DEPORTES

Lunes 5 de Abril de 2010

Reportaje:
Blanco y Negro El partido que realmente cambió Sudáfrica

Cuando "Invictus" y el libro que le dio pie a la película protagonizada por Morgan Freeman instalaron la idea de que fueron el rugby y la final del Mundial de 1995 los que unieron a Sudáfrica, se olvidó un dato clave: 22 años antes, negros y blancos, en un clima hostil, se enfrentaron por primera vez en una cancha de fútbol como iguales. Y con un chileno en un rol principal.  
Rodrigo Fluxá N. Y Mario Tuane, a los 84 años, se mueve lentamente desde el living de su departamento en el piso 19 de la Avenida San Martín, en Viña del Mar, hacia su dormitorio, donde pasó dos días inmóvil y solo tras el terremoto. Sus piernas, llenas de operaciones, van más despacio que su cabeza. Cuando se detiene al lado de la cama dice: "¡Busque ahí! ¡En el closet! Abajo, a los pies. ¿Tiene fuerza? Levántelo y sáquelo".

En el piso del ropero se distingue una forma del tamaño de un niño de cinco años, envuelta entre frazadas.

"¡Levántelo! ¡Sáquelo, sáquelo!".

A Tuane le gusta pensar que siempre estuvo en el lugar correcto, en el momento indicado. A principios de los años cincuenta viajó a Grecia por un asunto familiar y terminó entrenando un club de segunda división, aun cuando no dominaba el idioma y su única experiencia en el fútbol era un par de temporadas como arquero de Green Cross.

Adiestró equipos chicos, juveniles de instituciones grandes, hizo algunos amigos y se peleó con otros. Sin ninguna profesión formal, tuvo que dejar a su esposa e hijos cuando en 1962 le propusieron hacerse cargo de un cuadro en Sudáfrica. No sabía del apartheid (política de segregación racial), ni de negros, ni de blancos. Pero partió.

Vivió cinco años lejos de su familia y se transformó en uno de los personajes más llamativos del fútbol del país. Tomaba cualquier oportunidad que le pasaba por delante: una temporada, incluso, dirigió a dos clubes al mismo tiempo; uno en primera división y otro en segunda. Trabajaba en la mañana en un estadio y en la tarde en otro.

Tomates y cebollas

La liga sudafricana sólo admitía jugadores blancos, lo mismo que la selección nacional. Todo amparado a medias por la FIFA: prohibieron, por ejemplo, que el representativo de la asociación negra disputara amistosos frente a Botswana y Swazilandia, y pese a que en Zurich condenaban el racismo, recién en 1976 la federación oficial fue expulsada del organismo.

Cualquier intento de integración, por años, fue impensado: había barrios, trabajos, hoteles, restoranes y leyes exclusivos para blancos. El fútbol, pasión mayoritariamente negra, no era distinto.

Por lo mismo, cuando el Partido Nacional visó la realización de un torneo multirracial para marzo de 1973, sonó a mal chiste. Participarían cuatro equipos: blancos, negros, mestizos e indios, con estrictos parámetros en la selección de los deportistas, quienes, por ser la primera vez, debían ser todos aficionados.

Tuane miraba de lejos hasta que recibió la llamada: dirigiría a los Black XI, la escuadra negra. Aceptó sin pensarlo. Su visión del apartheid evitaba los dramatismos, como también los evita ahora: asegura que a los negros no les pasaba nada malo si obedecían las leyes impuestas por los blancos y, en comparación, lo pasaban mejor que un pobre en Chile.

Así el DT hizo su ingreso a Soweto, suburbio de color de Johannesburgo, para ganarse la confianza de jugadores que por primera vez iban a ser entrenados por alguien de otra raza. Según él, fue sencillo. Primero, nunca los tuteó. Segundo, estuvo siempre preocupado de que comieran en cantidades industriales, algo intransable en la comunidad.

En los entrenamientos no les hablaba de "derecha" o "izquierda", sino de "tomato" y "onions", en referencia a la mano que ocupaban para comer el tomate y la cebolla, respectivamente.

La tercera y más importante receta fue internarse en su mundo: visitó sus barrios, fue a sus fiestas, conoció sus familias y honró sus tradiciones.

"Estuve en varios funerales: tenían al finado una semana en la calle y todos hacían discursos. Fui uno más de ellos".

Una raza, una camiseta

La tensión creció a medida que se acercaba el match . Las preguntas en el aire eran evidentes: ¿por qué el Gobierno había, no sólo permitido, sino que promovido el choque? ¿No arriesgaba una revuelta mayor según el resultado?

Sy Lerman es el periodista deportivo más reconocido de Sudáfrica. En ese entonces cubría fútbol para el Rand Daily Mail. Fue al partido, y con el tiempo ha reflexionado sobre posibles respuestas. "La presión sobre Sudáfrica estaba creciendo mucho a nivel internacional por las políticas racistas. El Gobierno, inocentemente, puede haber pensado que un partido de fútbol ayudaría a alivianarlas y a desviar la atención de los verdaderos temas. Además, cuando uno lo piensa, calzaba perfecto en su mente segregacionista: blancos y negros, separados con camisetas, en equipos distintos".

Semanas antes del duelo, Tuane vio cómo dos agentes del Gobierno siguieron cada uno de sus entrenamientos para evitar que las revoluciones de los jugadores excedieran lo recomendable en una situación potencialmente explosiva.

El doctor Piet Koornhof, ministro de Deportes y principal impulsor del torneo, escribió un editorial en el diario acerca del partido. En una época en que nadie era muy cuidadoso con herir susceptibilidades, el autor no utilizó ninguna vez, en una plana completa, la palabra "negro". Y cerró con una petición que se leía también como orden: "Que todos los partidos se disputen en el correcto espíritu del deporte. Dejemos que el fútbol sea el ganador", se lee.

La lluviosa tarde del 27 de marzo, ante 50 mil personas, con tribunas separadas según color, alambres mediante, los únicos que ganaron fueron los blancos. El duelo fue decepcionante en muchos niveles. Los jugadores, según Tuane, entraron atemorizados. "En medio del juego los blancos les gritaban: '¡Deja la pelota!', y se las dejaban. Los trataban de 'kaffa' para arriba y 'kaffa' para abajo, que es la peor palabra que se le podía decir a un negro allá".

Más que reafirmar los valores de igualdad, el 4-0 fue un golpe duro para el ego de los negros.

La misma sangre

Un año después se repitió el experimento, sólo que esta vez en serio: ambos conjuntos tendrían a sus mejores jugadores a cualquier precio. A Patrick "Ace" Ntsoelengoe, puntal del Black XI, le negarían después el permiso para retornar a Estados Unidos. La voz en las calles era que, con todas las figuras, el equipo sería imbatible.

Hennie Joubert, defensa de los blancos, recuerda: "Era extraño, porque no conocíamos ni siquiera a un jugador de ellos. Yo, la verdad, creía que nos iban a ganar, porque se había hablado mucho del talento de ellos".

Tuane, mal parado con la primera goleada, no dejó nada por hacer. Antes de la charla final permitió que los jugadores estuviesen veinte minutos solos con el brujo del equipo, quien, entre otras órdenes bastante razonables, les prohibió a los jugadores hablar con alguien desde el momento que salieran a la cancha.

En el discurso final antes del pleito, el chileno fue más allá: tomó una aguja y se la clavó en un dedo.

"Ellos, ustedes y yo tenemos la misma sangre. Somos todos iguales, no tengan miedo", arengó.

El ambiente, de nuevo en un Rand Stadium repleto hasta las escaleras, estaba aún más cargado. "El único día que sentí algo parecido fue cuando liberaron a Nelson Mandela", grafica Clive Barker, técnico de los indios, presente esa noche.

El partido fue radicalmente distinto al primero. A los 43 minutos, Ntsoelengoe robó un balón a Joubert y lo cedió a MacDonald Skosana, quien anotó de distancia. "El gol que la Sudáfrica negra esperó toda una vida", según el Rand Daily Mail.

El problema ocurrió cinco segundos después. Mientras algunos jugadores se regocijaban en el piso, otros dos celebraban improvisando una coreografía tribal y uno, incluso, ejecutaba un salto mortal, el árbitro, Wally Turner, blanco, anuló la acción por fuera de juego.

Una revuelta estuvo a punto de estallar. El defensa Ephraim Mashaba azotó la pelota contra el piso, justo antes que los hinchas comenzaran a tirar botellas a la cancha y al mismo tiempo que el estadio retumbaba con los gritos de We wuzz robbed, we wuzz robbed . Algo así como "nos robaron, nos robaron".

Turner apuró el entretiempo para evitar la catástrofe. Varios jugadores lo encararon en el túnel. Ya en camarines, los pupilos de Tuane no querían volver. Jomo Somo lideraba el grupo: "No podemos ganar. No nos dejarán", advertía.

Estuvieron casi media hora así. Los convencieron para regresar a la cancha. Ahí recibieron el tiro final: a los dos minutos, el juez cobró una falta dudosa cerca del área. Martin Cohen se puso frente a la pelota.

"El partido en ese punto estaba muy raro. Estaba como a treinta metros el arco y simplemente la emboqué. Ellos eran buenos, pero no tenían disciplina, jugaba cada cual por separado", dice hoy desde Johannesburgo.

Minutos después, Neil Roberts puso el 2-0 definitivo, que terminó por desmoralizar a futbolistas y espectadores. Varios lloraron en el campo. Al final hubo medallas y hasta intercambio de camisetas.

Camino sin retorno

Esos partidos cambiaron todo. Dos años después, los mismos protagonistas del Rand Stadium jugaron unidos contra un cuadro argentino, en el primer combinado multirracial en la historia de Sudáfrica. Fue un 5-1 a favor y Cohen sostiene que esa noche se dieron cuenta que no había vuelta atrás, que juntos podrían hacer cualquier cosa.

No estuvo en ese equipo Ariel Khongoane, capitán del equipo de 1973, irónicamente asesinado en las protestas de Soweto de ese mismo año, cuando más de 500 jóvenes murieron a manos del Gobierno.

Tuane siguió su camino. Entrenó un decena más de equipos, de blancos, de negros, hizo fortuna, se separó de su mujer, se casó otra vez con una multimillonaria, se separó de nuevo a los cinco meses, abrió restaurantes, incursionó en la hípica, paseó a Don Francisco por el país cuando la diplomacia chilena en Sudáfrica no existía, entrenó una temporada a Peñarol, regresó a África, tomó más equipos, vio la caída de apartheid , la liberación de Mandela y cómo varios de sus jugadores negros hicieron fortuna criando pollos o armando empresas, mientras a otros los visitó en su lecho de muerte, en un hospital cuando el sida los consumía.

En 2004 volvió definitivamente a Chile, con un container repleto de recuerdos.

"¡Ya pues! ¡Sáquelo de ahí, póngalo en la cama!".

Las frazadas se abren y aparece un imponente cuerno de marfil, de casi un metro de largo, tallado con decenas de figuras humanas en un costado.

"Tenía varios y es el único que no me robaron. Sólo las manos de un negro son capaces de hacer una maravilla así".

"Cargábamos a todos los negros de Sudáfrica en nuestras espaldas esa noche. Y pesaba mucho". Patrick Ntsoelengoe fallecido en 2006

"Todo el escenario fue muy irreal y mórbido mirado ahora en retrospectiva, pero así era Sudáfrica en ese entonces".SY LERMAN | PERIODISTA"No sentí odio ese día en mi contra por ser blanco. Sí oía una gran masa gritando cada vez que un Black XI tomaba la pelota".HENNIE JOUBERT

 De otra época







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<b>El White XI en 1974.</b> El equipo de los blancos llegó mucho mejor preparado a los partidos de la Embassy Multinational Series.
El White XI en 1974. El equipo de los blancos llegó mucho mejor preparado a los partidos de la Embassy Multinational Series.


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