CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Martes 15 de Agosto de 2000


¿Cómo Lo Hace Marco Antonio De la Parra?

Este jueves, con el estreno de "Madrid-Sarajevo", en la que él también actúa, serán tres las obras suyas que coincidan en la cartelera santiaguina. Un día entero junto al psiquiatra y dramaturgo arroja algunas pistas sobre las razones de su productividad.
En varios rincones de su casa, Marco Antonio de la Parra mantiene las tres herramientas con que traza sus proyectos. Son cuadernos, lentes para la presbicia y lápices de tinta desechables. De la Parra toma uno de esos cuadernos en su consulta de psicoterapeuta, voltea las páginas y lee en voz alta:

Hay una primera versión de una obra sobre las cartas de Kafka a Felicia. Recetas médicas. Una obra sobre sir Richard Burton, el explorador. Un texto que estoy corrigiendo sobre la hermana de Nietzsche. Un artículo que al final no hice nunca. "El pintor español", una novela que tengo muy avanzada. Un texto que estoy trabajando con Raúl Osorio. Notas de obras que después abandoné. Dibujos para la obra "Las costureras". Dos monólogos históricos, uno de Manuel de Salas y otro de Balmaceda. Observaciones sobre el proyecto "El cuerpo de Chile". Las terribles revisiones de "El Cristo entrando en Bruselas", una novela que espero publicar a fin de año. Ideas sobre producción teatral. ¡Uf! Aquí hay tres comienzos de un cuento. Una novela de infancia que estoy empezando a diseñar...

De la Parra cierra el volumen y levanta la vista. Eso hago todo el día, dice.

Actualmente, dos obras suyas que ya pasaron de los cuadernos al escenario forman parte de la cartelera teatral santiaguina. A "Monogamia", con funciones desde enero y un reciente estreno en Buenos Aires, se agregó el pasado jueves un nuevo montaje de "Lucrecia y Judith, comedia sin cabeza".

Una tercera, "Madrid-Sarajevo", se agregará a partir del jueves. En este drama sobre la guerra en la ex Yugoeslavia actúan De la Parra y su mujer, la actriz española Nieves Olcoz, bajo la dirección del también español Domingo Ortega.

Matiné, Vermut, Noche

El dueño de casa se encuentra ahora en el living sin muebles que alberga ensayos y los talleres de dramaturgia y escritura que conduce. De la Parra, maquillándose por segunda vez en el día está, como dice el director español, buscando la máscara para su papel en "Madrid-Sarajevo". Son las 10:45.

Antes, luego de atender a su primer paciente, se había sometido a las manos de una maquilladora de Full Canal, donde lo entrevistó la conductora Jeanette Frazier.

Frazier lo presentó como Mi personaje de la semana. En 15 minutos hablaron de psicología, de las obras de teatro que vienen, del libro sobre la sexualidad masculina y cómo De la Parra descubrió, gracias a él, el orgasmo múltiple.

Después de la entrevista, volvió a su casa en un radiotaxi ofrecido por el canal. Estaba atrasado para ensayar. Al llegar, el director lo reprendió por sus quince minutos de tardanza.

De la Parra y su mujer se familiarizan con el maquillaje mientras repasan sus líneas. El director les muestra un libro de pintura sobre el siglo de oro español para que se inspiren. Por los muros se cuelan ruidos de actividad en la cocina. La mañana avanza. El olor a comida casera impregna el lugar. De la Parra parece haber encontrado su máscara. Se levanta y se mira detenidamente. Ya, voy a fotocopiarme, dice y se le oye remontar la escalera. Suena el timbre. El almuerzo parece estar listo. Ha llegado el paciente de las 13.00. La tarde estará dedicada enteramente a la consulta.

- ¿Tus pacientes te proveen de material para tus obras?

Me mantienen en contacto con el mundo, responde una vez que han terminado las sesiones del día. Uno aprende de música, de arquitectura, de detalles insospechados del ciclismo. Los sueños que puede tener un arquitecto están llenos de símbolos de espacio en los que uno no había pensado antes.

Hubo una época en que De la Parra también fue paciente. Se sometió a un psicoanálisis en un período de su vida que él califica como de catástrofe, marcado por una crisis matrimonial, el paso de la psiquiatría a un trabajo en publicidad y una sequía creativa de dos años. El psicoanálisis me ayudó mucho, me destapó los temores a la producción, cuenta.

- Ahora se te considera un autor prolífico.

No me preocupa ser más o menos prolífico. Creo que tengo menos pudor o una mayor defensa ante el pudor. Pero uno no es nada al lado de Lope de Vega o Calderón de la Barca. Lo paso bien escribiendo, me protege y me libera de muchas cosas.

De todo lo que hago salen subproductos, agrega después. De la obra "Matatangos" salió el cuento "Gotán". De "Lo crudo, lo cocido y lo podrido" han salido muchas obras posteriores."La secreta obscenidad de cada día" y "Monogamia" son como espejos. Me leo toda la historia de Chile y ahí los subproductos ya son innumerables.

- ¿Seguro que no tienes ningún escritor fantasma o un negro literario trabajando para ti?

En realidad sí tengo uno. Yo soy mi negro. He escrito algunas cosas de negro con mi firma. En el libro de la sexualidad renuncié a mi escritor para ser más un escritor-comunicador, trabajando mucho con lo que tengo de médico también. Además, escribo mucho menos de lo que quisiera. Siempre estoy inventando cosas que no voy a poder hacer, lo que a ratos me hace muy desdichado. A veces, eso me vuelve muy disperso y disparejo en el cuidado del resultado final. Por eso tengo un desafío en la novela y en hacer cine, por eso del final cut. Algo me pasa con el control que me pongo muy ansioso con la revisión. El teatro tiene la ventaja de que eso lo haces en grupo.

- Al salir de la entrevista de esta mañana decías que te gustan los auditorios pequeños en vez de los grandes, pero ¿por qué te gusta tener un auditorio?

Aparte de mis rasgos exhibicionistas, no lo sé. Me cuesta mucho estar solo. Es una necesidad que tiene mucho que ver con una ansiedad, una ansiedad de muerte. Por eso me gusta ir a buscar al auditorio vivo, palpable. Pienso mejor y más cuando estoy acompañado que cuando estoy a solas con mi cabeza, a pesar de que cuando estoy a solas es cuando trabajo. A mí me pasa mucho que llego al teatro y digo qué hago aquí, cuando podría ser meramente médico. Te da mucho miedo. Y ese miedo envicia. Creo que es un vicio como el que tienen los corredores de alta velocidad, de sentir la muerte y vencerla.

Ha pasado la tarde. Son las 20.45 y De la Parra llega a la Sala Galpón 7, donde la compañía La Machina estrena "Lucrecia y Judith...". El sonríe y saluda en todas direcciones, besando mejillas, estrechando manos y haciendo gestos a la distancia. Adentro, toma el papel de anfitrión, indicando lugares disponibles a sus conocidos.

Al finalizar la función, sube al escenario junto a la compañía para recibir los aplausos. Luego hay un cóctel y el consiguiente recorrido de más saludos y conversaciones superpuestas. Cerca de la medianoche, De la Parra baja por la calle Chucre Manzur a bordo de su auto blanco junto a su mujer. Para él, otro día ha terminado.

Sergio Fortuño.




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En el tercer piso de su casa, De la Parra se aísla por escribir. Por estos días revisa una novela que espera publicar a fin de año.
En el tercer piso de su casa, De la Parra se aísla por escribir. Por estos días revisa una novela que espera publicar a fin de año.


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