ARTES Y LETRAS

Domingo 11 de Abril de 2004

RANCHERAS Y CORRIDOS. Una moda de casi setenta años:
México lindo y querido

La ranchera del cine mexicano prendió con rapidez entre los campesinos y provincianos chilenos, quienes contaban con un cine que entendían fácilmente y que los identificaba socialmente. Así fue surgiendo una pasión en Chile por la música ranchera mexicana que dura hasta hoy.

JUAN PABLO GONZÁLEZ

Doctor en Musicología. P. Universidad Católica

El impacto causado por la música mexicana en Chile, fenómeno que recientemente ha alcanzado mayor visibilidad pública, es similar al ocurrido en otros países latinoamericanos, con la diferencia que en esta tierra el corrido y la ranchera han penetrado hasta la médula del folklore, compartiendo con la cueca y la tonada el repertorio de cantoras campesinas, y han hecho bailar por casi setenta años a vastos sectores de la población al ritmo de una música surgida a miles de kilómetros de distancia.

Antes de la década de 1930 México no contaba con una música que lo representara ante sí mismo y el mundo. Mientras el tango, la rumba y el foxtrot, invadían las radios, los cines y las pistas de baile de América Latina, lo que hoy día denominamos música mexicana no estaba totalmente definida como tal. La variedad y riqueza del folklore mexicano resultaba más un impedimento que un elemento facilitador para el desarrollo de un repertorio de representación nacional. ¿Por cuál género decidirse? ¿Qué región favorecer? ¿Qué difundir en las ciudades y qué irradiar a los campos?

El crecimiento del público urbano, alimentado por una cultura de masas ya consolidada antes de la gran depresión, requería de géneros desenvueltos y modernos, como el nuevo bolero de Agustín Lara, que fueran interpretados por artistas de voces refinadas y potentes, como Pedro Vargas o Juan Arvizu. Al mismo tiempo surgía un público rural y de inmigrantes urbanos de insospechadas dimensiones, el que unido por poderosas cadenas radiales y por una industria discográfica que llegaba a cada rincón del mundo, requería de un repertorio de expresión simple y directa, vinculado a valores tradicionales, y que manifestara la herencia campesina patriarcal
- con sus charros y rancheros- , en un momento en que México avanzaba claramente hacia su industrialización.

Estos requisitos fueron plenamente satisfechos por la canción ranchera, el corrido, y los grupos de mariachis, desarrollados de la mano de la pujante industria musical mexicana.

A diferencia del corrido, que era un género de raíces históricas y que poseía una existencia popular no mediatizada, la canción ranchera fue desarrollada en auditorios de radio, estudios de grabación y locales del Distrito Federal por los nuevos charros cantores y los grupos de mariachis, que sumaban dos trompetas a la tradicional formación jalisciense de violines, guitarras y guitarrón. Los mariachis - cuya etimología se debate entre el francés y el náhuatl- se constituyeron en emblema nacional no sólo por la enorme difusión que lograron con una industria musical y cinematográfica que apoyaba decididamente el género ranchero, sino por el renovado nacionalismo surgido durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), que nacionalizaba el petróleo de manos de compañías estadounidenses, con el consiguiente temor a una invasión. Si bien el mariachi modernizado eclipsaba otras tradiciones locales mexicanas, había que apoyarlo en virtud de la unidad nacional.

La locura desatada

La música ranchera constituyó el sustento central del pujante cine mexicano de fines de los años treinta, contribuyendo a fijar uno de los tipos característicos de la cinematografía mexicana: el charro cantor. Tito Guizar y José Mojica se destacarían en la década de 1930, Jorge Negrete a partir de los años cuarenta, y Miguel Aceves Mejías desde la década de 1950. Todos ellos llegaron a Chile en la cima de sus carreras. Negrete, por ejemplo, llegó a Santiago a mediados de 1946 - cambiando su caballo retinto por un avión Panagra, como dice la prensa de la época- , y fue recibido en andas en la Estación Mapocho luego de actuar en Viña del Mar, creando un tumulto que produjo destrozos, desmayos y heridos. La comitiva de periodistas, admiradoras, carabineros y curiosos tapizaron, como nunca, el centro de Santiago hasta llegar al Hotel Carrera. Por su parte, Aceves Mejías, a pesar de no ser un buen jinete, entró a caballo al escenario del Teatro Municipal de Iquique, cantando "Allá en el rancho grande", ante el incontenible delirio del público nortino.

El cine ranchero mexicano había logrado consolidarse con rapidez como género gracias al aporte artístico del teatro de revistas, fuertemente costumbrista, que le entregaba una forma, un contenido, y un elenco de actores y cantantes al nuevo medio. Su exitosa industrialización se produjo no sólo con el aporte del estado mexicano, que entendía el arte y la industria cultural como factor de identidad y cohesión nacional, sino que con la ayuda de Estados Unidos, que quería retribuir la cooperación prestada por México durante la Segunda Guerra Mundial, pretendiendo de paso alinearlo a su favor a comienzos de la Guerra Fría. Las propias compañías estadounidenses distribuyeron cine mexicano durante la guerra, permitiendo que la música mexicana y cubana, que era incluida en la vertiente urbana de estas producciones, llegara a casi todos los rincones del mundo.

La irrupción del cine mexicano en Chile comenzó en 1937 con el estreno de Allá en el Rancho Grande (1936), "película admirable que muestra las costumbres campesinas mexicanas parecidas a las chilenas", señala El Mercurio. Esta fue la película más vista en el país en 1937 según una encuesta de la revista Ercilla, llegando hasta Punta Arenas, lo que marcará la máxima expansión de la influencia mexicana en América. Por su parte, la revista Hoy señala que Allá en el Rancho Grande "ha enloquecido de entusiasmo a los chilenos, ha sido un gran éxito popular de masas; el público acude a verla varias veces". La canción central de la película, un corrido que le entrega su nombre al film, se mantuvo en la memoria del chileno hasta fines del siglo XX. La intensidad de su presencia se aprecia en un aviso que habría sido publicado en Santiago en los años "50" que dice: "Se necesita empleada doméstica que no cante Allá en el rancho grande".

Cine y ranchera

La temática ranchera del cine mexicano prendió con rapidez entre los sectores campesinos y provincianos chilenos, quienes contaban con un cine que entendían fácilmente y que los identificaba socialmente. Así fue surgiendo una pasión en Chile por la música ranchera mexicana, fenómeno que tuvo su impulso fundamental a fines de los años treinta, alimentando la imaginación y el sentir de amplios sectores de chilenos que pronto comenzarían a proveerse sus propios músicos rancheros locales.

La llegada de repertorio mexicano al campo chileno coincidía con la desaparición de géneros folklóricos que no lograban adaptarse a las nuevas sensibilidades impuestas por los ecos de la cultura de masas y su modernidad asociada. Sólo el fuerte arraigo nacional de la tonada y la cueca, y su exitosa incorporación a la industria musical chilena, les permitió sobrevivir a los embates de las músicas extranjeras. El deseo del chileno de acercar la música mexicana a su vida cotidiana y a sus ocasiones festivas, produjo la incorporación del corrido al repertorio de los dúos femeninos del campo y masculinos de la ciudad, y la aparición de solistas y conjuntos chilenos especializados en los estilos mariachi y norteño.

El dúo Bascuñán-Riquelme fue uno de los primeros dúos urbanos de tonadas y cuecas que sumó con naturalidad el corrido y la ranchera a su formación de acordeón y guitarras. Es así como en el corrido "Adiós huasita linda", grabado para Odeon en 1946, el dúo chileniza el corrido popular mexicano, incluyendo tópicos del campo chileno en la letra; introduciendo pun-teos de tonada; manteniendo una pronunciación campesina, y absteniéndose de emitir los característicos gritos en falsete en los interludios instrumentales a cada estrofa, práctica que constituye una acentuada marca de identidad mexicana. La primera cuarteta dice: Mañana dejo el fundo / en que tengo mi amor / me voy para Santiago / mandao por el patrón.

Los que sí gritarán a lo mero macho serán los conjuntos chilenos de música ranchera, que empiezan a aparecer en Santiago casi al mismo tiempo de la irrupción cinematográfica mexicana, sellando su definitiva alianza con México mediante el potente y ambiguo grito. Este es el caso de Los Queretanos, en actividad desde 1938, y Los Huastecos del Sur, que se destacarían durante la década de 1950 como los mejores exponentes chilenos del "cancionero azteca". Se trataba de cuartetos masculinos con guitarras, vestidos de charros, en una clara mexicanización de los tradicionales cuartetos de huasos chilenos. Se desempeñaron durante los años cuarenta principalmente como miembros de elencos de revistas musicales y de emisoras radiales, llegando a tener programas estables emitidos varias veces a la semana. Los conjuntos chilenos de charros grababan desde 1944 repertorio de películas mexicanas exhibidas en Chile, aprendido en muchos casos por sus integrantes asistiendo repetidamente a las funciones de cine.

La apropiación

También realizaban publicitados viajes a México para traer nuevo repertorio, lo que aumentaba su legitimidad frente al público nacional. A comienzos de la década de 1940 Radiomanía elegía el mejor conjunto mexicano del año, otorgándole el galardón de 1943 a Los Queretanos, mientras que Ecran destacaba la calidad y la permanencia en nuestro medio de este grupo, comparándolos con Los Quincheros y Los Provincianos. Ese mismo año, Los Queretanos habían grabado para Odeon los corridos de Manuel Esperón y Ernesto Cortázar "Ay, Jalisco no te rajes" y "Así se quiere en Jalisco", y en 1947 comenzarían a grabar con acompañamiento de mariachi. Junto a los conjuntos chilenos especializados en música mexicana, se destacó una cantante nacional, Guadalupe del Carmen - Esmeralda González Letelier- (1917-1987), que se inició en la vida artística en 1949 con un nombre que unía a las patronas de México y Chile; la Virgen de Guadalupe y la Virgen del Carmen. Comenzó interpretando canciones de Negrete, a quien admiraba y del que sabía todo su repertorio. Junto a los Hermanos Campos y a Jorge Landi realizaron extensas giras por el sur y el norte del país, que llegaban a incluir hasta ochenta ciudades y pueblos, presentándose como una compañía chileno-mexicana en teatros, auditorios de radios, boites y quintas de recreo. En sus presentaciones, mezclaban tonadas y cuecas con canciones rancheras y corridos de compositores mexicanos y chilenos. Este es el caso del corrido de Jorge Landi "Ofrenda", grabado en 1950, donde tanto los punteos de las guitarras de Los Hermanos Campos como la letra, ponen de manifiesto la temática de la tonada chilena mezclada con el corrido. Parte del estribillo dice: Y en su blanca cordillera/donde el cóndor se pasea/severo, alto allí flamea/ el emblema nacional.

Será a mediados de la década de 1970 cuando los estudiosos chilenos del folklore acepten la folklorización en Chile del repertorio llegado con la expansión de la industria cinematográfica y musical mexicana. El caso más destacado será el del corrido "Juan Charrasqueado" (1947) - versión popular de Juan Tenorio- del músico mexicano Víctor Cordero, ampliamente difundido en el país.


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Corría julio de 1946 y Santiago se volcaba a las calles para ver al mexicano. Hasta heridos hubo.
Corría julio de 1946 y Santiago se volcaba a las calles para ver al mexicano. Hasta heridos hubo.
Foto:"Jorge Negrete vuelve a Chile"


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