ARTES Y LETRAS

Domingo 13 de Octubre de 2002

CÓMIC. "El lobo hombre" en Galería Patricia Ready:
La aventura de Valentina Cruz

Escultora, dibujante, ilustradora. No se queda con ninguna catalogación. Desafiante, las emprendió con un género nuevo y logró conquistarlo. Ahora piensa en los boleros.
MAITE ARMENDÁRIZ AZCARÁTE

Veinte años se la pasó en Barcelona. "Pero me tocaba venirme, porque me ofrecieron trabajo acá y porque yo estaba muy dedicada a lo personal . Tenía todas las exposiciones a mi alcance, grandes amigos, era mucho para mí". A pesar de que llegó en 1996, todavía echa de menos los alegres paseos por las ramblas, el café con los amigos, ese saber vivir que tienen los españoles en general y los catalanes en particular. Nunca ha dejado de hacer clases, tampoco de ilustrar libros, cuentos, revistas, para distintas editoriales.

Después de obtener su Licenciatura en Arte en la UC, vivió en Nueva York, donde experimenta con plásticos para escultura y estudia fundición. Siempre trabajando en escultura, de 1966 al 68 permanece becada en París, por la IV Bienal Internacional de Arte Joven. "Mi primera escultura fue hecha en papel, la segunda en tela de saco y en la tercera tanda de obras utilicé látex; si bien estudié con materiales tradicionales, nunca los preferí para mis obras". También dibujar ha sido lo suyo.

Pero con Valentina Cruz nunca se sabe. En medio de la naturaleza de Pirque levantó su taller y su casa, "a mi pinta dentro de lo posible, porque por mí la construcción debería ser toda de vidrio, donde la luz y los árboles entren a raudales".

Jamás en su vida había hecho un cómic, decidió abarcar este nuevo género al igual que un escritor de novelas que de pronto decide emprendérselas con el cuento. Sabiendo que es otra forma, ritmo y que el desafío es pescar al lector en pocas líneas.

Historias de sueños

"Me gustan los cómics, los devoro. Ya tengo una tienda en el centro donde encuentro mis preferidos; no es tan sencillo dar con los buenos, el noventa por ciento son erotismo y violencia".

Valentina Cruz sueña con que todas las historias y los buenos cuentos se hagan guiones y se transformen en cómics. "Por ejemplo, sería extraordinario uno de "Lolita", de Navokov. O qué pasa si un cuento de Cortázar lo llevas a este género. Aumentaría el número de lectores".

Si cada día esta artista no dibuja o lee, es perdido para ella, asegura. "Si no lo hago, prefiero suicidarme, sencillamente".

Desde que leyó a Boris Vian lo encontró transgresor para su tiempo. Rápidamente enganchó con "El lobo hombre", primer relato de una selección que presenta un libro editado por Tusquet. Con innegable sentido del humor y exquisita ironía, el autor francés invierte el mito del hombre lobo. Esta vez es el hombre el que muerde al animal y ello hace que tome la investidura humana por un tiempo. "Aunque el cuento es de los años 40, reviste un gran atractivo para nuestro tiempo. Está a la altura de un Bukovsky. Apenas lo leí, cada episodio se convertía en una viñeta en mi imaginación, me hacía sonreír para mis adentros".

Si bien pensó en un momento requerir de un guionista, decidió dejar el texto original. "Aunque haya mucho que leer, temía que se perdiera su gracia". Se lanzó a dibujar cada escena. "El cómic como expresión implica todo un lenguaje sintáctico de imágenes secuenciales, íconos específicos para representar conceptos o ideas, encuadres y planos que lo acercan al cine...".

A raíz de este trabajo le vino una idea: "Siempre me han gustado los boleros, los tangos, porque hay algo de siutiquería que compartimos todos. Entonces pienso que sería bueno buscar la letra de alguno especial y hacer una exposición. Esa cosa medio cursi provoca un leve placer por dentro y eso hace bien".

Quienes la conocieron años atrás no lo podrían creer. "Yo cambié diametralmente. Hasta 1996 fui absolutamente contestataria. Toda mi obra era política. No pertenezco a ningún partido, pero desde siempre he sentido la injusticia y lo ponía en mis cuadros". Y así como haciendo este cómic lo ha pasado bien, antes sufría, asegura. "Los años me han enseñado a que no patalee más, que la vida es muy bonita y que quizá por el lado positivo lleguemos un día a la justicia".

De todas las imágenes que dibujó se quedó con 89 viñetas. Con ellas se inicia la exposición que en estos días presenta en la galería de arte Patricia Ready. Otras 15 imágenes en gran formato completan la selección. De-
sechó casi cien dibujos hasta que probó un tipo de papel de Nepal. "Sabía que no podía echarlo a perder, su textura e irregularidad me inspiraron el factor tiempo del cómic". La tinta china también elegida le ha gustado toda su vida y la domina a la perfección.

Utiliza básicamente blanco y negro; sólo las letras las pinta de rojo. "Juntos el negro y rojo son un poco violentos, pero así es este cuento". Y si bien cumple con las características del tiempo, ritmo y el espacio del cómic, no se inclinó por las viñetas perfectas, industriales, computacionales, típicas de esta técnica. "Lo saqué de ese ambiente para volverlo más personal. Este cómic es sólo para ti, nadie más lo tiene, le digo al lector".




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"Pero en cierto momento se fijó en su sombra: hocico alargado, orejas erguidas." Dibujo de Valentina Cruz.
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