DEPORTES

Domingo 14 de Mayo de 2000


Sergio Nichiporuk La historia de un hombre feliz

La vida del entrenador paraguayo de Santiago Morning no ha sido un lecho de rosas. El drama, los momentos oscuros y el sufrimiento han marcado una trayectoria que ya goza los primeros éxitos. Ganándose el respeto a punta de trabajo y éxitos, lo del ruso es un cuento que merece ser contado.
"Mi padre, Sergio, era ruso y mi madre, Anastasia, es ucraniana. Huyeron para no vivir la Segunda Guerra Mundial y junto a mi abuelo Nicolai se fueron a Paraguay. En la casa, aún hoy, hablamos todos en ruso, aunque ya me he olvidado casi todo ahora que llevo veinte años en Chile. Allá, cuando voy de vacaciones, me dicen el gringo, y acá sigo siendo un extranjero. Lo he sido siempre, y ya ni siquiera me llama la atención.

Fueron colonizadores en Itapúa, cerca de Encarnación, a 180 kilómetros de las cataratas y les costó muchísimo, porque era casi selva virgen, donde había que limpiar el terreno botando árboles para luego sembrar y criar el ganado. Una vida durísima, donde desde muy niño tuve que cosechar el algodón y hacer las tareas propias del campo.

Cuando iba a la escuela me empezó a gustar el fútbol. No era muy bueno para los estudios, pero a la pelota le daba duro. Soñaba con ser futbolista, porque el campo no me gustaba y quería salir del país. Pronto, a los 15 años, me metí al Paraná, un equipo de la ciudad donde mi papá era dirigente. Me llamaron a la selección de mi región donde me tomó un empresario que me llevó al club Nacional, de Asunción, en 1975.

Después pasé a San Lorenzo, también de la capital, donde jugué hasta que un día llegó Manuel Rodríguez Vega, que dirigía a Ñublense de Chillán, quien conversó conmigo después del partido. Me dijo que necesitaba un delantero centro para su club y sin pensarlo dos veces me vine a Chile en 1980.

Salí goleador del campeonato de Segunda División, por lo que me contrataron primero de Wanderers y luego de Iquique (donde fui goleador del Torneo de Apertura). Me contrataron desde el Mallorca de España donde salí campeón de la Segunda división y volví a Magallanes en 1984, para integrarme a ese equipo que jugó Copa Libertadores de América. Era la mejor etapa de mi carrera, sí señor, cuando vino la primera desgracia. Me fracturé de tibia y peroné.

Yo tuve mala suerte como futbolista, porque cada vez que parecía que mi carrera tomaba vuelo, venía algo que me frenaba. Tras pasar un año recuperándome, me lesioné de nuevo. Recién pude volver a fines del '86 en La Serena, donde jugué algunos meses antes de irme al Atlante de México. Me fue bien, pero volví a Lota Schwager, que tenía buen equipo ese año, pero apenas llegado me fracturé una costilla y, cuando recién tenía 30 años, decidí retirarme. Me fui del fútbol, amargado porque siempre pensé que pude dar más de lo que finalmente dí".

El empresario

"Me compré una micro en Concepción para ser empresario, pero yo quería seguir ligado al fútbol. Vine a Santiago para seguir los cursos de iniciador y monitor y es allí cuando Roberto Hernández me invita a trabajar en Municipal Las Condes.

Me tuve que traer la micro, pero al comienzo fue difícil porque Roberto no sólo me pidió que lo ayudara con el primer equipo, sino que además con la escuela de fútbol y que jugara los domingos.

Trabajaba como enfermo. Dormía dos o tres horas diarias. Me levantaba a las cuatro de la mañana para tomar postura con la máquina. Salía a las cinco y cuarto y a eso de las once u once y media cambiaba el turno con el chofer y cargaba petróleo. El resto del día trabajaba en la cancha con el Municipal o la Escuela de Fútbol. En la noche esperaba que llegara la micro y le cambiaba el aceite para ahorrar o le regulaba los frenos. Me dormía a la una o dos de la mañana y al rato ya estaba levantado de nuevo.

Fueron tres años de sacrificio duro. Por eso hoy, cuando se habla de trabajo, nadie me puede dar clases, porque la vida es difícil y hay que ponerle el hombro para dejar de ser un mediocre. Hoy tengo tres máquinas y una casa, gracias a lo que hice en esos años".

El entrenador

"Fue ahí donde decidí independizarme, porque Roberto se fue a La Serena. Me fui a Cuarta División, a dirigir a Santa Cruz de Peñalolén, donde fui considerado el mejor entrenador de la serie. No teníamos cancha de entrenamiento, así es que teníamos que correr alrededor de una piscina en el parque para prepararnos.

Volví a Municipal Las Condes, a la Tercera División, donde ganamos todo, pese a que tuvimos problemas serios porque los dirigentes armaron un plantel muy grande y después no pudieron asumir los costos. Muy poca gente dio la cara, pero llegamos a la liguilla en Linares y, pese a que la perdimos, otra vez me eligieron el mejor entrenador.

En 1995 llegué a Cobresal y me fue muy bien. Estuvimos a un punto de ser campeones porque en Arica teníamos que ganar y sólo empatamos, por lo que el ascenso directo fue para Audax y Wanderers. En 1996 debimos subir, pero nos quitaron tres puntos por secretaría y en la liguilla otra vez no pudimos.

Me fui a Concepción, en la Primera División donde salí cuarto en el Apertura, con una plantilla muy baja. Pero me gustaba el desafío y acepté. Pudo habernos ido mejor, pero me vino el drama personal".

La pena honda

"Me nació una niña con síndrome de Down y otra se me murió sorpresivamente. Estuve muy mal, muy mal. Me quedé sin motivación, me costaba todo. Debo ser honesto y decir que la vida me importaba poco, que abandoné la actividad. En el torneo de Clausura logramos salvarnos apenas.

Yo sabía que no podía seguir, que no estaba bien, pero me llamó Ricardo Sobarzo, el presidente de Cobresal, para decirme que la tercera iba a ser la vencida. Honestamente, no tenía otra posibilidad en la vida. Estaba metido en la fase más negra de mi existencia y me fui de inmediato a una ciudad que conocía y a un club que quería mucho.

En 1998 subimos y debo decirle que fue la alegría más grande de toda mi vida. Fuimos campeones y lográbamos un objetivo que era perseguido con fervor por la gente. Nadie quiere ir a El Salvador y mantenerse en el profesionalismo cuesta mucho. Por eso se valoró tanto esa conquista que, desgraciadamente, se esfumó al año siguiente.

De repente hubo momentos muy amargos. De mucha soledad. Noches que parecían interminables e increíblemente tristes. Me quería ir porque todo lo que me rodeaba era dramático. A eso se sumó la enfermedad de mi padre, en Paraguay, a quien tuve que acompañar en sus últimos días y a eso se sumaron algunos problemas con el plantel y decidí irme. Partir. No quiero hablar más de eso porque es una etapa muy dolorosa en lo personal y lo profesional, pero el club finalmente se fue a Segunda después de una primera rueda muy buena y yo, tras el fallecimiento de mi padre, retorné a La Serena pensando que se venía un receso largo".

El presente

"Ahora siento que mi vida está empezando. Me faltaba llegar a Santiago Morning. Siempre le decía a mis jugadores que con un mes en Santiago ya me habían entrevistado más veces que los cuatro años en El Salvador.

Me siento valorado y se me respeta el trabajo. No quiero agrandarme pero creo que soy diferente, privilegio la labor con balón, evito el tedio de mis jugadores. Cada uno tiene su libro y no me gusta subir cerros, correr por la playa o darle vueltas a la cancha. Hay que enfatizar el control dirigido, los aspectos específicos, para que no se diga que no hay laterales volantes que finalicen bien la jugada o volantes que no saben rematar. Esto es fútbol profesional, hay que rendir y todavía hay que enseñarles a cabecear a muchos jugadores. Hay algunos que no saben lo que es parietal derecho o meter un buen centro. Y no es culpa de los jugadores o de mis colegas en las inferiores, sino de las condiciones en que trabajan.

Tengo siete canchas en El Barrancón, ochenta pelotas, seis arcos portátiles y me dan ganas de trabajar. A mis jugadores los quieren de los grandes equipos y pudimos perfectamente ganar la final del torneo Apertura, pero nos faltó un poquito contra la U. ¿Sabe cuál es la diferencia? Nosotros tenemos un médico que llega solamente al camarín. No tenemos un kinesiólogo trabajando todos los días y recuperando a mis jugadores. Ellos tienen diez médicos y dos o tres preparadores físicos. Tienen ayudante de campo, dos o tres masajistas, y nosotros no. Una lesión a ellos les dura veinte días, pero en el Chago dura dos meses.

A Concepción vamos en bus, ellos en avión. Tienen más plantel y lo concentran cada vez que es necesario. Nosotros nos concentramos para la final, en un hotel de tres estrellas, pero ya para el domingo no nos alcanza.

Igual se puede. Yo creo que igual se puede. ¿Sabe por qué? Porque mientras más cuesta más se valora. Y algún día habrá la estabilidad necesaria para que nos concentremos exclusivamente en lo que nos interesa: el fútbol. Trabajando tranquilos. Eso es lo fundamental, señor. Trabajar tranquilo".

Por Aldo Schiappacasse

"No soy un dictador"

Era difícil apostar por Santiago Morning a comienzos de temporada, Sergio.

"Se fueron trece jugadores de Santiago Morning. Y muy importantes. Pero no me asusté, porque escogí bien a los reemplazantes. Había mucha gente buena en el club y los que llegaron estaban picados y se adaptaron muy bien".

Sí, picados, pero en varios casos complicados de manejar también.

"Todos me preguntaban cómo iba a controlar a Carreño y a Tejas, pero conversé con ellos y me considero el jefe, pero un jefe que conversa. Yo no soy un dictador, porque creo en la comunicación con los jugadores. He llevado muy bien al grupo porque creo que cuando la gente se cae y tiene el deseo de levantarse, hay que darle una oportunidad. Hasta ahora no me he equivocado".

Pero en Cobresal da la impresión que tuvo conflictos con algunos jugadores.

"Se dijeron muchas cosas, Cobresal está en Segunda y no me gustaría volver a hablar después de un año. Hubo situaciones personales propias que también afectaron y no me gustaría ser injusto. A la distancia puedo decir que me llevé muy bien con los muchachos y si algo pasó está en el olvido".

Defíname el fútbol de Nichiporuk.

"Siempre he jugado con tres al fondo, marcando en zona, con laterales que desbordan. Puedo variar de acuerdo a los jugadores, pero generalmente cuando armo un equipo lo hago de esa manera".

¿Y hay laterales volantes en Chile?

"Hay. Incluso algunos con futuro. ¿Has visto jugar a Andrés Oroz? Es muy bueno y va a apurar a Ibarra. Mira, si se van los muchachos que tienen ofertas (Ferrero, Ibarra, Reyes) ya tengo los reemplazantes. En Chile hay alternativas interesantes. El mismo Luis Guajardo, que hoy es suplente en Colo Colo, puede ser un lateral volante muy interesante para la selección. Contra Perú pusieron a Maldonado, que no es muy hábil ni decidido a ir al ataque. Y por el otro lado a Francisco Rojas, que tampoco fue buena alternativa. Pero eso, claro, dependerá del técnico que esté a cargo de la selección".

¿Usted es "acostista"?

"No. Yo me asemejo más a Roberto Hernández. Trabajé mucho tiempo con él y somos muy amigos. Me gusta más su estilo, pese a que no tuvo la suerte necesaria en la U. En todo caso de todos los técnicos que tuve saqué algo".

Una de las mayores satisfacciones del técnico autobusero esta temporada ha sido eliminar a Universidad Católica en el Apertura.





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Sergio Nichiporuk:
Sergio Nichiporuk: "Cuando se habla de trabajo, nadie me puede dar clases, porque la vida es difícil y hay que ponerle el hombro para dejar de ser un mediocre".
Foto: Gaston Acuña


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