REVISTA YA

Martes 1 de Junio de 2010

 
El pasado familiar

"Recomiendo con fuerza a los padres que, al menos ya en la adolescencia, compartan con sus hijos sus historias, sus recuerdos, sus interpretaciones de su propia familia".  
Por Paula Serrano  Si antes, hace digamos 20 años, los psicólogos iniciábamos una terapia con la historia del paciente, hemos ido ampliando esa información a su historia familiar que incluye abuelos y abuelas por ambos lados, tradiciones y creencias, orígenes y enfermedades. La sorpresa ha sido que los más jóvenes poco o nada saben de su tradición y poco de las historias de sus padres y abuelos.¿Por qué es importante? Porque las historias se repiten o se corrigen o se vengan incluso. Y también porque el peso de la biología sobre la psiquis es cada vez más estudiado y reconocido por la ciencia. Y lo que puede parecer una cosa teórica e intelectual, en la vida concreta de las personas tiene mucha fuerza. A veces, por ejemplo, sólo con conocer las historias de las mujeres de una familia, uno puede comprender rápidamente los problemas de una paciente. El abandono o la sumisión versus el poder y la seducción. En el caso de los hombres, las historias de expectativas de éxito o fracaso, de abuso del alcohol y de promiscuidad, la relación con las mujeres y con el dinero (más allá de los valores explícitos de una familia a través de dos o tres generaciones) son determinantes a la hora de focalizar conflictos presentes.No puede explicarse el desconocimiento de los jóvenes a partir de los secretos familiares o de la creciente disolución de la familia en el mundo entero. Secretos de familia habrá siempre, antes, hoy y mañana, y siempre serán para la psicología un material de gran interés porque si bien los hijos no saben cuál es el secreto, presienten que lo hay y cuando descubren su contenido se alivian porque pueden explicarse muchas cosas de sí mismos que antes les producían angustia o confusión. Tal vez la vida familiar está menos centrada en la conversación de lo que estuvo antes. Tal vez las largas horas de comida en que sólo los grandes hablaban realmente y los chicos debíamos escuchar sin mayor interés fueron el origen del aprendizaje de muchas historias, anécdotas, cuentos que se repetían muchas veces e hicieron posible el conocimiento de las historias antiguas. Tal vez hay demasiada información hoy y menos tiempo; tal vez el mundo de hoy es más presente y futuro que pasado.Sea como fuera, me permito recomendar con fuerza a los padres que, al menos ya en la adolescencia, compartan con sus hijos sus historias, sus recuerdos, sus interpretaciones de su propia familia. Padre y madre, porque hay dos orígenes que conocer en cada niño, ambos igualmente importantes. Aunque nunca vayan a terapia, tendrán sobre sí mismos una información más completa, más verdadera que los ayudará a comprenderse a sí mismos.Nota: Dedicada a AV, para que perdone los silencios de sus padres.

 


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