DEPORTES

Sábado 26 de Julio de 2008

El legado de Adriana Hoffmann


Mauricio Purto

Las flores de la montaña siempre cautivan y nutren la mirada del montañista Purto... Siento en ellas una exuberancia, una lujuria, un atrevimiento de mostrarme y sobrevivir a un mundo inhóspito...

Bajando de las cumbres agrestes, la primera aparición de vida, en la forma de líquenes, ínfimos, llena el alma, que empieza a henchirse de oxígeno, y la intoxica de euforia...

Más allá, las pequeñas plantas, los arbustos y el prado andino, las vegas y la fiesta de la vida...

Hubo un tiempo en que todos los árboles eran uno, y que sólo sentía su acogida. Eso basta. Hoy, la montaña regala más que el desafío. Y logro detenerme en otros pequeños grandes detalles que le dan quizás más sentido a la vivencia.

Si quiere entrar en el mundo de la flora de montaña, le recomiendo una buena recopilación: "Plantas altoandinas en la flora silvestre de Chile", se titula la necesaria edición de la Fundación Claudio Gay, en relación al mundo vegetal cordillerano de los Andes chilenos.

Adriana Hoffmann y su equipo pusieron ya hace un tiempo a disposición de Chile y el mundo un acabado trabajo de muestreo y clasificación de especies que habitan en nuestros maravillosos Andes.

Atisbos incompletos los ha habido. Desde las descripciones del abate Juan Ignacio Molina en el siglo XVII, en su "Ensayo sobre la historia natural de Chile", pasando luego por los trabajos de Alexander von Humboldt o de Charles Darwin.

El mismo Claudio Gay recorrió por esos años -y durante una decena- nuestro territorio, recolectando plantas para formar un herbario para el Museo Nacional de Ciencias Naturales, publicando entonces ocho tomos de botánica en su "Historia física y política de Chile" (1845-1854). Pionero en este campo es también Eduardo Poeppig, quien en su obra "Viajando por Chile" describe plantas recolectadas en la cordillera chilena. Como H.A. Weddell, quien publicó en París la obra "Plantas inéditas de los Andes"; aunque quizás su obra más importante es "Chloris Andina", donde incluyó todas las especies de flora andina conocidas hasta su época.

Se suman también los trabajos del doctor en botánica Rodolfo Amando Philippi entre 1862 y 1892. Ya en 1919, Lucien Hauman publicó en francés "La vegetación de las altas cordilleras de Mendoza". Luego lo sucedió "Excursión botánica y zoológica a la alta cordillera de los Andes", obra de W. Looser en 1932. En 1936 se agregó la obra de Grandjot: "Flora del potrero grande en la cordillera de Santiago". Cheese, Beckett y Watson (1974-1976) aportaron con "Expediciones botánicas a Chile"; y la misma Adriana Hoffmann con su "Flora silvestre de Chile" (1980), "Cactáceas en la flora silvestre de Chile" (1989) y "Vegetación y flora de la alta cordillera de Santiago" (1992), contribuyendo notablemente al tema de la vegetación que vive y sobrevive las alturas de los Andes chilenos.

Sin embargo, es en "Plantas altoandinas..." (1998) donde el tema de la flora cordillerana de Chile adquiere un carácter más completo, accesible al gran público no especializado, sin que la obra pierda su modo acucioso, y donde muchos montañeros y amantes de las excursiones hallarán aquí satisfacción a su curiosidad.

Porque más allá de alturas o marcas, las montañas atraen por su naturaleza salvaje, incluyendo en ellas, sin duda, su atrevida flora. Materia de conocimiento. Desde la que nutre a la que sana, o la que atiza el fogón bajo las estrellas... En un mundo que se calienta, donde los mares inundarán los valles, las montañas y su flora serán quizás nuestro último refugio.


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