EDITORIAL

Domingo 28 de Septiembre de 2003


Cosmética sandinista

Las declaraciones del ex dictador sandinista de Nicaragua Daniel Ortega (1979-1990), formuladas en Santiago con motivo de su invitación a los recientes actos en recuerdo del ex Presidente Allende, reafirmaron con menos fuerza su ideario revolucionario, pero causaron revuelo en su país.

Ortega fue encarcelado bajo el mandato del también dictador Anastasio Somoza, cuyo derrocamiento por una coalición de fuerzas políticas fue detonado por el asesinato del periodista y director de "La Prensa" de Managua, Pedro Joaquín Chamorro, en 1978.

Junto a su hermano Humberto, jefe del Ejército, desde el año siguiente controló férreamente el poder, avasallando las libertades públicas y hundiendo alpaís en una crisis gravísima, pese al apoyo de Cuba y de la URSS. Debió encarar los efectos de un devastador huracán y, luego, el comienzo de la guerrilla anticomunista - los "contras", con apoyo norteamericano.

Bajo presión de Estados Unidos, Ortega debió, finalmente, convocar a elecciones presidenciales en 1990, en las que fue derrotado de modo aplastante por Violeta de Chamorro, viuda del malogrado periodista. Antes de entregar el mando organizó la llamada "piñata", una serie de robos sin precedentes de recursos públicos y privados para fortalecer las arcas de los cabecillas sandinistas, situación que no ha sido corregida hasta hoy.

Después, Ortega cambió aparentemente su posición, planteándose como "socialdemócrata" y buscando atenuar su imagen totalitaria. Se presentó con esta apariencia a las elecciones presidenciales de 1996, siendo derrotado por Armando Alemán, uno de cuyos logros principales fue disminuir de 16 mil a poco menos de siete mil el número de uniformados a cambio de otras concesiones. Una tercera postulación de Ortega, en 2001, financiada parcialmente por el dictador de Libia, Qaddafi, fue derrotada por Enrique Bolaños, actualmente en el poder.

En Santiago, Ortega no descartó una cuarta postulación a la jefatura del Estado, a pesar de sus fracasos anteriores, lo que sorprendió a la ciudadanía nicaragüense, y aun a otro postulante presidencial sandinista.

Su antinorteamericanismo sigue vigente, y comparó a Allende - a quien atribuyó simpatías por la lucha armada- con el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Analogía extraña, pues el desenlace mortal del primero no ha tenido visos de ser emulado por el segundo, quien salió indemne de un brevísimo alejamiento del poder, recuperado el cual ha persistido en la persecución a sus opositores y a los medios de comunicación.

La nueva estrategia de Ortega, hasta ahora, no ha resultado creíble para el electorado nicaragüense, que no ha olvidado las terribles penurias sufridas bajo su mando. En las actuales circunstancias, parece improbable una eventual victoria presidencial suya.




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