ARTES Y LETRAS

Domingo 2 de Junio de 2002

Opinión
El legado de María Mohor

La pintura de esta artista refleja un extraordinario mundo interior y gran sensibilidad.
GEMA SWINBURN

Muchos han afirmado que la obra de María Mohor es de corte primitivo o ingenuo. Opinión sesgada. María Mohor tuvo una formación académica rigurosa en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en la década del '60, con maestros tales como Augusto Eguiluz y Gustavo Carrasco. Lo que se puede decir de esta artista es que tuvo una particular manera de aproximarse a la realidad. Nunca se sometió a ningún movimiento o moda pictórica. Su obra tiene un sello de identidad muy profundo. Cuesta asociarla con algún movimiento y encontrarle compañeros de senda o discípulos. Su no dependencia pictórica la hizo trabajar en soledad. Por su mirada prístina, pero no naif o ingenua, en nuestra historia del arte encontramos un par, otra gran pintora, perteneciente a la Generación del '50, Juana Lecaros.

Su obra de creación se caracterizó por pinturas en formato pequeño. Preferentemente mujeres pensativas, solas o en grupo. La presencia de elementos fundamentales del expresionismo está presente. El más marcado, captar el aspecto sicológico del modelo que va más allá de las características físicas de éste. En todas sus pinturas observamos un profundo análisis; este afán la llevó a plantear originales propuestas cromáticas con una fuerte síntesis del dibujo que sorprende por su audacia y simpleza. Un dibujo aparentemente tosco que devela un conocimiento cabal de la estructura formal. Las solitarias mujeres de María Mohor (Concepción, 1933 - Santiago, 2002) tuvieron una composición muy similar, aparecen frontales, sin perspectivas y con una solución básica y esencial. Impresiona el tratamiento emocional del espacio que nos ubica dentro de una atmósfera mágica, real y misteriosa. Nunca se apartó de la realidad, más bien, en estos retratos insiste en la realidad. Con su mirada analítica y obsesiva intenta captar algo tal vez olvidado por el hombre. Ella logra develarlo. De ahí que su pintura capte la ética del escogido.

De baja estatura, activa, ansiosa de no perder un segundo de las lecciones de sus maestros, interesada en el trabajo de sus compañeros, ordenada, querendona, celosa de su intimidad. Una pérdida para la pintura chilena. Es necesario que las generaciones actuales de artistas conozcan la obra de creación de María Mohor. Esperamos una gran retrospectiva.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Originales propuestas cromáticas con una fuerte síntesis del dibujo.
Originales propuestas cromáticas con una fuerte síntesis del dibujo.


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales