PORTADA

Lunes 29 de Mayo de 2000


Conejilla de Indias

Pionera de un proyecto norteamericano que persigue crear una fuerza de paz compuesta por artistas, Claudia Missana pasó tres meses en los manglares del Caribe guatemalteco. Su misión consistió en contribuir a la educación ambiental en esta aislada, pobre, desprotegida y maravillosa zona. Tierra sin ley, sin agua potable y sin un sinfín de elementos que atribuimos a la civilización, difícilmente se llega allí por casualidad.
TODAVIA guarda en la mirada los destellos de ese mar turquesamente insinuante, espolvoreado de palmeras y la sabrosa humedad de los manglares, selva flotante impenetrable. Guarda también impregnada la textura de la arena Caribe, de tanto caminar descalza entre las aldeas, así como la inquietante realidad de sus habitantes....

Lo único que le previnieron antes de partir fue "tienes que llevar muy claro un plan de trabajo, pero debes estar dispuesta a cambiarlo y/o a abandonarlo apenas llegues". No estuvo de más la advertencia, porque de no ser por su capacidad de adaptación a las más insólitas circunstancias, su creatividad, su tesón e incluso por su valentía, probablemente habría arrancado de vuelta a su casa a los pocos días de iniciada la misión.

Reclutada por una fundación estadounidense - New England Biolabs Foundation- , esta licenciada en Arte de la Universidad Católica sería la primera piedra de un proyecto tendiente a "volver más eficiente en el terreno" el trabajo de las organizaciones no gubernamentales, ONG. La idea apunta a mejorar la comunicación entre la población local y estas entidades dedicadas al desarrollo de sectores marginales, partiendo de la base de que los artistas, por su sensibilidad, se pueden convertir en "puentes culturales" entre ambas. Esta fundación persigue crear un contingente alternativo a las fuerzas de paz o Peace Corps y lo bautizaron ArtCorps. Claudia fue su conejilla de Indias.

Afortunadamente, ella es todo lo organizada y metódica que un artista no es. Se preparó mucho antes de partir a Guatemala, conversó con cuanta gente pudo para recolectar información sobre experiencias laborales en escenarios catastróficos. Eso fue capital para que el baldazo de agua no le cayera tan fría, pues ya a horas de su llegada a Puerto Barrios, ciudad situada a orillas del manglar, a 300 kilómetros de la capital guatemalteca, la situación tomó color de hormiga. Y en estos parajes hasta esos insectos son peligrosos.

El mandato inicial de su trabajo era apoyar a la asistente social y a la educadora ambiental de una ONG local llamada Fundación Mario Dary (Fundary), dedicada justamente a la conservación y protección de los ecosistemas. "En Guatemala las áreas naturales y bosques están en manos de las ONG, las que reciben financiamiento internacional y son fiscalizadas por una entidad gubernamental llamada Conap (Corporación Nacional de Areas Protegidas)".

Sin embargo, apenas trató de asumir su puesto laboral se dio cuenta de que no tenía con quién trabajar: la asistente social había sido despedida "ayer" y la educadora ambiental simplemente no existía. El jovencísimo coordinador de terreno no tenía idea a qué es lo que venía la artista chilena. Y cuando lo supo, no lo creyó.

Claudia se acordó por primera vez de la famosa advertencia, principio fundamental de su entrenamiento, que se realizó por completo vía Internet desde su casa-taller en Santiago. Como apretar el botón equivocado en plena era virtual y volver a las cavernas.

Mientras buscaba a diestra y siniestra inspiración para superar la crisis interna de la organización donde debía desenvolverse, a Claudia le tocó empezar a familiarizarse con el hábitat que la rodeaba.

Contaminación y Estampida

Puerto Barrios, estampa legendaria del Caribe donde se asienta la sede de esta ONG, constituye una bella "cloaca abierta". "Es preciosa, con palmeras, casas tipo Nueva Orleans y mar azulito, pero está completamente contaminada de basureros ilegales. Se trata en realidad de dos puertos en uno, donde hay cuatro calles pavimentadas y donde recalan buques de carga gigantescos, que canalizan las exportaciones bananeras de todo Guatemala y que tiran su basura al mar".

Como si fuera poco, un barco estaba dragando el puerto y arrojaba los sedimentos del fondo marino en una laguna de la zona protegida por Fundary, hecho que derivó en un pleito judicial que provocaría trágicas consecuencias en la zona. El día que el abogado de Conap, Erwin Ochoa, consiguió detener estas operaciones y mientras celebraba lo que creía ser su victoria en un restorán de Puerto Barrios, fue asesinado a tiros por desconocidos. Ochoa, quien llevaba una cuarentena de juicios contra depredadores ambientales en la zona, se transformó en el primer mártir de la conservación del manglar.

"El luchaba contra el mundo", cuenta Claudia Missana, que había salido a terreno con el abogado hacía unos días. Ella llevaba entonces apenas un mes en esta tierra de nadie y debió enfrentar los efectos de una descomunal estampida, porque en Barrios no quedó nadie. Se fueron todos los miembros de su fundación, así como la mayoría de las otras organizaciones que custodiaban el sigiloso y burlado manglar.

Por razones de seguridad, a ella la trasladaron de urgencia a Ciudad de Guatemala y durante los dos eternos días que pasó en el hotel tomó una determinación: volvería. Recién empezaba a tomar cuerpo el proyecto que estaba retejiendo y no estaba dispuesta a dejarlo botado. Había tomado contacto con la supervisora del Ministerio de Educación en la zona y realizaría talleres para niños y adultos en las escuelas de las aldeas de alrededores del manglar, en Punta de Manabique, área protegida por Fundary. No podía regresar a su casa con el alma repleta de anhelos insaldados.

Volvió y aprendió a cuidarse, de la misma forma que integró las "reglas de oro" para sobrevivir en el manglar: no bañarse en agua dulce, ni beber agua dulce, no consumir verduras crudas, usar repelente, dormir con mosquitero y nunca ir a meterse al "monte". Le llaman así a todo sitio donde la vegetación no deja ver con exactitud donde uno pisa. "Debajo de unas hojas secas, por ejemplo, es seguro que se esconde una serpiente", revela riendo, pues aprendió a dominar el terror que le producían.

De hecho, después de un tiempo adoptó el modo de andar de los lugareños, a pie pelado, y dice que poco a poco, rompió todas las reglas. Si no, nunca se hubiera vinculado con los habitantes de la forma que lo hizo, no podía pasar por sus vidas "como una gringa más". Y, como todos, se resignó a convertirse "en alimento básico de la infinidad de variedades de mosquitos".

- El manglar constituye uno de los ecosistemas de mayor diversidad en el mundo, pues se compone de bosques sobre el agua. Hay una efervescencia de vida sin igual, allí vienen a parir iguanas, caimanes, tortugas y un universo de pájaros. Uno puede convivir sanamente con los animales, sin cometer riesgos y respetando el código ético de la selva.
Este pantano se sitúa entre el mar Caribe y el continente, y en la franja de arena que los separa, que no tiene más de 50 metros de ancho, se han ido instalando unas chozas. Estas, progresivamente, han ido formando aldeas de reasentados, de refugiados, de gente que viene de otras partes sin nada entre las manos, sin una cultura a la que aferrarse. "Es un lugar sin ley", que además acuna operaciones de narcotráfico. Varias de estas aldeas fueron barridas por el "Mitch" y luego desempolvadas otra vez por un terremoto.
En cuatro de ellas trabajó Claudia y como era tan difícil el acceso, cuando salía a terreno, por lo general se quedaba cuatro o cinco días. La manera de desplazarse entre una aldea y otra era caminando por una playa cuyo romanticismo a veces yacía secuestrado por la basura. Con suerte, la llevaban en lancha o "trasmayo".

Una de estas aldeas, Río Dulce, constituye un inmenso y solitario orfanato.

- Es una aldea de niños abandonados, que ha sido rescatada por una organización admirable, cuya directora vive allí. Hacen un trabajo maravilloso, no me gustaría dar como imagen que todo en Guatemala es un caos, porque hay ejemplos, como éste, donde nunca vi una solidaridad igual. Realmente vale la pena el esfuerzo de ir a ayudar...

Además, recalca esta artista, en este país la gente aún se da el tiempo para detenerse a conversar en la calle con una persona, "por muy pobre que sea".

Murales Missana

Esta porfiada pionera de ArtCorps logró llevar hasta las aldeas diversos talleres tanto para niños como para adultos, donde combinó artes plásticas, educación ambiental y reciclaje. Realizó también un taller de artesanía con conchas de coco, que constituye una tradición semi-perdida de los garífonas, población nativa de la zona, negra y anglófona.

Y finalmente pudo llevar a cabo tal vez el único proyecto que traía en la mente desde Santiago: realizar murales en las escuelas con los niños. Claudia soñaba con llenar de colores y motivos esas grises paredes de concreto de escuelas construidas a veces con más amor que conocimiento, pues en algunas no se podían ni abrir las ventanas. Tampoco fue muy fácil.

"El cliché de que los niños son tan expresivos no se aplica a los pobres, al menos no a éstos. Eran tímidos y poco creativos", recuerda. Además, a muchos de ellos les habían inculcado que dibujar era copiar imágenes de libros.

Realizó con ellos sesiones de expresividad antes de emprender los proyectos del mural, en los que trabajó cuatro días completos y hasta con cuarenta y cinco indisciplinados niños guate-manglareños.

Por otra parte, abordar un proyecto con fines decorativos contravenía sus propios principios artísticos, porque la obra de Claudia Missana - tanto su pintura como sus instalaciones- es absolutamente conceptual. "Eso no significa que no pueda usar mi cerebro con otros fines", replica tocándose la cabeza.

Antes de enseñarles a los niños a dibujar sus animales, tuvo que partir por aprender ella misma, puesto que muchos de éstos no se encuentran en los ecosistemas chilenos. "Al dibujar, uno empieza a poder representar, que es muy importante, pues hace que uno logre cambiar su relación con el medio ambiente".

Se dio cuenta también que no podía ser muy teórica, ni usar la imaginería para desarrollar la creatividad, como acostumbra a hacerlo durante la actividad pedagógica que ejerce en Chile. Debió volver a lo más concreto: a la manipulación de los materiales. Estos los compraba en la ciudad y los trasladaba hasta las aldeas.

Además de los hermosos resultados obtenidos en estas obras eco-artísticas, "para todos fue una experiencia fantástica. Los niños lo pasaron regio y creo que se acordarán por mucho tiempo". Ella trató de no intervenir en las obras. Lo hizo sólo al final, para "darles un toque armónico, para que funcionen como un todo". Así, llevan su sello.

Otro de los clichés que se le desarmaron a Claudia durante este proyecto es que en los climas calurosos la gente es más sana. Falso. Cuando llueve en el trópico, sopla viento y la temperatura baja lo suficiente para que los niños padezcan enfermedades respiratorias crónicas. Missana debió oficiar de doctora, de veterinaria y de muchos otros menesteres. Aprendió a desparasitar, a entablillar, a tomar agua de lluvia o de manglar clorada y a comer tortillas con frijoles negros.

Aprendió también a pintar con una escoba, porque como en las escuelas no había escalas, así se las ingenió para llegar a las partes altas de las murallas. Creatividad no faltó en el concierto de necesidades.

Y para sus murales, terminó por encontrar en Puerto Barrios una pintura acrílica de exterior, altamente resistente a la corrosión del mar, de los huracanes y del olvido. Porque ella mantuvo siempre muy claro un anhelo en el horizonte: quería dejar algo tras de sí. Cumplió, contra viento, sol, balas, mosquitos y marea.

Marilú Ortiz de Rozas




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LO UNICO QUE le previnieron antes de partir a la artista Claudia Missana fue:
LO UNICO QUE le previnieron antes de partir a la artista Claudia Missana fue: "Tienes que llevar muy claro un plan de trabajo, pero debes estar dispuesta a cambiarlo y/o abandonarlo apenas llegues".
Foto:Carla Pinilla


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