WIKÉN

Viernes 24 de Septiembre de 1999

Sé cómo se entretuvieron el milenio pasado

Pese a guerras, revoluciones, enfermedades y tragedias, pese a todo, la humanidad ha sabido divertirse en grande durante los últimos mil años. Lo invitamos, entonces, a sacar su entrada para este recorrido nostálgico e histórico por el ocio del hombre. Una revisión muy entretenida, no hay duda.
Cuando a los ingleses se les propuso elegir la palabra del siglo, es decir, el término que más caracterizaba a los últimos cien años, la decisión fue unánime. El vocablo ganador, tras una votación hecha por el diario The Times, fue televisión.

Según el escritor Tom Wolfe, ya vivimos una tercera generación de seres humanos que han crecido bajo el influjo omnipresente de los rayos catódicos. Lo que quiere decir, entre otras cosas, que la televisión ya no es exclusivamente un medio de comunicación que ha transmitido los momentos más importantes de nuestra historia colectiva.

Es una atmósfera. La televisión penetra en la vida de la gente de un modo tan natural como el oxígeno, y a nadie se le ocurre impedirle el paso... Una diosa que puede ser temida, despreciada, pero que en modo alguno puede ser negada, dice Wolfe.

Quizá exagere, pero lo que sí nadie puede discutirle al gurú del nuevo periodismo de los 60 es que la televisión se ha convertido en una de las grandes fuentes de entretención de nuestros días. Tanto, que a cualquier ávido consumidor televisivo le podría asaltar la pregunta de cómo se las ingeniaba el hombre de antaño para divertirse antes de la llegada de la pantalla chica.

La respuesta es compleja, porque en un milenio muchas cosas han cambiado. La población del mundo ha subido de 300 a 5,9 mil millones de personas y la esperanza de vida de 30 a 62 años. En el año 1001 muy pocos podían leer sus propios nombres, el mantenerse alimentado era la preocupación más preponderante y el baño era una ritual poco frecuente.

En Europa, durante la Edad Media, la sofisticación cultural de la herencia greco-romana se había perdido y su contemplación estaba confinada al interior de algunos monasterios. En tanto, en los castillos se organizaban fiestas y comilonas.

Las damas danzaban bailes litúrgicos, solemnes, lentos y con muy poco contacto físico. Junto a esto, algunos trovadores cantaban poemas épicos. A fines del XI nace El Cid y el Poema de los Nibelungos. También exis-tían torneos solamente para caballeros. Estaban las damas por las cuales se hacía la competencia y cada participante representaba a una de ellas. Las señoritas dejaban caer sus pañuelos y los caballeros se los anudaban al cuello, en el brazo o en el escudo y peleaban a nombre de ellas, dice el historiador y doctor de la Universidad de Oxford Julio Retamal.

Mientras, los vasallos se divertían con entretenciones con un matiz más bien religioso.

El carnaval, que viene de la palabra carne, era la gran fiesta de este período. Con esta festividad se despedía el gozo de vivir porque eran los últimos días en que se comía carne hasta semana santa. Luego se suprimía este tipo de alimento, las fiestas y la alegría. Entraban en ayuno, cuarenta días de tristezas, no sonaban las campanas y se prohibían los regocijos populares... En muchos lugares, se hacían carnavales muy burdos. Se tiraban agua, se lanzaban cosas por la cabeza, peleaba un bando con otro. El de Venecia, sólo en el siglo XVI adquiere ese carácter hierático con sus disfraces, narra Julio Retamal.

Shakespeare por un Penique

Desde el siglo X también había teatro, pero exclusivamente ligado a la religión y dependiente de la teología.

Fue ese movimiento underground llamado cristianismo el que sepultó al teatro en Grecia y el que lo volvió a resucitar después. Al principio, se representaban ciertos episodios de la Biblia como la Navidad dentro de las catedrales. El teatro causaba un fervor digno de un Festival de la Canción. La gente se extasiaba, expresa el actor y director Ramón Núñez.

Como los sacerdotes se dieron cuenta del éxito, lo aprovecharon como sistema de propaganda para sus ideas y trasladaron las obras a los pórticos y de ahí a la calle. Era la oportunidad de dialogar con la gente, ya que la misa era en latín y los actores eran los propios sacerdotes. Precisamente, fue España, un país más papista que el Papa, el primero que permitió que las mujeres pisaran las tablas. Antes, sólo el monje más joven y lampiño tenía que hacer de virgen, agrega Núñez.

En ese contexto, el teatro fue por mucho tiempo una de las pocas instancias que congregaba multitudinariamente a la sociedad completa. Los espec-táculos tenían un concepto masivo que, sin duda, hoy en día se ha reducido.

Era un teatro con gran parafernalia y hasta con efectos especiales. En los autos sacramentales, los ángeles cruzaban el escenario aleteando por el aire gracias a cordeles que los sostenían. De repente, se abría la parte delantera del escenario y aparecía el fuego del infierno y tipos vestidos de demonios atormentaban a los pecadores, mientras otros eran salvados por los ángeles, acota Julio Retamal.

El Renacimiento, durante el siglo XVI, se encargaría de legar obras dramáticas que resultarían comprensibles hasta nuestros días y se convertirían en clásicos de la literatura universal. Ya no se podría en escena el cielo o el infierno sino los destinos de los reyes, las agonías de héroes, tragicomedias románticas, crónicas de catástrofes universales y las pasiones más bajas del ser humano.

En Gran Bretaña, la ruptura con la Iglesia Católica fue rotunda. Enrique VIII prohibió los dramas religiosos y transformó a los autores de sirvientes de nobles y aristócratas en pequeños productores independientes que vendían sus obras. Por ser un entretenimiento popular, la entrada no superaba el precio de un penique. Durante la época isabelina se construyeron numerosos teatros con capacidades para miles de personas - como el mítico Globo- y se llegó a censar 116 dramaturgos. Excepto William Shakespeare, Christopher Marlowe y Ben Johnson, la mayoría pasaron al anonimato.

Shakespeare congregaba a la sociedad entera de su época. En el Teatro Globo se apostaban todos los estamentos jerárquicos de la realeza hacia abajo, dentro y fuera del escenario. Era la oportunidad de criticarse unos con otros. No era una experiencia sagrada. Se conversaba, se comía dentro de la sala, el actor debía disputarle la atención al propio público, comenta la historiadora y socióloga María de la Luz Hurtado. Eso sí, Shakespeare era un empresario, un teatrista independiente que cobraba entrada.

La Iglesia no recomendaba el oficio de actor y a la mujer se le prohibía actuar. En el siglo XVII sube al escenario y ya había actrices en la corte de Luis XIII de Francia y en la de Jacobo I de Inglaterra, sucesor de la Reina Isabel. Pero el oficio teatral era mirado como pecaminoso. Los actores eran personas que, dentro de la moral de la época, no trabajaban, no producían y era trashumantes como los gitanos.

En el siglo XVII, esta reticencia cambia y termina el propio Luis XIV actuando y bailando. Cambia de status el oficio. Aparece también el ballet, la idea de bailar en público y no en un salón, señala Julio Retamal.

María Antonieta y su Gallina Ciega

Ante la caída del sistema feudal comenzó el renacimiento de las ciudades. Comerciantes, artistas y ladrones disfrutaban de una vida rebosante de libertad y ocio. El aire de las florecientes ciudades estaba inundado por la música del laúd y por el sonido de las monedas suministradas por el auge del comercio. Aunque los nobles y la naciente burguesía comenzaban a retomar la lectura, los textos aún eran escasos.

A partir del siglo XVI y XVII, con la predominancia de las monarquías europeas, las entretenciones populares se empezaron a trasplantar al interior de los palacios donde el rey y sus cortesanos se divertían con representaciones teatrales, bailes, mascaradas y espectáculos de fuegos artificiales.

El regente era muy distante, sobre todo en la corte francesa. Comía solo, pero los cortesanos comían juntos y después de comida se hacían juegos de cartas . Al final del XVIII, aparece el juego de dama. Se bailaba, se hacía mucho teatro. De hecho, existían tres grandes escenarios en Versalles, agrega Julio Retamal.

Por un lado estaba el rey y, por otro, el pueblo que seguía manteniendo sus diversiones populares. Se sabe de ferias con juglares, malabaristas, prestidigitadores, gitanas que veían la suerte, carreras y juegos populares. Curiosamente, en el siglo XVIII, las cortes más refinadas y alejadas del pueblo se apropian de esta entretención popular. Por ejemplo, María Antonieta, en Versalles, puso de moda el jugar a la gallina ciega entre todas sus damas ataviadas con grandes vestidos y peinados. En el siglo XV, el emboque - que nace en la plaza popular- lo tomó Carlos VII de Francia. Pasaba todo el día jugando con él, señala Julio Retamal.

Según el historiador, el gran cambio en el entretenimiento durante el milenio fue precisamente la mezcla del estilo señorial con el estilo popular. Así, el trovador de las cortes se unió al juglar del pueblo.

El Extraño de Pelo Largo

La música tuvo un origen como arte aplicado que servía de apoyo de misas católicas, de estímulo para la lucha contra el enemigo en cantos militares o de compañera ambiental para situaciones de la vida cotidiana.

Pero durante la Revolución Francesa, en 1789, el poder cambió de manos y esto también conllevó modificaciones en la manera de entretenerse de la gente. La música se transformó de un oficio con fines litúrgicos o festivos en un espectáculo ciudadano y pagado.

Ya en la segunda mitad del siglo XVII se produce un gran repertorio de música con compositores fomentados por nobles al interior de los palacios, pero con la Revolución Francesa y la caída de la monarquía surge la orquesta aficionada. En la segunda mitad del siglo XIX nace la orquesta sinfónica profesional y el concierto pagado debido a la demanda de la sociedad burguesa. Con anterioridad, la ópera fue la primera distracción masiva con entrada pagada a fines del siglo XVII, en Venecia, dice el académico del Instituto de Música de la UC, Juan Pablo González.

Sin embargo, la música que componía Mozart, por ejemplo, era para la hora del cóctel en el palacio para acompañar divertimentos, banquetes y comidas. Los músicos eran sirvientes que comían en la cocina. Hoy pagas para un concierto de Mozart y lo ven todos calladitos. En el siglo XX, la canción popular logró un mayor desarrollo y difusión porque los primeros discos duraban 3 minutos y medio. Los grandes cantantes de ópera tenían que recurrir a melodías populares porque el aria de ópera no alcanzaba en un solo disco, comenta González.

Durante el siglo XIX y XX, la música clásica se liberó de su funcionalidad logrando una autonomía estética y expresiva que le fue dando mayor espacio a la música popular. Las composiciones serias obtuvieron ese rótulo, se fueron elitizado y perdiendo la vitalidad de su característica de acompañar y apoyar una situación extra musical.

En el siglo XIX, los compositores tenían vida de estrellas. Franz Liszt usaba el pelo largo y tocaba en dos pianos para mostrar ambos perfiles a la audiencia. La primera fila estaba llena de señoritas que se desmayaban cuando el músico se echaba la melena para atrás. Aunque, durante el Barroco, los castrati fueron los primeros divos de la música por ciertas cualidades sexuales que tenían. No había posibilidad de embarazo por lo que eran muy solicitados por las damas desde todo punto de vista, comenta Juan Pablo González.

Hoy persiste el cultivo de la música pura sin utilidad práctica mediante espectáculos públicos o audiciones privadas, pero también subsiste como acción complementaria a otras artes escénicas como el ballet, el teatro o el cine. Muchas veces sobrepasando esa función accesoria.

Según González, por otro lado, el espectáculo musical ha ido involucionando hasta el punto de ser sustituido por los aparatos de reproducción sonora. Incluso, nace el concepto de música en vivo. A su juicio, algo paradójico si se compara con el teatro: No existe el teatro en vivo, pero sí la música en vivo, como para recordar que ésta también se hace cara a cara, dice.

Antes de la invención del micrófono y de la grabación eléctrica, el cantante tenía que impostar la voz para proyectar la voz al interior de una corneta. Así, a partir de 1927, el cantante deja de interpretar con voz de ópera y empieza a cantar más casualmente. Así nacen los crooners al estilo de Bing Crosby o Frank Sinatra.

Días de Cine

El público se horrorizó ante la humeante locomotora que se aproximaba raudamente con el peligro de salir de telón y arrollar a los asistentes. Así retrataban las crónicas de la época la proyección del primer corto (La llegada de un tren), exhibido por August y Louis Lumire en 1895.

Cien años después, miles de ferrocarriles han sido confinados en bobinas de celuloide para embestir desde la profundidad de la pantalla hacia las butacas en penumbras. Hoy, en millones de salas se repite casi sin cambios el mismo ritual que iniciaran los famosos hermanos.

Para mí, el cine es el arte con mayor impacto masivo durante este siglo. Incluso se podía decir que éste no ha sido el siglo de la televisión, pese a su gran avance. En realidad, la televisión es del próximo siglo. Se adelantó un poco. Concebida como fue hasta el año 70, no es más que una prolongación del cine, incluso estéticamente, dice el periodista y crítico de cine Ascanio Cavallo.

Siempre ha sido una forma popular de narración. Los Lumire filmaron home movies. Era una ventana extendida para que la gente viera la realidad tal cual era. Dos años después, Mélis hace exactamente lo contrario. Inventa los trucos y la imaginación. Ya no es una ventana, sino un túnel para descubrir los monstruos y fantasmas interiores de los seres humanos. En dos años están todas las posibilidades agotadas, agrega Cavallo.

En la actualidad, el espectador es hechizado por las imágenes en movimiento y la semioscuridad de los locales destinados a la proyección. Como en las postrimerías del siglo pasado, la gran masa sigue escandalizándose como ocurrió muy tempranamente, en 1896, durante la exhibición del film The Mary Irving John Rice Kiss, donde se proyectaba el primer beso cinematográfico de la historia.

Lejos de estos alborotos morales, a una década del estreno de los Lumire, en Estados Unidos se produjo la verdadera revolución: el cine dejaba de ser una atracción de feria para transformarse en el fenómeno de masas que es hoy. Se crearon los nickelodeons, emplazamientos muy similares a las salas actuales donde la proyección costaba un moneda de níquel, es decir, cinco centavos de dólar.

Aunque no recuerdo si la primera película que vi fue en TV o en un cine, ya de adolescente toda mi generación iba al cine por los actores. Aprendíamos a reconocerlos en las diferentes películas. Primero, a los protagonistas, luego a los secundarios y a los que se repetían en una y otra. Alcancé mi adolescencia con el fin de los cines de barrios, con programas con 3 o 4 películas diarias. Era una experiencia parecida a la droga, un embrujo. Eran sesiones de 8 o 9 horas. Hoy, en reemplazo del cine está el video o el DVD, que en términos de nitidez es prácticamente cine, y los niños pasan horas frente a Internet que es como un vicio, señala Cavallo.

A fin de milenio, las nuevas tecnologías siguen concitando el interés del gran público. Videojuegos, ciberespacio, realidad virtual, CD-Rom e imagen digital son aspectos habituales de la vida actual. Cada vez es más común bajar gratis música directamente de Internet - vía MP3- o ver en casa, DVD mediante, películas generadas íntegramente por computador como Toy Story o Bichos.

Son algunos de los símbolos de lo que oye, ve, hace o consume el hombre de hoy cuando termina el trabajo y comienza el ocio.

Rodrigo Miranda.

NOVELA DE CLAUSTRO (1008)

Una mujer escribió la primera y auténtica novela. Y lo hizo en un país como Japón, donde en esa época las féminas no existían como seres humanos. El relato de Genji es considerada una de las obras maestras de la literatura nipona y mundial. Su autora, Murasaki Shikibu, quien pasó su vida encerrada en la corte imperial de Kioto, logró un sitial en la historia simplemente describiendo la claustrofóbica vida cortesana que tan bien conocía.

LA PRIMERA CANCION POPULAR (1370)

Los orígenes de las canciones populares de hoy están en melo-días religiosas antiguas. Poco a poco, el pueblo empezó a apropiarse de las liturgias, especialmente de algunos himnos navideños euro-peos como Alabados seas, Jesuscristo y Cristo ha resucitado. En una crónica fechada en el siglo XIV ya se describen las presentaciones públicas de un monje descalzo identificado como autor de las mejores canciones en el mundo de la poesía y la música (...) Y lo que cantó, lo cantaba la gente con verdadero placer.

SHAKESPEARE, PASION DE MULTITUDES (1594)

Con la publicación de Romeo y Julieta, sus temas y personajes se erigieron como monumentales retratos de la humanidad, pasando intactos de generación en generación. Macbeth es el símbolo universal de la lucha instintiva por el poder, Otelo de los celos fatales y Hamlet de la venganza. Paradójicamente, de la personalidad del autor poco se sabe. Al menos, su agudo sentido comercial le permitió enriquecerse con sólo 38 obras y jubilarse antes de cumplir 50 años para dedicarse a la agricultura.

OPERA PRIMA (1597)

En Florencia fue creada la ópera, vocablo que significa obra en italiano. Para algunos, la primera entrega del género fue Dafne. Su estreno fue ante un público exclusivamente cortesano y se realizó en el Palacio de los Corsi, durante el carnaval de ese año. Sin embargo, la partitura no se conservó y hoy se encuentra extraviada.

NACE EL DIARIO (1609)

El primer periódico salió a la calle en la ciudad franco-alemana de Estrasburgo. Se trataba de un impreso semanal, se llamaba Relación y tenía cuatro páginas. Lo leía sólo la elite social y económica del lugar y sus puntos de vista marcaban los comentarios del día de la opinión pública local.

PASEN AL MUSEO (1683)

Antes existían sólo galerías privadas, pero a fines del siglo XVII se abrió en Inglaterra el primer museo público. Este es el origen del actual Museo Ashmoleano de la Universidad de Oxford. Sus primeros fondos fueron las colecciones de Historia Natural donadas por un jardinero, llamado John Tradescant, y de un historiador, de nombre Elias Ashmole (de ahí el intrincado nombre del recinto).

DEBUTA EL DISCO (1887)

El disco vio la luz gracias a Emile Berliner. Feodor Chaliapin, el primer intérprete que inmortalizó sus registros en este soporte, se persignaba antes de cada grabación porque temía que su voz se quedara allí para siempre. Once años después, el visionario de Berliner también fundó Deutsche Grammophon, el sello más antiguo del mundo e ideó la forma de hacer copias de un disco original. El long play fue inventado por Peter Carl Goldmark, del sello Columbia, en 1948.

LA PRIMERA TRANSMISION RADIAL (1894)

El italiano Guillermo Marconi fue el que consiguió transmitir - en Bolonia y por primera vez- un mensaje radial: el sonido de un timbre, desde el desván de la casa de sus padres hacia la habitación contigua. Pero fue en 1920, en Gran Bretaña, cuando nace el primer programa de radiodifusión con emisiones regulares, creado por Marconi Company. Fue un noticiero.

CINE POR UN FRANCO (1895)

El estreno de los hermanos Auguste y Louis Lumire estuvo compuesto por sólo diez cortos. Fueron exhibidos el 28 de diciembre de ese año, en el Salón Indio del Grand Café, ubicado en el sótano del Gran Hotel, en el 14 del Boulevard des Capucines en París. La función duró 15 minutos y tuvo 35 asistentes. A un franco cada uno, la taquilla dio como resultado 35 francos. Al cabo de dos semanas, el ingreso subía a 2 mil francos diarios.

CIGARRILLO TELEVISIVO (1928)

La televisión nació en Nueva York, al interior de un laboratorio de la General Electrics. La primera transmisión duró apenas unos minutos: un cigarrillo consumiéndose en la boca de un desconocido. La colilla del cigarro en cuestión ni siquiera se conserva en un museo y tampoco existe una fotografía recordatoria del hecho, ya que el espacio fue realizado inapelablemente en vivo y en directo.


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