielos parcialmente despejados y con viento mínimo, pero en las últimas dos jornadas aparecieron nubes bajas. "Estamos a nueve kilómetros y medio de la meta. La visibilidad era casi nula, pero tipo 3 de la tarde las nubes se disiparon y pudimos ver la estación del Polo Sur. Nos detuvimos y nos quedamos extasiados por cerca de cinco minutos, mirando esta estructura, la primera construcción humana en tres semanas. Fue una experiencia surrealista", decía sobre ese momento el actor Alexander Skarsgard quien, comentan otros miembros de la expedición, resultó una sorpresa. "Podría haber hecho esta expedición solo -dice Emil-. Así de bien preparado estaba. Claro, es sueco. Ésa es una ventaja. Pero además trabajaba mucho y siempre quiso mantenerse fuera de los focos y evitaba ser centro de atención".Luego de ese avistamiento de la base polar, y cuando estaban tan cerca del fin, las nubes se cerraron nuevamente y tuvieron que armar campamento. A la mañana siguiente, algo más descansados, esquiarían las horas que faltaban hasta el hito final."Mañana a mediodía llegaremos al Polo", decía entonces el príncipe Harry en un video. "El viento ha calmado; todos estamos bastante cansados, pero logrando el ritmo que necesitamos ahora que ya estamos a punto de terminar".El viernes 13 de diciembre, los 21 expedicionarios llegaron juntos la meta. Había 27 grados Celsius bajo cero, y los rodeaba un cielo profundamente azul.Luego de recorrer la base estadounidense Amundsen-Scott y de acampar un par de días en las cercanías del asentamiento que Arctic Trucks tiene en el Polo Sur, esperaron a que el tiempo mejorara para ser recogidos por el Turbine DC-3 y volver así a la base rusa Novo.Tras otra noche de descanso, y bajo alerta de tormenta aproximándose, los expedicionarios se embarcaron en el Illushyn 76 que los llevó de regreso a Ciudad del Cabo.Desde ese lugar, Simon Daglish dice que Harry siempre pareció claramente más cómodo cuando estaba en el hielo que en Sudáfrica, "donde lo persiguen los paparazzi hasta cuando va de compras".LA EXPEDICIÓN TUVO 21 MIEMBROS, LA MAYORÍA EX SOLDADOS HERIDOS.

EN EL GRUPO DE APOYO IBA UN POLICÍA: ERA EL GUARDAESPALDAS DEL PRÍNCIPE.

 


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Foto:EMIL GRIMMSON


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