REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 4 de Octubre de 2009


El primer chileno en el Polo Sur

Alejo Contreras Staeding lleva casi 30 años yendo una y otra vez a la Antártica.
Por Sebastián Montalva W.  Le dicen el loco. Tiene la barba larga y roja. Es nivólogo, o experto en nieves. Tiene 53 años, una señora, dos hijos. Ama los aviones. Vuela aeroplanos. Es montañista, aunque su tarjeta de presentación dice "Explorador polar". Y está acostumbrado a ser el número uno: Alejo Contreras Staeding es el primer chileno (y sudamericano) en conquistar la cima del monte Vinson, el más alto de la Antártica. Y, también, el primero en llegar, caminando, al mítico Polo Sur.

"Cuando iba en tercero medio leí la historia de Robert Scott en el Polo, donde murieron todos a la vuelta, y luego el libro de Roald Amundsen, y ahí me dije: Esto es lo que tengo que hacer. Quiero irme esquiando al Polo Sur. No sé cómo, pero quiero hacer el mismo viaje. Mis compañeros me miraron como si yo estuviese rayado", recuerda Alejo Contreras, al teléfono desde Punta Arenas, la ciudad en la que eligió vivir hace más de 30 años para estar más cerca del rincón del mundo que ha fomentado su "insanidad": la Antártica.

Alejo Contreras, el loco Alejo, es de Santiago y estudió en el Colegio Alemán. Pero su sueño siempre fue vivir en Punta Arenas. "Mi padre me traía a esquiar aquí desde los 14 años, y algo me pasó con esta ciudad. Yo me preguntaba qué hay que hacer para vivir en Punta Arenas, porque es una ciudad ¡increíble, increíble!", asegura. ¿Y qué hizo? Simple: se hizo montañista del Club Andino Alemán. Comenzó a escalar cerca de Santiago. Entró al Cuerpo de Socorro Andino. Más tarde, en Portillo, conoció al experto estadounidense Tim Lane, con quien se formó como nivólogo (o experto en medir la cantidad de agua en la nieve y pronosticar avalanchas). Y luego, a comienzos de los 80, como voluntario del Cuerpo de Socorro Andino, fue nombrado representante chileno ante el Tratado Antártico para expediciones no gubernamentales. Para eso debía estar, o al menos acercarse regularmente, a su soñada Punta Arenas.

Desde allí a la Antártica había sólo un paso. Su primera vez fue en 1980, cuando acompañó a una expedición internacional que intentaría la cima del monte Vinson (4.897 m). En ella iba el canadiense Pat Morrow, quien más tarde se convertiría en el primer hombre en conseguir las Siete Cumbres de cada continente. Alejo Contreras fue su guía dos veces, la segunda en 1985, cuando finalmente lograron el Vinson, junto a otro ilustre aventurero: Steve Fossett, el millonario rompe-récords que murió hace dos años tras caer con su avioneta en Nevada.

"Las montañas antárticas son exactamente iguales a las de la cordillera de los Andes", dice Contreras. "La única y tremenda diferencia es que en la Antártica no hay nada, y el gran mérito es el de los pilotos que te llevan y tú aterrizas en el interior del continente. Ascender el Vinson es como subir el Plomo, en Santiago. Lo complicado es llegar a su campamento base para encaramarte al cerro. Para eso, los aviones tienen esquíes y cuentan con un súper sistema logístico para abastecerse de combustible".

Alejo Contreras está convencido. Si logró llegar caminando al Polo Sur fue gracias al desarrollo de la aviación. Y a su amigo Giles Kerschaw, piloto inglés retirado del British Antarctic Survey que comprobó que la Antártica también podía mostrarse a escaladores y turistas. "El año 85, 86, él sabía de la existencia de unas pistas de hielo azul en el Polo Sur, unas pistas que se forman producto del excesivo viento que hay en ciertos lugares de la Antártica y que vuela la nieve sobre el glaciar dejando el hielo pelado, duro, donde puede aterrizar un avión con ruedas. Él logró llevar a los primeros turistas al Polo Sur en avión en 1987. Y fue quien nos acompañó a todas nuestra expediciones al Vinson", cuenta Alejo Contreras.

Solucionado el problema de llegar al interior del continente, algunos de los guías que habían llevado a los expedicionarios al Vinson y, por cierto, Alejo Contreras, vieron que su sueño de llegar caminando al Polo Sur se acercaba cada vez más. "Entre 1986 y 1988 pusimos un aviso en unas revistas internacionales de turismo, donde decíamos que éramos guías capaces de llevar gente al Polo. Tardamos tres años en conseguir las personas que financiaran el viaje. Ellos fueron con nosotros: cada uno aportó 100 mil dólares para arrendar los aviones y pagar el combustible".

Así, junto a tres canadienses, tres ingleses y un hindú, entre el 21 de noviembre de 1988 y el 17 de enero de 1989, y tras caminar 75 días desde el mar de Wedell hasta el Polo Sur, Alejo Contreras se convirtió en el primer chileno en alcanzar a pie el último confín de la Tierra. "Antes de partir estaba muy asustado, porque es un viaje de 1.380 kilómetros y uno no sabe cómo se va a comportar el organismo", cuenta. "Pero después me empecé a dar cuenta de que lo más problemático no era ni el esfuerzo físico, ni el miedo, sino que el aburrimiento: todo el viaje esquías por una parte plana, y no hay paisajes, es todo blanco, muy monótono. Es un desierto que, en vez de ser amarillo, es blanco. Yo iba pensando en los exploradores de comienzos de siglo y en cómo se atrevieron a hacer una cosa así. Nosotros teníamos aviones, radio, fuimos unos expedicionarios de plástico comparados con ellos".

Contreras trabaja hace años para Aerolíneas Dap, la empresa aérea chilena que vuela regularmente a la Antártica. Por eso, para él, ir al continente blanco ya es casi una rutina. Él mismo lo dice: aparte de haber estado "como 17 veces" en el Polo Sur, ha pasado 25 navidades de su vida en la Antártica. "Soy montañista, mi familia aprendió a convivir conmigo en la lejanía. Es el sacrificio que uno tiene que hacer. No he visto crecer a mis hijos, pero es la decisión que tomé. Uno no puede tenerlo todo en la vida", dice.

Le gusta su trabajo, pero es difícil: "En la península antártica, que se prolonga cerca de Punta Arenas, está toda la maravilla, la fauna, los cerros, los fiordos. Pero en el interior, la zona de Patriot Hills, el monte Vinson y el Polo Sur, ahí ni siquiera hay bacterias, los rayos ultravioleta son muy fuertes. Allí no ha nevado nunca, la nieve es seca, seca, seca".

Su experiencia le dice que la Antártica no ha cambiado mucho en estos treinta años. "Sólo las comunicaciones. En los primeros viajes era todo tipo radioaficionados, pero ahora hay teléfonos satelitales, GPS. La Antártica se ha vuelto más amigable. En cuanto al calentamiento global, yo considero que he ido muy poco para poder sacar una conclusión: la Antártica es tan grande como Estados Unidos y México. En otro aspecto sí hay un cambio: antes, cuando se echaba a perder un vehículo lo dejaban ahí y nadie se preocupaba. Había mucha basura. Ahora la gente se preocupa de mantener limpio, de cuidar, y varias organizaciones ambientales han ido nada más que a sacar basura, metales, fierros oxidados".

-Pero debe haber un efecto, por el aumento del turismo antártico.

"Hacia el interior, nada. En estos últimos diez años creo que al Polo Sur han llegado sólo unas 500 personas. El Polo Sur tiene la restricción natural que es el avión: tienes que llegar a Patriot Hills primero".

-¿Qué queda por explorar en la Antártica?

"Frente a Sudáfrica y Madagascar, que es el este antártico, está Queen Maud Land, un lugar de difícil acceso, donde están los pingüinos emperadores. Yo he visto allí colonias de hasta 10 mil individuos y es el lugar para el millonario común que quisiera ir. Ahora, también está el Polo Sur Inaccesible, hasta donde contadas personas han llegado, que es la distancia más lejos del mar como un radio en el centro de la Antártica. Cerca de allí está la base rusa Vostok, donde se ha registrado la temperatura más baja de la historia (menos 89 grados). Los otros son el Polo Sur Geográfico Matemático, que se forma cuando uno divide la Tierra como una naranja en cuatro partes; el Polo Sur Magnético, donde realmente gira la Tierra, el eje, que está en el mar a mil kilómetros del Geográfico; y el Polo Sur Ceremonial, donde hay un monolito como una bola de acero inoxidable con las banderas a su alrededor".

-¿Tienes algún desafío personal por cumplir?

"Nadie ha hecho una ascensión invernal en el interior antártico, cuando tienes una noche de tres a cuatro meses y baja la temperatura. Pero para mí, el único desafío es pasar un invierno en Patriot Hills, solo. Ningún ser humano ha pasado allí un invierno en carpa. Además de medir ciertas intensidades de viento en la noche invernal, aprovecharía de transcribir todos mis diarios y hacer uno o dos libros que tengo pensados sobre la Antártica".

 


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Foto:EL MERCURIO


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