VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 27 de Noviembre de 1999

faenas creativas

Las piezas de arte u objetos utilitarios nacen de inspirados instantes creativos, pero para llegar a ser lo que son deben pasar por minuciosos procesos de producción. Los talleres son los templos de origen de cada pieza y su interior delata los interesantes esfuerzos de sus gestores.
Por María Beatriz Ventosa M.

modelar el barro

En las manos de los ceramistas Martha Chávez y Alejandro Miranda (tel: 2813172), el material de la tierra adquiere forma y carácter, luego de un cuidado proceso de preparación. De yacimientos naturales obtienen la arcilla, elemento base que mezclan primero con fundente, que determina las temperaturas a las que puede ser sometida más tarde la pasta, y segundo con antiplásticos, que aminoran y equilibran la plasticidad natural de la arcilla.

Para poder mezclar todos estos elementos pisan vigorosamente la pasta y la traspasan a moldes de yeso, en los que escurre el exceso de agua y se absorbe la sal contenida en ésta. Al sacarla la amasan hasta extraerle todo el aire y obtener un material homogéneo. Con éste ya pueden crear una pieza, para lo que existen distintos tipos de modelado: con lulos o rollos, placas o planchas, bloques, a los que se les ahueca el centro, o bien directamente dando la forma deseada en el torno.

Una vez que la pieza está totalmente seca, se cuece en un horno especial, obteniendo el llamado bizcocho, que queda listo para ser cubierto por esmalte. Este le dará color, dependiendo de la fórmula química que lo compone. Para esmaltar se puede sumergir la pieza en baldes con polvos diluidos, rocearla con una compresora, o bien pintarla directamente con un pincel.

Luego se realiza la segunda quema en horno a 1.250 grados Celcius, temperatura bajo la que se funde el esmalte, apareciendo el color gracias al cambio molecular de sus minerales. Resultado: una pieza de cerámica original, con fines decorativos y/o utilitarios.

Fotografías, Sebastián Sepúlveda.


modernizar la tradición

La fábrica de muebles Undurraga (Schlack 578, Recoleta,
tel: 7351926) tiene más de cincuenta años y hoy es testigo fiel de las profundas transformaciones productivas que exigió la modernidad.

Actualmente con el MDF (láminas de madera prensada) se puede reproducir hasta el más clásico de los diseños y a un precio muy accesible. Sin embargo, nunca nada alcanzará la precisión, detalle y elegancia que sólo los ebanistas de antaño lograban con sus tallados a mano sobre madera nativa, asegura Guillermo Undurraga.

Quizás es debido a esa gran nostalgia que en la fábrica, fundada por su padre en 1945, él aún mantiene intactas las plantillas originales de recorte, con las que marcaba las maderas, como también los balaustres y molduras de las más variadas formas y diseños, y los tableros tallados, cuya calidad se reconocía por la profundidad en su bajo relieve.

Sin embargo, también recuerda que su padre, Jorge Undurraga Aninat, tuvo que adaptarse a los cambios e industrializar distintos procesos productivos. Así, por ejemplo, para lograr un aspecto similar al tallado manual se marcaba en los contrafondos las profundidades máximas del diseño original, y luego se utilizaba una desfondadora, que hacía el trabajo notablemente más rápido.

De este modo, pasado y presente encontraron una natural fusión, conservando ciertas ideas tradicionales y dando paso a otros procesos productivos, como también a diseños de corte más contemporáneo.

Fotografías, Sebastián Sepúlveda.


velas encantadas

Cada una de las creaciones de El Señor de las Velas tiene un diseño original, huele diferente y otorga una luminosidad particular, dependiendo de los materiales que la conforman, la transparencia natural de éstos y la forma final que adquieren.

Naranja, canela, café, esencia de chocolate, semillas, legumbres, flores secas, conchitas de mar, trozos de corteza o bambú, y hasta pedazos de cuarzo son algunos de los elementos que hábilmente utiliza.

Todas sus velas son recargables, de modo que su diseño no se pierde una vez consumida la mecha. Por eso El Señor de las Velas (Aldea de Vitacura, altura del 6.800) ideó la línea eterna que literalmente nunca se acaba, ya que dentro de ellas se van reponiendo velas pequeñas. Otra original línea son las flotantes, pero para piscinas, se hacen a pedido; pueden adquirir cualquier forma y tamaño y se le pueden colocar cuantos pabilos se desee para mayor luminosidad nocturna. Asimismo se trabajan formatos aún más grandes e incluso rostros y torsos humanos que, completamente iluminados por dentro, logran interesantes formas escultóricas.

El experto, autodidacto, sugiere cuidados básicos para las velas en general: Nunca hay que desatenderlas mientras están encendidas. Si la flama es muy corta hay que vaciar un poco de cera, y si es muy alta o humeante, recortar el pabilo. Es recomendable, además, no dejarla encendida por más de cuatro horas continuas, y si desea apagarla, que sea sofocándola y no soplándola, ya que el pabilo puede quedar pegado a la cera caliente. Para volver a encenderla es preferible dejar que se enfríe antes.

Fotografías, Carla Pinilla.


trazos y pinceladas

Hace cinco años Ximena Cousiño formó un taller en el barrio Bellavista e invitó a otros pintores, como Paul Beauchart, Magdalena Vial y Mariana Acuña, y a la grabadora Iris Broquedis, a participar del mismo espacio creativo, aun cuando no compartieran ni estilos ni técnicas.

Fue justamente esa variedad la que les permitió una convivencia abierta y enriquecedora, ya que intercambian distintas visiones de la plástica y de sus propios trabajos individuales.

Dentro del taller (tel: 7771024), la organización y el profesionalismo reinan; cada artista, al tener su propio espacio, realiza sus actividades independientes sin entorpecer al otro. Sin embargo, cuentan con un luminoso espacio central común, que tienen la libertad de ocupar según la envergadura de sus proyectos.

Aquí nunca estás totalmente solo, ya que casi siempre hay alguien con ojo externo que interviene tu obra con una recomendación o feedback, si así lo deseas, cuenta Ximena Cousiño.

No obstante, en este taller no se vive mucha bohemia nocturna, ya que todos los artistas distinguen horarios de trabajo y horarios de familia, como en toda profesión, lo que a juicio de Ximena es bueno, porque la pintura se toma con la seriedad y la metodología que requiere, sin perder la libertad de la inspiración creativa que toda acción artística requiere.

Fotografías, Guillermo Farías.


reciclar el cachureo

Pasearse por las ferias de barrio no es sólo un hobby para la fotógrafa Carola Peña y la licenciada en filosofía Karina Berrier, hoy es además parte esencial del trabajo que juntas realizan hace un año y medio. Se autodenominan, entre risas, como maestras chasquilla, porque según ellas le pegan a todo, con tal de reparar y devolverle vida a los curiosos objetos que pillan en sus recorridos.

Las socias del Bazar de La Fortuna (Avda. Italia 1794, tel: 2051141) no sólo tienen mucha habilidad manual y artística, sino también gran creatividad y ocurrencia, ya que otorgan a cada pieza un sello particular que acusa en su apariencia el paso por este taller.

Las maderas, a veces se cubren de vibrantes pátinas provenzales, y algunas lámparas antiguas, de colorinches y sicodélicas pantallas. Incluso hasta la utilidad de las cosas la pueden cambiar; con unas pinceladas y martillazos transformaron un antiguo marco de espejo en un portarretrato con aires retro, y un clásico secador de peluquería luego de algunas adaptaciones eléctricas, en una moderna lámpara de pie.

La imaginación y la combinación de materiales son la clave del particular estilo decorativo que Carola y Karina logran en su tienda, la que llaman bazar, porque es un espacio familiar, como los que existían antiguamente en los barrios, en donde se encontraban las curiosidades más inesperadas. Un objetivo que, sin duda, logran recrear con éxito.

Fotografías, José Luis Rissetti.


cirujano-restaurador

lejandro Rogazy y María Eugenia van de Maele (tel: 6399157) son restauradores y conservadores, con estudios en Florencia y Bruselas. Juntos trabajan en este taller especializado en la recuperación de obras de arte, tanto de pinturas sobre tela y madera, como de piezas de policromía e imaginería.

Lo fundamental, a la hora de restaurar, es trabajar sobre la materialidad de la obra, jamás sobre su estética. Por eso el respeto por la creación original es máxima, explica Alejandro Rogazy.

Para comenzar un trabajo de restauración existen principios básicos ineludibles: todo es reversible, los materiales deben ser siempre compatibles y de envejecimiento parejo, y se debe hacer una cuidadosa diferenciación entre los tipos de procedimientos a seguir en cada pieza.

La metodología de restauración es netamente científica, el estado de una obra se define luego de un minucioso diagnóstico, tal como si se tratara de una enfermedad. Una mínima equivocación del experto puede eliminar por completo una obra, es por esto que la investigación previa y el conocimiento detallado de ella es fundamental para una pronta mejoría.

El restaurador es, en definitiva, un cirujano del arte, por eso su más eficaz herramienta es el bisturí y los elementos químicos, de alto riesgo y toxicidad, que ayudan a recuperar la esencia de cada pieza.

Según Rogazy, en Chile aún existe mayor capacidad de destrucción que de restauración, ya que la gestión cultural requiere de más desarrollo y presupuesto.

Fotografías, José Luis Rissetti

y Sebastián Sepúlveda.





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