ARTES Y LETRAS

Domingo 23 de Junio de 2002

RAFAEL GUMUCIO. "Monstruos Cardinales":
Las quejas del conde disléxico

Detesta a Francia más que a Chile, admira la pluma de Hermógenes Pérez de Arce y escribe en The Clinic. Es Rafael Gumucio. Profesor de castellano sin vocación, y periodista sin título. Acaba de presentar su recopilación de columnas escrita pese a la dislexia y gracias a sus amigos.
ÓSCAR CONTARDO

Terminando la entrevista, Gumucio dice que su gran motivación es ser aceptado. Que lo quisieran tal como es: con la ropa manchada, la dislexia, la paranoia, las fobias que asegura tener y los pensamientos circulares que lo atormentaban más en su juventud que ahora. Todas esas trancas que dejó estampadas en sus Memorias prematuras y que trasladaron el ingenioso personaje televisivo de Canal 2 Rock and Pop al mundo de la literatura. A pesar de que a vuelo de pájaro no habría de qué quejarse. Si bien su primera aventura literaria tuvo mala crítica, la segunda sacó aplausos. Sus labores periodísticas tampoco han sufrido mayores marginaciones. Ha escrito para medios tan disímiles como El Mercurio y The Clinic y actualmente se da el lujo de lanzar una novela en España y un libro recopilatorio de sus columnas en Chile. "Es que una cosa es la objetividad y otra la subjetividad", instruye Gumucio.

La entrevista con este profesor de castellano que nunca ha ejercido se lleva a cabo en las oficinas de Random House, el conglomerado editorial al que pertenece Sudamericana y a través del cual Rafael Gumucio publica sus Monstruos cardinales. Aquí Gumucio mira hacia atrás en sus columnas de opinión en donde habla de todo y de una misma cosa a la vez, porque definitivamente su tópico es la patria, el país que define, caricaturiza y adjetiva bajo cualquier excusa. Chile, según Gumucio, "es un país sin otro espectáculo que los terremotos" y en donde "el sexo está en todas partes y en ninguna". Aquí "no hay verdades absolutas" y "todo conspira para que no haya tiempo ni espacio para pensar".

- ¿Cómo llegó a escribir columnas de opinión?

"Fue antes del plebiscito del 88. En esos años mi abuelo era uno de los socios del Fortín Mapocho. Le ofrecí columnas al director, Alberto "gato" Gamboa. En ese tiempo tenía unos 18 años. Después conocí a Pablo Azócar a través del taller literario de Antonio Skármeta. En ese tiempo, Azócar escribía para la revista Apsi, y como le gustaba lo que yo escribía me invitó. En un principio mis columnas fueron rechazadas, pero cuando Rafael Otano se hizo cargo de la dirección de la revista empezaron a publicarse. Ahí me hice columnista".

- En la recopilación, las columnas no vienen fechadas, ni se consigna el medio en el que se escribieron ¿Eso fue una decisión "premeditada"?

"En realidad, yo le pedí a Germán Marín - el editor- que no incluyera el nombre de los diarios y revistas. Mi deseo es que se puedan leer en veinte años, cuando ni The Clinic, ni Las Últimas existan. De mi época en Apsi hay algunas, y la mayoría son de la crítica de televisión que hice en los años 1993 y 1994".

- En el diccionario que incluye el libro, hace una definición personal de periodismo - "el periodismo tiene el deber de hablarles a los adultos y de hacer adultos"- , que aparece consignada como una definición que hizo para entrar a estudiar la carrera...

"Sí, cuando me titulé como profesor de castellano intenté infructuosamente entrar a estudiar periodismo en la Universidad Católica a través de un cupo especial para profesionales. Finalmente no quedé. También traté de estudiar la carrera en la Universidad Diego Portales, pero tampoco me fue bien, a pesar de que Manuel Montt Balmaceda hizo gestiones para que yo entrara. Pero para eso debía hacer dos años de Relaciones Públicas, y yo antes muerto que entrar a Relaciones Públicas".

- Si bien no estudió la carrera, le ha sido fácil lograr un espacio en los medios.

"Claro, tenía 19 años y escribía en una revista que en esa época era muy importante. La revista Apsi el año 89 era importante. Tuve suerte pero sobre todo tuve amigos".

Mis preferidos...

- ¿Qué columnistas lee usted?

"Los clásicos evidentes son Roberto Arlt en Argentina y Joaquín Edwards Bello en Chile. Hay otros columnistas vivos que leo, como Juan José Millás. Cuando yo leo un columnista lo hago por razones literarias, no por razones periodísticas".

- ¿Tiene alguna preferencia entre los columnistas chilenos actuales?

"Me gusta mucho Roberto Merino, Patricio Fernández, Pedro Lemebel y Gonzalo Contreras. Bueno, debo confesarte que uno de los columnistas que leo y que me gustan es Hermógenes Pérez de Arce. Él debe ser uno de los columnistas que mejor escriben en Chile... Sus opiniones me parecen una locura, pero lo leo por placer estético".

- Usted tiene la capacidad de moverse en distintos medios: desde The Clinic, a Las Últimas Noticias... ¿Cómo logra hacerlo?

"¿Tú me quieres denunciar?"

- No, solamente estoy constatando un hecho público que cualquiera puede corroborar...

"Sí, lo sé. Pero al leer mi libro me cuesta muchas veces saber de dónde era la columna. Ahora, si quieres que te dé las razones para escribir en sitios tan distintos... no sabría darte una razón. Puedo decir que nunca me han puesto problemas en Las Últimas Noticias. Allí he escrito cosas bastante virulentas..."

- ¿Cuáles son las más virulentas que ha escrito en el último tiempo?

"Últimamente me he puesto muy tranquilo... Nunca he escondido quién soy y cuando un medio decide contratar, sabe a quien contrata. Por último mis opiniones no son extremas, son bastantes moderadas".

- Hay un tema que cruza sus columnas y su anterior libro: pertenecer a una familia tradicional, una familia "bien" pero de izquierda.

"Me tocó pertenecer a una familia de tradición pero sin fortuna alguna. Fui educado en la más estricta clase media, en un colegio de Ñuñoa y en una universidad de bajo costo; o sea, mi educación les costó muy poco dinero a mis padres. Eso se los agradezco. Es un viaje que hago permanentemente, desde el mundo de mis abuelos y de mis primos, al mundo de mis compañeros de colegio que venían de Lo Hermida, de Peñalolén y de Ñuñoa. Esos dos códigos del mundo hacen que mis columnas no sean las típicas columnas del "cuico con conciencia social", que está tratando de reivindicar al pueblo".

- Usted contaba que le decían el Conde Gumucio en la universidad...

"Sí, y a la vez mis primos miraban en menos la universidad en la que estudiaba. Hay un artículo en donde toco el tema. Se llama "¿De qué colegio saliste?" y habla de los estereotipos. Yo salí del Regina Pacis, que tenía una letra y un número. No tuve conciencia sino tardía de que pertenecía a esta clase privilegiada".

- ¿Hasta cuándo?

"Hasta que llegué a la universidad y me empezaron a llamar el Conde Gumucio. Hasta que empecé a escribir artículos y en la universidad me decían "es que tú eres Gumucio".

Coherencia y consecuencia

- ¿La novela que lanza ahora en España, Comedia nupcial, es una continuación de sus memorias?

"No tiene nada que ver; lo único que tiene común es que el narrador y el estilo se parecen mucho. Pero es una ficción. Hay una unidad de estilo y un juicio valorativo hacia una época que va desde los 60 a los 80. Sí en las Memorias... hay un juicio duro y cariñoso hacia una burguesía que trató de guardar la neutralidad en un país en que nadie era neutral".

- En cada una de sus columnas define de alguna manera a Chile. La preocupación siempre es la misma.

"A mí me impresiona lo coherente que son mis columnas, y eso que yo no soy una persona demasiado coherente. Lo que yo pensaba en columnas que escribí a los 19 años también lo pensaba a los 32... Soy una persona coherente, tú que lo leíste ¿qué piensas?".

- Pienso que coherencia no es la palabra... Con los años uno puede cambiar de idea con determinados argumentos, matizar las ideas y eso no le quita coherencia...

"Bueno, hay cambios y matices, si no sería un imbécil, o un majadero, pero siempre son matices en torno a un mismo núcleo que a veces se va ampliando un poco".

- Hablando de coherencia. Me sorprendió que en una columna se declarara católico. ¿Eso fue "para la columna" o eso es cierto?

"Es cierto, soy católico, aunque más por escrito que en la vida real. Los dilemas de la fe han sido una preocupación tanto en mis Memorias..., como en mi última novela. Hay una obsesión moral y ética muy fuerte en todos los artículos. Incluso cuando hablo de televisión".

- ¿Se declaró católico en el censo?

"Sí, me declaré católico. Y eso que había escrito en una columna en la que anuncié que no lo haría por las últimas actitudes de la iglesia frente al tema. Sin embargo cuando llegó el censista a la casa, y me preguntó, respondí que sí, que era católico".

- ¿Y chileno aunque le pese?

"No me pesa nada ser chileno. Otra cosa es que tenga miles de críticas contra Chile, y contra algunos ... ¿Por qué habría de pesarme?".

- Por las definiciones que hace de Chile en sus columnas...

"Podría haber renunciado a la nacionalidad chilena y haberme quedado con la francesa que también la tengo".

- Pero de Francia no despotrica...

"Detesto a Francia mil veces más de lo que detesto a Chile. Cuando Jean-Marie Le Pen estuvo a punto de ganar no me sorprendió. Para mí es evidente que el francés medio es un fascista redomado".

- ¿Intentó escribir en francés?

"No. Es que yo soy disléxico en ambos idiomas, y para mí escribir en castellano es más fácil. Además siempre hay alguien que me corrige, descifra lo que escribo y después lo traduce. Afortunadamente he tenido editores pacientes".

FICHA

Montruos cardinales

Rafael Gumucio.

Editorial Sudamericana.

Santiago, 2002.



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Se mueve entre mundos distintos, entre la literatura y la dislexia: entre Las Últimas y The Clinic; y ahora entre Santiago y Barcelona.
Se mueve entre mundos distintos, entre la literatura y la dislexia: entre Las Últimas y The Clinic; y ahora entre Santiago y Barcelona.
Foto:El Mercurio


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