EL SÁBADO

Sábado 21 de Julio de 2007

El Matta anónimo

Creador chileno del que poco y nada se sabía, Sergio Matta, hermano de Roberto, fue un diseñador de alta costura que triunfó en Paris.
Por Sergio Paz

Hay un computador encendido. Y, sobre la pantalla, una copia del programa de clausura del Festival de Cannes de 1959. Se trata del Desfile de Vestidos de Alta Noche. Los mejores diseñadores franceses han sido reclutados para el evento. Aparecen nombres como Guy Laroche, Christian Dior y Nina Ricci. Cierra la lista Serge Matta, para entonces una señera figura del diseño francés. Quizás, en algunos círculos, incluso más conocido que su hermano Roberto.

–Mientras preparábamos el catálogo del Museo de la Moda –dice Bernardita Mandiola, historiadora del arte– el museo empezó a investigar los vestidos y bocetos de Serge Matta que teníamos en la colección. Nos llamó la atención el apellido. También, que sus vestidos los firmara como Serge. A mí me sorprendió. Durante años había trabajado con la obra de su hermano Roberto. Y poco y nada lo conocía.

En un laptop, Bernardita enseña los múltiples mails que, durantes meses, ha intercambiado con quienes mejor conocieron a Sergio Matta. Incluido Ramuntcho, su sobrino, hijo de Roberto, quien le pasó el teléfono de su madre, Malitte, y quien le contó a Lydia Kamitsis, curadora de la muestra "Vistiendo al tiempo", que, a poco de dejar Chile para instalarse en Nueva York, Sergio ingresó al Actor's Studio, academia en la que conoció a un joven Marlon Brando.

Bernardita se especializó en historia del arte y trabajó en prestigiosas casas de subastas como Christie's y Sotheby's; compañías en las que clasificó e investigó numerosas obras de Roberto Matta. Fue contratada por el Museo de la Moda entre otras cosas para investigar y preparar el catálogo inaugural. Además, ahora tiene una misión autoimpuesta: reconstruir la relación que hubo entre Chile y las grandes casas de alta costura en París. Para eso ya había una pista. Un vestido, con motivos geométricos, descubierto casi por casualidad, el cual llevaba una firma reveladora: Serge Matta. Otra historia comenzaba a escribirse.

–No hay duda. Sergio Matta es el diseñador de modas chileno que más lejos llegó –asegura.

DE SANTIAGO AL MUNDO

Roberto Sebastián Matta Tagle y Mercedes Echaurren Herboso tuvieron cuatro hijos: Roberto, Sergio, Mario y Mercedes, los que se criaron en la casona de Huérfanos 547, a un costado del Santa Lucía, demolida por los siempre acerados colmillos del desarrollo.

Se sabe que la familia Matta Echaurren era de origen vasco-francés. Sus hijos estudiaron en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y María. Para el clan fue gravitante la figura de Víctor Echaurren Valero, un ilustrado abogado y diputado liberal, muy viajado, quien se enorgullecía de haber estudiado con el mismísimo Charcot, el padre de la sicología moderna. El abuelo Víctor atesoraba en su mansión de calle Dieciocho con Sazié una exclusiva colección de arte. Influenciados por él, todos los Matta fueron seducidos por el arte. Y, en 1931, cuando Víctor Echaurren murió, sus nietos inauguraron la empresa Muebles Matta en Providencia; sitio en el que incluso trabajó un joven Nemesio Antúnez. Allí, Mario y Roberto –quienes para entonces ya estudiaban arquitectura en la Universidad Católica– compraban y fabricaban elegantes muebles. También vendían obras de arte. Sergio, nacido en 1915, quiso primero dedicarse al ballet. Luego decidió ser actor. Y, poco después que Roberto se embarcara rumbo a Europa, su hermano hacía otro tanto, pero con destino a Nueva York. Sin más fortuna que un óleo de Goya que su madre había puesto en su maleta.

Sergio Matta, un joven de estatura mediana, francés fluido, ojos verdosos y pelo negro, encantador y cordial, según quienes lo conocieron, no sabía entonces lo que le depararía el destino.

–Sorprende –continúa Bernardita– que una persona que salió de Chile en una época en que el país era muy represivo y que no estaba muy seguro de qué iba hacer, finalmente triunfara en el mundo de la moda.

Pero el camino de Sergio era otro. De Nueva York viaja a París, ciudad en la que pronto es reclutado por Raymundo Larraín y el Marqués de Cuevas, para cuyo ballet diseña algunos vestuarios.

Sergio Matta, para entonces Serge Matta, comienza a ver la luz. En 1950 es llevado a la prestigiosa casa de madame Schiaparelli para la cual diseña una línea que se vende en la boutique de Place Vendome. Cuatro años está ahí y, finalmente, en 1954, tiene otro golpe de suerte: Genevieve, la viuda del reputado diseñador Jaques Fath, lo llama para que se haga cargo del pequeño gran buque.

Es la antesala del éxito; y, tras su paso por Fath, el excéntrico chileno Arturo López Willshaw, otro millonario en París, se une en 1958 con el barón de Redé para que Serge Matta abra su propia casa de alta costura, en una casona en la que llegaron a trabajar más de treinta personas; incluidos André, el que cortaba los modeles; mademoiselle Tardy, la mano derecha de Serge. Y, por un tiempo, John Kloss, el padre de la lencería moderna.

–Los grandes diseñadores siempre tienen un momento un golpe de suerte, cuando logran hacer un vestido para una personalidad importante. En el caso de Sergio, cuando le hizo un vestido a la mujer de Rossetti, el entonces embajador de Chile en Francia. Ella era una mujer muy guapa que, con el vestido de Matta, causó expectación en París. Fue 1955 o 56 cuando se empezó a hablar más intensamente de él –dice José Cardoch, el conocido diseñador, quien trabajó varios años para Serge Matta en París.

Pocos pueden dar testimonio de quién era Sergio Matta. Y uno de ellos es Cardoch quien, a los 22 años, viajó a París donde pidió una entrevista con Matta.

–Ser chileno –le respondió Sergio– no te concederá ningún derecho especial. Si sirves, te quedas. Si no sirves, te vas.

Cuatro años estuvo Cardoch en la casa del barrio 15 –cerca de Champs Élysées– en donde también estaban otros grandes diseñadores: Lanvin a cinco cuadras, Pierre Cardin dos cuadras más abajo, Carven a la vuelta. Matta los conocía a todos. Eran otros tiempos. En París todas las casas de alta costura tenían un mecenas detrás. Aún no surgía el pret–a-porter.

–Una de las razones del éxito de Matta –explica Cardoch– es que tenía una mente clara y comercial. Sus diseños, si bien eran muy chic, se vendían muy bien. De hecho, después de mostrar cada colección, envíos especiales eran despachados a Helena Rubinstein en Nueva York. También vendía a Alemania, donde sus creaciones eran confeccionadas en serie.

En Chile, Matta corría una suerte distinta. Cuando modistos como Miguel Arangua y el argentino Luis Guersin se pinchaban los dedos tratando de complacer a las damas chilenas, pocas mujeres conocían el trabajo de Serge. Ni siquiera en Los Gobelinos, la elegante tienda de departamentos que la familia García tenía en el centro, se encontraban trabajos suyos, aunque sí de Chanel. Claro que algo había comenzado a cambiar. Y ya cuando Paula Park, la actriz americana que abrió la primera boutique en Chile, empezaba a remover la escena, mujeres como Ana María Sotomayor, Teche Edwards y las hermanas Echaurren comenzaron encargar vestidos y abrigos a Matta. Claro que Sergio, en Chile, sí tuvo un momento triunfal: fue una noche de 1961, en que mostró su última colección en el hotel Carrera. A treinta años de la partida, el autoexilio llegaba a su fin.

Si bien comenzó a viajar cada año a Chile, siguió prefiriendo su elegante departamento con vista al Senna.

–En Chile, en general, de Serge Matta se ha hablado muy poco. Tal vez porque este es un país que no reconoce a sus talentos. A menos que se hagan muy famosos. Si bien Serge Matta merecía reconocimiento, no recuerdo ni siquiera una entrevista a él –dice Cardoch.

Muchas son las razones que se podrían elucubrar para establecer por qué, un artista de su nivel, fue ignorado por la sociedad chilena de aquellos años. Pese a eso, Matta continuó su camino y tras la muerte de uno de sus financistas cerró su casa de moda y en 1969 comenzó a trabajar donde Jean Louis Scherrer, para quien produce una colección marcada por la geometría y los colores zapallo, naranja y morado. De esa factoría es el vestido que, ahora, se expone en el Museo de la Moda en Santiago.

Finalmente, Serge Matta ingresa a la casa de la diseñadora Maggy Rouff, donde también habían estado Michel Malard Guy Douvier y Karl Lagerfeld. Allí puede esculpir siluetas con sus atrevidos cortes diagonales, modelos que son elegidos por mujeres como la condesa Marie Louise de Clermont-Tonnerre, una chilena que hoy ocupa un importante puesto en Chanel.

Se acerca el fin de los setentas. Serge se encuentra, al menos dos veces al mes, con su sobrino Ramuntcho en París. Y viaja año a año a Chile. Eso hasta que, en 1982, ya no puede regresar a Francia.

–El 13 de febrero –dice Cardoch– me enteré leyendo el obituario de El Mercurio que Matta había fallecido en Santiago. Me impresionó. Una semana antes lo había visto con muy buena salud. Se fue en el sueño, murió de un infarto. No alcanzó a llegar a París, pese a que estaba desesperado por volver. Se quedó con el pasaje en la mano.

–Ahora hemos comenzado a investigar su obra –dice Bernardita– y todas las historias no dejan de sorprendernos, tanto que nos gustaría hacer un libro con esta investigación, que continúa. El estilo de Sergio Matta es muy interesante. En sus dibujos hay algo arquitectónico. A Serge Matta le gustaba mucho la geometría. Se ve el trabajo influenciado por la arquitectura. Y cómo no si, en sus inicios, todos los Matta habían recorrido el mism o camino.

Roberto Matta siempre lo dijo: "Yo no fui un pintor sino un bailarín de la imaginación". De ser eso cierto, habría que decir que Sergio, su hermano, no hizo otra cosa que preparar a todo el mundo para ir bien vestidos a la última gala.

GENTILEZA MUSEO DE LA MODA DE SANTIAGO

NO HAY DUDA. SERGIO MATTA ES EL DISEÑADOR DE MODAS CHILENO QUE MÁS LEJOS LLEGÓ, ASEGURA BERNARDITA MANDIOLA, INVESTIGADORA DEL MUSEO DE LA MODA.

SUS DISEÑOS, SI BIEN ERAN MUY CHIC, SE VENDÍAN MUY BIEN, RECUERDA JOSÉ CARDOCH, QUIEN TRABAJÓ CON SERGIO MATTA DURANTE CUATRO AÑOS.



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Foto:EL MERCURIO


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