CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Sábado 21 de Septiembre de 2002

Museo de Bellas Artes:
Esculturas para ser vividas

El jueves 26, Patricia del Canto inaugura la exposición "In Illud Tempus", con obras del período 2001-2002.
CAROLINA LARA B.

Enfrentarse a una escultura de Patricia del Canto es entrar plenamente en un ámbito de experimentación: las grandes estructuras no sólo se contemplan como objetos de arte, sino que están abiertas para que el espectador ingrese en ellas y permanezca en su interior, como en un pequeño hito ritual o arquitectónico en medio del paisaje.

Sus obras son ambientaciones que representan altares, templos o umbrales, situados en parques, en la ciudad o sus interiores. La piedra, la tierra, el cuarzo o arena, son elementos que la escultora incluye íntegros dentro de las construcciones de madera o acero oxidado, conjugando naturaleza y tecnología en aquellos espacios de silencio.

"El proceso es industrial. Empleo soldaduras, motosierras, máquinas eléctricas, dejando varios materiales en su estado natural. Pero no trabajo formatos tomables ni abarcables. Colindantes con la arquitectura, son como lugares a escala antropométrica, a los que el visitante puede entrar solo, para quedarse en el interior. A la vez, son señales; modifican el espacio donde se insertan y lo reflejan a través de aberturas o espejos. Pero siguen siendo esculturas, ya que trabajo desde los conceptos de esta disciplina", explica.

La artista resume esta propuesta en el concepto de "escultura-sistema", porque en cada obra se da una triple asociación, que involucra al espectador, la escultura misma y el entorno donde se sitúa.

Cinco obras conforman la exposición "In Illud Tempus", que estará abierta hasta fines de octubre en el hall central del Museo de Bellas Artes (Parque Forestal). Son sus últimos trabajos, más cercanos a formas arquetípicas o esquemas arquitectónicos pretéritos, como cuevas, portales, pirámides o barcas. "Es una búsqueda de algo primigenio, puro y no contaminado; de formas quizás anteriores a nuestra historia, pero con un lenguaje absolutamente actual", enfatiza.

Del Canto fue de las primeras escultoras que en Chile comenzaron a utilizar materiales y procedimientos que se alejaban de la tradición, optando por soldar el metal, por construir, clavar, pegar o ensamblar materiales muy variados.

Al comenzar los años 70, ella salía de la Escuela de Artes Aplicadas de la U. de Chile, ingresando a un medio donde la escultura parecía ser de las disciplinas más anquilosadas, según recuerda: "En la escuela trabajé primero con cerámica y color. Pero pronto fui evolucionando dentro de la escultura de manera muy natural, trabajando con metal fundido, luego con polyester, cueros y otros recursos que estaban absolutamente negados en la escultura chilena de entonces, muy ligada aún a la tradición, al trabajo con la piedra, al tallado en madera y a la fundición".

Hacia el extremo

En el medio local, Patricia del Canto ha sido pionera, expandiendo el lenguaje hacia otras áreas, como la arquitectura y la instalación. Su producción no se relaciona tanto a la historia de la escultura chilena, sino más bien a las vanguardias internacionales que en los años 60 llevaron este medio a extremos expresivos a través del minimalismo, el land-art y ambientaciones efímeras. Aunque en su formación estuvieron Juan Egenau y Matías Vial, son artistas como Richard Serra o Robert Morris los que reconoce como referentes. Ellos trabajaron con la simplicidad formal de elementos industriales y cotidianos, como tubos fluorescentes, planchas de metal, apelando a procedimientos como la acumulación de materiales, la construcción y el ensamblaje.




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"Mis esculturas no son propiamente lúdicas. Más bien se proponen como lugares de silencio, de paz, de contemplación y diálogo interior", dice la autora.
Foto:Francisco Somalo
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