REVISTA DE LIBROS

Domingo 10 de Junio de 2012

Eva Fréjaville Musa francesa:
Otra amante desconocida de Neruda

A partir de una confesión del poeta, el biógrafo Hernán Loyola descubrió la identidad de la mujer que inspiró el poema erótico "Las furias y las penas".  
Pedro Pablo Guerrero "Tú mi enemiga de tanto sueño roto de la misma manera/ que erizadas plantas de vidrio, lo mismo que campanas/ deshechas de manera amenazante, tanto como disparos/ de hiedra negra en medio del perfume,/ enemiga de grandes caderas que mi pelo han tocado/ con un ronco rocío, con una lengua de agua...". Así comienza la segunda estrofa del poema "Las furias y las penas", recogido por Neruda en su libro Tercera residencia (1947), aunque publicado anteriormente en dos opúsculos, uno en Santiago y otro en Buenos Aires, ambos de 1939.

El poeta incluye una advertencia en la que señala haberlo escrito el año 1934, en España. Luego de aludir al destino de ese país tras la Guerra Civil -"una cintura de ruinas"-, en la versión de 1947, Neruda afirma: "El mundo ha cambiado y mi poesía ha cambiado. Una gota de sangre caída en estas líneas quedará viviendo sobre ellas, indeleble como el amor".

A fines de los años 60, en Isla Negra, el investigador Hernán Loyola se atrevió a preguntarle al poeta quién era, en la realidad, la "enemiga" del poema. Tras unos segundos de silencio, Neruda le respondió sin mirarlo: "la mujer de Carpentier". No añadió más y hasta el día de hoy Loyola se arrepiente de no haberle pedido más detalles. Aunque el poeta no le dijo que mantuviera el secreto, su biógrafo guardó reserva durante décadas. Primero, por respeto a Carpentier, que murió en 1980, y luego porque necesitaba establecer con certeza a cuál de las mujeres del escritor cubano aludía esta confesión.

Tras muchas pesquisas, Loyola llegó al convencimiento de que se trataba de Eva Fréjaville, francesa nacida en 1913 y fallecida en 1998. Hija del crítico de teatro y arte Gustave Fréjaville, muy estimado por los surrealistas, aunque otras versiones la dan por hija natural del pintor mexicano Diego de Rivera. Atractiva, seductora, devota de Marcel Proust, Eva fue la amante -"con ligamen más bien fluido", Loyola dixit - de Alejo Carpentier en sus tiempos parisinos, y se convirtió en su primera esposa apenas desembarcaron en Cuba, el año 1939.

El matrimonio duró sólo un mes: Eva se enamoró del pintor Carlos Enríquez. Lo visitaban con frecuencia en su alegre casa-estudio, conocida como El hurón azul, donde Eva posó desnuda varias veces para el artista. La leyenda dice que se fue con él un día en que los tres paseaban en automóvil por el Malecón. Enríquez le habría preguntado si prefería seguir con Carpentier o irse con él. La respuesta fue clara. El artista, al volante, invitó al escritor a bajar del auto. Años más tarde, Carpentier se vengaría retratando a su ex mujer en el desagradable personaje Mouche, de Los pasos perdidos (1953).

Flirt clandestino en Madrid

El segundo matrimonio de Eva duró más que el primero, pero los celos y el alcoholismo de Enríquez se fueron acentuando y Eva terminó por fugarse con una lesbiana inglesa. Se casó luego con un médico comunista, publicó el ensayo Marcel Proust desde el trópico (1942), organizó tertulias a las que asistía Virgilio Piñera, y huyó a Francia en 1961, luego del triunfo de la revolución. Murió a los 85 años en Estados Unidos.

Hernán Loyola deduce que a Neruda lo conoció en diciembre de 1934, durante un viaje de Carpentier a Madrid, invitado por Federico García Lorca al estreno de "Yerma". El investigador supone que Eva "se las ingenió para vivir con el poeta chileno un fugaz pero intenso flirt clandestino antes de regresar a París". En junio de 1935, Neruda viajó a la capital de Francia como delegado al congreso internacional de escritores antifascistas y se reencontró con Eva en la casa de Carpentier y posiblemente en otros lugares.

Sobre la naturaleza física de la relación Neruda-Fréjaville no dejan lugar a dudas los versos de "Las furias y las penas" ("tus piernas que se adhieren al sol dando gemidos,/ y tus tetas de nácar y tus pies de amapola"), que Neruda comenzó a escribir a fines de 1934 y completó en julio del año siguiente, a su regreso del viaje a París, según logra establecer Loyola.

El investigador postula, además, que el reencuentro con Eva en París "no respondió del todo a las expectativas de Pablo". Para la intelectual y sexualmente inquieta Eva Fréjaville el escritor chileno era una conquista más. Por eso el largo poema acumula erotismo, cólera y desilusión. Las furias y las penas del título y del epígrafe de Quevedo. Y en ese mismo orden. A partir de ciertos indicios del texto, Loyola conjetura audaces cartas (perdidas), encuentros íntimos, plantones y desoladoras noticias de citas entre Eva y otros escritores, incluido un "peruano rojo" que podría ser César Vallejo.

¿No irá muy lejos Loyola? Por momentos pareciera que sí, pero las pruebas documentales que aporta son tan convincentes como sus deducciones lógicas. Experto en la obra total de Neruda, establece comparaciones con musas de poemas anteriores. Eva es la "Enemiga" como Josie Bliss fue la "Maligna" en el "Tango del viudo". Calificativos hostiles, sin duda, a los que el autor nos tiene habituados. Las relaciones de Neruda suelen terminar mal, recuerda Loyola, y remata: "sólo que entonces había amor de por medio". Eva, en cambio, no siente nada por Neruda. Sólo hay una pasión erótica, como la que hubo con Albertina Azócar en los años 20. Auténtica, pero defraudada.

La mujer como fundamento de la poesía es una aspiración común de las vanguardias. El mismo año que Neruda se enamora de la coqueta Fréjaville, André Breton conoce a Jacqueline Lamba, que influye poderosamente en la escritura de su novela corta L'amour fou (1937), como antes había hecho otra mujer en Nadja (1928). Sin embargo, Lamba no se resigna al rol pasivo de musa y reivindica sus propias ambiciones artísticas. La separación llega en 1942.

Según Loyola, Neruda también fracasa en su proyecto de sostener en la mujer la "misión profética" de su poesía. La nueva derrota que le inflige Fréjaville lo obliga a aceptar la disociación "erotismo/amor". Primero, rendido a la norma social en su matrimonio con Maruca Hagenaar, y luego en su vida semiclandestina con Delia, a quien ama de veras, pero sin pasión.

Reencuentro en La Habana

A mediados de 1935, el matrimonio Neruda-Hagenaar se hunde. Delia del Carril se va a vivir con ellos y Malva Marina. "Un drama que terminará mal", pronostica Morla Lynch en su diario (19 de junio). Tres meses después, Carpentier está de nuevo en Madrid, de vacaciones, y retoma el contacto con Neruda. El cubano se interesa en la revista que Neruda acaba de fundar: Caballo verde. Entusiasmo que el poeta alimenta para reencontrarse con Eva. Sin éxito. "Así es la vida,/ corre tú entre las hojas, un otoño/ negro ha llegado", se despide el poeta en las últimas estrofas de "Las furias y las penas".

Loyola cree probable un nuevo reencuentro en 1937 durante los meses en que Pablo Neruda y Delia del Carril permanecieron en París, pues vivían muy cerca del departamento del "escritor francés" Alejo Carpentier, como lo llamaría despectivamente Neruda en sus memorias, por su adhesión a la agresiva carta abierta firmada por los intelectuales cubanos en 1966.

Los ex amantes se volverán a ver entre marzo y abril de 1942, durante el viaje de Neruda y Delia del Carril a La Habana. Ambos frecuentan al matrimonio Enríquez-Fréjaville, según lo prueba una carta enviada en 1943 por Eva al poeta español Manuel Altolaguirre (exiliado en México): "Muchos besos a Hormiguita y abrazos a Pablo". Sólo abrazos -destaca Loyola-, distinción que le "parece revelar en modo inconsciente, en vez de ocultar, el secreto ligamen que la une al poeta".

Cuando en 1943 Neruda publica en México el opúsculo Canto general de Chile , que anticipa poemas del Canto general (1950), hace incluir al final del libro el listado de suscriptores según el orden alfabético de los nombres. No de los apellidos. En la "E" figura "Eva de Carlos Enríquez". Con E, de enemiga. Y de enigma. Uno de los secretos mejor guardados por Neruda, sobre el que mantuvo absoluto silencio, tal como lo hizo respecto de su hija Malva Marina. Omisión que, a juicio de Loyola, indica la importancia del personaje en la vida del poeta.Fréjaville fue la primera esposa de Alejo Carpentier.

 


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Dibujo de Eva Fréjaville atribuido a Carlos Enríquez.<br/>
Dibujo de Eva Fréjaville atribuido a Carlos Enríquez.

Foto:CARLOS ENRÍQUEZ
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