VIDACTUAL

Sábado 20 de Agosto de 2011

Viajeros de profesión:
Los que no pueden parar de conocer nuevos lugares

Son profesionales jóvenes, sin miedo a lo desconocido y ávidos de nuevas experiencias. Ellos se toman meses para planificar sus aventuras y cuando vuelven ya tienen la cabeza en el siguiente viaje. Lorena Guzmán H.  
 "Tengo una carta de vida de viajes y en mi lista hay 10 destinos en espera", dice Karin Ioannidis, abogada de 35 años. Ella es parte de un grupo que crece cada día más: los viajeros profesionales. Esos que planean su vida en torno al próximo destino.

"Siempre estoy leyendo libros de viajes y termino obsesionada con una cultura -dice-. El siguiente será a Turquía y Turkmenistán".

Con padres viajeros, familia paterna en Grecia y muchos amigos fuera de Chile, para Karin lo normal es conocer cuánto se pueda. "Mis papás siempre fueron fomentadores de los viajes porque los ven como una inversión. Se trata de algo que no se aprende en los libros ni en la teoría; la tolerancia y el conocimiento de otras culturas pasa por sensaciones y no por lo que te cuenten", opina.

El ingeniero Gonzalo Donoso Quiroga (34) comparte su visón sobre los detalles. Son demasiadas las cosas buenas, "desde comer algo rico con un sabor único hasta estar en la cima de alguna montaña", dice. "En Nepal me puse a conversar con una abuelita en una montaña, no nos entendimos nada, pero nos reímos harto", cuenta.

Todo se trata de momentos. "Cuando tenía 7 años fui con mis padres a Nueva York y a Miami", recuerda el periodista Juan Francisco Riumalló (31). "El primer gran recuerdo que tengo es de mi padre patinando en el Rockefeller Center". Eso, asegura, marcó su ruta viajera.

La elección de los destinos tiene que ver no sólo con búsquedas, también con aficiones. "Por meses estuve levantándome a las 5 de la mañana para llamar a Grecia y conseguir un permiso para ir al monte Athos, un lugar lleno de monasterios ortodoxos", cuenta Juan Francisco. Ahí hay una gran fuente de íconos, pinturas religiosas, una de las fascinaciones del periodista. Finalmente, la perseverancia rindió frutos y el permiso llegó.

Junto a un amigo logró entrar a distintos monasterios hasta que los monjes descubrieron que eran católicos. "Nos echaron, pero un monje de otro monasterio nos acogió. Vivimos como ellos, sin luz, sin agua caliente y levantándonos a rezar a las 3 de la mañana. Fue una experiencia increíble", recuerda.

Dejar todo atrás

"Lo más extremo que he hecho fue renunciar a mi trabajo de siete años y tomarme un año sabático -cuenta Karin-. Recorrí Chile, fui a Bolivia y pasé un mes y medio en Nepal e India". Pero antes de eso había pasado varias semanas en África, "recorriendo en camión y durmiendo en carpa. Los guías eran de Zimbawe y fue increíble porque pudimos conocer la cultura mucho mejor".

Finalmente, dice, se trata de la búsqueda "de tu lugar en el mundo y de tomar lo mejor de cada lugar para sí". Un pequeño ejemplo, cuenta, fue la promesa después de su visita a India de nunca más ponerse de mal humor por estar en un taco; "¡efectivamente no lo hago!", asegura entre risas.

Juan Francisco confiesa que para él viajar también es casi una obsesión. "Es esa necesidad de conocer y, al mismo tiempo, de hacer un paréntesis en tu vida".

Son esos tiempos fuera los que también llevaron a Gonzalo a dejar el trabajo, probar nuevos ambientes laborales en Nueva Zelandia y, ahora, a estudiar en Alemania. "Primero fue sólo mochilear por Chile, me gustaba eso de ir a la deriva sin ningún plan. Después fui a Bolivia y ahí quedé marcado, me di cuenta de que había un mundo por conocer. Esa fue como una iniciación del viajar, algo que para mí es como una droga".

Todos coinciden que tanta aventura también tiene un precio. El desaparecer del mapa local significa a veces no estar en momentos importantes, como funerales o matrimonios, o el dejar de tener cosas que para otros son relevantes, como un auto mejor o un departamento más grande. Aun así, los tres concuerdan que la mejor manera de gastar lo ganado es viajando.

 BúsquedaHoy los jóvenes se permiten viajar como parte de una búsqueda de sentido de vida, dice Raúl Zarzuri, director de Centro de Estudios Socioculturales. Esa necesidad de exploración de uno mismo siempre ha existido, asegura, pero hoy se materializa de distintas formas. "Las trayectorias de vida ya no son lineales, es decir: estudiar, trabajar, casarse y tener hijos -explica-. Hoy la vida es más reversible, donde se puede volver por el mismo camino. Estudias, viajas un poco, trabajas, te especializas, viajas de nuevo y nadie te va a decir 'cómo se te ocurre dejar el trabajo para viajar'".

Para el sociólogo, las generaciones actuales están muy influenciadas por la apertura al mundo que permite internet y por lo mismo el resto del planeta no los intimida.

"Ahora hay más disposición a aventurarse, a explorar otras cosas y a buscar formas de impactarse -asegura-. Los viajes son buenos porque cambian y abren la mente".

Sola frente al mundoEn 2005, la periodista Bernardita Ochagavía (33) decidió irse veinte días sola a Italia. "Fue la primera vez que hacía un viaje así, tan lejos, sin compañía y con un idioma que no dominaba", cuenta. Esa decisión le cambió la vida. Si bien a casi ningún viajero experimentado le importa partir en soledad, la mayoría prefiere tener compañía. "En Italia aprendí que a veces necesitas con quién compartir una comida o la impresión sobre algo precioso que tienes al frente, pero también aprendí que esa ausencia no me afecta", asegura. Tras volver, decidió ir a estudiar a Barcelona, donde además trabajó en la agencia de turismo de Jordania. Entre el trabajo y los deseos de conocer, se pasó esos dos años en Europa viajando una vez al mes. "Pensar cuál será mi próximo viaje es mi estímulo diario -dice-. Y no tengo problemas en planearlo aun cuando nadie me pueda acompañar".



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Para Gonzalo Donoso Quiroga lo peor que le puede pasar viajando es que le roben la cámara y perder las fotos. " >
Para Gonzalo Donoso Quiroga lo peor que le puede pasar viajando es que le roben la cámara y perder las fotos. "Eso te da un bajón por unos días, pero después pasa. Me ha sucedido tres veces", cuenta. Aquí, retratado en Laos.

Foto:Gentileza de Gonzalo Donoso Quiroga


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales