REVISTA YA

Martes 25 de Febrero de 2003

Neva Milicic, sicóloga educacional:
Vivimos aterrorizando a los niños

Neva Milicic asegura que los temores por el rendimiento que los padres y profesores inyectan en los niños "matan la pasión por aprender". Es tajante, además, en que el regreso de la repitencia entre primero y tercero básico, dispuesta por el ministerio de Educación, es un error. "Va en contra de toda la evidencia internacional que hay sobre el tema". Y advierte: "Hay que cuidar la siquis del escolar. Es primordial que se sienta capaz y acogido. Sólo así se irá reencantando con el aprendizaje".
Texto Pilar Segovia I. Fotografías Jorge Sánchez

El colegio es difícil, ya verás cuando entres; te tiene que ir bien en la PAA; cuidado con las notas, los exámenes..., con frases como éstas, los padres inoculan una verdadera inyección de estrés a los niños, opina la sicóloga educacional Neva Milicic. "Se trabaja muy poco en el sistema escolar y familiar para que los alumnos asocien aprendizaje con agrado y ése para mí es el gran tema. Hay una presión explícita o implícita de que ellos tienen que rendir y esto es una lástima porque, la verdad, aprender debería ser un proceso fantástico. Cuando una ve a los preescolares cómo disfrutan aprendiendo, se pregunta por qué se pierde esta maravilla que es la alegría de saber y de conocer. Y una de las cosas que mata esa alegría son los temores, los fantasmas, los miedos".

Para la especialista, que lleva 30 años dedicada a la investigación en el campo de la educación, el poco disfrute que tienen los adultos con lo que hacen también tiene mucho que ver con que muy tempranamente quedaron marcados y asociaron aprendizaje con obligación. "Hay un castigo tremendo al error. Muchos niños sienten la presión de que no se pueden equivocar y que equivocarse es perder, que tienen que sacarse siempre el primer lugar. Y ahí no hay ninguna consideración con lo que se llama las inteligencias múltiples. Nadie te exige en la vida que seas bueno para todo, salvo en el colegio. Allí exigen que seas bueno para doce cuestiones: biología, arte, canto, música, gimnasia, matemáticas... Nadie es el mejor en todas esas cosas. Algunos son el Chino Ríos, otros son Picasso, otros son la María Callas. Todos tenemos talentos específicos y es importante entender que hay algunas áreas en que la gente va a ser muy buena y otras en que va a salvar".

- Para bajar el estrés de los niños, ¿debe haber un cambio de mentalidad en los padres?

"Sí, y en los profesores también. Básicamente, estos últimos tienen que tranquilizar a los padres en relación a las metas. Hay mucha angustia asociada al aprendizaje y muy poco agrado por aprender. Si uno tuviera que evaluar los sistemas escolares, tendría que evaluar qué capacidad tienen de apasionar a los niños con lo que les enseñan y de hacerlos sentirse competentes. Les diría a los profesores más viejitos, por ejemplo, a quienes nos cuesta la computación, que se acuerden de la angustia que les produce sentirse incompetentes. Si hay algo en la vida que es paralizador es el miedo, no hay nada que frene más que eso. Los miedos sólo traen infelicidad, inseguridad y bloqueos del aprendizaje. Vivimos aterrorizando a los niños".

- Por esos miedos, a muchos escolares les duele la guata el día antes de entrar al colegio.

"A todos de alguna manera se les aprieta la guata, pero hay algunos a los que se les aprieta más. Es un miedo exacerbado al colegio, con un nivel de angustia que es absolutamente inmanejable para el niño. Hay cierto nivel de estrés que es normal (eustrés), pero que siempre debe ser mínimo. Pasado ese rango viene el diestrés que descoloca, descompensa y eso afecta al aprendizaje, porque el alumno está mucho más preocupado de los miedos que de los contenidos que le están enseñando".

- Hace pocos días el ministerio de Educación anunció que se acaba la promoción automática entre primero y tercero básico y que vuelve la repitencia. ¿De qué modo esto aumentará el estrés que viven los escolares?

"A mí las repeticiones de primero básico no me gustan. Honestamente, no me parecen y, además, van en contra de toda la evidencia internacional que hay sobre esto. La repitencia es una concepción expulsiva, rechazante, no remedial, no de acoger ni de trabajar los problemas. En los países desarrollados casi no se repite en toda la enseñanza; en muchos países está prohibido repetir. Por ejemplo, hasta hace dos años, los españoles permitían repetir una vez en determinados grados. En el caso específico de la repitencia en primero básico, se da una condición especial porque la transición desde kínder es muy fuerte. El niño lo pasa espectacular en el kínder; las profesoras son encantadoras, dulces, acogedoras, no tienen ninguna presión por el rendimiento. Entonces, si les ponemos a los profesores de primero toda la presión del rendimiento, se transforma en una transición demasiado brusca. Toda la literatura plantea que hay que tratar de hacerla lo más gradual y suave posible. El niño hace cuatro rayas en el kínder y se las encuentran espectaculares y todo el mundo lo aplaude. Llega a primero y tiene que resignarse a que la a es redondita, a que tiene que levantar el dedo antes de hablar, etcétera. Son demasiadas tareas para el primer año básico... ¿Y si te toca una profesora que no es buena? Resulta que ese primer año es la primera experiencia en que se es evaluado y el valor de las primeras experiencias es terrible porque marcan para la vida. Eso está escrito y se llama imprinting. Y, en este caso, esa vivencia generará la percepción de sí mismo como estudiante".

- ¿Ese año clave anunciará cómo rendirá el alumno en el futuro?

"El primer año básico define la identidad como estudiante. Si siente que fracasa en eso, no sólo su autoestima se irá al suelo, sino que su identidad como estudiante quedará con una lesión muy grande. Encuentro que sobre este tema de la repitencia debió abrirse un debate, una discusión, sobre todo del primer año básico. A lo mejor, sí es bueno tener la posibilidad de que los niños repitan en la educación básica, pero regular claramente cuáles son los mecanismos. Quizás en algunos casos muy contados puede llegar a ser bueno para el niño, pero son los mínimos. En general en primer año básico, no".

- ¿Qué otras desventajas le ves a la repitencia en primero básico?

"No la aplicaría porque si el profesor que tuvo no fue bueno, puede que en el segundo año tenga una experiencia emocional correctora. Hay que darle un margen de tiempo porque puede ocurrir que el niño no rinda porque en ese primer año sus papás se separaron o se enfermó un hermanito de cáncer y no tuvo a alguien al lado; o el papá quedó cesante y andaban todos deprimidos o él mismo se enfermó. Aparte de esos casos, habría que hacer un programa especial, porque todos sabemos que existe entre un 15% y 20% de los niños para quienes es francamente difícil aprender, por distintas causas: dislexias, déficit atencional, trastornos del aprendizaje, etcétera".

- Con la reposición de la repitencia, ¿ese 15% o 20% va a estar en la encrucijada?

"Esos van a repetir sin duda alguna. Ahora lo que uno debería hacer es un programa para atender y evaluar cuáles son los niños de alto riesgo, y darles toda la atención que puede brindarles el sistema como profesores especializados. Hay tests que demuestran que muchos de esos niños van a aprender con enseñanza individualizada o que necesitan más procesos de mediación. Lo que pasa es que los padres creen que mágicamente la repetición soluciona estos problemas o que cuando a un niño le va mal el tiempo lo hará madurar y mejorará. No es así. Cuando un niño no está madurando uno tiene que preguntarse igual que con la fruta: ¿por qué no está madurando? Porque cuando la fruta no madura a tiempo se pasma, y los niños igual. Si él continúa con una situación familiar difícil y no tiene quien lo apoye, el tiempo no va a ayudar y pasará lo que yo llamo el efecto de la repetición año por medio. Es decir, al año siguiente va a pasar de curso, porque alguna familiaridad tuvo con los contenidos, pero luego volverá a repetir. Tendremos el síndrome del año por medio".

- ¿Cómo se evita esto?

"Hay que ver qué le está pasando, cómo ayudarlo con la sicopedagoga o el fonoaudiólogo, o descartar si no está viendo bien y tiene, por ejemplo, una seudodislexia exofórica, que es cuando al niño le cae la imagen fuera de la retina, un poco más atrás, entonces confunde todas las letras y parece una dislexia, pero no lo es. La razón de realizar la promoción automática de los alumnos se tomó porque las investigaciones demostraban que la repitencia tenía dos efectos en los niños que son bien fatales. El primero es que hay mucha más deserción escolar en aquellos alumnos que han tenido historias de repitencias. Y el segundo, que es el problema más grande, consiste en el aumento de la violencia escolar, porque esos estudiantes quedan desfasados con sus compañeros; son muchos más grandes y se resienten inconscientemente porque a los más chicos del curso les va mejor y a ellos les sigue costando. Finalmente, para la convivencia, las diferencias de edad son mucho peores que las diferencias de aprendizaje".

- Según tu experiencia, ¿qué pasa con los padres cuando les avisan que a sus hijos les está yendo mal?

"Les he preguntado: ¿qué hizo usted después que le llegó esta información del colegio? Y algunos responden: le pegué. A una paciente le dijeron en el colegio que sus compañeras sabían hasta el doscientos y ella sabía hasta el diez. La mamá la tuvo hasta las cuatro de la mañana tratando de enseñarle los números hasta el cincuenta y, de paso, le pegó. Es que los padres se descontrolan porque el colegio tiene un valor sobredimensionado. Todo el mundo quiere que su hijo sea el primero del curso...".

- Entonces, también hay que preocuparse del estrés de los padres...

"Hay que enseñarles que esa respuesta agresiva tiene un efecto contrario, que va a angustiar más al niño. El alumno, entonces, odiará al colegio por dos buenas razones: porque le va mal y también porque le echa a perder mucho la relación con sus padres. Pienso que el sistema escolar presiona demasiado a los papás sin darles una pauta. Además, cuando le va mal a un hijo en el colegio uno se siente evaluado y fracasado. Por el contrario, se debe hacer una alianza entre la familia y la escuela para sacar adelante al alumno. Y lo que el niño necesita para mejorar es no inculparse y paciencia. Hay que cuidar la siquis del escolar. Es primordial que se sienta acogido, que se sienta capaz de aprender. Sólo así se irá reencantando con el aprendizaje".

quién es

Neva Milicic Müller (casada, 4 hijos y 2 nietas: Beatriz y Magdalena) es sicóloga clínica y educacional. Tiene un magíster en Educación en la Universidad Católica y un doctorado en la Universidad de Gales, Gran Bretaña. Actualmente, es profesora titular de la Escuela de Sicología de la UC. Dentro de los libros que ha escrito destacan: "Madurez escolar" y "Creo en ti" (sobre la autoestima escolar). En enero recién pasado, publicó "La presencia de otras miradas, medios audiovisuales y tecnología" (una propuesta para la escuela y la familia), junto a Javier López de Lérida y Alejandra Rivera.


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"LO QUE EL NIÑO necesita para mejorar es no inculparse y paciencia. Es primordial que se sienta acogido, capaz de aprender. Sólo así se irá reencantando con el aprendizaje".
Foto:Jorge Sánchez


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