REVISTA YA

Martes 11 de Enero de 2000


Al borde de lo desconocido

Andrea Freund está a full entre su papel de profesora en "Romané" (TVN), el próximo estreno de su primera película ("Angel negro") y la obra sobre Víctor Jara, que hoy y mañana la tendrá sobre el escenario del Teatro a Mil. La actriz cree en eso de que los círculos se abren y se cierran, y que cuando uno se lo propone las cosas resultan. Dejó de lado la danza para meterse en otra tribu, la de los actores, donde lleva seis años "capeando la ola", como le llama.
Por Pilar Segovia I.
Fotografías: Carla Pinilla

Cuando decidí que iba a estudiar teatro, mi papá me dijo: uno elige los caminos y el tuyo no es el más fácil. Y tenía razón, porque es difícil ganar dinero, hacerse un espacio en la sociedad, que te reconozcan y, además, te estás probando todo el tiempo. Bueno, pero sabía que, a pesar de todo eso, tenía que elegir lo que quería.

La actriz Andrea Freund (31) cuando habla, da la impresión de que por su cabeza las dudas estuvieran desterradas. Quizás porque lo suyo ha sido un constante decidir desde muy temprano. Como cuando a fines del 73, con sólo 6 años, estaba sentada sobre un sofá frente a sus padres - que ya se habían separado "en muy buena onda", cuando ella tenía dos- y le preguntaron si quería partir a España junto con su mamá o prefería quedarse con el papá en Chile.

Ellos deben haber tenido la cuestión más o menos decidida, pero igual querían saber qué me pasaba a mí..., y yo, muy seria, decidí irme.

- ¿Qué recuerdas de ese tránsito a España?

- Nos fuimos en barco, fue un viaje maravilloso, precioso. Fue el último buque que salió de Valparaíso en 1973. No me acuerdo quiénes iban, sólo que me acompañaban mi mamá, su pareja, mi hermano y mi nana mapuche, la Juana. Recuerdo, también, cuando pasamos por el Canal de Panamá, que estuvimos la Pascua y el Año Nuevo arriba. Un mes duró ese viaje... Si tuviera el tiempo, feliz lo haría de nuevo.

- ¿No sentiste pena?

- Fue bonito pero nostálgico, porque de alguna manera acá se quedaba mi papá, con todo el resto de mi familia paterna. A pesar de que ya no vivía con él, fue heavy.

- ¿Y tenías alguna idea de lo que significaba irse?

- ¡Ninguna! Era una mocosa. Pero sí me gustaba la idea de viajar en barco y no quería separarme de mi mamá porque siempre había vivido con ella y era mi casa, mi hogar, todo mi cuento... Aunque también era duro separarme de mi papá porque era muy regalona de él. Viví cuatro años en Barcelona. Al principio me costó integrarme en el colegio, entonces me cambiaron a uno que quedaba a la vuelta de la esquina. Y ahí, como una catalana más, me levantaba en la mañana, hacía mis cosas, pasaba a dejar a mi hermano al jardín. Uno está tan aislado en Chile que ese cambio tan rechica fue importante, me di cuenta de que las cosas eran muy distintas, me pegué una madurá grande y positiva. Tenía mis amigos, los del barrio... No he vuelto y tengo muchas ganas de hacerlo.

- Entonces, ¿regresar fue difícil?

- No me entusiasmaba venir para siempre, pero sí tenía ganas de volver. Mi papá se había casado y había nacido una hermana que quería conocer. Volví, entonces, a la Alianza Francesa, donde estudié antes de irme. Igual me integré, pero no fue una cosa ¡uuups! No, para nada.

- Mucha gente dice que cuando deja el lugar de la infancia y regresa después es como si a un puzzle le faltara una pieza...

- Tengo muy claro que mi historia sería muy distinta si me hubiera quedado. En todo sentido. Por ejemplo, hasta ese minuto yo era una niñita muy enfermiza, que pasaba siempre en cama con vapores y esas cosas, y el hecho de cambiar de clima terminó con mi asma y toda esa tontera. Por otro lado, aquí uno está con la nana para arriba y para abajo, los niños se instalan a ver televisión, es muy cómodo. Allá, a los seis años ya ayudaba a cocinar. Uno se integra a la sociedad de una manera más real. En Chile estás en una especie de globo o cajita protegida. Entonces, vivir en Barcelona fue madurar y darme cuenta de que las cosas iban para otro lado.

- ¿Qué metas tenías al estudiar teatro?

- Venía de tener un ritmo muy exigente en la Alianza, incluso me había preparado para dar la prueba de aptitud francesa y estaba con un nivel de estrés feroz. Cuando entré a la escuela, que era un poquito al lote, como son las universidades donde nadie te dice nada, entonces me sentía un poquito como chancho en misa, pero de a poco me fui integrando y con el tiempo me he dado cuenta de que fue rebueno estar ahí porque aprendí a tomar las armas por mí misma y en el momento en que estaba decidida a tomarlas. En esa época alegaba por todo, que faltaba esto y lo otro, que la disciplina, que los profesores llegaban tarde, que los alumnos interrumpían las clases... Disciplina que es fundamental después, para hacer teatro o televisión.

- Mientras estudiabas, ¿nunca dudaste?

- Dudé, pero después me daba cuenta de que esto era lo que estaba buscando. Cuando volví de España estudié mucho tiempo danza clásica, en la Escuela Moderna de Música con María Elena Aránguiz; después, moderna con Joan Turner y Graham con Elisa Garrido...

- Entonces, ¿por qué no fuiste bailarina?

- Eso era lo que la Joan (Turner) quería. Es que tengo un rollo con el talento. En general no me encuentro muy talentosa y para la danza hay que tener una aptitud a otro nivel. Claro, podría haber sido coreógrafa, hay miles de posibilidades y lo sé, pero me dio susto. Se me produjo un terror con la danza, la dejé y después no bailé nunca más. Cuando hicimos la obra sobre Víctor Jara ("La ventana que busca la luz") tuve que volver al training con la propia Joan, que fue una emoción muy grande porque con eso cerré el círculo.

- Cambiaste la danza por el teatro.

- Sentía que en el teatro podía aportar más, junto con crecer y armar mi cuento. De hecho mi sueño es tener una compañía y mi gente con la cual tener un teatrito. Además que en esto hay un trabajo con la emoción. Puede ser que mi autocrítica haya sido muy alta, pero es que encuentro que si uno hace algo tiene que tratar de hacerlo genial.

- ¿Qué pasó cuando terminaste de estudiar?

- Ahí entré a la televisión. Pero mi idea no era la tele y no porque la rechazara, sino porque en ese tiempo sólo los grandes actores hacían televisión. No era la meta de un egresado. Creo que uno está tan confundida cuando entra a una carrera como cuando sale. En esa época trabajé en una obrita, tenía ganas de hacer teatro, de irme a Francia, pero mi pareja no quería irse, después tuve a mi hija y ahí me quedé. Además, en ese momento me llamaron de la tele. Todo muy rápido.

- ¿Cómo fue tener a tu hija?

- La etapa del embarazo fue una de mis mejores épocas. Estaba feliz, me sentía plena. Tenía ganas de tener un hijo.

- Cuando ella nació, ¿te cambiaron las estructuras?

- Todas. La Amalia es el cable a tierra. Está claro que si ella no hubiera nacido me habría ido y lo más probable es que no estaría haciendo televisión. A lo mejor estaría en otro lado haciendo performances, videos, no tengo idea...

- ¿Qué sabor de boca te han dejado estos seis años haciendo teleseries?

- Los he tenido muy amargos, otros más salados y dulces y, en este momento, tengo un sabor muy dulce. La tele para mí es como hacer gimnasia, es permanente, te estás ventilando todo el tiempo, transpiras igual, tienes que estar con las antenas listas, aprenderte textos, la emoción, actuar, con nuevos compañeros y nuevos papeles. En teatro es distinto. Como no he hecho mucho, cuando lo hago me ha tomado mucho tiempo. Es un proceso.

- ¿Te operaste de ese nervio de estar exigiéndole a este género más de lo que es?

- Yo no he tenido mucho ese rollo y nunca he estado muy de acuerdo con eso. La teleserie es la teleserie y ubiquémonos. Si no, hagamos cine, teatro, cosas experimentales, y para eso, como actor, uno tiene un amplio abanico de posibilidades donde elegir. Ahora, en mi caso, yo elijo hacer de todo. Hago las performances con Vicente Ruiz, hago cine (en marzo o abril se estrena mi primer largometraje, "Angel negro"), he hecho cortos, mediometraje y publicidad para tiendas de ropa, helados y esas cosas...

- Después de muchos años en el Canal 13 ahora llegaste a TVN, ¿cómo fue el cambio?

- Uno tiene su corazoncito, pero renovarse es necesario. En este caso, no tenía pega segura en el 13. En TVN me llamaron ofreciéndome un contrato y un personaje concreto. Cuando lo hicieron estaba súper orgullosa, contenta y agradecida de que se fijaran en una, en que igual hay una trayectoria, con varias teleseries al hombro. No fue nada a la fuerza.

- ¿Crees que las cosas se dan?

- De repente, hay gente que dice que soy muy echá porque no he hecho mucho teatro y no sé qué, que tenía una actitud media despectiva. Quizás puedo haber tenido una actitud medio inmadura en algún momento, pero reconozco que ahora no tengo nada de eso. Al contrario, no estoy esperando que las cosas me lleguen, me la juego y trabajo por ellas.

- ¿Y en el amor?

- Estoy bien. Me separé a comienzos del año pasado. Ahora estoy feliz, pero no sola.

- ¿Felizmente acompañada...?

- Pero no quiero hablar nada.

- ¿Y has pensado en más hijos?

- No sé, es difícil. La Amalia, que ahora tiene seis años, quiere tener un hermano y jura que eso sería como tener una muñeca. Yo le digo que se va a poner celosa... Pero nada es tan fácil. Aunque cada vez uno está más flexible, más madura, soltándose.

- ¿Te gusta estar en pareja?

- Sí, me gusta. Estuve mucho tiempo sola mientras estudiaba en la Escuela de Teatro. Después conocí al papá de la Amalia, me emparejé y estuve enamorá, enamorá, enamorá, hasta que tuve a mi hija. Luego me separé, estuve sola un año y me volví a casar, ahora me separé y no estoy sola (sonríe otra vez). Ahora estoy contenta y retranquila. El año que pasó fue un año borroso, donde las cosas no cuajaron, donde todo lo que no tenía que ser no fue y en mi relación de pareja, con mi ex marido, pasó eso. A lo mejor puedes alargar y alargar las cosas, pasándolo mal, y seguir así toda una vida o tomar el riesgo y reconocer que uno realmente no está bien, no está cómoda o la pareja no está retroalimentándose, que es fundamental. Esta separación fue bien valiente para mí. Tuvo su lado bien heavy, pero no me arrepiento.

- ¿Qué te angustia?

- Lo desconocido, pero es bien loco porque manejo la angustia. Es como un juego que tengo. Me angustia, pero siempre estoy ahí, al borde de lo desconocido. De hecho elegí esta pega que es súper incierta y tomo decisiones en mi vida que a veces pueden parecer aló, ¿Moscú?

- ¿Cuál ha sido la decisión más loca hasta ahora?

- Esta última separación fue con harto riesgo. Había mucha gente involucrada y, en ese sentido, fue valiente y sufrida.

- ¿Cómo te relacionas con la pena y la rabia?

- Las enfrento no más. Lloro y lloro y lloro. En general, lloro y despotrico. Y, bueno, voy al sicólogo. Pero también me voy a la playa, me evado, camino, trato de estar sola, pienso, escribo, le doy cuatrocientas vueltas al cuento. Me machaco un rato, no olvido las cosas, las dejo guardadas. Y tampoco las ando sacando a cada rato, no soy vengativa. Diría que, como buena actriz, las guardo en mi memoria emotiva.

- Se te ve muy feliz.

- Ahora estoy muy bien, contenta, ¿qué más pedir? Tenía muchas ganas de cambiarme a TVN. Estoy trabajando con un muy buen equipo, entretenida, con mi proyecto de teatro y otros más. Uno siempre se queja, porque es parte de la esencia humana, pero estoy tranquila y agradecida.

- ¿De qué proyectos hablas?

- Ahora lo que me toma más tiempo son los viajes al norte con la teleserie, pero estoy retomando las funciones de la obra de Víctor Jara en el Teatro a Mil (hoy y mañana en la Estación Mapocho, a las 20.00 horas), junto a otras funciones durante este mes. Además, hay posibilidades de viajar y está el estreno de la película "Angel negro", que también me da un poco de nervio. Allí soy Carolina, parte de un triángulo junto a Blanca Lewin y Alvaro Morales. Es la primera película chilena de terror y también mi primera actuación en un largometraje.

- ¿Actuando es cuando mejor te sientes?

- Es como apretar un switch. En el escenario me olvido de que estoy yo ahí, empiezo a crear y me transformo en el personaje. Es como sentirse en pelotas arriba del escenario e irse vistiendo poco a poco, con distintas cosas que le vas inventando al personaje. Es como ir tocando una partitura, ir apretando teclas y vas armando algo. Lo paso muy bien. Ahora en "Romané" (la próxima teleserie de TVN) soy Rosario, la profesora del pueblo de Mejillones, y con el Pancho Melo sufro un poco.

- ¿Qué cosas definen tu carácter?

- Diría que soy dominante, mal genio, pero simpática y divertida, también. Igual de repente soy chispita, tengo mis momentos. No sé lo que me pone mal genio, si supiera lo cambiaría. Mis amigos dicen que soy bastante oreja y cuando la gente está mal soy la primera en estar ahí, apoyando. También soy bastante analítica, aconsejo y soy bien asertiva con los otros. Pero con uno, eso es más difícil.

- Desde tu lado racional, ¿cómo manejas la belleza?

- Es algo que no pesco.

- Leí que decían que eras la Kurt Cobain femenina...

- Willy Semler me lo decía, porque la ropa no me preocupa mucho. Hoy me puse este vestido porque me lo regaló un amigo que quiero mucho. Siempre ando con pantalones sueltos, poleras, zapatillas, hecha un desastre; de repente ando con unas túnicas y cosas muy raras. Cuando era chica recuerdo que mi mamá decía: no le digan que es bonita, no le digan... Entonces no tengo ese rollo. Además, que mi look no es para mí el prototipo de belleza. Aunque no soy malagradecida ni tampoco ando explotándome. Me gustaría hacerlo algún día como una humorada. Nunca ando ajustada, no me hallo... Ahí me pongo mal genio.

- Tu carrera ha sido como de bajo perfil, no andas robando cámara...

- ¡No!, es que soy súper pudorosa, me puede salir urticaria. Cuando veo a alguien en esa actitud, me escondo debajo de la mesa...

- ¿Y cómo enfrentarías la sobreexposición que implica hacer un papel protagónico?

- La sobreexposición a estas alturas no es tanta. Además que si uno nunca lo ha vivido puede ser, pero si llevas ya cierto rato capeando la ola es fácil. Uno está arriba de una tabla y, claro, me puedo pegar un porrazo, pero me pararé y seguiré capeándola. Mi vida seguirá igual de tranquila. Creo que estaría feliz, sólo sería más pega y más plata.


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Foto:Carla Pinilla


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