ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Domingo 2 de Febrero de 2003

PERFIL. Habla Manuel Ibáñez Ojeda:
El Patriarca del Líder

El presidente honorario de la cadena de Distribución y Servicios (D&S), y quien hace 50 años revolucionó la venta detallista en el país con los primeros Almac, habla por primera vez, en exclusiva para Enfoques de Economía y Negocios, sobre su historia empresarial y familiar: de su padre, don Adolfo Ibáñez, inspirador de la homónima universidad porteña; de su hermano Pedro, el político y quien dirigió esa casa de estudios, y de su hijo menor, Nicolás, quien lo sorprendió hace algunos días tras renunciar - luego de 10 años en el cargo- a la gerencia general del mayor operador supermercadista del país.
Lenka Carvallo Giadrosic

Con más de 60 supermercados en todo Chile (entre Ekono, Líder y Almac), y un negocio en permanente expansión, no es casual que la cadena de Distribución y Servicios (D&S) sea el principal operador del rubro en el país.

Claro que para comprender la trayectoria de esta empresa, hay que, necesariamente, conocer la historia de Manuel Ibáñez Ojeda, el subteniente de marina, el deportista aficionado a los caballos chilenos, y el hombre que hace más de 50 años introdujo el concepto de los supermercados en nuestro país. Su legado se ha multiplicado en manos de 4 de sus hijos y continuadores: Nicolás, Felipe, Manuel y Victoria, quienes crecieron teniendo a los supermercados como segundo hogar y que hoy participan activamente de la compañía.

Todo partió con una distribuidora mayorista de café, té y hierba mate a lo largo de todo el país, originada de una sociedad alemana que, proveniente de Hannover, se instaló a fines de 1800 en el puerto de Valparaíso. A esta institución ingresó, a comienzos del siglo XX, don Adolfo Ibáñez - padre de Manuel- , quien partió como empleado, pero luego se transformó en socio minoritario hasta ascender a la gerencia general en 1920. Posteriormente, al jubilar y retirarse el socio principal, la firma pasó a ser AD. Ibáñez y Cía.

En esos años, creyó en la conveniencia de una escuela de estudios que pudiera servir para la mejor conducción de negocios comerciales e industriales. Sus ideas impulsaron a sus hijos a crear la Fundación Adolfo Ibáñez que en 1953 se concretó con la puesta en marcha de la Escuela de Negocios de Valparaíso, dirigida por Pedro Ibáñez Ojeda, hermano de Manuel.

En dicha época, no existían estudios universitarios apropiados para la administración de empresas. El aprendizaje se hacía en las mismas organizaciones comerciales de Valparaíso. Los jefes eran también profesores: enseñaban a su manera durante la práctica del trabajo cotidiano. Se complementaba la enseñanza con cursos especiales que se ofrecían en algunas instituciones del puerto. En este procedimiento imperaba una marcada influencia y disciplina anglosajona. Era la característica del Valparaíso comercial en esa época.

Como lo relata Manuel Ibáñez, de 18 años cuando ofreció sus servicios - por carta manuscrita- a AD. Ibáñez y Cía. Fue aceptado como 'junior' - como se llamaba a los jóvenes que iniciaban su aprendizaje laboral- y debió presentarse a la compañía de su padre el primer lunes de marzo del '40, a las 8 AM.

Su instrucción comenzó en la planta telefónica - para que se conociera los nombres de los jefes y del personal- , y luego de un par de años, tras pasar por diferentes actividades, continuó como vendedor en el sector Este de Valparaíso y sus cerros. Hasta que durante los años de la Segunda Guerra Mundial fue trasladado a la agencia de Antofagasta, para atender personalmente los almacenes del norte grande.

La difícil partida de Almac

Sin embargo, la historia de la empresa, como operador supermercadista, comenzó a escribirse recién en los '50, cuando Manuel Ibáñez rea-lizó su primer viaje a EE.UU. para desempeñarse ad honorem en la firma McCornick, lo que le permitió conocer bien el negocio de la distribución mayorista que en ese momento se practicaba en Norteamérica.

Así supo de los primeros supermercados, una solución ideada por los atribulados almaceneros de la Segunda Guerra, cuyos empleados - en su mayoría jóvenes- se habían enlistado para combatir en el frente: a falta de personal, surgió este sistema de autoservicio, donde los compradores llevaban un carro en la entrada y luego pagaban sus productos al salir.

Seis meses después regresó con la idea firme en su mente. Y no tardó en pasar de las aguas de la distribución, a la venta detallista con la creación de los primeros Almac.

Pero en Chile la economía se encontraba atrasada en su capacidad productiva, "sin embargo, pude ver que era un escenario posible: se trataba de un país productor de alimentos, conocíamos a fondo los sistemas de distribución a los almacenes. Todo estaba por hacerse y eso constituía una ventaja", relata Manuel Ibáñez.

Mientras, la mayoría de quienes oían hablar de su proyecto lo consideraban un loco: "¡Cómo se les ocurre!, les van a robar hasta el alma", comentaban. "Pero yo me defendía diciendo que los chilenos reaccionamos igual que los norteamericanos, como concluí de las observaciones que hicimos con mi señora durante nuestra estada en Estados Unidos".

Con todo, los comienzos de los primeros Almac no fueron nada de fáciles. Por ejemplo, con la presentación de los productos a la venta, "las empresas productoras vendían sus alimentos y otros artículos a granel a los almacenes. Sucedía esto con el arroz, el azúcar, las legumbres, el aceite y otros. No les interesaba hacer los paquetes de un kilo, ya que ni siquiera existía la tecnología. Así que nosotros asumimos la tarea por el tiempo que fuera necesario".

Ni hablar de los primeros carritos: "Llegué de EE.UU. y traje en el avión un carro de modelo. Les pedí a mis amigos de CIC que construyeran uno igual, pues necesitaría una cantidad importante para nuestro negocio. Pero no se imagina las veces que debí reunirme con el ingeniero de esa empresa para hacerle ver que las soldaduras no tenían la resistencia suficiente y, más encima, resultaban carísimos. ¡Y las ruedas ni siquiera existían en Chile y tampoco se podían importar! Pero apareció un señor que pudo fabricarlas", relata.

Jugando al almacén

Apasionado de los negocios, los 5 hijos de Manuel Ibáñez se criaron teniendo a los supermercados como su segundo hogar: "Desde que eran pequeños, me acompañaban a visitar los diferentes locales; esto fascinaba sobre todo a Nicolás, incluso le gustaba jugar a los almacenes cuando tenía unos 5 o 6 años", relata.

Transcurridos varios años desde aquellas anécdotas, hoy los continuadores del clan Ibáñez se desempeñan dentro de la empresa: Felipe preside el directorio de D&S; Manuel maneja los negocios agrícolas en forma muy independiente; Victoria es la encargada de implementar los coffee corner 'Buffet' en los distintos supermercados de la cadena; y Nicolás, quien por años ocupó la gerencia general y renunció sorpresivamente a principios de este mes; y posiblemente se integraría también al directorio en su calidad de accionista principal.

La salida de Nicolás de la gerencia incluso sorprendió a su propio padre: "Nicolás cumplió de buena forma una etapa muy difícil... Y la compañía ha crecido. Sin embargo, según muestra la experiencia, la cabeza pensante, encargada de los planes y las decisiones para el futuro, no puede estar también en las trincheras, eso es muy degastante", explica Manuel.

Desde que llegó a la gerencia general, en 1994, Nicolás Ibáñez logró posicionar a D&S en uno de los conglomerados empresariales más relevantes del país. Actualmente cuenta con 62 locales desde Arica a Puerto Montt y sus acciones se cotizan tanto en la bolsa local como en Wall Street y en Latibex, en Madrid.

Ante su intempestiva salida, la gerencia general recayó en otro consanguíneo: Cristóbal Lira, sobrino de Manuel y quien asumió recién el pasado martes. El ejecutivo, quien hasta el momento lideraba la gerencia comercial, llevaba más de 20 años en la empresa.

Sin embargo, Manuel Ibáñez manifiesta que el que la gerencia esté en manos de un familiar no es lo relevante a la hora de ocupar un puesto estratégico dentro de D&S: "Él tiene la preparación suficiente y el que sea parte de la familia me hace sentir muy afortunado".

"Este es un mercado altamente competitivo, y en crisis más encima... Es curioso, pero aparentemente no hay una razón económica que explique la actual recesión... ¡Ni el mismísimo demonio es capaz de saberlo! Aunque, si el Gobierno se mantiene como hasta ahora, se puede salir adelante. Hay que tener calma, tranquilidad y mano firme", manifiesta.

Y es que, como subteniente de marina que es, Manuel Ibáñez se inspira en las grandes y también las pequeñas embarcaciones a la hora de explicar algunas de sus filosofías de vida: "Navegar contra el viento enseña mucho, es algo que uno tiene que aprender. A veces se puede ir a favor, pero no hay que engañarse: es aún más peligroso y difícil. Y hay momentos en que incluso uno se ve obligado a cambiar de rumbo por unos instantes e incluso varios días. Y es que la vida en general se parece mucho a la experiencia en el mar".

En cuanto a Nicolás, tras una década al frente de la empresa, debió sortear momentos complicados, como la expansión de la empresa justo en período de recesión económica, la baja en el consumo y dificultades con proveedores.

No obstante, el mayor accionista del grupo no sólo lideró cambios en las políticas de expansión de la empresa.

También instauró algunas normas conocidas como el 'estilo Ibáñez' que, entre otras, descarta que los hombres usen barba, aros o pelo largo.

Asimismo, en la Escuela de Servicios de D&S hay una capilla, donde se canta misa todas las semanas, un equipado gimnasio y hasta una cancha para trotar. Todas consideradas facilidades necesarias y plenamente apoyadas por Manuel Ibáñez: "Los trabajadores deben andar bien presentados", explica.

- ¿Y qué opina que se les exija ir a misa o practicar algún deporte?

"Hay que llevar una vida ordenada; de lo contrario, las cosas no resultan. La gente de negocios también reza, tiene que encontrar inspiración, porque si sólo cumple con sus deberes de forma rutinaria, tampoco sirve. Y el deporte también es indispensable. Si quiere pensar bien, es necesario el ejercicio físico, ya que así se oxigena mejor la sangre".

Por lo demás, dicho estilo no resulta nada nuevo para él: ya en 1930, en plena crisis económica, los trabajadores de Ibáñez y Compañía comenzaron a aprovechar los tiempos muertos (a causa de la disminución de las órdenes de compra) con clases de gimnasia, canto y algunos ramos humanistas para el crecimiento intelectual: "Entraban a trabajar a las 8 y antes de las 12 quedaban desocupados, pese a que la hora de salida era a las 5 de la tarde. Entonces, se acostumbraron a practicar deporte que les permitía estar en mejores condiciones físicas y de mejor ánimo, de modo que cuando terminó la crisis, tenían el espíritu y la energía suficiente para responder ante la fuerte carga laboral que se les vino encima".

Junto a Felipe, la contribución de los hermanos Ibáñez resultó fundamental para el progreso de la empresa, desde que en 1980 ambos ingresaran a la compañía con un interesante proyecto bajo el brazo: el negocio de los supermercados económicos, con Ekono.

Eran los tiempos de la recesión y, de inmediato, la idea fue apoyada por su progenitor. Y ya a mediados de los '90, estos hermanos dieron un segundo salto al debutar Líder en el país. Pero el mayor de los aciertos se le atribuye a Nicolás, quien impulsó la transformación del negocio familiar en la sociedad D&S.

Ello, mientras que desde el directorio de la compañía, hoy el padre de familia se confiesa "muy retirado" de los negocios, aunque deja abierta una ventana: "Hemos pasado de una empresa pujante pero más pequeña, a transformarnos en lo que somos hoy y, en ese sentido, me agrada seguir adelante y participar en el desarrollo de la empresa".


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Don Manuel Ibáñez Ojeda y su hijo Nicolás, principales eslabones en la historia del mayor grupo supermercadista de Chile.
Don Manuel Ibáñez Ojeda y su hijo Nicolás, principales eslabones en la historia del mayor grupo supermercadista de Chile.
Foto:El Mercurio


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