REVISTA YA

Martes 1 de Abril de 2008

Ana María Cummins: Este embarazo lo voy a gozar absolutamente

Después de dos separaciones matrimoniales y 12 años de soltería, a los 40 Ana María Cummins se volvió a casar. Hoy, a punto de cumplir los 42, esta ex modelo encabeza una nueva campaña de belleza y espera a su quinto hijo. Desde la serenidad que le da esta nueva etapa revisa los momentos más duros que le tocó vivir: "He tenido golpes muy fuertes. Pero creo que todo sirve para la sabiduría, la madurez".
Por Ximena Urrejola B. Fotografías: Carla Pinilla

Ana María Cummins, ex modelo, empresaria y motor de la Fundación Alter Ego –que da tratamiento integral a niños con parálisis cerebral–, hoy, a punto de cumplir 42 años, está esperando a su quinto hijo. Tiene tres meses de embarazo que no se le notan, aunque ella afirma que sí, que normalmente es mucho más delgada. Vestida completamente de negro, con una pollera larga y una polera ajustada, con el pelo tomado y sin maquillaje, en la terraza de su casa de La Dehesa, Ana María habla de la plenitud del momento que está viviendo, de cómo le ha cambiado la vida desde que hace dos años se casó con el empresario Andrés León y de cómo está gozando su embarazo, tranquila, alejada de la oficina, dedicando todo su tiempo a ella misma y su familia. Un período de paz que no esconde, y que llegó, según ella, en el momento preciso.

Antes, su vida estuvo plagada de acontecimientos, como su embarazo a los 16 años, una primera separación matrimonial, una segunda separación (de Miguel Esbir, "Miguelo") y el accidente de su hijo Sebastián, quien a los tres años se cayó a una piscina, sufriendo daño cerebral. Ella reconoce que ha vivido mucho y muy rápido, y está dispuesta a repasar cada uno de estos acontecimientos con Revista Ya.

Los golpes de su vida

Ana María Cummins estaba en tercero medio cuando quedó embarazada de su primer hijo. Por eso debió terminar sus estudios en forma independiente, dando en tercero y cuarto medio exámenes libres. Cuando se le hace recordar esa época, señala que fue muy complicado para ella. "A los 16 años eres muy inocente, súper chica. Yo crecí en una familia convencional, con mucho cariño, mucha protección y en un colegio católico muy cerrado. Y la reacción del colegio fue súper mala, y también de una parte de la sociedad en que me movía. Fue muy duro porque a los 16 años no entiendes que el mundo sea tan agresivo, crees que todo es más simple y que los errores se pueden perdonar, sobre todo cuando era tan chica y no estaba muy consciente de lo que estaba pasando. Estamos hablando de hace 25 años, en un colegio del Opus Dei, donde la información era bien limitada. No entendía por qué la gente estaba tan enojada conmigo. Porque un hijo, si bien es cierto no es lo ideal tenerlo a los 16 años, es un ser humano, es un niño, una guagüita que va a nacer, es algo bueno. Sé que hoy día hay muchos colegios que reaccionan de forma muy distinta, que hay una tendencia de acoger a esta madre tan chica, tan joven, más que a recluirla o apartarla, o hacerla sentir tan mal, tan distinta, tan pecadora".

Dice que su familia y su círculo más cercano la apoyaron en todo momento: "El colegio era todo mi mundo, por eso fue tan difícil. Pero mi familia y mis amigas fueron incondicionales conmigo".

–¿Cómo ve ahora, con el tiempo, esa etapa de su vida que tanto la marcó?

–Gracias a Dios soy una persona que no conoce el rencor. Y con el correr del tiempo, me fui dando cuenta de que no todas las personas eran así, que el mundo tiene cosas maravillosas. Fue como volver a creer que Dios te quiere, y está presente en tu vida, que no es un Dios castigador, que es bondadoso. También me fui dando cuenta de que yo era más sana en muchos aspectos y que Dios siempre había estado conmigo.

La etapa de su primer matrimonio la recuerda con cariño. "Era súper madura para la edad que tenía o yo me encontraba súper madura. Porque la verdad es que ahora miro para atrás y veo las fotos y digo: "Era una cabra chica". Pero fui súper feliz, tenía a la familia del papá de la Colomba y a mi familia; familias protectoras, sostenedoras".

Junto con el cambio de pañales y el tener que llevar una casa, Ana María trató de seguir una rutina como todas las jóvenes de su edad. Por eso estudió Diseño y al mismo tiempo comenzó a trabajar como modelo, profesión con la que se hizo conocida en todo Chile, convirtiéndose en un ícono de belleza en la década de los '80. "Mi vida siempre ha sido así, de bastante trabajo, compatibilizando la tarea de ser esposa y mamá con las diferentes actividades que he llevado a cabo", señala.

–¿Siente que ha vivido mucho para la edad que tiene?

–Sí, pero me gusta. Soy una mujer grande, voy a cumplir 42 años, pero al mismo tiempo estoy joven y tengo toda una vida ya hecha. Llevo 25 años siendo mamá, tengo mis niños grandes. Entonces sí, me doy cuenta de que he vivido muchas cosas, y por eso hoy día lo único que quiero es gozar todo lo que tengo. Estoy tan bien, tan contenta, tan feliz, tan plena en todo sentido, que me encanta haber vivido todo lo que viví. Creo que todo sirve para tu sabiduría, para tu madurez. He tenido golpes muy fuertes, pero he tenido grandes alegrías, demasiadas cosas buenas. He tenido una vida fantástica.

–¿Cuáles han sido esos golpes?

–Muchos. El haberme quedado embarazada a los 16 años, mis dos separaciones matrimoniales, el accidente de mi hijo, que obviamente es el dolor más grande y el golpe más fuerte que he tenido. También perdí una guagüita a los 5 meses y medio, estaba esperando una niñita. Cada cierto tiempo me ha pasado algo, he vivido una experiencia. Ahora, creo que en la vida todo lo hace uno. Yo me casé a los 16 años porque quedé embarazada, me separé porque a lo mejor me quise separar. En todas las circunstancias de la vida una es autora completamente. Lo que sí, en el accidente de mi hijo no tuve nada que ver. Pero creo que en la vida uno no puede pasar lamentándose y autocompadeciéndose. La vida no es eso. Hay que tener claro que existen los problemas, las penas, la muerte, porque la vida es así. Y una vez que lo entendemos, somos capaces de disfrutar con las cosas buenas.

–¿Cómo ha vivido sus penas?

–Yo no me quedo en el dolor que tuve o en la pena que tuve, al revés. Creo que después que uno ha vivido el dolor, porque el dolor hay que vivirlo, hay que llorarlo, sale más fuerte. Y por último, algo bueno hay que sacar del tema, porque o si no, de qué se trata esto. En temas más delicados, como el de Sebastián, no es una pena que sucedió un día y pasó; es una pena de todos los días. Todos los días tengo que luchar contra algo o enfrentarme a verlo mal, bien, triste, a verlo con dolor o a verlo cómo se va deteriorando. Y obviamente significa todos los días una batalla y una lucha contra tus sentimientos. Pero, por otro lado, prefiero esto a no tenerlo, prefiero abrazarlo, que esté conmigo, porque es la unidad de la familia, porque nos da un amor impresionante, y todo eso es más de peso que el resto.

–¿Ha analizado mucho las cosas que le han pasado?

–La verdad es que no soy de pensar o cuestionarme mucho las cosas. Sí sé que los problemas hay que enfrentarlos y que no me puedo quedar en la pena, porque no conduce a nada. De partida, cuando lo único que haces es demostrar pena, le estás entregando ese sentimiento a todo el mundo. Cuando deberías hacerlo al revés: demostrar optimismo, demostrar que se puede salir adelante, demostrar amor. Eso sí lo tengo claro. No soporto que la gente se compadezca de mí ni yo compadecerme de mí, porque no tengo nada por qué compadecerme; al revés, tengo que agradecer todos los días. Tengo mucho más de lo que mucha gente tiene. Siempre, siempre, toda mi vida me he sentido una afortunada. De hecho, cuando Sebastián se accidentó, me sentí súper afortunada de que no hubiera muerto. Y ése fue mi parámetro: mi hijo está conmigo y si está conmigo es por algo. Cómo me querrá Dios que me lo dejó. Tanto le pedí que se quedara conmigo, que no se muriera, que no podía caer en la autodestrucción. Obviamente que hay días que son más difíciles que otros, a veces lloro más, otros menos, pero esa siempre ha sido mi filosofía; desde el primer momento.

Ana María señala que siempre ha buscado el lado positivo de las cosas. "Porque de otra manera no le encuentro sentido a la vida. Quién va a querer que un hijo se accidente, quién va a querer que un hijo se muera, quién va a querer separarse y ver a sus hijos tristes. Quién quiere eso, nadie quiere eso, habría que ser idiota para quererlo. Entonces, bueno, si las cosas sucedieron, veámosles el lado bueno y construyamos desde ahí".

–¿Cómo ha hecho para traspasar esta manera de pensar a sus hijos?

–Les converso harto a mis hijos. Pero cada uno tiene su personalidad, su forma de ver las cosas. Cada hijo mío ha tomado la separación de sus padres de una forma distinta, cada hijo mío ha tomado el accidente de su hermano de una forma distinta, pero lo que sí puedo asegurar es que cada uno de ellos es súper especial. Les han tocado cosas duras, pero ellos saben que las penas existen y que se puede salir adelante. Es lo que han vivido y lo que han visto.

Nueva vida a los 40

–Después de su segunda separación matrimonial estuvo bastante tiempo sola, ¿pensó que se volvería a casar?

–Sí, estuve como 12 años sola. O sea, tuve pololos, pero pensé que no me iba a volver a casar. Ya me había casado dos veces, las dos veces muy joven. Estaba bien, contenta, mi tarea eran los niños y la soledad no es algo que me influya negativamente. Hasta que me enamoré y con la convicción, además, de que es para siempre. No sé si esta convicción te la da la edad, pero es tener la seguridad de que va a ser tu marido para siempre y de que te va a ir súper bien, y así ha sido.

Junto a Andrés León llevan dos años de matrimonio y un poco más de tres años desde que se conocieron. "Fue bien flash porque el primer día que salimos, los dos supimos que nos íbamos a casar. Por eso no fue difícil tomar la decisión. Una vez vi una película increíble, en que una hija le pregunta a su mamá, que llevaba muchos años de matrimonio, cómo se dio cuenta (de que él era el hombre de su vida). Y la madre le contesta que cuando él le tomó la mano, lo sintió adentro suyo. Yo creo que esas cosas se sienten; eso fue lo que me pasó a mí".

–¿Nunca se preguntó por qué no lo conoció antes?

–No. Estaba muy dedicada a mis hijos y a mi trabajo, y a lo mejor antes no había cabida para otra persona en mi casa. Ahora, cuando me doy cuenta lo importante que es vivir en pareja, me pregunto cómo lo habré hecho tanto tiempo sola. Porque un partner te ayuda en las decisiones, te sientes respaldada, y hasta con las cosas de la casa, si algo se echó a perder, tienes a alguien a quien recurrir. Antes estaba sola, todas las decisiones eran mías, los sí, los no, llevar una casa, los permisos, la etapa de la adolescencia, que es tan difícil, trabajar, tratar de ser buena mamá, estar presente... Hoy estoy tan bien en pareja que puedo llegar a morirme si estoy sola, lo echaría mucho de menos.

Andrés León tiene cinco hijos; Ana María, cuatro. Con la guagua que viene van a sumar 10.

–¿Este nuevo hijo fue una decisión compartida?

–Sí, fue una decisión; los dos queríamos desde el primer momento. Fue bien especial porque Andrés me volvió a abrir las puertas de la maternidad; yo las tenía cerradas. Volver a sentir lo que es estar embarazada, volver a sentir esa cosita dentro de mí y luego tenerla y cuidarla y que dependa ciento por ciento de mí lo encuentro mágico.

–¿Tiene temor respecto de su edad?

–No, la verdad es que nunca pienso que van a pasar cosas malas. Ya tengo cuatro hijos, aunque han pasado tantos años que es como si fuera el primero. Mayores temores no tengo y bueno, en la vida lo que pase va a tener que pasar igual no más.

–¿Cómo lo han tomado sus hijos?

–Hicimos las cosas súper bien con los niños, porque obviamente no es fácil. Después de 12 años, tener un hombre en la casa es raro. Pero cuando la pareja está tan convencida de lo que está haciendo y está feliz, se irradia. Y los niños lo único que quieren es que sus padres estén bien. Quieren ver a la mamá con una persona que la ama, que la respeta. Y bueno, esta guagua va a tener 16 años de diferencia con el menor de mis hijos. Fuimos bien cuidadosos en dejar pasar un tiempo, en afiatarnos como pareja, que los niños se adecuaran tanto conmigo como con él. Y era el momento; ahora o nunca. Porque, por otro lado, tenía el susto de si me quedaría o no esperando, a estas alturas de la vida uno no tiene idea de lo que pasa. Pero pasó y fue increíble. Estoy feliz y dedicada ciento por ciento a ser madre; de hecho dejé de trabajar, que no lo puedo creer. Creo que me lo merezco después de tantos años; creo que se lo merece mi guagüita. Este embarazo lo voy a gozar absolutamente". ya

Producción: Francisca Torres. Maquillaje: Teresita Irarrázabal e Ivonne Martin.






Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

Foto:Carla Pinilla


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales