WIKÉN

Viernes 8 de Mayo de 2015

Juan Radrigán & Luis Barrales:
Duelo de titanes del teatro

Fueron profesor y ayudante. Y aunque Luis Barrales -en cartelera con "La sangre de los árboles"- no se atreve a llamar a Juan Radrigán -actualmente en el teatro con "El príncipe desolado", y pronto con la adaptación de "La tempestad"- como "colega", los dos tienen una relación que va más allá de lo teatral. Aquí, ambos enfrentan sus métodos de escritura, sus creencias y lo que opinan del teatro actual. Y concuerdan en algo: ya es tiempo de escribir juntos.  
MAGDALENA ANDRADE N.  -La primera vez que leí a Juan Radrigán estudiaba Derecho y era profundamente infeliz -cuenta el dramaturgo Luis Barrales a un grupo de estudiantes de la Academia de Humanismo Cristiano.

A Barrales (37) le han pedido dedicar unas palabras a Radrigán (78), premio nacional de Artes de la Representación 2011, nombrado profesor emérito de la universidad.

Barrales conoce bien a Radrigán: comenzó como su ayudante y, con los años, la relación maestro-discípulo se convirtió en amistad.

-Pero aún no me animo a decirle colega -dice Barrales, a quien en el medio llaman "el Radrigán chico".

 Todos ríen. Juan Radrigán, sentado en una de las butacas, escucha. 

-Radrigán es un titán. Yo celebro su existencia.

*

Dos días después del homenaje, Juan Radrigán y Luis Barrales están sentados en la terraza del café El Biógrafo, en Lastarria.

-Luis fue mi ayudante. Y ahora estoy esperando algo para ser ayudante de él -dice Radrigán hablando de su discípulo, convertido hoy en uno de los dramaturgos chilenos más aplaudidos.

 Se ven poco. No son de juntarse seguido, pero se encargan de saber el uno del otro.

-Juan es esquivo y yo también, entonces nos entendemos. Creo que tiene una capacidad de observación muy desarrollada, entonces no necesita hacer tanta pregunta... Me acuerdo que cuando era ayudante me pagaban una miseria, y Juan de repente me tiraba un billetito, que coincidía con mis peores momentos económicos. Él olía la pobreza -cuenta Barrales.

Para él, Radrigán no solo era el profe que le daba una ayudita: fue el escritor que lo inspiró para convertirse en hombre de teatro.

-Cuando era chico, vivía en Laja y vi una obra suya a principios de los 90. Él era un autor que criticaba la democracia. Y yo decía: ¿quién es este que viene a criticar la democracia, con todo lo que nos costó volver a ella? Era porque había un recorrido, una persona que no se deja guiar por el statu quo.

 -Juan, Luis ha dicho que usted "se manda solo".

-Anda a mi casa y vas a ver si me mando solo... -se ríe Radrigán.

-¿Cuánto se pierde en el camino del trabajo independiente?

-Lo que pasa es que no pienso en el costo. Hago lo que tengo que hacer nomás. Lo que me satisface.

 -Yo creo que ahora eso es mucho más difícil -agrega Barrales. -En las generaciones antiguas uno trabajaba por algún sentido, aunque fuera individual. Ahora es mucho más difícil sentir eso.

Al mismo Luis le costó encontrar su camino. Hasta que, estudiando Derecho, llegó a sus manos una antología de obras de Radrigán. Al leerla se encontró con un autor con el que experimentó sensaciones que jamás había vivido antes.

-Tiene que ver con las honduras del alma. Con la ternura, más bien la ferocidad con la que ve al ser humano. No sé, es como algo atávico: como una voz antiquísima que tuviese conocimiento de toda la historia del hombre.

Esa voz atávica de Juan tiene que ver con su -conocida- historia: la de un hombre que escribió su primera obra a los 42 años, después de una vida trabajando como obrero textil, librero y en lo que viniese, para sobrevivir. La de un hombre que nunca fue al colegio.

 -¿Nunca sintió rabia por no poder ocupar la escritura como principal ventana de expresión?

-No. Debe hacer falta esa incomodidad, esa dificultad para poder escribir. Yo no sé si los tipos que lo tienen todo podrían escribir bien.

-Es que la emoción más creativa es la rabia -agrega Barrales. -A mí, por lo menos, algo me debe molestar para escribir.

Y eso se nota en su escritura: Luis se ha hecho un nombre a partir de obras como "H.P.", "Las niñas araña" o "La mala clase": textos que tocan verdades incómodas.

-A usted, Juan, ¿qué le da rabia?

-La mentira del Paraíso. Es lo más sólido que han podido inventar. Lo más indestructible, porque toca a los pobres muy por dentro: la esperanza de otra vida. Eso es indestructible: puedes escribir y demostrarles que no existe con millones de ejemplos, pero ni siquiera va a haber una grieta en esa creencia.

-¿Y a ti, Luis?

-Los acaparamientos. En el caso de la religión, me da rabia la utilización que hacen de la pulsión de la especie, porque uno desde que es niño mira el cielo y se hace preguntas. Entonces vienen con un dogma y te dicen: esto es así y asá.

-Les voy a contar una historia a título de nada -interviene Juan Radrigán. -Una vez leí una obra panameña. Era de tres curas que estaban a las puertas del Paraíso. Habían sido los más probos, pero no les abrían, y decían: "Si no hemos hecho nada". Hasta que después de muchos días salió alguien de El Paraíso y les dijo que Dios era musulmán. "Sonamos", pensaron.

-¿Eso era un chiste o una obra? -pregunta Luis.

-Una obra -responde Juan. -¿Viste? Toda la vida hecha polvo.

*

Los dos -Barrales y Radrigán- tiene métodos muy disímiles para crear sus obras. Radrigán es de los que se sientan todos los días a escribir, por lo menos, cuatro horas.

-Yo puedo pasar una semana sin abrir el computador si no estoy obligado. Por lo general escribo montando -cuenta Barrales, quien además de dramaturgo ha tenido una exitosa carrera como director. Actualmente, está en ese doble rol en la obra "La sangre de los árboles", en el teatro Mori Bellavista, donde actúa la argentina Juana Viale, quien dijo que Barrales era el "Maradona de los dramaturgos".

-Yo a Luis le escribí un prólogo para un libro que dice que él es el mejor de todos -acota Juan. -Lo mejor suyo es "H.P.". Los monólogos son sensacionales. 

 -Luis, ¿y cuál es tu obra favorita de Juan?

-"Las brutas". Es la que más me gusta, porque es de una humanidad... -responde Barrales, quien ha contado que escribió "Las niñas araña" después de hacer una "lectura científica" de esta obra.

Este año, Radrigán y Barrales han estado muy activos. El primero, a tres bandas: como director (en marzo, con "Malquerencia"), como dramaturgo con "El príncipe desolado", en cartelera hasta el 16 de mayo en Matucana 100, y ahora como adaptador de Shakespeare en "La tempestad", que se estrena el 15 en el GAM. Barrales, por su parte, junto con "La sangre de los árboles" (hasta el 30 de mayo), prepara en el GAM "Suárez", una obra con Claudia Celedón en el papel de Pedro de Valdivia. 

-Vienen oleadas de trabajo a veces. Se aprovechan de mi debilidad de carácter, digo que sí a todo -dice Radrigán, quien, a sus 78 años, en lo último que piensa es en parar.

-Estando al lado de él uno aprende porque lo ve sudar y dudar igual que uno -dice Luis Barrales. -Y porque hace que sus alumnos busquen en ellos su propia autoría y no hablar de temas "supuestamente teatrales". Cuando un escritor joven es inseguro, empieza a intentar visitar esta batería de temas, entonces se encuentra hablando de la existencia a los 20 años. Rimbaud podía hablar de la existencia a los 20 años, es una excepción.

Radrigán y Barrales creen que en el teatro actual hay muchos escribiendo sobre temas existenciales, y pocos escribiendo sobre experiencias vitales. Lo mismo que en los guiones de televisión.

-Hay un director de televisión, Rodrigo Sepúlveda -cuenta Juan. -Él una vez me dijo que por qué no iba al canal a hacer un pequeño taller con los guionistas. La cosa era que los diálogos eran muy vacíos: "Te amo", "No te amo", "Te espero", "No te olvidaré" y eso... No había un contenido más humano.

-Yo puedo aventurar una tesis respecto de la crisis de los guionistas, porque algo conozco -dice Luis Barrales, quien escribió el guión de "Príncipes de barrio". Tiene que ver con la falta de experiencia vital. Son cabros que pasaron viendo tele -por eso les gusta- y que tuvieron muy poca vida. Tienen muy poco que decir porque les ha ocurrido muy poco en la vida. Si te vas diez años atrás, los guionistas eran gente que venía de la literatura.

-Yo me acuerdo que una vez hubo una serie que les pidieron a los dramaturgos que escribieran. Escribió Egon Wolf, Vodanovic -agrega Radrigán.

-Y usted, Juan, ¿ve teleseries?

-No, pero tengo que ver tele porque en la casa la ven. No puedo estar en la noche comiendo sin ver "El sultán".

-¿Y le gusta?

-No, pero está puesta ahí. No la puedo eludir.

*

Como siempre, Juan Radrigán está escribiendo una obra.

-Se trata de un hombre que aparece en el manicomio diciendo que es Jesús. No se hace ningún problema. Está ahí porque a nadie le extraña que sea Jesús, total, no hace nada. Ni milagros.

-Es como cuando Maradona estuvo en el psiquiátrico. Salió diciendo: "Yo decía que era Maradona y me decían que estaba loco" -cuenta Luis. Y luego agrega:

-Juan, le quiero hacer una pregunta difícil. ¿Hay alguna obra que se le haya ido en collera?

-En el proceso de escritura, todas.

-Pero una obra en la que haya desistido a mitad de camino.

-Hay una obra que no me he decidido a enfrentar, y que tenemos que escribir los dos. Es sobre Carlos Marx. No encuentro cómo agarrarla. 

-Pongámosle fecha: el próximo año -se entusiasma Luis.

-¿Y por qué sobre Marx?

-Porque si tú haces una encuesta en la calle, la gente lo conoce, más o menos sabe quién es. Pero anda a preguntarles por el otro (Adam Smith, padre de la teoría del libre mercado)... ¡No lo conoce nadie!

"No sé si los tipos que lo tienen todo podrían escribir bien", dice Juan Radrigán.

"Puedo aventurar una tesis sobre la crisis de los guionistas. Tiene que ver con la falta de experiencia vital", dice Barrales.

 


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"Barrales es el mejor de todos", dice Radrigán sobre su discípulo, con quien quiere escribir una obra.


Foto:SERGIO LÓPEZ


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