CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Martes 18 de Julio de 2000

"EL HUSAR DE LA MUERTE":
Desbordante Imaginación

En "El húsar de la muerte" todo es una sorpresa. Desde el nombre del grupo de teatro - La Patogallina Cinemascope- y el de la banda rockera que interviene - La Patogallina Sound Machine- pasando por el tema escogido, la forma de desarrollarlo y el escenario donde se presenta.

Este último es el Centro Cultural La Cúpula, una sala enorme y bien implementada, como las que en Santiago no existen, en pleno Parque O'Higgins (acceso por Rondizzoni).

La idea del director Martín Erazo fue poner en escena "El húsar de la muerte". Pero no el argumento, sino la propia película de Pedro Sienna, que data de 1925 y que fue declarada Monumento Histórico en 1998.

Eso significó convertir en imágenes teatrales la popular leyenda de Manuel Rodríguez y también transfigurar la famosa cinta en teatro.

El resultado es un irrefutable triunfo de la imaginación, que desafía a los intérpretes a romper con todas las convenciones teatrales y que se resuelve en una suerte de homenaje-irónico tanto al personaje como a esa antigua forma de hacer cine. El primer golpe certero es la visualidad de la puesta, en la gama de blancos y negros, con pequeños elementos en tonos marfil.

También desde el inicio surge como algo relevante la opción sonora. El público entra a la sala escuchando una larga (quizás demasiado) banda electroacústica con ruido de tráfico. En medio de una ovación grabada, aparece la banda rockera, que reemplaza al delicado pianista de biógrafo de otrora. Será este grupo quien lleve el nervio de la puesta y su ritmo, comentando los acontecimientos con estridencia, confusión o sentimentalismo, según corresponda.

El equipo de actores - siempre en silencio, apoyados por letreros que revelan con exactitud los breves diálogos- se rige a una planta de movimientos muy precisa y de una fluidez fragmentada, remedo de las películas de comienzos de siglo. Se alternan gestos operáticos, grandilocuentes, con ciertos primeros planos como escindidos de un comic. El sugerente ambiente general remite, no pocas veces, a trabajos de Royal de Luxe y algunas puestas de Mauricio Celedón.

El elenco es liderado por Patricio Pimienta, quien encarna a un Manuel Rodíguez a medio camino entre el héroe romántico (una especie de Lord Byron guerrillero) y un oscuro joven dark de nuestros días, y por Rodrigo Rojas, quien tiene la doble misión de representar al "aspirante a corneta" Huacho Pelao y a un controvertido O'Higgins. Ellos y el resto del equipo cumplen bien con su misión.

Aunque todavía hay momentos que pueden ser abreviados, el ritmo mantiene en constante tensión y con ganas de ver qué es lo que viene. La utilización del espacio también es notable; la supuesta "pantalla" a veces plantea acciones paralelas, ampliándose o comprimiéndose, sin afectar en nada la credibilidad de esta "apuesta cinematográfico-teatral".

Repleto de detalles de interés y de momentos resueltos con desbordada imaginación (las cabalgatas de Rodríguez con su capa al viento, los buitres que rondan su cuerpo, los guerrilleros que reparten "The Clinic"), "El húsar de la muerte" emociona y hace reír, y está dirigido a un público etáreo amplio.

Juan Antonio Muñoz H.




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Con una estética que evoca al cine mudo,
Con una estética que evoca al cine mudo, "El húsar de la muerte" es un montaje sorprendente.
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