CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Viernes 15 de Marzo de 2002

Exposición:
Obras con la huella personal de la artista plástica Bernardita Vattier

La creadora presenta en el Museo de Bellas Artes su muestra Idéntica Identidad, en la que explora este tema por distintos caminos.
AURA BARRENECHEA D.

Los caminos de una huella digital pueden ser tan complejos como un laberinto, pero uno y otro son signos a los que recurre Bernardita Vattier para hablar de identidad, tema de la exposición que exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes hasta el 28 de abril.

Repartida en tres salas, la muestra va recorriendo aspectos relacionados a la identidad, respondiendo a una inquietud que hace dos años se despertó en la artista, le sembró interrogantes y la llevó a investigar y crear.

Dedicó un año a revisar información - recopilada con la ayuda de una historiadora- y leer mitos y leyendas. Pero, al desarrollar su obra, la primera imagen que la invadió fue la de una huella digital, y la reprodujo a modo de retrato.

Pintó en tela y acrílico siete huellas extraídas de documentos y alteradas (la suya y otras de gente cercana), secuencia que Bernardita inició con la perteneciente a su padre, fallecido hace 9 años y muy importante en mi vida. Su profesión de marino llevó a la artista a teñir celeste el fondo del cuadro que lo evoca, rindiéndole homenaje.

Amigo y cómplice, además fue quien la ayudó a instalarse con lo necesario para trabajar su arte. Su madre, fue quien introdujo a la artista cuando tenía 15 años en el aprendizaje de la cerámica, primer paso en el interés que más tarde la hizo escultora.

Las siete huellas van dispuestas en una de las salas del museo. Corona este espacio la presencia de un enorme díptico (3 m de alto) que representa, en una impresión digital sobre poliéster, un iris ocular; advierte la artista que ahora se están usando códigos electrónicos de identificación aplicados a él.

Vivencia personal

La huella de la artista fue la última que ella trabajó; partió por darle tonalidades de camuflaje (en tonos café y verdes), pero la borró y concluyó pintándola en el tricolor nacional: blanco, azul y rojo. Aunque destaca que es el colorido de muchas banderas, y opina que uno es producto de muchas identidades.

Cuando empecé mi cuestionamiento sobre la identidad, el tema de las etnias estaba en boga; llegué a la conclusión de que para mí lo importante no era lo racial, sino el individuo, por lo tanto, lo que valía era su identidad como tal. De ahí salió la idea de Idéntica Identidad, nombre de la exposición.

Dos hechos personales la empujaron al tema: Empecé a experimentar en multimedia y me aluciné. Me encerré un año a trabajar; me cambiaron las imágenes, me enloqueció el color y me encantó mezclar cosas... Me costó la autocrítica, porque todo me fascinaba (como todo lo nuevo) hasta que pude tener más discernimiento, cuenta.

Pero, esto mismo llevó a la artista a repensar su arte.

Otro hecho, íntimo y profundo, tocó a Bernardita: ser abuela. La ternura de los nietos (5), luego de una maternidad muy joven (a los 19 años) la volvió más plácida y reconoce que, sin saber cómo, su carácter perdió agresividad.

Mitos y símbolos

Nacida en Viña del Mar, como hija de marino se acostumbró a trasladarse por ciudades (Valparaíso, Concepción y Punta Arenas), adaptarse a las interrupciones, y sólo ir manteniendo el mismo colegio, las monjas inglesas.

Reconoce que eso pudo transformarla en una persona más bien desarraigada (incluso con sus obras) y aclara que sólo mantiene sus vínculos familiares directos.

Casada hace 38 años, Bernardita viajó con su familia a Brasil cuando los niños eran pequeños y se radicó allí nueve años. Luego, pensando en que los encontraría lejos la vejez de sus respectivos padres, el matrimonio decidió regresar. Además, querían que sus dos hijos pudieran convivir con primos y abuelos.

Ese período fue importante en la experiencia artística de la Bernardita, y hasta hoy se hace presente en una actitud permanente de experimentación creativa.

Eso se aprecia a lo largo de la actual exposición, en la convivencia de técnicas distintas y de diferentes aproximaciones al tema, sin que se descarte el juego...

Así, en la segunda sala, mientras se escuchan poemas musicalizados del brasileño Arnaldo Antúnes, se presenta una instalación que suma un mural de 8 metros, ante el que se anteponen (suspendidas desde el cielo) diez máscaras de papier maché hechas con rostros que representan gente común; hombres, mujeres y niños. Ellas, obra de Sergio Guzmán, se reflejan en espejos e invitan al espectador a pararse detrás y cambiar su identidad facial.

En la tercera sala se entra al terreno de la identidad espiritual. Allí, la artista recurre a la mitología antigua y lo imaginario. Sobre los muros, once cuadros (hechos de serigrafía, acrílico y tintas sobre tela) abordan el problema humano esencial del antagonismo del bien y el mal representado por el unicornio, figura mágica positiva asociada a la pureza, y el minotauro, como imagen negativa.

Como lo advierte el cátalogo, así como estas figuras activan en la artista una reacción peculiar, también el público le atribuye sus propias significaciones, hecho que permite que se actualice el sentido original de ambos mitos, y el lector cree lecturas más cercanas a él.

Al comenzar a desarrollar su proyecto, Bernardita se propuso centrarse en el trabajo digital, pero en el camino sintió que utilizaría el medio sólo para un uso masivo.

De esta forma, es posible encontrar imágenes de un CD Rom que se proyectan desde un data show y, también, un equipo de computación del que el espectador puede seleccionar una obra expuesta e imprimirla para llevársela, creando una red espontánea y masiva.

Datos biográficos

Bernardita Vattier (57) nació en Valparaíso, estudió tres años de arquitectura y finalmente se tituló como Diseñadora Teatral. Pero optó verdaderamente por el arte, y su experiencia práctica ha sido en escultura, gráfica, pintura y en instalaciones, terrenos en los que ha incursionado con audacia y a la vanguardia.

Ésta es su décima exposición individual y tiene una larga lista de participaciones en colectivas; además, su personalidad organizada y sus cualidades de administradora, la han llevado a un trabajo paralelo en curatorías de arte.




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Las huellas retratadas por la artista fueron alteradas y corresponden a gente cercana a ella. En la foto, la perteneciente a su hijo Andrés.
Las huellas retratadas por la artista fueron alteradas y corresponden a gente cercana a ella. En la foto, la perteneciente a su hijo Andrés.


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