REVISTA DE LIBROS

Domingo 15 de Mayo de 2011

 
El libro que Luis Oyarzún merece

Camilo Marks Los críticos literarios se equivocan con frecuencia, sobre todo cuando juzgan a sus contemporáneos y, muy en especial, si estos contemporáneos son nacionales. Y una de las peores falencias en las que caen consiste en clasificar o categorizar: el mejor, el máximo o, a contrario sensu , una desilusión, un fracaso. Sin embargo, a 40 años de su muerte, no es arriesgado decir que Luis Oyarzún fue, si no el intelectual más profundo y brillante del siglo XX en Chile, uno de los pocos humanistas de este país, un hombre que aspiraba a la totalidad. Poeta, narrador, ensayista, naturalista, historiador, decano universitario, Oyarzún ha pasado a ser una de las figuras centrales de la cultura chilena. Tampoco resulta atrevido expresar que, si hay alguien calificado para reflexionar en torno a la vida y obra del pensador, ese alguien es el académico y escritor Roberto Hozven.

Escritura de alta tensión (Catalonia, 276 páginas, $12.530), subtitulada "Desafío de Luis Oyarzún", es el estudio más exhaustivo, inteligente, apasionado que se ha concebido acerca de ese excepcional hombre de letras. La tarea fue larga -10 años- y ardua, ya que el corpus que dejó Oyarzún es enorme. Más difícil aún debe haber sido plasmar, con claridad y elegancia, un material tan heterogéneo, híbrido, diverso; Hozven, poseedor de una vasta formación, que abarca desde el pensamiento y la literatura clásicos, hasta las corrientes estéticas y filosóficas actuales, pudo haber escrito un libro para especialistas, algo indigesto. Escritura... no tiene nada de eso. Desde luego, estamos ante un texto exigente, para lectores de cierta preparación, pero ello corresponde a la persona que está tratando y a los temas que van surgiendo. En otras palabras, este es el ensayo que hace mucho tiempo Luis Oyarzún merecía.

Sería absolutamente imposible y torpe intentar resumir en este espacio una visión multifacética y complejísima -la de Oyarzún-, manifestada en un trabajo que, en la práctica, no deja sin examinar una sola de las facetas de esa visión. La intimidad y el conocimiento cabal de Hozven se revelan en cada capítulo, en cada página, en cada párrafo de su libro. De esta manera, las citas son ineludibles y hay tantas y de tantas clases que si bien puede ser tentador transcribirlas, también podría ser simplificador y peligroso, ya que todo es citable, nada es superfluo. Asimismo, Hozven relaciona el legado de Oyarzún con Platón, San Agustín, Kant, Freud, Lacan, Althusser, Kafka, Barthes, Benveniste y muchísimos más, de modo que cualquier esfuerzo por reducir semejante bibliografía está condenado a la trivialidad. Hozven también opina, y vaya que sí lo hace, con agudos alcances sobre las decenas de materias que aborda Oyarzún: los políticos y deportistas, las maldades de Chile, los escritores ideológicos, la magnificencia de Gabriela Mistral, el egocentrismo de Neruda y otra riquísima multiplicidad de tópicos. El producto final es una urdimbre densa, lúcida, desafiante, donde el lugar común parece desterrado, la curiosidad es constante, el espíritu cuestionador nos acecha en un vertiginoso tour de force de erudición y sentido común. Hozven detenta una capacidad de asociación admirable, y quizá sin ella Escritura... habría sido un volumen de calidad, aunque bastante más pobre.

Un aspecto interesante del tratamiento que Hozven brinda a Oyarzún reside en la disposición a considerar todos sus escritos dentro de un mismo orden jerárquico, vale decir, los poemas o prosas autobiográficas ocupan el mismo sitio que las notas sobre lo americano, el arte moderno, Teresa Wilms Montt, etc. Inevitablemente, hay tres títulos que aparecen más seguido: Temas de la cultura chilena , Meditaciones estéticas , y el monumental Diario íntimo , "que coopta los tres criterios de excelencia que Harold Bloom le exige a lo que enseña: esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría". Con todo, los versos juveniles, los discursos, las sofisticadas elaboraciones o cualquier divagación ocasional exhiben idéntico rango y ello se explica, tal vez, por el propósito unitario y coherente de este singular tomo.

Otro rasgo distintivo de Escritura... es la reiteración de cosas que ya se han dicho, siempre bajo nuevos ángulos, mientras avanzamos en la aventura moral y filosófica de conocer, según la mirada de Hozven, la trayectoria de Luis Oyarzún. Ella devela su esencia en la máxima de Leonardo da Vinci, varias veces aludida: saber ver. O en lo que para Jorge Millas fueron las dos pasiones de este maestro: ver y ser.

 


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